LAS CIFRAS DEL COMERCIO ESCLAVISTA DURANTE EL PERIODO DE INDEPENDENCIA DE COLOMBIA: FLUCTUACIONES DE UN MERCADO EN DECADENCIA1

Roger Pita Pico*



Resumen

Objetivo:

Trazar algunas comparaciones que permitan comprender el fenómeno del comercio de esclavos durante el periodo de Independencia en Colombia en tres aspectos específicos: el número de transacciones, el volumen de piezas negociadas y los precios de venta.

Método:

Se aplicará el método de análisis cualitativo y cuantitativo para analizar el objeto de estudio. El primero de ellos empleado para el análisis de las fuentes secundarias y el marco teórico, y el segundo enfocado en el análisis comparativo de las cifras del comercio esclavista.

Resultado:

La tendencia general en estos años turbulentos fue la disminución del número de transacciones y la contracción en los precios, aunque la única excepción fue la provincia de Santa Marta.

Conclusión:

La importancia de esta investigación radica en la necesidad de ofrecer nuevas miradas al proceso de Independencia, particularmente de avanzar en el análisis de la incidencia del proceso revolucionario en todos los sectores de la población con el fin de profundizar mucho más sobre el alcance de las transformaciones sociales y económicas.

Received: 2017 October 16; Accepted: 2018 February 22

rccs. 2018 ; 9(2)
doi: 10.21501/22161201.2453

Keywords: Palabras clave: Esclavitud, Comercio de esclavos, Independencia, Colombia.
Keywords: Keywords: Slavery, Slave trade, Independence, Colombia.

INTRODUCCIÓN

Desde los albores de la Conquista, los españoles introdujeron negros esclavos a América, pero la trata masiva logró afianzarse formalmente en el siglo XVII como respuesta a la necesidad apremiante de mano de obra para la minería y la agricultura ante la ostensible disminución de la población indígena. La mayoría de ellos llegó a través de los denominados asientos que eran contratos adjudicados por la Corona española a compañías y particulares para introducir copiosas cantidades de negros esclavos al Nuevo Continente (Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, 1973, f. 88r ).

El historiador Hermes Tovar Pinzón calculó que en los trescientos años de dominación colonial ingresaron al territorio de la Nueva Granada alrededor de un cuarto de millón de negros (Tovar-Pinzón, 1994a, p. 30). Los estudios disponibles indican que la presencia demográfica y el comercio de esclavos alcanzaron sus picos más altos en el siglo XVIII2.

Esta población descendiente de África se asentó fundamentalmente en la costa Caribe y en el occidente en los territorios de Antioquia, Chocó y Popayán, influencia negra que dejó una impronta en la formación social y cultural de sus habitantes (Jaramillo-Uribe, 1989, p. 12). Una menor proporción se distribuyó en otras zonas del interior y en la parte nororiental.

Con respecto a las rutas internas del comercio esclavista, se utilizaron prácticamente los mismos circuitos de comunicación delineados para el transporte de personas y productos a través de los ríos y caminos reales. Los esclavos provenían más que todo del puerto de Cartagena de donde eran internados a través de la principal arteria fluvial, el río Magdalena. Mompós y Honda se constituyeron en los polos nodales de distribución hacia el mercado doméstico del Nuevo Reino de Granada. Como era apenas previsible para la época, estos recorridos no estuvieron exentos de múltiples vicisitudes. El sobreponerse a caudalosos ríos, el tener que trasegar tortuosos y largos caminos, sumado a las enfermedades tropicales, terminaron minando en ocasiones el conjunto de esclavos para la venta.

Formalmente, el acto de compraventa era oficializado ante el escribano público y elevado a la categoría de escritura como garantía de validez. Estos instrumentos, además de ser papeles que refrendaban un simple intercambio económico o del ritmo comercial de los negros como mercancías, representaban una fuente valiosa a través de la cual había oportunidad de dilucidar interesantes aspectos sociales y culturales, así como algunas cuantas curiosidades. Fuera de contener el precio, se podían detallar allí datos reveladores como la condición étnica, el origen tribal, el sexo, la edad, las cualidades físicas, las destrezas laborales, los nexos familiares, los defectos y hasta los vicios. Asimismo, en estos documentos estaba implícito todo un lenguaje que recordaba la subvaloración que se tenía del esclavo por su postrimera posición en la escala social. Expresiones habituales como "costal de huesos" o acotaciones como "con todos los vicios, tachas y defectos", remachaban esa percepción peyorativa.

Cada una de estas transacciones, al igual que otras de carácter comercial, estaba sujeta al pago del impuesto de alcabala. Comprador y vendedor resolvían por mutuo acuerdo quién cubría esta gabela, aunque en ocasiones se comprometían a responder de manera paritaria. Por lo regular, el monto de esta tasa correspondía al 1 o 2 % del valor del esclavo negociado, pero en los años finales del dominio colonial se evidenció un aumento llegándose a cancelar hasta nueve pesos por un esclavo avaluado en 200 pesos. La venta en sí era una determinación que le competía casi exclusivamente al propietario. En teoría, las leyes españolas no le conferían al esclavo el más mínimo resquicio de deliberación sobre la conveniente escogencia de sus futuros amos. No obstante, al parecer algunos negociantes abrieron también la esperanza para que se materializaran informalmente pactos previos entre el esclavo y el amo interesado en la adquisición.

Con relación a su valor, es importante tener presente que los esclavos llegaron a representar un capital apreciable dentro del cúmulo de pertenencias alcanzando, incluso, a tener mayor peso dentro del total del patrimonio. En términos generales, el precio promedio de un solo esclavo adulto pudo superar al de una modesta casa o un pedazo de tierra. Así entonces, la tenencia de esclavos llegó a significar una importante fuente de prestigio y poder socioeconómico (Tovar-Pinzón, 1988, p. 140).

El precio asignado a estos servidores de ébano no debe mirarse desde una perspectiva meramente cuantitativa o como recordatorio del carácter de mercancías. Este dato adquiere una dimensión mucho más compleja que trasciende los cálculos del movimiento comercial. De hecho, su análisis permite sondear interesantes facetas sobre el perfil de esa población y el trasfondo socioeconómico en el que se desenvolvieron sus miembros.

En la valoración de los esclavos convergieron un sinnúmero de variables externas relacionadas especialmente con las condiciones del mercado y el ambiente social y económico imperante. A la hora de asignar precios a los esclavos, es necesario también agregar un conjunto de factores inherentes, denominados por el historiador chileno Rolando Mellafe como "valores intrínsecos" (Mellafe, 1964, p. 67); estos hacen alusión a los rasgos propios de cada pieza en cuanto a su género, edad, condición física, procedencia, origen étnico, comportamiento y capacidad laboral. Esta serie de variables puede rastrearse no solo en las escrituras de compraventa, sino también en los testamentos y otros documentos.

En las postrimerías del dominio hispánico, el régimen esclavista empezó a experimentar una crisis generada por la desaceleración en los índices de importación de esclavos, la difícil situación económica que le impedía a los amos adquirirlos y el paulatino desplazamiento de su fuerza laboral ante la protuberante presencia de población libre (Jaramillo-Uribe, 1989, pp. 71-76). Asimismo, ejerció especial influencia el aumento del mestizaje y de los índices de manumisión, como también el ideal progresista y liberal que empezó a aunar más voces en torno a abogar por el fin del sistema esclavista (Pita-Pico, 2015, pp. 241-267).

Durante los años 1808-1810, España entró en una etapa de crisis tras la abdicación y prisión del Rey Fernando VII y la invasión de los franceses. Esto creo un vacío en el poder y marcó el inicio de un período revolucionario experimentado tanto en España como en los dominios hispanoamericanos. Particularmente en la Nueva Granada, la atmósfera de inseguridad creada por las guerras de Independencia, iniciadas en 1810 y extendidas por más de una década, trastornó la vinculación de esclavos a la actividad productiva. Los crecientes gastos que implicaban la adquisición y mantenimiento de este personal de servicio se acentuaron aún más ante las vicisitudes económicas en medio de la guerra. El temor hizo que muchos propietarios se precipitaran a vender sus bienes, incluyendo los esclavos, antes que cayeran en saqueos, secuestros o que ellos mismos huyeran o fueran reclutados (Tovar-Pinzón, 1994b, p. 94).

Vale tener en cuenta, además, que durante este convulsionado periodo algunos esclavos fueron vendidos para financiar la guerra. Uno de los casos más resonados fue el del obispo de Popayán, don Salvador Jiménez de Enciso, quien, como muestra de su acendrado sentimiento monarquista, decidió en septiembre de 1820 poner en venta a dos de sus negros a trueque de harinas, expresando de antemano su compromiso de comercializar hasta la última de sus alhajas con tal de paliar la escasez experimentada por las fuerzas que estoicamente resistían los ataques del "furor revolucionario" proveniente del Valle del Cauca (Ortiz, 1964, pp. 217-232).

En la medida en que el común denominador en esta época de Independencia era la crisis económica, buena parte de los negros secuestrados al bando oponente fueron utilizados por el gobierno de turno para contar con recursos frescos que podían ayudar a aliviar ese balance deficitario o para sufragar deudas pendientes. En este caso, los esclavos y demás haberes eran sometidos al avalúo y subasta pública al mejor postor.

En aras de "la razón y la justicia", el oficial republicano Manuel de Zamora, comandante de armas del puerto de Iscuandé, envió una comunicación el 8 de marzo de 1822 al intendente del departamento del Cauca, coronel José Concha, informándole que había "echado mano" de ocho piezas de esclavos de las minas liberadas ubicadas en los ríos Micay, Saja y Naya, vendiéndolos para gratificar las exitosas operaciones militares que habían adelantado sus hombres "defensores de Colombia" en este territorio. El secretario de guerra, Pedro Briceño Méndez, aprobó esta decisión siempre y cuando los esclavos fueran del ramo de secuestros, pero si pertenecían a algún particular debía reintegrárseles su valor de los recursos del tesoro público del departamento "porque no hay derecho para despojarlos de su propiedad sin justa indemnización" (AGN, F. Secretaría de Guerra y Marina, t. 100, ff. 333v-334r).

La idea entonces de este artículo es trazar, en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Colombia, algunas comparaciones que faciliten una mirada más integral y compleja del fenómeno del comercio interno de esclavos en tres aspectos específicos: el número de transacciones, el volumen de piezas negociadas y los precios de venta. Establecer también algunos contrastes temporales y espaciales entre los registros de este periodo revolucionario con las ventas efectuadas en el anterior período colonial y en el tiempo de posguerra.

La promoción de este tipo de comercio se hizo aún más visible con el auge de la prensa registrado durante esta época de Independencia, en donde solían aparecer anuncios de venta con detalles físicos, habilidades laborales y el precio ofrecido. En mayo de 1823 se promocionó en la Gaceta de Cartagena una negra joven de 25 años: "lavandera y planchadora, sana y sin tachas", en cantidad de 250 pesos (Gaceta de Cartagena de Colombia, 1823, p. 334). A los dos meses apareció otro aviso en el cual se ofrecía una zamba de 18 años con la cualidad de saber hacer tabacos, moler chocolate, cocinar y realizar otras labores de servicio doméstico (Gaceta de Cartagena de Colombia, No. 98, 1823, p. 410). En ese mismo periódico, el comerciante Antonio Flucher anunció la venta de su negra de 14 años en 180 pesos a cambio de ropa a precio de fábrica (Gaceta de Cartagena de Colombia, 1823, p. 486). Otro ejemplo corresponde a un aviso publicado en 1825 en el periódico El Correo del Magdalena, editado en la ciudad de Cartagena: "Se vende una esclava robusta y criando de edad media, sabe cocinar y lavar, en cantidad de 200 pesos libres. El que quiera comprar ocurra al Sr. Tomás Madiedo" (El Correo del Magdalena, 1825, p. 3). Tamaña paradoja la de algunos de estos medios escritos que, por una parte, sentaban una férrea defensa abolicionista y, por otra, promocionaban al detal el "mercado humano" que tanto recriminaban.

MÉTODO

Para efectos de profundizar en el análisis, se examinará en concreto el comportamiento de este comercio en algunas provincias de la Nueva Granada, con algunas de las cuales ya se cuentan con estudios previos que permiten avanzar en las reflexiones (Ver Figura 1). La primera de ellas corresponde a la franja nororiental, específicamente a las provincias de Socorro, Girón y Vélez, uno de los escenarios más activos del conflicto. Adicionalmente, se tomaron como objetos de estudio las provincias de la Costa Caribe, la Costa Pacífica y el espacio regional de la capital Santa Fe.


[Figure ID: f1] Figura 1.

Ub cación del marco geográfico del comercio esclavista en las antiguas provincias de Chocó, Popayán, Santa Marta, Santa Fe, Socorro, Vélez y Girón en tiempos de la Independencia.


  —Fuente: elaboración propia con base en Atlas de cartografía histórica de Colombia (IGAC, 1985)..

La investigación se enmarca dentro del ámbito de la historia social y la historia económica. El método utilizado en este trabajo fue el análisis cualitativo y cuantitativo. El primero de ellos empleado para examinar las fuentes secundarias y el marco teórico, y el segundo enfocado en el análisis de las cifras del comercio esclavista, tanto en el volumen de transacciones como en el movimiento de precios.

Los archivos notariales locales se convirtieron en la más significativa fuente material de información, gracias a los cuales fue factible avanzar en la confección de series de datos que se constituyeron en la espina dorsal de esta exploración sobre el tema del comercio esclavista. Por su parte, el fondo "Negros y Esclavos" del Archivo General de la Nación y las testamentarias suministraron una información complementaria de gran valía, especialmente en lo atinente a los conflictos que se entretejieron alrededor de este negocio (Pita-Pico, 2013, pp. 31-57). Cabe aclarar que algunos archivos notariales de ciudades principales presentan vacíos documentales precisamente para el periodo de Independencia. Esta falencia resulta realmente desafortunada para casos como el de Cartagena que era uno de los epicentros de este tipo de "tráfico humano".

RESULTADOS

De los resultados de esta investigación se puede afirmar que la tendencia general en estos años turbulentos de guerra fue la disminución del número de transacciones y la contracción en los precios. No obstante, cabe señalar por anticipado que solo una de las mencionadas provincias fue la excepción dentro de este comportamiento general. De hecho, como se verá más adelante, Santa Marta registra unas cifras diametralmente opuestas a las demás. La razón de estos matices obedece a la marcada influencia ejercida por el contexto social, económico y político que distinguieron a cada uno de esos marcos territoriales.

Durante este periodo, sin lugar a dudas la guerra fue un factor externo crucial, cuyo peso llegó a ser incluso más determinante que otro tipo de variables de mayor relevancia en tiempos de paz. El bando que ejercía el poder y la actitud de adhesión o resistencia social fueron también condicionantes relevantes en la forma como se comportó el comercio de esclavos en cada provincia.

Lo único cierto es que esta comercialización nunca se detuvo, pese a los embates propios del conflicto. Pero, por otro lado, debe reconocerse que el declive del mercado durante esta época seguiría haciéndose notorio incluso en los años posteriores a la guerra.

El comercio en las provincias de Socorro, Vélez y Girón

En el siglo XVIII, las provincias de Socorro, Vélez y Girón, ubicadas en la franja nororiental de la Nueva Granada, en el territorio ocupado hoy por el Departamento de Santander, habían alcanzado un alto nivel de poblamiento con un predominio indiscutible de gentes blancas y mestizas que se vio reflejado en la consolidación de sus centros urbanos y en un inusitado auge de parroquias.

El desarrollo de la agricultura, la producción de lienzos y de mieles imprimieron allí una prosperidad económica particularmente notoria en la villa del Socorro3. Paralelo a estas dinámicas, los negros esclavos aumentaron en número ubicándose en el ámbito rural y urbano, en especial dedicados a los cultivos, las labores de trapiche y el servicio doméstico. Según los datos suministrados por el censo demográfico de 1778, este segmento poblacional representó en las jurisdicciones aludidas un poco menos del 5 % del total de habitantes, una tasa mucho más moderada de lo registrado en las provincias de Cartagena, Antioquia, Popayán y Chocó, en donde, en algunos casos, llegaron incluso a igualar numéricamente a los blancos (AGN, F. Censos Redimibles, t. 6, ff. 261r-367r). Respecto a la proporción de esclavos por amo, el censo de 1778, así como las cartas testamentarias, permiten hablar de un promedio aproximado de tres a cuatro piezas.

Otro elemento indicativo de la magnitud de la presencia esclava en esta región fue el movimiento comercial, el cual alcanzó los picos más altos hacia el siglo XVIII. Era, en términos generales, un mercado pequeño dirigido más que todo a abastecer las necesidades internas, por lo tanto, no tuvo una repercusión tan directa en la economía. Lo anterior se debe a las escasas minas de oro y, aunque sí fue imprescindible su mano de obra en los ingenios y trapiches que proliferaron en jurisdicción de Vélez -al sur del hoy departamento de Santander-, de todas formas, ese abastecimiento no fue tan considerable como el observado en otras latitudes. En términos generales se daba allí un movimiento comercial que no distaba mucho de las proporciones encontradas en algunas partes del interior como la provincia de Tunja.

No hay que ignorar que los dueños de trapiches se cuentan entre los que más promovieron la fuerza laboral esclava. Las visitas llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XVII a la provincia de Vélez permiten hacer un examen más minucioso sobre la magnitud de esa presencia. En la pesquisa realizada en 1670 por don Jacinto de Vargas Campuzano se encontró con que 38 de los 48 trapiches registrados se mantenían activos con mano de obra esclava, es decir un 76.1 %; sumados representaban un total de 609 esclavos para un promedio de 16 por unidad productiva (AGN, F. Visitas de Boyacá, t. 1, ff. 290r-386v). En la siguiente década, don Custodio Román Vasallo visitó la zona y contabilizó un total de 306 esclavos laborando en los 23 trapiches inventariados, para un promedio de 14 por cada uno (AGN, F. Visitas de Santander, t. 10, ff. 3r-26v)4.

Todo apunta a pensar que la presencia de negros esclavos en los trapiches seguía siendo notoria en el siglo XVIII, así se desprende de la siguiente percepción suministrada por el juez Francisco de Silva Meneses: "(...) y como esta provincia de Vélez está en costumbre que todos los dueños de hacienda compran esclavos para la conservación de los trapiches de esta tierra firme" (AGN, F. Negros y Esclavos de Santander, t. 2, f. 231r).

Por su parte, el cura Basilio Vicente de Oviedo intentó a mediados de esta centuria hacer un estimativo sobre la verdadera dimensión de este sector de la economía: "tiene Vélez muchas haciendas cuantiosas de cañaverales y trapiches y fuera de esos muchísimos trapiches cuyo número en solo la jurisdicción de Vélez pasará de 600 si no de 1.000, y hay tanto número de esclavos, que pasará de 2.000, y todos los vecinos se ejercitan en esta labor y trato" (Oviedo, 1990, p. 222).

Según cálculos del historiador David Rueda en una muestra de 65 trapiches registrados en los archivos notariales de la ciudad de Vélez durante el siglo XVIII, se encontraron un total 1.124 esclavos para un promedio de 17.3 por unidad productiva (Rueda-Méndez, 1995, p. 101). Si se traza un comparativo con los datos recogidos en el siglo anterior, se puede colegir que prácticamente permanecían estables los niveles de presencia esclava. Pero los últimos lustros del siglo XVIII marcaron el inicio de una etapa de crisis que menoscabó la producción de los trapiches, y con ello se afectó la presencia de mano de obra esclava en ese sector de la economía. La disminución en la demanda de mieles por causa de la introducción del aguardiente español logró socavar las finanzas de los empresarios, quienes se vieron cada vez más en aprietos para adquirir esclavos.

El otro aspecto, que de manera silenciosa y progresiva fue resquebrajando los pivotes del sistema de producción esclavista, fue el insospechado aumento del mestizaje. El creciente número de gentes libres proveyó a la región de un contingente considerable de mano de obra barata, ávida por lograr bienestar y ascenso social. La información censal disponible revela cómo para finales de siglo prevalecía una proporción de doce personas libres por cada esclavo (AGN, F. Censos Redimibles, t. 6, ff. 365r-367r; Tovar-Pinzón, 1994a, p. 394). Había entonces la opción de satisfacer la demanda laboral a través del trabajo asalariado sin necesidad de embarcarse en la costosa inversión que implicaba la compra y el sostenimiento de esclavos. De este modo, el abrumador porcentaje de libres empezó paulatinamente a desplazar a los negros en muchas de las actividades económicas.

A excepción de los empresarios de trapiches, para quienes los esclavos representaban una base esencial dentro del proceso productivo, otros propietarios como los comerciantes, los funcionarios, los clérigos y los militares, no dependían económicamente de ellos. Esto hizo que ese tránsito hacia el aprovechamiento de mano de obra libre no generara traumatismos al desarrollo regional. A esto se le sumó el hecho de que, en el siglo XVIII, cuando se adolecía de poca oferta de esclavos, las zonas mineras como Popayán, Chocó y Antioquia acapararon los pocos disponibles, en detrimento de otros renglones de la economía colonial que también requerían de esa fuerza laboral.

En la segunda mitad de esta centuria, las fuertes imposiciones fiscales y los estancos, que afectaron la pequeña y mediana producción que emergía en la región, pudieron también desestimular la tenencia de esclavos. Como se sabe, el impacto de esas cargas sería el germen detonante de la revuelta de los Comuneros que se vivió con especial candor en las provincias de Socorro y Vélez, cuya propagación sacudió estrepitosamente otras comarcas neogranadinas.

Asimismo, el análisis derivado de los documentos de la época conduce a pensar que las guerras de Independencia tuvieron alguna injerencia en el movimiento comercial, toda vez que esta comarca santandereana fue uno de los principales teatros de operaciones. Es muy importante dejar en claro que, aunque la tendencia general en este territorio fue el apoyo a la causa independentista, no todas las ciudades mostraron igual comportamiento. Socorro, por ejemplo, fue un reconocido bastión patriota, lo cual le trajo un inmenso costo al momento de la Reconquista5. Girón y Vélez, en cambio, se mantuvieron casi siempre adictas a la causa de España.

El mismo clima de inseguridad y la crisis económica que se palpaba en esas décadas inaugurales del siglo XIX a causa de la guerra lograron, eventualmente, desmotivar la compra y tenencia de más esclavos. Para constatar lo anterior, vale la pena examinar el desesperanzador informe redactado en 1816 por el gobernador de la ciudad de Vélez don Juan Salvador Anselmo Daza, al poco tiempo de haber recobrado el poder los españoles:

El estado en que he encontrado esta provincia a mi ingreso al mando de ella, que fue el 11 de junio del corriente año, es bastante deplorable por la insurrección que acaba de preceder. Los caudales, la industria y el comercio están abatidos. Por consiguiente, la Real Hacienda no tiene el ingreso que pudiera y disfrutó en otro tiempo (...) si en otro tiempo [la provincia] se vio floreciente, hoy está reducida a un miserable esqueleto (AGN, F. Poblaciones de Santander, t. 2, ff. 533r-v).

Las incesantes contribuciones exigidas indiscriminadamente a vecinos prestantes de la región para financiar el conflicto, pudieron en algún sentido socavarles su capacidad adquisitiva, viéndose por este motivo seguramente conminados a vender algunos esclavos para poder responder a esas obligaciones. Prácticamente todos al unísono, tanto del bando realista como del bando rebelde, reconocieron el impacto provocado por los ingentes aportes, ya fueran voluntarios o forzados.

Mediante informe elaborado en junio de 1817 por el gobernador militar y político del Socorro, don Antonio Fominaya, se le comunicó al virrey Juan Sámano que tanto esa jurisdicción como la de San Gil habían participado con más de 150.000 pesos en donativos al Rey, y que en el sostenimiento del ejército se ayudó con más de 60.000 pesos en vestuario y alimentos, además del suministro de 3.000 mulas y 300 caballos. Por su parte, el cabildo de Vélez clamó una rebaja de los 16.000 pesos de cuota exigida ya que se había invertido desbordadamente en el mantenimiento de las tropas realistas allí acantonadas durante cinco meses, quedando ese territorio en estado deplorable de miseria. Se resaltó, por ejemplo, el caso del vecino don Francisco de Angulo cuyo aporte fue de 1.500 pesos, otros más colaboraron también con apreciables recursos (AGN, F. Gobierno Civil, t. 32, ff. 701r-706v).

Estas gravosas contribuciones no cesaron después de logrado el triunfo en la batalla de Boyacá. Los habitantes de estas tierras también coadyuvaron al sostenimiento de los ejércitos que operarían en el Norte y en el Sur e incluso sirvieron de apoyo para liberar a Venezuela, Ecuador y Perú. Hay pruebas que indican que esa colaboración se extendió hasta el año 1824. Esto comentó el jefe político y militar antioqueño José Manuel Restrepo el 20 de noviembre de 1820:

Aturde lo que ha dado para sostener la guerra la provincia del Socorro en poco más de un año. 7.969 reclutas, 719 mulas, 346 caballos, 108.000 pesos para el ejército del Norte y para Guayana 3.000 lanzas; 8.600 vestuarios, multitud de frenos, sillas, alpargatas y muchos víveres para el mismo ejército. Igualmente ha mantenido dos batallones acantonados en la provincia (Restrepo, 1954, p. 81).

La magnitud de estas contribuciones se puso más de relieve si se tiene en cuenta que en esta provincia del Socorro la población para ese año bordeaba los 150.000 habitantes. Los datos y testimonios disponibles indican que esta región colaboró más que las de Pamplona y Tunja, a pesar de haber sufrido el doble porque el gobernador español Antonio Morales la oprimió y vejó sin compasión.

El mismo vicepresidente Francisco de Paula Santander, en oficio despachado al Libertador Simón Bolívar el 22 de septiembre de 1820, le transmitió un mensaje angustiante de los cabildos de Socorro, San Gil y Barichara en el sentido de que esos pueblos estaban sumidos en la inopia, siéndoles ya imposible seguir aportando a la manutención de la columna Briceño allí estacionada. Según ellos, eran tantos los sacrificios y exacciones sufridas, que carecían de dinero hasta para comprar los artículos de primera necesidad. Se aseguró que muchos propietarios no tuvieron más opción que vender sus fincas a mitad de precio (Ortega-Ricaurte, 1940, p. 232). La anterior información sugiere la posibilidad de que algunos esclavos fueran también negociados para tal propósito.

Así las cosas, para el fin de la guerra la región se hallaba completamente desolada. Una prueba de ello es el comentario del gobernador de la provincia del Socorro, Pedro Fortoul, en relación con uno de los tradicionales símbolos de la prosperidad de esa provincia: la producción de lienzos. Según sus estimativos, para los años iniciales del gobierno republicano apenas se producía la quinta parte de lo que se elaboraba en el año de 1812. Señalaba además cómo la población se había disminuido y el intercambio de productos mostraba evidentes signos de crisis (Archivo Santander, 1916, p. 212).

El considerable aporte de reclutas a la causa republicana representó también un factor agravante para la economía, ya que cada vez aumentaba el número de hombres que abandonaban sus faenas diarias por ir a pelear en defensa de la Nación. A finales de 1819, el gobernador Antonio Morales enteró al general Santander de cómo la provincia del Socorro había en mes y medio sacado con bastante esfuerzo la nada despreciable cantidad de 2.360 reclutas, esto en respuesta a sucesivas órdenes que en tal sentido había impartido el presidente Simón Bolívar para engrosar los cuerpos del batallón Rifles y otros más (Cortázar, 1969, p. 230). No obstante, vale recordar que estos territorios no se vieron afectados por las grandes convocatorias de esclavos que se ordenaron en Antioquia, Cauca y Chocó durante el año de 1820 (Pita-Pico, 2011, pp. 131-290).

De cara a esta situación, fue necesario implementar medidas para reactivar el estado de abatimiento económico. En 1819, tan pronto subieron al poder los republicanos, los gobernadores de las provincias de Socorro y Antioquia, con el respaldo de la superintendencia de Hacienda, propusieron disminuir los derechos y los precios del estanco de aguardiente a fin de contrarrestar el contrabando y superar el deterioro padecido por esta renta en los agónicos años del gobierno español (López-Domínguez, 1990, p. 100).

Las cifras sobre el comercio esclavista, que serán analizadas a continuación, ayudan a entender los efectos de la agitada realidad vivida en estas comarcas. Los datos aquí estudiados fueron extraídos por el autor de este artículo de las escrituras de compra y venta de esclavos registradas en la ciudad de Girón y en la villa del Socorro, dos de los más pujantes centros urbanos de esa franja nororiental de la Nueva Granada.

Los comercios en Girón, Socorro y Vélez no excedieron el marco de sus propias provincias por cuanto la casi totalidad de las transacciones se efectuó entre negociantes nacidos o residentes en esas cabeceras urbanas o en las parroquias circunvecinas, no precisamente por comerciantes dedicados a ese oficio. Además de habitantes asentados en las ciudades y villas epicentros del mercado, también acudían negociantes radicados en parajes rurales. Por tanto, el análisis cuantitativo aquí expuesto reviste una dimensión más que todo regional.

En Girón hay reportes de vendedores provenientes de otros sitios de la provincia, específicamente de las parroquias de Bucaramanga, Piedecuesta, Rionegro y El Pedral. Al Socorro llegaban gentes oriundas de poblaciones aledañas como Simacota, Barichara, Oiba, Chima, Confines y Palmas del Socorro. A la ciudad de Vélez asistían moradores venidos de parroquias cercanas como Puente Real, Cite, Chipatá, Guavatá, Guadalupe, Jesús María, Suaita, Pare, Moniquirá, Santa Anta y Chitaraque.

Se tomó para el primer cuarto del siglo XIX una muestra total de 612 transacciones que abarcaron a 731 esclavos gironeses y socorranos de ambos sexos, ubicados en el rango de edad entre 16 y 35 años, etapa de la vida que corresponde a la de mayor rendimiento productivo y, sin duda, la más preferida, en el caso de los hombres, para las lides militares.

Desafortunadamente en este contraste de información no fue incluida Vélez, la otra localidad de importancia, debido a que solo se conservan datos aislados, lo que impide formar una proyección a través del tiempo. A pesar de este impasse, el rescate de la información consolidada para algunos años revela que esta ciudad no se alejó de las tendencias generales detectadas en Girón y Socorro.

La primera observación que se desprende de la Tabla 1 es la caída constante, tanto en el número de transacciones como en el volumen de esclavos comercializados en ambas localidades. Sin embargo, si se mira con más detenimiento, se podrá advertir algunos matices que vale la pena resaltar. El primero de ellos es que en el período comprendido entre 1811 y 1815, Girón experimentó un descenso más dramático en las cifras que casi se reducen a la mitad de lo registrado en el período inmediatamente anterior. Justamente este quinquenio coincide con el primer experimento republicano que tuvo su impacto en esta ciudad caracterizada por su orientación monárquica. En la siguiente etapa de Reconquista, el comercio en estas tierras gironesas seguía mostrando una acentuada tendencia decreciente.

Tabla 1.

Nivel de transacciones y volumen de esclavos negociados en Girón y Socorro, 1801-1825.


TFN1Fuente: (CDIHR-UIS, F. Archivo Notarial de Girón, t. 22-32; CCHRP, F Archivo Notarial del Socorro, t. 31-41).


Entre tanto, en la villa del Socorro, la primera década del siglo XIX fue de recuperación para después entrar en una etapa de crisis, aunque cabe anotar que los primeros años de dominio republicano no causaron un efecto tan devastador en el comercio esclavista, tal como sí sucedió en la ciudad de Girón. Sin embargo, al momento de comparar este quinquenio con el de Reconquista, se nota que las cifras se comportaron de manera muy similar.

Si se mira más en retrospectiva, se puede comprobar que el comercio en esta franja nororiental había venido en franco deterioro, agravado, desde luego, por los efectos implacables del conflicto militar. Así entonces, para el decenio comprendido entre 1771 y 1780 se transaron en Girón y Socorro un total de 38 esclavos por año (CDIHR-UIS, Archivo Notarial de Girón, t. 13-14; CCHRP, (s.f.), Archivo Notarial del Socorro, t. 18-25) mientras que, en el período más álgido de la guerra (1811-1820), se comercializó apenas un promedio anual de 25 piezas.

En lo concerniente al tipo de transacciones, en ambas localidades salta a la vista el predominio casi absoluto del comercio de piezas individuales mientras que las ventas que comprometieron a más de dos esclavos resultaron bastante escasas si se comparan con los registros de los años anteriores a la guerra. De algún modo, esto es otro reflejo de la crisis reinante en la economía y en esta clase de comercio.

Tradicionalmente a través del período colonial, los militares no figuraron mucho en los movimientos de transacciones de esclavos, quizás debido a que en el marco territorial que nos ocupa no se instalaron grandes batallones, como era el caso del puerto de Cartagena o de la capital Santa Fe. No obstante, en la época de la Independencia la institución militar adquirió mayor relevancia en razón al aumento del pie de fuerza, tanto en el bando patriota como en el lado realista, todo con el fin de encarar los fragores propios de la guerra. De hecho, eso se vio reflejado en un leve incremento en la cifra de integrantes de este estamento dinamizando el mercado esclavista de la región que, como muy bien se sabe, fue uno de los más intensos escenarios de lucha.

Particularmente habría que mencionar la presencia de militares en la villa del Socorro, toda vez que esta villa se convirtió en la sede temporal de reclutamientos y acantonamiento de batallones. En 1817, por ejemplo, don José María Martín, teniente del primer batallón del Rey, pagó 170 pesos a don Juan Irigoyen por un esclavo azambado de 14 años proveniente de la provincia de Antioquia. Don Pedro Miranda, sargento primero del regimiento de infantería realista, compró ese mismo año una joven esclava a don Jerónimo Uribe (CCHRP, Archivo Notaría 1a del Socorro, t. 39, f. 292r-293r). En la ciudad de Girón aparece en 1816 un militar oriundo de Valledupar adquiriendo cuatro esclavos y una esclava (CDIHR-UIS, Archivo Notarial de Girón, t. 29, f. 486r). Incluso también se reportaron en este tipo de negocios algunos militares miembros de las legiones extranjeras, particularmente irlandeses, ingleses y franceses asentados transitoriamente en esa región. Pedro Canal vendió en 1814 en Socorro al francés Bernardo Lafite un joven pardo en 100 pesos (CCHRP, Archivo Notaría 1a del Socorro, t. 37, f. 703r).

Aún cuando esta era una etapa generalizada de recesión económica, las estadísticas recopiladas en Girón y Socorro indican que casi todos los negocios se pagaban de contado y con dinero en efectivo6. El pago a plazos solo representó una ínfima proporción que ni siquiera alcanzaba al 1 % de las transacciones. De todas formas, esta última modalidad pudo ser una opción en momentos de inestabilidad social y económica. En 1814, el ciudadano Salvador Navarro compró en Girón un joven esclavo a Bartolomé Mantilla con la condición de que le concediera un plazo de año y medio para depositar los primeros cien pesos y que luego le abonaría la otra mitad. Al paso de dos años, a Navarro le fue imposible conseguir el dinero necesario, razón por la cual se declaró nula la venta (CDIHR-UIS, Archivo Notarial de Girón, t. 28, ff. 330v-331r).

Al momento de desglosar el comportamiento de los precios de los esclavos en Girón y Socorro desde 1801 hasta 1825, se observa que la curva marcó en ambas localidades un descenso continuo pero moderado, tendencia esta que contrasta con los altibajos señalados en la medición del volumen de esclavos. Este declive en la cotización era un indicio fehaciente del proceso gradual de crisis que experimentó el sistema esclavista, no solo en esta área sino en el resto del territorio colombiano. Revelaba también los efectos implacables de la miscegenación del hombre negro, el uso cada vez más frecuente de la mano de obra libre y el impacto de la guerra.

Aún cuando se adolece de una muestra confiable para el caso de Vélez, la fragmentaria información disponible permite afirmar, a manera de conjetura, que allí se aplicó aquella premisa según la cual, a mayor volumen de esclavos comercializados, menor el precio alcanzado por ellos. A esta conclusión hipotética se llega después de efectuar el cotejo con los datos recogidos en Girón y Socorro, en donde los valores fueron más altos y aparentemente inferior la cantidad de piezas negociadas. Históricamente, Girón había registrado precios ligeramente más altos que en Socorro, tendencia que se siguió marcando en los primeros quinquenios del siglo XIX. La crueldad, la destrucción y el saqueo, que azotaron indiscriminadamente a la villa socorrana durante la guerra, pueden ayudar a entender por qué allí ocurrió una mayor desvalorización del esclavo como mercancía.


[Figure ID: f2] Figura 2.

Precios* de los esclavos negociados en Girón y Socorro, 1801-1825


  —Fuente: (CDIHR-UIS. F. Archivo Notarial de Girón, t. 22-32; CCHRP; Archivo Notarial del Socorro, t. 31-41). * Valor en pesos de a ocho reales castellanos..

Si se desagrega la información contenida en esta gráfica, se observa que, durante los años más intensos de la lucha independentista, la baja en los precios se hizo más notoria. Asimismo, por esta época se volvió más usual encontrar esclavos en edad adulta y económicamente productivos con valores que se movieron entre 50 y 80 pesos, lo cual fue muy raro hallar durante el siglo XVIII cuando los promedios para ese rango de edad oscilaron casi invariablemente entre los 180 y los 220 pesos.

Haciendo un análisis en retrospectiva, se puede advertir con mayor detalle la magnitud del desplome en los precios. Así, por ejemplo, si se toma el período comprendido entre 1751 y 1760, las estadísticas arrojadas para el caso de Girón y Socorro indican promedios de 212 y 205 pesos, respectivamente (CDIHR-UIS, Archivo Notarial de Girón, t. 8-11; CCHRP. Archivo Notarial del Socorro, t. 10-14). Valores estos que contrastan con los estimativos obtenidos durante el decenio 1811-1820 cuando los datos en esas dos localidades demuestran que se dieron promedios de 165 y 110 pesos, respectivamente. De lo anterior se colige que el decrecimiento de los precios alcanzó el 35 %.

Al trazar un comparativo del comportamiento de los precios en el área objeto de análisis con otras regiones, se observó una que otra coincidencia, pero también notables contrastes que vale la pena comentar. Las diferencias mas marcadas surgen al momento de revisar los datos de los mercados de Popayán y Chocó, en donde, a pesar de los avatares de la guerra, se les asignó a los esclavos unos valores más altos (Colmenares, 1997, pp. 256-257; Sharp, 1976, pp. 24-26).

El comercio en las provincias de la costa Caribe

Contrariamente a lo presenciado en otros lugares, en la provincia de Santa Marta las operaciones de compra y venta de esclavos alcanzaron su máxima expresión durante el período de Independencia, tanto en el número de transacciones como en cuanto al volumen (Romero-Jaramillo, 1997, pp. 74-79). Este comportamiento atípico genera un gran dilema si se tiene en cuenta el principio, según el cual, toda guerra tiende a traer devastación y desaceleración económica.

Tal como lo señala el historiador Dolcey Romero Jaramillo, el inusitado crecimiento comercial detectado durante este convulsionado período pudo tener una primera explicación en el hecho de que en esta provincia se transaban esclavos que llegaban de la provincia de Antioquia para luego ser sacados en forma ilegal hacia las islas del Caribe. Una segunda explicación tiene que ver con las reformas introducidas en el marco del libre comercio que tuvo a este puerto de Santa Marta como epicentro de transacciones.

Otra razón válida es que Santa Marta se proclamó abiertamente como prorealista y esto hizo que se generaran choques, no tanto con los españoles, sino con sus vecinos de Cartagena, ya que aquella ciudad se erigió como un fortín aliado al viejo orden español mientras que esta defendió férreamente el ideal republicano. Una consecuencia de esas adhesiones es el hecho de que en Santa Marta los procesos sociales y económicos no se desarticularon con la misma intensidad que en Cartagena en donde prácticamente se arruinó la ciudad. También pudo incidir la motivación de algunos propietarios en deshacerse de sus esclavos por cuanto no era muy rentable conservarlos como fuerza productiva en esos tiempos azarosos.

En las estadísticas recogidas por el historiador Dolcey Romero Jaramillo (Ver Tabla 2), en su investigación adelantada en el archivo de la Notaría 1a de Santa Marta, se advierte cómo las cifras prácticamente se triplicaron durante el período comprendido entre 1811 y 1820 para luego volver nuevamente a los promedios obtenidos antes del inicio de la guerra.

Tabla 2.

Número de transacciones y volumen de esclavos negociados en Santa Marta, 1791-1830.


TFN2Fuente: (Romero-Jaramillo, 1997, p. 76).


Tabla 3.

Precios* de los esclavos negociados en Santa Marta, 1791-1830.


TFN3Fuente: (Romero, 1997, p. 84).

TFN4*Los valores están representados en pesos.


Los datos insertados en la anterior tabla revelan que los precios de los esclavos en Santa Marta experimentaron un notable ascenso hasta 1810 cuando se alcanzó el promedio de 246 pesos. En la siguiente década, lapso de tiempo en que se sintió con mayor estruendo la lucha independentista, se dio inició a un declive que arrojaría un promedio de 223 pesos. Esa tendencia a la baja persistiría en los años siguientes y solo en la década posterior a 1830, cuando empezó a recobrarse la tranquilidad social, se asomaría finalmente un ligero repunte.

La disminución en los precios durante la guerra contradice la antedicha hipótesis de que el aumento en el volumen de venta obedeciera al interés de los propietarios por deshacerse de una mercancía que no ofrecía muchas posibilidades en el marco del desbarajuste social del conflicto (Romero, 1997, p. 85).

Sobre la situación ocurrida en la villa de Barranquilla, es posible traer a colación algunas estadísticas recopiladas también por el historiador Romero Jaramillo. Para los años que interesan a este estudio, aquella era todavía una pequeña población con una incipiente actividad comercial, aunque justo por esta época empezaría a ganar importancia como puerto (Sourdís-Nájera, 2009, p. 5). La tenue presencia de esclavos dio lugar, asimismo, a un comercio muy reducido, cuyas piezas provenían en su mayoría de la cercana ciudad de Cartagena y eran destinadas básicamente al servicio doméstico (Romero-Jaramillo, 1992, pp. 13-14).

Tabla 4.

Volumen y precios de los esclavos negociados en Barranquilla, 1815-1829.


TFN5Fuente: (Romero, 1992, p. 21).


De la lectura de esta tabla, lo primero que se puede dejar por sentado es que no se manifestaron muchas variaciones en cuanto al número de esclavos transados. La entrada del período republicano trajo consigo un aumento, pero en el lapso comprendido entre 1825 y 1829 las cifras mostraron una leve contracción. En cuanto a los precios, desde los años de Reconquista se observa una progresiva reducción de los valores que se ubica alrededor del 23 %.

En materia de género, las cifras denotan una mayor preferencia de las mujeres a la hora de finiquitar transacciones comerciales, pues en el lapso de tiempo comprendido entre 1815 y 1824 se negociaron 52 hombres frente a 81 mujeres. Tal como anota el profesor Romero Jaramillo, este mayor número de mujeres transadas revela la importancia de ellas en la economía doméstica urbana, además del hecho de que su posesión garantizaba a los amos la posibilidad de incrementar su capital con los hijos que ellas procrearan (Romero-Jaramillo, 2009, p. 124).

En una escritura de venta asentada en esta villa, se puede palpar la influencia de los estragos de la guerra en la legalización de este tipo de negocios. El presbítero Nicolás José Gómez decidió vender en 1823 al esclavo Luis Gómez. No obstante, alegó no haber presentado todos los antecedentes que daban fe de su legítima condición de propietario ya que la escritura de compra que hizo a la señora Josefa Gómez se había perdido junto con todos sus libros y documentos personales en 1815 durante la entrada de las tropas españolas. Tampoco fue posible sacar copia de esta escritura, que reposaba en el archivo oficial de la villa, por haberse perdido también durante esos agitados años (AHAT, F. Notaría 1a de Barranquilla, tomo año 1823, f. 50r).

El comercio en las provincias de la costa Pacífica

Tradicionalmente, el comercio de esclavos en la provincia de Popayán estuvo dominado por comerciantes, hacendados y mineros. Este fue, sin duda, uno de los mercados más activos en el territorio de la Nueva Granada, particularmente en el siglo XVIII.

Para la época del censo general de 1778, Popayán era una de las provincias con más presencia esclava, cuya cifra alcanzaba un 28 %, casi lo mismo que el número de blancos y la mitad de los mestizos de todos los colores (Tovar-Pinzón, 1994a, pp. 86 y 88). La conjunción de varios factores y, entre ellos, el fuerte impacto generado por la guerra, fue lo que provocó un descenso demográfico en los decenios de 1810 y 1820. Prueba de ello es que para 1835 la población esclava llegaba solo a un 12 %, es decir, se había reducido prácticamente a un poco más de la mitad (Rodríguez, 1990, p. 13).

Desde luego, esas transformaciones demográficas, así como el resquebrajamiento de la economía esclavista, se vieron también reflejadas en la comercialización de esclavos. El advenimiento de la guerra le sumó a esta situación un nuevo ingrediente de deterioro social y económico tras sentirse profundamente afectada la provincia por las sucesivas invasiones del ejército realista y el frecuente tránsito de estas tropas y de los revolucionarios en su camino hacia el sur. Los inventarios y descripciones de las haciendas dan cuenta de su decadencia por la ausencia de trabajo y el asentamiento continuo de soldados.

En Popayán la prolongación de la guerra había provocado estragos en la producción minera, mientras que la tranquilidad alcanzada en Chocó y Antioquia había permitido cierta reactivación en estos dos centros de producción (Restrepo, 1823, p. 25).

En estos años de conflicto, el estancamiento del comercio obedecía al hecho de que los compradores se abstenían de invertir en un bien "de poca garantía" o simplemente a que los propietarios se deshacían de sus cuadrillas ofreciéndolas a menores precios (Rodríguez, 1990, p. 13).

Tabla 5.

Número de transacciones y volumen de esclavos negociados en Popayán, 1801-1830.


TFN6Fuente: (Rodríguez, 1990, p. 14).


Tal como lo muestra esta tabla, la cual registra datos recopilados por el historiador Pablo Rodríguez, el número de transacciones y el volumen de esclavos en Popayán habían mostrado una desaceleración en la primera década del siglo XIX. Después, durante el período comprendido entre 1811 y 1815, el descenso se hizo más pronunciado reduciéndose estos dos indicadores en aproximadamente un 50 %, mientras que en el siguiente lapso de tiempo se registró una notable recuperación en la que prácticamente se duplicaron las cifras. Este repunte del comercio en la época de Reconquista se explica por ser esta zona precisamente de orientación prorealista. Luego, en el siguiente quinquenio, que coincide con los primeros años de vida republicana, los números experimentan un crítico descenso en medio de un ambiente de devastación como producto del efecto prolongado del conflicto. De ahí en adelante se notó un leve repunte.

Es así como, en términos generales, en las tres últimas décadas del siglo XVIII el comercio esclavista en Popayán había experimentado una tendencia ascendente en cuanto al número de transacciones, que en ocasiones superaba las 1.000 por década. Este promedio descendió a 668 esclavos en los primeros diez años del siglo XIX, a 368 en la siguiente década y a solo 169 en la tercera (Colmenares, 1986, p. 150).

El retroceso también se vio reflejado en la proporción de esclavos por transacción que para esta época de Independencia se ubicaba en no más de dos piezas. Notorios contrastes se advierten también al momento de examinar esta cifra en relación con los registros observados durante el período colonial. Así, por ejemplo, en el lapso de tiempo comprendido entre 1690 y 1800 fueron vendidas 38 cuadrillas de más de 10 esclavos, siendo el decenio de 1781-1790 el más activo al registrar la venta de 15 cuadrillas que incluyeron 531 esclavos, cerca del 41 % del total de piezas comercializadas. En los años siguientes se dio un proceso de desintegración de estas grandes cuadrillas y en su lugar se multiplicaron las ventas individuales (Colmenares, 1997, pp. 35-36).

En cuanto a los precios, para el caso de la muestra recopilada por el historiador Germán Colmenares en Popayán para el lapso comprendido entre 1701 y 1780, el monto pagado por los bozales entre los 16 y los 25 años alcanzó un promedio cercano a los 440 pesos para los hombres y 436 para las mujeres. Los criollos, por su parte, se ubicaron a lo largo de toda esa centuria en un promedio general de 359 pesos (Colmenares, 1997, pp. 256-257). Posteriormente, estos precios, que fueron unos de los más altos en toda la Nueva Granada, experimentaron una "erosión gradual" desde los últimos decenios del XVIII. A comienzos de la centuria siguiente los valores cedieron aún más, siendo su caída más grave entre 1810 y 1825 cuando se registraron precios de hasta 150 pesos por esclavo transado. Posteriormente se experimentaría una recuperación.

El declive obedeció más que todo a la inseguridad propia de la guerra y a que las minas del Chocó y la costa Pacífica mostraban signos de decadencia (Colmenares, 1986, pp. 150-151). Por eso, algunos propietarios prefirieron exportar esclavos al Perú o a Guayaquil, o en otros casos, se inclinaron por las mejores posibilidades que ofrecía la sustitución por mano de obra libre.

En alusión al Chocó, se cuenta con el estudio realizado por el historiador Hermes Tovar Pinzón. De la muestra de 105 esclavos vendidos en los años 1814, 1817, 1818 y 1822, se evidencia un declive, ya que en 1814 se registraron 41 negros negociados, 12 en 1818 y 9 en 1822. El precio promedio fue de 183 pesos, y esta variable mostró también una tendencia decreciente, con registros de 234 pesos en 1814 hasta llegar a 136 en 1822 (Tovar-Pinzón, 1992, p. 79).

Tabla 6.

Esclavos vendidos en el Chocó, años 1814-1822.


TFN7Fuente: (Pinzón, 1992, p. 79).


El comercio en Santa Fe

Para el caso de Santa Fe es posible lanzar algunas observaciones teniendo como referencia dos investigaciones disponibles. En uno de estos trabajos, el historiador Rafael Antonio Díaz llega a la conclusión de que para el período comprendido entre 1700 y 1750 el precio promedio de los esclavos giró alrededor de los 205 pesos (Díaz-Díaz, 2001, p. 91), con una tendencia decreciente en el transcurso de las décadas. Si se efectúa el cotejo de esta información con datos de la época de Independencia, se descubre, entonces, que los esclavos habían sufrido una notable depreciación ya que las estadísticas levantadas por el trabajo monográfico de Antonio José Galvis, correspondiente a los años 1819-1824, arrojaron un valor promedio de 104 pesos7. Es decir, el monto a pagar por un esclavo se había contraído en un 50 %.

CONCLUSIONES

La importancia de esta investigación radica en la necesidad de ofrecer nuevas miradas al proceso de Independencia de Colombia, vista esta etapa no solamente como una confrontación militar sino también desde diferentes perspectivas y escenarios. En ese sentido, el llamado en esta celebración del Bicentenario de la Independencia es a rescatar el papel de otros actores de este periodo que, aunque no estaban llamados a ser protagonistas de la historia, no por ello debe desdeñarse su participación en este proceso. Esto, de alguna manera, permitirá tener una visión más integral de esta convulsionada etapa de la historia de Colombia.

Los resultados obtenidos en esta investigación de carácter comparativo arrojan varias luces sobre los vaivenes del comercio esclavista en una coyuntura de guerra y en una etapa de transición. Un reflejo de la situación económica de crisis que se vivía por esos años y que afectó a todos los sectores de la población, incluyendo al grupo de blancos propietarios y a los esclavos.

En síntesis, los años turbulentos de la guerra fueron de gran inestabilidad para este segmento de la sociedad, un nuevo ingrediente que agravaría aún más sus ya trastocadas vidas personales y familiares. De varias formas terminaron siendo afectados, entre ellas, cabe mencionar el decrecimiento demográfico (Hünefeldt, 2010, p. 288). A esto había que agregarle la dura crisis económica derivada del frenesí de la guerra, una situación que afligió al conjunto de la sociedad pero que probablemente pudo ser más notoria en la colectividad esclava en razón a su postrera posición en la escala social. Era una época generalizada de escasez que pudo significar, tanto para ellos como para sus amos, intensos sacrificios y esfuerzos laborales de supervivencia. La sumatoria de todos estos factores tuvo cierto impacto en el comercio esclavista que, coincidencialmente, había empezado a declinar en estos agitados años. La desvalorización fue una de las manifestaciones más evidentes en el marco de ese intercambio económico.

En últimas, con este estudio se corrobora la tendencia que venía registrándose desde finales del siglo XVIII de una evidente crisis del sistema esclavista8, aunque el comercio de estos hombres de servicio siguió su rumbo y solo hasta 1851 pudieron alcanzar definitivamente la libertad.

Que sea este trabajo una invitación para que se adelanten más estudios a escala regional, particularmente en archivos notariales, sobre el comportamiento del comercio esclavista con miras a tener una visión más completa y poder contar con mayores elementos comparativos de esta práctica económica que, sin duda, tuvo considerables repercusiones sociales.


1.

fn1 Artículo de reflexión que hace parte de la investigación titulada: “La participación de los sectores populares en el proceso de Independencia de Colombia”, adelantada por el autor con recursos personales.

2.

fn2Según el censo levantado en 1778, esta comunidad representaba el 7.8 % del total de la población, mientras que el mestizaje se hacía más que evidente al encontrarse un 46.5 % de los llamados "libres" o "gentes de varios colores". Le seguía en número la gente blanca que aglutinaba a la cuarta parte del total. Por su lado, los indios mostraban un serio descenso del cual nunca volverían a recuperarse, con un 20 % aproximadamente (Tovar-Pinzón, 1994a, pp. 86-88).

3.

fn3Funcionarios, religiosos y viajeros dieron fe de este auge (Oviedo, 1990, pp. 233-235; Grisanti, 1951, p. 137).

4.

fn4Estas proporciones sondeadas en la región no distaban mucho de lo hallado en la provincia de Tocaima durante la misma época. En la visita que ordenó el alcalde de la Santa Hermandad de Santa Fe, don Miguel Galeano Cortés, a 13 trapiches de esa jurisdicción, se computaron en cifras globales 190 esclavos, lo que arrojaba un aproximado de 15 de estos hombres por unidad productiva (Díaz, 2001, p. 118).

5.

fn5El mismo Pacificado Pablo Morillo no dudó en calificar esta provincia como "la más inquieta y más temible del Reino" (Rodríguez-Villa, 1910, t. III, p. 473).

6.

fn6Esta misma tendencia se observó en el mercado esclavista de Santa Fe entre los años 1819 y 1851, en los cuales esta modalidad de pago de contado alcanzó el 95 % del total de transacciones (Galvis, 1980, p. 345).

7.

fn7La metodología utilizada por este investigador consistió en seleccionar una muestra aleatoria en las notarías 1a, 2a y 3a de Bogotá (Galvls-Noyes, 1980, p. 346).

8.

fn8Para el análisis del proceso de crisis del régimen esclavista en esta coyuntura de finales del dominio español y de inicios del régimen republicano en otros territorios del dominio hispánico (Mallo y Telesca, 2010; Aguirre, 2005).


Forma de citar este artículo en APA:.

fn9 Pita-Pico, R. (julio-diciembre, 2018). Las cifras del comercio esclavista durante el periodo de Independencia de Colombia: fluctuaciones de un mercado en decadencia. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 9(2), pp. 299-325. DOI: https://doi.org/10.21501/22161201.2453


CONFLICTO DE INTERESES.

fn10 El autor declara la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación comercial de cualquier índole.

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