Conciencias Colectivas, de utopía a realidad

Escrito por: Paola Stefhany Uribe Rendón, Juan Santiago Sierra Acosta, Diana Karolina Murillo Duque y Santiago Atehortúa Carvajal

Fotografía: Santiago Atehortúa Carvajal

Chocó es uno de los 32 departamentos de Colombia, localizado en el noroeste del país, en la región del Pacífico colombiano. Comprende las selvas del Darién y las cuencas de los ríos Atrato y San Juan. Su capital es la ciudad de Quibdó. Es el único departamento de Colombia con costas en los dos océanos, el Pacífico y Atlántico. Es igualmente el único departamento limítrofe con Panamá, además alberga un corregimiento llamado Tutunendo, una ecorregión con los mayores índices de pluviosidad del planeta.

Para llegar al Chocó colombiano desde Medellín se emprende un viaje de aproximadamente 6 horas por carretera. En el camino se puede observar la maravilla y riqueza de un país megadiverso, tanto por sus recursos naturales como por las personas que lo habitan. Al salir del departamento de Antioquia se puede detallar como las cordilleras Central y Occidental cuyo relieve es uno de los más escarpados del mundo se van desdibujando dando predominancia a otro tipo de vegetación un poco más tropical.

En cinco horas de trayecto se puede divisar un sin fin de contrastes que enriquecen el paisaje montañoso y selvático, todo se logra ver un poco más verde y el recurso hídrico empieza a aflorar en diferentes lugares. La piel se humedece y el aire se torna denso aportando al entorno un clima más cálido.

Calles de barro y asfalto , casas construidas con madera y latas, algunas con cemento, niños descalzos jugando con un trozo de piedra bajo el pórtico de las casas vecinas, motos por doquier y fiestas clandestinas que conglomeran a  jóvenes y adultos con ganas de salir de la rutina, son algunas de las situaciones y movimientos que se logra evidenciar en esta tierra diversa y multicultural.

Folclor, cultura, raíces ancestrales, abandono del Estado, obras sin terminar, espacios públicos poco intervenidos, mujeres pujantes, niños con sueños, hombres trabajadores, indígenas sonrientes, una amplia gastronomía y una pobreza monetaria que según el DANE  supera el 68 por ciento son algunos de los elementos que caracterizan el territorio Chocoano.

Esta tierra ha sido cuna de líderes sociales como Jean Carlos Lemus Ramírez, un joven abogado egresado de la Universidad Tecnológica del Chocó, actualmente estudiante de Maestría en Gerencia para el desarrollo de la Universidad de los Andes, que con sueños, anhelos y esperanza trabaja por y para la comunidad.

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1998: En busca de oportunidades

La historia de Jean Carlos inicia en Istmina el 13 de julio de 1995, fecha  de su nacimiento; sus padres eran apenas unos jóvenes para aquel entonces, su madre tenía 23 años y su padre 25, aún no eran profesionales, agravante que hacía más difícil su situación laboral y económica. Jean se pasó los primeros 5 años de vida viajando con sus padres por diferentes ciudades de colombia en busca de oportunidades para un futuro mejor.Su madre trabajaba en casas de familia y su padre en obras de construcción. En los llanos orientales (San José del Guaviare) cultivaron hojas de coca cuando estas eran el auge de los narcotraficantes y las Farc-EP, permitiéndoles generar ingresos para tener con qué comer.

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Fotografía: Santiago Atehortúa Carvajal

2001: Camuflaje

Cuando Jean cumple 6 años, vuelven a Istmina (Barrio Cubis – Meseta Alta) . Al volver, sus padres se preparan como profesionales y Jean Carlos empieza formalmente su proceso educativo donde culminó su primaria en el Colegio Andrés Bello y la secundaria en la Normal Superior Nuestra Señora de las Mercedes, lugar donde todo cambia.

“…Dentro de la pobreza que vive el chocó e Istmina, siempre existe una estratificación que no se dice pero se siente..” afirma Jean, en esta estratificación el colegio la Normal Superior, era un espacio donde se podía encontrar a los hijos de los alcaldes o exalcaldes de Tadó, Condoto, Medio San Juan y  las familias más adineradas de la región, o como lo describe Jean, “los pupis”. Estos niños provenientes de cunas de oro se convirtieron en sus amigos.

 2007: Utopía

Sin embargo, poco a poco y con el pasar de los años, su visión del mundo comenzó a cambiar. “En los grados 10 y 11 los contenidos se vuelven más críticos y es cuando uno se empieza  a cuestionar ¿por qué el Chocó es así? ¿Por qué Istmina es así? ¿Por qué no tenemos acueducto y alcantarillado óptimo?, se empiezan los cuestionamientos internos dentro del salón sobre las acciones de los padres de los amigos y compañeros: tu papá no hizo esto, no hizo lo otro, nosotros estamos así por tu papá..” afirma Lemus.

Estos cuestionamientos lo ayudaron a entender un poco más el panorama que vivía su territorio.

“…Cuando ya llegamos a 11 grado, que empieza todo mundo a escoger la universidad o la carrera que se quiere estudiar, nos damos cuenta que esos hijos, y compañeros  que quizá no eran lo más destacados, su padres los estaban proyectando para que vinieran a seguir liderando, o los estaban proyectando para que fueran también los próximos alcaldes de los diferentes  municipios…”

A partir de ese momento un grupo de jóvenes que no eran los hijos de los alcaldes, pero que en cierta medida eran los más destacados del salón se empezaron a cuestionar y se encendió una alarma grupal. Ellos con tan solo 16 y 17 años se plantearon actuar “…si no hacemos algo ahora lo más probable es que los que lideraron a nuestros padres, sus hijos terminarán liderándonos a nosotros, y quizá nuestra crítica se va a quedar en crítica y no en acción”, “desde ahí nació esa semillita, desde el colegio” afirma Jean.

Desde ese momento cada uno tomó caminos diferentes, y pasados dos años, después de conversar la idea en vacaciones como una utopía, llega en 2015 el momento de actuar.

Fotografía: Santiago Atehortúa Carvajal

2015: Un movimiento por la conciencia

En el 2015 este grupo de amigos se sientan a hablar con la intención de materializar todo eso que habían conversado durante el colegio y en sus encuentros de vacaciones.En ese justo momento estaban próximos a elecciones, y con un desconocimiento adicional sobre temas políticos empiezan a indagar sobre cómo funciona la política en este departamento, donde según Lemus es muy común que la política sea dirigida por aquellos que siempre lo han hecho.

Jean, dice que casi la mayoría de los males que tiene Colombia se replican en una escala mínima en el Chocó, donde el clasismo y el fenómeno de preferencias por los apellidos se encuentra tan latente como la corrupción.

Además afirma con contundencia que “los Córdoba o Palacios son los que mandan la parada, son los que están destinados a tener el poder” situación preocupante que está en vista de todos. Expresa que entiende que ellos tienen “prioridad”; en especial los Córdoba por ser del linaje de Diego Luis Córdoba (padre fundador del Departamento). Jean dice que en esa época, no se reunían los Córdoba o los Palacios, sino que se reunían los Lemus, los Mosquera, los Benites, personajes con apellidos del común que le dan nacimiento a un movimiento llamado Conciencias Colectivas.

Cuando nace este movimiento, sin tener idea de cómo se hacía o cómo funcionaba un sistema tan estructurado como el de la compra y venta de votos, Lemus en conjunto con su grupo de amigos planearon a quién iban a postular para que fuese candidato al concejo. Jean fue elegido para las elecciones  2015. Con 19 años fue el candidato más joven en todo el departamento del Chocó, teniendo la mayor votación dentro del partido en el municipio de Istmina.

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Fotografía: Santiago Atehortúa Carvajal

Mediante el discurso colectivo de este grupo de amigos, fue como lograron convocar a muchos jóvenes, que incluso a igual que ellos era la primera vez que votaban en temas de política, ganándose un puesto importante dentro de las mesas donde se encargan de administrar y gobernar el municipio, pasando de un hecho utópico a la realidad.

A partir de este proceso del cual salieron victoriosos, Conciencias Colectivas se ded

icó a contar este hecho relevante a otros jóvenes de municipios cercanos con la intención de que replicarán esta acción; fue así que en las elecciones pasadas lograron que en 4 años hubiesen más postulados, con 5 candidatos en diferentes municipios del Chocó, ganando 2 candidaturas de 5, donde afirma Lemus que siguen creciendo en número y lecciones positivas.

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Fotografía: Santiago Atehortúa Carvajal

2016: Blanco de Amenazas

Como concejal impulsó la educación, punto central de su discurso. Mientras ejercía su cargo evidenciaba la corrupción en cosas básicas: aprobación de presupuestos sin ejecución de las obras; ejecución de obras pero con planos diferentes a los establecidos; contratistas incumplidos y encargados de despacho sin lograr un efectivo control. Las estructuras irregulares con las que se topó lo enfrentaron a una diatriba: Seguir con su discurso o denunciar las irregularidades que percibía dentro de la administración municipal.

Por medio de redes sociales decidió, al fin, denunciar los hechos de la supuesta corrupción. En ese momento, y como se acostumbra en Colombia con los líderes sociales se convirtió en blanco de amenazas de sus compañeros administrativos, ya que estas denuncias y publicaciones empezaron a tener muchas interacciones en las redes.

A raíz de sus denuncias, la Procuraduría General de la Nación abrió varias investigaciones: contra el alcalde, 3 secretarios de despacho y algunos otros funcionarios, entre ellos, concejales. Los señalamientos públicos no se hicieron esperar, algunos concejales usaron emisoras para difundir  mensajes como: «si le pasaba algo, no nos hacemos responsables». La intimidación se volvió

 sistemática y tras diversos análisis del caso, la Unidad Nacional de Protección (UNP) tomó su caso, brindando apoyo a Lemus. Le proporcionaron un chaleco antibalas, un botón de pánico, un geolocalizador y un mapa de su casa con una ruta de escape.

En esos momentos de calor político y teniéndose que desplazar todos los días de Quibdó a Istmina y viceversa, estudiaba en las tardes, mientras en las mañanas ejercía como concejal de Istmina. Siempre se movilizaba en un trayecto de 70 kilómetros diarios entre ciudades, desplazamientos que lo exponían a un riesgo mayor.

Vea las denuncias:

Denuncia 1                Denuncia 2                Denuncia 3                Denuncia 4

Su mamá a veces se veía envuelta en conversaciones donde, sin relacionar que esta fuese su pariente, rumoraba que: «a ese concejal Memo lo van a salir matando»

Por fortuna nunca se materializaron las amenazas, pero en época de las investigaciones, de los trece concejales de Istmina, el único que tenía medidas de protección era Lemus. El botón solo lo presiono cada dos meses por protocolo, el chaleco no atajó ninguna bala y la ruta de escape nunca se usó en caso de algún atentado. Sin embargo, la presión por sus pares seguía ahí, por revelarse frente a la estructura maltrecha de la administración istmineña.

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Fotografía: Santiago Atehortúa Carvajal

Libros en champa

En medio de la selva y el océano Pacífico, Conciencias colectivas quiso llegar a Boca de Pepé, Medio Baudó, lugar recóndito al que llegaron siguiendo una ruta entre champas (canoas típicas del Chocó) y almuerzos gratis de almas caritativas. Cruzaron por los mismos lugares que el narcotráfico transita para transportar la droga por Panamá. Este grupo de amigos llevaron hasta este lugar donaciones de libros que venían de Medellín.

Desde allí, vieron las limitaciones que imponía el territorio en el pensamiento de los jóvenes. Visiones de niños que tenían como ideal terminar su bachillerato para volverse técnicos en el Sena, pues era lo máximo que habían visto en alguien del exterior. “Hay veces que los jóvenes están volando hasta donde se le está permitiendo ver”. Al ser en ese entonces estudiantes universitarios o en vísperas de finalizar su carrera, enseñaron sus experiencias y trataron expandir el horizonte de aquellos niños.

Tras su experiencia como líder social, Jean Carlos piensa que uno de los puntos que hay que trabajar es que los líderes suelen caer en un estado de confianza hasta el punto de sentirse ajenos a la posibilidad de resultar como aquellos líderes que han sido asesinados por su labor comunitaria.

Para Jean Carlos Lemus al igual que para muchos líderes es un honor ser parte de los movimientos que apoyan a sus comunidades. Aunque sus vidas están en un riesgo constante, los recursos son limitados y no reciben ayuda del Estado, no temen a la idea de que algún día su lucha acabe. A lo que si le temen es a no dejar un legado de resistencia y desarrollo que permita un mejor futuro para todos los chocoanos.

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