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Medellin, Mayo de 2006 <> Fundación Universitaria Luis Amigó <> Facultad de Comunicación Social <> Octava edición
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Fotografía: http://santiago.indymedi.org/12/

 

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Por Andrés Felipe Barrientos

Tal vez desde cuando el hombre se dio cuenta de que era humano, está en guerra. Sin embargo, en Medellín también hay gente que construye redes para decir no a cualquier ejército y a toda guerra.

El Parque Obrero, en el barrio Boston, se realiza “El Antimilitarismo Sonoro”. Es un concierto, como los tantos que se hacen en Medellín cada fin de semana. Pero este no exalta los valores de otros, ni promociona grandes figuras ni es la fiesta de la antioqueñidad. Este es la mayor expresión colectiva de la ciudad para oponerse a la guerra.
Ese sábado, una vez al año, se reúnen alrededor de 15 mil personas –según sus organizadores- para decir “no a las soluciones bélicas del conflicto”.
Es una de las expresiones de la Red Juvenil de Medellín, que se dedica, entre otras cosas, a aglutinar a otras organizaciones que, entre otras cosas, quieren negar la guerra como solución, para proponer colectivos civiles contra los ejércitos de cualquier orilla, para repudiar los presupuestos destinados a financiar la guerra.
El de este sábado, 13 de mayo, reunió a grupos e intérpretes que casi nunca se tocan pero que, esa tarde y noche, tocan juntos: rock, ska, punk, hip hop y salsa: la ciudad variopinta a través de sus jóvenes para repudiar la guerra.
La Red Juvenil de Medellín realiza, desde 1997, este concierto, para celebrar el Día Internacional de los Objetores por Conciencia al Servicio Militar Obligatorio, que es el 15 de mayo.
El “Antimilisonoro”, como ellos lo definen, es la acción masiva de difusión sobre objeción de conciencia y antimilitarismo más grande del país, bajo el lema “Ningún ejército defiende la paz”.
La de este año fue la versión 12 y, según afirma Darta –uno de los promotores- se trata de hacer un trabajo específico. Primero, “se hace la preselección de las bandas y se tienen tertulias con ellas para exponer ideas en cuanto el objetar de conciencia y el antimilitarismo”. Al “Antimilisonoro” llegan los artistas que crean en esa opción.

Colombia en guerra
El país todavía está resolviendo sus conflictos por las vías militares. Según la edición digital 24 de LE MONDE Diplomatique, la guerra y el endeudamiento público llevan a Colombia por el camino de la ruina.
Según el Plan Nacional de Desarrollo, el sector Defensa tiene inversiones por $785.354 millones y de $341.005 millones adicionales. Esto con el fin de lograr la “Seguridad Democrática” que, a su vez, se divide en $81 mil millones para programas de fortalecimiento del servicio de justicia; cerca de $800 mil millones para mejorar la capacidad operativa de la Fuerza Pública; $30 mil millones para aumentar los niveles de seguridad ciudadana; $103 mil millones para la adecuación de infraestructura habitacional y de salud para los miembros de la Fuerza Pública, las academias militares y sus sistemas de información; y $25 mil millones para la reincorporación de miembros de grupos alzados en armas a la vida civil.

No solo cifras
El problema del conflicto colombiano no se resuelve apenas con citar cifras. Sus efectos en la vida de las comunidades, el poderío difícil de calcular de los grupos al margen de la ley o los efectos sobre el medio ambiente del narcotráfico y su respuesta –las fumigaciones- también debe tenerse en cuenta. Pero no se ha dimensionado.
Esa realidad requiere, para muchos, una transformación social. En Medellín la organización “Red Juvenil” actúa desde la no-violencia activa para “contribuir a la transformación de la realidad social, política y cultural a través del fortalecimiento, la integración, la articulación e identidad de las juventudes como proceso social; que aporte a la construcción de una sociedad justa, incluyente, equitativa y humana”, tal como reza su misión.
La Red nació en Medellín a finales de los años 80, con jóvenes que pertenecían a organizaciones barriales o de eclesiales y que decidieron unirse.
Para empezar, se plantearon preguntas como: ¿Cómo se veía el joven de Medellín en esos momentos? En esa época, el joven estaba estigmatizado por el sicariato, narcotráfico y la violencia.
David, a quien todos llaman Darta en la Red, explica que la iniciativa nació con el fin de cohesionar propuestas comunes de movilización, expresión y reclamo de derechos, “queriendo revertir la visión que se ha tenido del joven como sector social y tener la posibilidad de visibilizarnos como una juventud más protagónica, crítica y prepositiva frente a los problemas colombianos”.

No saben
“En cuánto al sujeto hay muchos que hacen su objeción sin conocer realmente el término, lo hacen desde el no querer participar. Eso de la objeción lo veo más cómo una descripción o una forma de inscribirnos, darnos a conocer socialmente, para un mayor entendimiento público. Pero, realmente, lo que concierne a la posición de objetar de conciencia, es que nos agrada hacerlo desde la forma de vida, desde lo que pensamos y lo que hemos estudiado, de cómo nos ha golpeado en el contexto urbano de violencia y lo que concierne a esto de la presión de la fuerza pública en los jóvenes. Del decir no con argumentos”, explica Darta.
En la Red existe el grupo de objeción por conciencia ART (Accionando, Resistiendo y Transformando), donde están Darta y 13 personas más, quienes realizan actividades, en la que se destaca la Acción Mural Antimilitarista: pegar carteles en las paredes de la ciudad con el nombre de “El Objetar”, en los cuales ART expone sus posiciones antimilitaristas, como “los impuestos para la guerra reproducen el hambre”. Actualmente, “El Objetar” está en su edición número dos.

No es nueva
La página web transmisioneslibres.org señala que en Colombia, los antecedentes de la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio se remontan al Congreso Obrero de 1924, cuando la dirigente de La Dorada, Carlota Rúa, reclamó el hecho de que el servicio militar fuera obligatorio para los jóvenes obreros y campesinos.
Años más tarde, en la guerra con el Perú, un grupo de mujeres objetó públicamente que sus esposos e hijos fueran reclutados. El reconocimiento de la objeción, como derecho en las Naciones Unidas, se logró en 1987. En 1991 quedó contemplada la objeción de conciencia, en el artículo 18 de la Constitución Nacional que consagra la libertad de conciencia. Sin embargo, el constituyente dejó la contradicción –todavía no resuelta- con el artículo 216 que obliga a los colombianos a prestar el servicio militar en caso de que el Estado lo requiera.
Sin embargo, según el abogado Diego Buitrago, cualquier colombiano puede, por derecho, objetar el llamamiento y decir no al servicio militar, con la obligación de sustentar, ante la justicia, su derecho a no ser molestado por sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia.

Más trabajo
La Red ejecuta otras actividades como la gira de talleres El Objetur, que se realizó por los municipios de Giraldo, Yolombó, San Vicente, Marinilla, El Carmen, Guatapé y La Ceja, con la idea de hablar con los jóvenes de esas localidades sobre la resistencia a la guerra, la desobediencia y la no violencia.
En el Objetur participaron la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz y la Red Juvenil de Medellín. A los talleres asistieron 779 jóvenes de entre los 14 y 20 años, se visitaron ocho veredas y trabajaron los temas Objeción y antimilitarismo, regulación de conflictos, producción de medios, talleres de juegos cooperativos y teatro de los oprimidos.
La objeción de conciencia, en fin, es una respuesta al hecho de que el ser humano ha estado en conflicto desde el principio de los tiempos. Cómo afirma José Guillermo Ángel, en su programa radial “La otra historia”, “la historia del hombre es la historia de la guerra”.

Objetores por niveles

En Colombia existen unas organizaciones sociales que, como fundamento principal, tienen la objeción de conciencia: oponerse a la violencia, a la guerra, y a sus preparativos.
La objeción de conciencia es un derecho personal y se expresa en cuatro niveles.
Objeción ingenua: cuando solo se produce una negación con escasa sustentación, cuando nos negamos por negarnos.
Objeción de rebeldía: cuando frente a situaciones asimétricas nos negamos a ser cómplices de esa situación, pero esa objeción se produce de manera individual, es un no de defensa.
Objeción de crítica: cuando el individuo o grupo manifiesta un no como una posición consciente, pero sin la fuerza suficiente para generar acciones coordinadas socialmente.
Objeción de conciencia: cuando se plantea la objeción desde un sujeto político, hay una oposición clara y crítica a partir de la cual se siente, analiza y participa con niveles de conciencia más elevados. La objeción de conciencia se construye socialmente y es que esa conciencia aparece en la medida que nos abrimos al otro.

Fuente: www.serpaj.org.ec/archivos/modulob6.htm

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