IMPACTO_PSICOL_GICO_vol._8_No2

IMPACTO PSICOLÓGICO DEL CIBERBULLYING EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS: UN ESTUDIO EXPLORATORIO

Cyberbullying psychological impact on university students: An exploratory study

Jesús Redondo*a, Marianela Luzardo-Briceño**a, Karol Lizeth García-Lizarazo***a, Cándido J. Inglés****b

* Doctor en Psicología. Psicólogo. Docente investigador, Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga. Correo electrónico: jesus.redondo@upb.edu.co http://orcid.org/0000-0001-6063-1996

** Doctora en Estadística. Magíster Scientiarun en Estadística Aplicada. Licenciada en Estadística. Docente investigadora, Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga. Correo electrónico: marianela.luzardo@upb.edu.co http://orcid.org/0000-0002-8364-5378

*** Estudiante investigadora de la Facultad de Psicología; Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga. Correo electrónico: karol.garciali@upb.edu.co http://orcid.org/0000-0002-4303-4388

**** Doctor en Psicología. Psicólogo. Docente investigador Universidad Miguel Hernández de Elche. Correo electrónico: cjingles@umh.es http://orcid.org/0000-0001-9471-3551 Scopus Author ID: 7003910624.

a Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga, Colombia

b Universidad Miguel Hernández de Elche, España

Recibido: 27 de junio de 2016–Aceptado: 29 de noviembre de 2016–Publicado en línea: 24 de junio de 2017

Forma de citar este artículo en APA:

Redondo, J., Luzardo-Briceño, M., García-Lizarazo, K. L. e Inglés, C. J. (julio-diciembre, 2017). Impacto psicológico del ciberbullying en estudiantes universitarios: un estudio exploratorio. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 8(2), pp. 458-478. DOI: http://dx.doi.org/10.21501/22161201.2061

Resumen

Los objetivos de este trabajo fueron determinar la prevalencia del ciberbullying entre los participantes del estudio, así como conocer el impacto psicológico tanto en cibervíctimas como en ciberagresores, analizando además las diferencias de género de dicho impacto. La muestra estuvo constituida por 639 estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga, con una media de edad de 17,6 años (chicos N = 303, chicas N = 334). Para ello se emplearon los siguientes instrumentos: (a) Escala de ciberagresiones; (b) Escala de cibervictimización; y (c) Symptom Assessment-45 Questionnaire (SA-45). Los resultados evidencian que un 27,5% de la muestra ha sido agredida en alguna ocasión, así como que 26,7% ha sido acosador durante el último año. Por otro lado, los resultados demostraron que existe un impacto psicológico (escalas del SA-45) tanto en las cibervíctimas, como en los ciberagresores. Respecto a las diferencias de género en ciberbullying se evidenciaron solo en algunas escalas (primordialmente depresión, ansiedad, sensibilidad interpersonal y somatización), aunque no fueron significativas entre los síntomas psicológicos reportados en este estudio (salvo en las escalas relacionadas con Somatización y Ansiedad fóbica). © Revista Colombiana de Ciencias Sociales.

Palabras clave:

Ciberbullying; Estudiante universitario; Salud mental.

Abstract

The objectives of this study were to determine the prevalence of cyberbullying among study participants and examine the psychological impact on both cyber victims and cyber attackers, also analyzing gender differences in the impact. The sample consisted of 639 students from the Universidad Pontificia Bolivariana, Bucaramanga branch, with an average age of 17.66 years (N = 303 boys, girls N = 334). For developing this analysis, the following instruments were used: (a) Scale cyber aggressions; (B) Scale cyber victimization; and (c) Symptom Assessment Questionnaire-45 (SA-45). The results show that 27.5% of the sample has been attacked on occasion, and that the stalker was 26.7% over the past year. On the other hand, the results showed that there is a psychological impact (SA45 scales) in both cyber victims and cyber aggressors. Gender differences in cyberbullying were evident only at some scales (primarily depression, anxiety, interpersonal sensitivity and somatization), although they were not significant among the psychological symptoms reported in this study (except for scales related to Somatization and Phobic Anxiety). © Revista Colombiana de Ciencias Sociales.

Keywords:

Cyberbullying; University Students; Mental Health.

Introducción

En la actualidad las formas de comunicación han cambiado debido a la rápida evolución de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), que se han venido constituyendo como herramienta muy útil que permite a las personas mantenerse enterada de los diferentes acontecimientos socioeconómicos, políticos y personales, entre otros (Spiegel, 2007); pero que también han llevado a diferentes tipos de violencia a través de las nuevas tecnologías (Cowie, 2013; Redondo Pacheco, Luzardo Briceño, Rangel Noriega, 2016).

Aunque las TIC tienen grandes beneficios, el abuso del Internet se ha asociado con varios problemas de salud mental como soledad, depresión y ansiedad (Patchin, & Hinduja, 2010; Sourander et al., 2010; Kokkinos, Antoniadou, & Markos, 2014). Sin embargo, aparte de las consecuencias negativas, puede beneficiar a personas con problemas de interacción social como timidez o ansiedad social, entre otros, que se aventuran a socializar mediante el ciberespacio, así como para los usuarios que han sido víctimas proporcionándoles un entorno seguro en el que su presentación hacia los demás está bajo su control (McKenna, & Bargh, 2000; Ortega, Calmaestra, & Mora Merchán, 2008; Cowie, 2013; Giménez Gualdo, Maquilón Sánchez y Arnaiz Sánchez, 2015). También se ha demostrado que los individuos socialmente rechazados son más propensos a pasar más tiempo en Internet y a utilizarlo de forma peligrosa (Rincón Rueda y Ávila Díaz, 2014; Washington, 2015).

Además, las TIC también han llevado a que la violencia se dé indirectamente, caracterizándose por la intimidación, la discriminación, el hostigamiento, la suplantación y la agresión a través de los medios electrónicos (Ortega et al., 2008; Wegge, Vandebosch, Eggermont, Van Rossem, & Walravel, 2016). Este fenómeno es identificado como ciberbullying, definiéndose como aquella conducta agresiva e intencional mediada por dispositivos electrónicos, que se reitera en el tiempo y está dirigida por un individuo o grupo hacia una víctima que no puede defenderse por sí misma.

Este fenómeno ha sido estudiado mayormente en estudiantes de primaria y secundaria, pero pocas son las investigaciones centradas en estudiantes universitarios, por lo que en Colombia no se hallan reportes en la literatura donde se evidencie específicamente el estudio de la prevalencia del ciberbullying en la Educación Superior. Ahora bien, en México, el ciberbullying fue estudiado en una muestra de universitarios respecto al uso de Facebook, red social donde en los últimos años se ha encontrado mayor frecuencia de este tipo de conductas (Correa, 2012).

Los resultados relacionados con la prevalencia del ciberbullying se centran mayormente en población de educación secundaria (casi un tercio de los adolescentes han agredido a sus iguales a través de las nuevas tecnologías, en el último año), como los estudios de Buelga, Cava y Musitu (2010) y Buelga y Pons (2012), siendo el género femenino y los estudiantes de los primeros cursos los más cibervictimizados. En cuanto a la duración e intensidad del ciberacoso, se evidencia que suele ocurrir, mayormente, durante menos de un mes y con una intensidad moderada. Estos datos son similares a los encontrados por Redondo Pacheco et al. (2016) respecto a la ciberagresión en población universitaria.

En cuanto a las consecuencias del ciberbullying, en estudios realizados por Patchin e Hinduja (2010) por un lado, así como, Schenk, Fremouw y Keelan (2013) encontraron que los acosadores cibernéticos universitarios obtuvieron puntuaciones más altas que los participantes pertenecientes al grupo control en malestar general, sensibilidad interpersonal, depresión, hostilidad, ansiedad, paranoia y síntomas psicóticos. Estos hallazgos indican una disparidad en el funcionamiento psicológico entre las personas que participan en ciberbullying en comparación con sus compañeros no implicados. Entre las manifestaciones se evidenciaron baja autoestima, baja motivación, miedo al rechazo y la necesidad de confirmación por parte de los demás, todo esto relacionado con el uso frecuente de internet. Dado que los individuos deprimidos, con frecuencia se sienten indefensos, pueden sentirse ansiosos o impotentes cuando se enfrentan a un evento de ciberbullying. Además, aquellos que manifiestan síntomas de hostilidad tienden a tener ataques de ira y a estar irritables (Schenk, & Fremouw, 2012), lo que podría conducir a respuestas extremas ante la provocación, afectando su participación en los incidentes de ciberbullying.

Al contrario, la sensibilidad interpersonal, el nivel excesivo de conciencia de la conducta y los sentimientos de los demás, pueden estar relacionados negativamente con experiencias de ciberbullying (Arıcak, 2009; Van Cleemput, Vandebosch, & Pabian, 2014). Aunque las personas con problemas interpersonales tienen sentimientos de inferioridad y angustia en las relaciones interpersonales, algunas investigaciones indican que se exponen con menos frecuencia al Ciberbullying, debido a su desconfianza y cautela durante sus interacciones en el ciberespacio (Arıcak, 2009; Nahar, Li, Zhang, & Pang, 2014; Wegge et al., 2016).

En otro orden de ideas, las víctimas de ciberbullying experimentan una variedad de impactos emocionales, destacando el aumento de la angustia emocional (Ybarra, & Mitchell, 2004). Las respuestas típicas a la cibervictimización incluyen frustración, ira y tristeza. Además, cuantos más problemas de acoso cibernético vivieron las víctimas, mayores problemas se presentaron fuera de lo cibernético (Hinduja, & Patchin, 2008).

En este sentido, Beran, & Li (2005) identificaron que las respuestas emocionales más frecuentes a los sentimientos de enojo y de llanto son la tristeza, dolor, ansiedad, vergüenza, miedo y autoculpa. Por otro lado, Finkelhor, Mitchell y Wolak (2000) encontraron que aproximadamente un tercio (32%) de las cibervíctimas experimentaron al menos síntomas de estrés, 31% estaban molestos, 19% tenían miedo, y 18% sintió vergüenza como consecuencia de ser agredidos.

En este orden de ideas, víctimas canadienses de ciberbullying pertenecientes a los grados 7°-9° denunciaron consecuencias conductuales específicas como falta de concentración, bajo rendimiento escolar y absentismo; además de evitar conscientemente el uso de internet, vivir en el acoso, sentirse ansiosos o con irritabilidad, y falta de interés en las cosas (Beran, & Li, 2005). Igualmente, los adolescentes víctimas de ciberbullying eran más propensos a tener problemas conductuales, consumo de alcohol y tabaco, así como bajo rendimiento (Mason, 2008; León del Barco, Castaño, Fajardo Bullón y Gómez Carroza, 2012; Baldrya, Farringtonb, & Sorrentino, 2016). Un estudio con población adolescente ciberacosada en Finlandia encontró que las víctimas experimentaron problemas con los compañeros, dolores de cabeza, dolor abdominal recurrente, problemas para dormir, e inseguridad en la escuela, si se comparaba con sus compañeros no víctimas (Sourander et al., 2010).

La cibervictimización también se asocia con sintomatología clínica. Ybarra (2004) encontró que las víctimas de acoso cibernético, con edades entre 10 y 17 años, presentaron más síntomas depresivos que las no víctimas. Además, Fauman (2008) identificó diferentes consecuencias psicológicas relacionadas con la cibervictimización como depresión, ansiedad, ideación suicida y falta de concentración, así como sensación de impotencia. De la misma manera, Schenk, & Fremouw (2012) indicaron que los casos extremos de cibervictimización se relacionaron con el suicidio adolescente. En este sentido, Hinduja, & Patchin (2014) investigaron la relación entre los comportamientos suicidas (ideación, intentos y experiencias) entre las víctimas y los victimarios de ciberbullying. Su investigación reveló un vínculo entre los jóvenes que experimentaron acoso cibernético, ya sea como autor o víctima, y los pensamientos suicidas, además de un aumento de la probabilidad de intento de suicidio en comparación con el grupo control. Esta relación era más fuerte para las víctimas, que para los victimarios. La investigación ha demostrado que el impacto sobre las víctimas de ciberbullying es sustancial y negativa. Algunos factores que pueden intensificar la gravedad del impacto son la mayor dificultad para escapar del acoso cibernético, así como los innumerables espectadores que pueden ver esta información privada debido a la facilidad de transmisión electrónica (Campbell, 2005; Bhat, 2008; Slonje, & Smith, 2008; Doane, Boothe, Pearson, & Kelley, 2016).

En Colombia recientemente comenzó el interés por estudiar los comportamientos asociados con el ciberbullying (Puerta-Cortés y Carbonell, 2013; Redondo Pacheco et al., 2016). Sin embargo, no es suficiente para identificar las problemáticas asociadas a este hecho, destacando además las escasas investigaciones psicológicas sobre el tema en el ámbito universitario colombiano y los pocos estudios publicados que se relacionan con su impacto psicológico.

Por ello, los objetivos de este trabajo fueron determinar la prevalencia del ciberbullying entre los participantes del estudio, así como conocer el impacto psicológico tanto en cibervíctimas como en ciberagresores, analizando además las diferencias de género de dicho impacto.

Método

El presente estudio se enmarca dentro de un enfoque cuantitativo de tipo exploratorio –donde se pretende dar una visión general respecto a un determinado fenómeno, en este caso el ciberbullying, que al interior de la Universidad Pontificia Bolivariana aún no ha sido estudiado–, transversal y con diseño no experimental.

Participantes

Para la realización de este trabajo se hizo un muestreo no probabilístico por conveniencia. La muestra reclutada fue de 637 estudiantes de primer semestre de la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga (chicos N = 303, chicas N = 334), con una media de edad de 17,66 (DT = 1,627). A través de la prueba χ2 de homogeneidad de la distribución de frecuencias, se demostró la ausencia de diferencias estadísticamente significativas entre los grupos de Género x Facultad (χ2 = 90.927; p = 0.00).

La clasificación de los participantes en función del género y la Facultad en la que estudia se muestra en la Tabla 1.

Tabla 1

Sujetos de la muestra clasificados por género y Facultad (número y porcentajes)

Facultad

Género

Total

Chicos

Chicas

Admón. Negoc. Intern.

36

(5,6%)

35

(5,5%)

71

(11,1%)

Admón. Empresas

9

(1,4%)

16

(2,5%)

25

(3,9%)

Psicología

17

(2,7%)

61

(9,5%)

78

(12,2%)

Derecho

16

(2,5%)

18

(2,8%)

34

(5,3%)

Comunicación Social

10

(1,6%)

40

(6,3%)

50

(7,8%)

Ing. Civil

108

(16,9%)

54

(8,5%)

162

(25,4%)

Ing. Electrónica

16

(2,5%)

1

(0,2%)

17

(2,7%)

Ing. Ambiental

16

(2,5%)

29

(4,5%)

45

(7%)

Ing. Industrial

46

(7,2%)

69

(10,8%)

115

(18%)

Ing. Mecánica

29

(4,7%)

11

(1,9%)

40

(6,6%)

Total

303

(47,6%)

334

(52,4%)

637

(100%)

Instrumentos

A continuación se presentan los instrumentos usados en el trabajo, teniendo en cuenta sus altos índices de fiabilidad y validez y destacando su uso en investigaciones previas con objetivos similares a los de este estudio (Buelga et al., 2010; Buelga, Cava y Musitu, 2012; Buelga, Iranzo, Cava, & Torralba, 2015).

Escala de ciberagresiones: se trata de una escala adaptada por Buelga et al. (2012), compuesta por 10 ítems, con los que se evalúan diferentes comportamientos asociados con la agresión relacionada con hostigamiento, persecución, denigración, violación de la intimidad, exclusión social y suplantación de la identidad. El rango de respuesta es de 1 a 5 (nunca, pocas veces: entre 1 y 2 veces; algunas veces: entre 3 y 5 veces; bastantes veces: entre 6 y 10 veces; y muchas veces: más de 10 veces), evaluando las agresiones que el adolescente ha llevado a cabo durante el último año mediante el teléfono celular e Internet. El coeficiente de fiabilidad α de Cronbach fue de 0,83.

Escala de victimización a través del teléfono celular y de internet. Escala adaptada por Buelga et al. en el 2010, a partir de la Escala de Victimización entre Iguales de Cava, Musitu y Murgui (2007) y de la clasificación de Willard (2007). La escala mide los momentos de acoso vividos en el último año, con respuestas que van de 1 (nunca) hasta 4 (siempre). Esta escala evalúa comportamientos relacionados con agresiones de hostigamiento, persecución, denigración, violación de la intimidad y exclusión social. El coeficiente de fiabilidad α de Cronbach fue de 0,77.

Respecto a la intensidad de las ciberagresiones durante el último año, se evalúa con 5 opciones de respuesta (nunca, 2 ó 3 veces, 1 ó 2 veces al mes, 1 ó 2 veces a la semana, y todos o casi todos los días). Las dos primeras formas de respuesta de intensidad permiten evaluar el acoso moderado (menos de una agresión por semana) y las dos últimas el acoso severo (más de una agresión por semana) (Smith, Mahdavi, Carvalho, & Tippett, 2006). En cuanto a la duración en el transcurso del último año, se evalúa con cinco opciones de respuesta: nunca, 1 mes (o menos), entre 3 y 6 meses, entre 6 y 12 meses, y un 1 año (o más).

SA-45 [Symptom Assessment-45 Questionnaire] (Davison et al., 1997). El SA45 es un cuestionario de autoinforme de síntomas psicopatológicos derivado del SCL-90. Cuenta con 45 ítems distribuidos en nueve escalas donde se evalúa: somatización, sensibilidad interpersonal, obsesión-compulsión, ansiedad, depresión, ansiedad fóbica, hostilidad, psicoticismo e ideación paranoide; a través de una escala Likert entre 0 (“Nada en absoluto”) y 4 (“Mucho o extremadamente”) siempre que cada uno de los 45 síntomas ha estado presente durante la última semana. En este caso, el coeficiente de fiabilidad α de Cronbach fue de 0,96.

Análisis de datos

Se realizó análisis descriptivo e inferencial, valorando la presencia del fenómeno del ciberbullying. Además, se llevó a cabo un análisis multivariante de la varianza, MANOVA 2 X 10, entre géneros (hombre y mujer) y las Facultades de la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional Bucaramanga (Administración de Negocios Internacionales, Administración de Empresas, Psicología, Derecho, Comunicación Social, Ingeniería Civil, Ingeniería Electrónica, Ingeniería Ambiental, Ingeniería Industrial e Ingeniería Mecánica) en las variables de ciberagresión y cibervictimización.

Se consideraron las tablas de contingencia para hacer un análisis comparativo de las frecuencias entre las dos variables categóricas. Además, se llevó a cabo un contraste de proporciones (χ2) para determinar si las diferencias entre variables son significativas. En las pruebas Ji cuadrado en las tablas de contingencia se presenta también el coeficiente de contingencia como medida de la fuerza de asociación de las variables, siendo 0 independencia perfecta y 1 dependencia completa.

Resultados

Respecto a la prevalencia del ciberbullying entre los participantes del estudio, los resultados señalan que un 27,5% de la muestra ha sido agredida en alguna ocasión, siendo la duración de este acoso, para la gran mayoría de las víctimas, menor o igual a 1 mes (n= 149). Del mismo modo, se observó mayor incidencia de victimización moderada, con un 25,4% (menos de una agresión a la semana), con una duración menor o igual a 1 mes (n= 143). Así mismo, se evidencia una disminución significativa en la incidencia de la cibervictimización durante un mes o menos. Un 2,8% de los estudiantes han sido acosados entre 3 y 6 meses, y 1,2% un año o más.

En cuanto a la intensidad de la cibervictimización, 25,4% de los evaluados han sido acosados de forma moderada, mientras que 2,1% de forma severa. En este sentido, los datos muestran que 1% de victimización severa se presenta durante un mes o menos, 0,5% entre 3 y 6 meses y 0,6% durante un año o más. Además, se observa que a medida que aumenta la duración de la victimización tecnológica, disminuye la intensidad de la misma (r = 0,85, p < 0,000) (Tabla 2).

Tabla 2

Prevalencia de la intensidad y duración de la victimización a través del celular y de internet

(N=637)

Nunca

462

(72,5%)

Victimización

Intensidad

Duración

Total

≤1 mes

Entre 3 y 6 meses

≥1 año

Moderada

143

(22,4%)

15

(2,3%)

4

(0,6%)

162

(25,4%)

Severa

6

(1%)

3

(0,5%)

4

(0,6%)

13

(2,1%)

Total

149

(23,4%)

18

(2,8%)

8

(1,2%)

175

(27,5%)

Nota: Intensidad Agresión-Duración: rho-spearman = 0,85, p < 0,000

En cuanto a la ciberagresión, se encontró que 26,7% de la muestra total (n = 170) ha acosado a sus compañeros en el último año. Este acoso ha durado menos de un mes (23,7%, n = 151), siendo de intensidad moderada (23%, n = 147). Además, se puede observar una disminución muy significativa en los casos en los que las ciberagresiones se dan durante más de un mes. Un 1,4% de los estudiantes (n = 9) han acosado entre 3 y 6 meses, 0,9% (n = 6) entre 6 y 12 meses, y 0,6% (n = 4) más de un año.

Respecto a la intensidad del acoso, 25,3% (n = 161) de los agresores acosan de forma moderada, mientras que 1,4% (n = 9) lo hace de forma severa. En este sentido, los datos muestran que 0,6% (n = 4) de agresores severos han acosado durante un mes o menos, 0,5% (n = 3) entre 3 y 6 meses, 0,3% (n = 2) entre 6 y 12 meses, y no se evidencia durante más de un año. También se halla que conforme aumenta la duración del acoso tecnológico, disminuye la intensidad de las agresiones (r = 0,73, p < 0,001) (Tabla 3).

Tabla 3

Prevalencia de la intensidad y duración de la ciberagresión a través del teléfono celular y de Internet

(N=637)

Nunca

467

(73,3%)

Agresión

Intensidad

Duración

Total

≤1 mes

Entre 3 y 6 meses

Entre 6 y 12 meses

≥1 año

Moderada

147

(23%)

6

(0,9%)

4

(0,6%)

4

(0,6%)

161

(25,3%)

Severa

4

(0,6%)

3

(0,5%)

2

(0,3%)

0

(0%)

9

(1,4%)

Total

151

(23,7%)

9

(1,4%)

6

(0,9%)

4

(0,6%)

170

(26,7%)

Nota: Intensidad Agresión-Duración: rho-spearman = 0,73, p < 0,001

Otro de los objetivos fue conocer el impacto psicológico tanto en cibervíctimas, como en ciberagresores. Así, los resultados relacionados con la implicación entre el ciberbullying y las escalas del SA45 demostraron que existen diferencias estadísticamente significativas entre las variables estudiadas, es decir, que existe relación entre ser cibervíctima y ciberagresor y todas las escalas del SA45. Además, los coeficientes de contingencias indican valores razonables de asociación entre los perfiles de cibervíctima y ciberagresor y las escalas del SA45, así como que los porcentajes entre los perfiles de cibervictimización son mayores en todas escalas del SA45, a diferencia de lo que ocurre en la ciberagresión (Tablas 4 y 5).

Tabla 4

Implicación entre cibervictimización y las escalas del SA45

Escalas SA45

Cibervíctima

Sí

χ٢

p

C

Hostilidad

37 (5,8%)

33,015

0,000

0,222

Somatización

33 (5,2%)

19,395

0,000

0,172

Depresión

32 (5%)

25,881

0,000

0,198

Obsesión

30 (4,7%)

18,904

0,000

0,170

Ansiedad

31 (4,9%)

21,608

0,000

0,181

Sensibilidad

35 (5,5%)

35,963

0,000

0,231

Ansiedad fóbica

36 (5,7%)

42,633

0,000

0,250

Ideación

33 (5,2%)

33,143

0,000

0,222

Psicoticismo

34 (5,3%)

26,409

0,000

0,200

Nota: χ2 = Ji cuadrado; P = valor significación; C = Coeficiente de contingencia

Tabla 5

Implicación entre ciberagresión y las escalas del SA45

Escalas SA45

Cyberagresor

χ٢

p

C

Hostilidad

28 (4,4%)

40,147

0,000

0,243

Somatización

21 (3,3%)

13,551

0,000

0,144

Depresión

21 (3,3%)

19,746

0,000

0,173

Obsesión

19 (3%)

12,876

0,000

0,141

Ansiedad

21 (3,3%)

18,790

0,000

0,169

Sensibilidad

21 (3,3%)

19,746

0,000

0,173

Ansiedad fóbica

23 (3,6%)

28,884

0,000

0,208

Ideación

22 (3,5%)

28,884

0,000

0,199

Psicoticismo

21 (3,3%)

16,177

0,000

0,157

Nota: χ2 = Ji cuadrado; P = valor significación; C = Coeficiente de contingencia

Finalmente, en lo que respecta a las diferencias de género en ciberbullying según las escalas del SA45, tras la aplicación del ANOVA multivariado, se evidencian efectos significativos globales (F [9,615] = 72,015, p < 0,001, ), lo que indica que la variable género tiene un efecto significativo sobre las escalas del SA-45. Posteriormente, mediante la aplicación del MANOVA, se analizaron los efectos por separado de la variable género sobre cada una de las nueve escalas del SA45 (Tabla 4). En este caso, se evidencian efectos significativos solo para Somatización y Ansiedad Fóbica (0,05 y 0,01, respectivamente). Además, en estas escalas las puntuaciones eran significativamente superiores en las chicas.

Tabla 6

Diferencias de género en ciberbullying según las escalas del SA45

Escalas SA-45

Género

F

p

η2p

Chicos

(n= 296)

Chicas

(n= 329)

Media (DT)

Media (DT)

Depresión

4,15 (4,0)

4,50 (4,3)

1,12

n.s.

0,002

Hostilidad

3,36 (3,7)

3,02 (3,7)

1,34

n.s.

0,002

Sensibilidad

3,58 (3,7)

3,87 (3,8)

0,94

n.s.

0,002

Somatización

3,62 (3,8)

4,16 (4,2)

2,89

0,05

0,005

Ansiedad

3,53 (3,6)

3,92 (3,7)

1,84

n.s.

0,003

Psicoticismo

2,59 (3,0)

2,47 (2,8)

0,29

n.s.

0,000

Obsesión

5,12 (4,0)

5,51 (4,2)

1,47

n.s.

0,002

Ansiedad fóbica

2,23 (2,9)

2,84 (3,2)

6,00

.01

0,010

Ideación

4,61 (3,7)

4,47 (3,4)

0,24

n.s.

0,000

SA-45-total

32,78 (26,86)

34,76 (26,4)

0,86

n.s.

0,001

Nota: n.s. = no significativo; η2p (eta2 parcial) = tamaño del efecto (% de varianza explicada).

Discusión

El presente estudio pretendía determinar la prevalencia del ciberbullying entre los participantes universitarios, así como conocer qué impacto psicológico tiene este fenómeno, ya sea como cibervíctimas o como ciberagresores, analizando además las diferencias de género de dicho impacto.

Los resultados de este estudio arrojan que 27,5% de la muestra ha sido acosada alguna vez a través del teléfono celular e Internet, mientras que 26,7% de los estudiantes ha acosado a sus pares en el último año. Respecto a la duración de la cibervictimización en el último año, suele ser inferior o igual a un mes; además, se puede observar mayor incidencia de victimización moderada (menos de una agresión a la semana), con una duración menor o igual a un mes. Por otro lado, los hallazgos demuestran una disminución significativa en la incidencia de la cibervictimización durante un mes o menos, en donde 2,8% de los estudiantes han sido acosados entre 3 y 6 meses y 1,2% durante un año o más. Respecto a la intensidad de la cibervictimización, 25,4% ha sido acosado de forma moderada, mientras que 2,1% de forma severa. En este sentido, los datos muestran que 1% de victimización severa se presenta durante un mes o menos, 0,5% entre 3 y 6 meses y 0,6% durante un año o más. También se encontró que conforme aumenta la duración de la victimización tecnológica, disminuye la intensidad de la misma.

En este sentido, las agresiones duran menos de un mes, siendo de intensidad moderada. Además, se encontró que la prevalencia de las ciberagresiones durante más de un mes disminuye de manera significativa. En cuanto a la intensidad del acoso, 25,3% de los agresores acosan de forma moderada, mientras que 1,4% lo hace de forma severa. Asimismo, conforme aumenta la duración del acoso tecnológico, disminuye la intensidad de las agresiones.

Estos resultados sobre la incidencia del ciberbullying concuerdan con otros trabajos sobre el tema (Ortega et al., 2008; Schenk et al., 2013; Brack, & Caltabiano, 2014; Kokkinos et al., 2014; Mateus, Veiga, Costa, & Das Dores, 2015), pero hay que considerar la dificultad ante la comparación de estudios internacionales y específicamente en el país en contextos universitarios.

Es importante indicar que la incidencia del ciberbullying varía significativamente según el país de estudio. Se han encontrado porcentajes superiores de victimización en países como Estados Unidos y Asia (55%), si se compara con otros países americanos (22%), Canadá (25%) o Europa (30%) (Garaigordobil, 2011). A pesar de que se han desarrollado más investigaciones respecto al ciberbullying, gran parte de estas se llevan a cabo entre adolescentes (Kowalski, & Limber, 2007), encontrándose pocas en universitarios, entre quienes también se presenta este fenómeno (Finn, 2004; Akbulut, & Eristi, 2011; Wright, & Li, 2013).

Dado que la frecuencia de ciberbullying aumenta en secundaria (Kiriakidis, & Kavoura, 2010; Washington, 2015), habría razones para creer que esta tendencia continuaría en los años universitarios. Así, un estudio sobre ciberbullying entre estudiantes universitarios encontró que ser víctima de ciberbullying en secundaria es un factor de riesgo significativo para seguir siendo acosado en la universidad (Kraft, & Wang, 2010). Además, cuando los adultos jóvenes se encuentran en la universidad, no existe supervisión sobre el uso de las TIC, siendo este un factor que puede aumentar la probabilidad de ciberbullying (Walrave, & Heirman, 2011).

Por otra parte, la población de estudiantes universitarios se compone sobre todo de adultos jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y 40 años. En este sentido, como grupo de edad, los estudiantes de primer año están más cerca de edades adolescentes, mientras que los adultos jóvenes son más propensos a buscar nuevas experiencias, destacando la autonomía social y sexual y la fusión de su identidad con los demás (Jones, & Scott, 2012).

Por otro lado, en nuestra investigación se evidenció sintomatología asociada entre el ciberbullying y las escalas del SA45, demostrando que existen diferencias estadísticamente significativas entre las variables estudiadas, es decir, que existe relación entre ser cibervíctima y ciberagresor y todas las escalas del SA45. Diferentes estudios sugieren que el acoso cibernético está relacionado con problemas conductuales y psicosociales que incluyen la ira, la agresividad y comportamientos antisociales (Ybarra, & Mitchell, 2007; Ybarra, Espelage, & Mitchell, 2007; Arıcak, 2009; Patchin, & Hinduja, 2010; Giménez Gualdo et al., 2015). En nuestro estudio se encontraron puntuaciones más elevadas en las escalas de Obsesión-Compulsión, Depresión e Ideación, y las más bajas a Psicoticismo y Ansiedad Fóbica, lo que se relaciona con resultados de investigaciones anteriores con el SA-45 (Davison et al., 1997; Alvarado, Sandín, Valdéz-Medina, González-Arratia y Rivera, 2012; Gámez-Guadix, Orue, Smith y Calvete, 2013).

Respecto a las diferencias de género, aunque la mayoría de las investigaciones demuestran que las puntuaciones más elevadas se presentan más en las chicas en el SA-45 (Davison et al., 1997; Smith et al., 2006), en general estas diferencias se presentan solo en algunas escalas (primordialmente depresión, ansiedad, sensibilidad interpersonal y somatización). Aunque no hubo diferencias significativas entre los síntomas psicológicos reportados en este estudio (salvo en las escalas relacionadas con Somatización y Ansiedad fóbica), no se puede llegar a la conclusión de que estas reacciones y respuestas sean consecuencia directa del ciberbullying. Si bien es posible que estos síntomas psicológicos fueran el resultado directo del mismo, también es posible que tanto las víctimas como los agresores presentaran trastornos psicológicos previos al ciberacoso. Además, es posible que las diferencias en sintomatología psicológica no estén relacionadas con el ciberacoso y estuvieran relacionadas con otras cuestiones de la vida del individuo y su funcionamiento psicológico en conjunto. Una entrevista clínica estandarizada ayudaría a aclarar la aparición o la etiología de los trastornos psicológicos entre las víctimas de ciberbullying, además de estudios longitudinales que ayudarían a comprender mejor este fenómeno, sus implicaciones y la relación entre el acoso cibernético y variables psicológicas (Schenk, & Fremouw, 2012). Entre las limitaciones podríamos destacar que los resultados estaban basados en la medida a través de autoinformes; en este sentido, los participantes respondieron a todas las preguntas de forma anónima y sin ningún tipo de verificación de sus respuestas.

Los esfuerzos de intervención deben dirigirse tanto a la institución como a una organización, así como a aquellos individuos involucrados. Respecto a la primera, las autoridades de la universidad podrían orientarse a la prevención de los incidentes mediante el uso adecuado de las TIC (Dickerson, 2005; Álvarez-García et al., 2011; Chisholm, 2014), así como fortalecer diferentes competencias (comunicativas, interpersonales, uso de TIC, resolución de conflictos, entre otras) de los profesores para crear posibles estrategias que lleven a prevenir e intervenir el ciberbullying, en las que además se pueda involucrar tanto a padres de familia, como directivas de las instituciones educativas (Castro-Granados, Medina-Almeida y Glasserman-Morales, 2017).

Así mismo, los esfuerzos de intervención deben centrarse también en los estudiantes, que difieren significativamente en cuanto a sus características psicosociales y de personalidad; por lo tanto, los programas de intervención y de prevención deberían focalizarse en esas necesidades específicas (Schenk et al., 2013). Además, tanto los ciberacosadores como las víctimas, podrían presentar problemas subyacentes que necesitan ser tratados con apropiados procesos de evaluación y tratamiento. La transición a la Educación Superior y, en muchos casos estar fuera de casa llevando una vida más autónoma, combinada con el estrés, consecuencia de las mayores exigencias académicas, podrían agravar estos problemas, lo que los llevaría a participar en la dinámica del ciberbullying. Por estas razones, los estudiantes podrían beneficiarse de servicios de asesoramiento preventivo ofrecidos por las instituciones educativas (Campbell, 2005; Dickerson, 2005; Li, 2006; 2007; Aricak et al., 2008; Corredera Martín, 2014).

Agradecimientos

Los autores agradecemos a la Universidad Pontificia Bolivariana por el apoyo en el desarrollo de esta investigación.

Conflicto de intereses

En el presente artículo los autores no presentan ningún tipo de conflicto de intereses que puedan afectar el contenido, resultados o conclusiones del mismo.

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