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Medellin, Mayo de 2006 <> Fundación Universitaria Luis Amigó <> Facultad de Comunicación Social <> Octava edición
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Fotografía: Juan Felipe Longas

 

:.: Musicoterapia :.:
Por Ana Milena Giraldo Muñoz

El déficit de atención es un trastorno que padecen muchos niños. Los expertos dicen que no se cura, pero hay terapias que permiten mejorar la calidad de vida de quienes los padecen. Sebas encontró en la música, ese paliativo.

A los diez años de edad, a Sebastián Montoya Carmona le encontraron remedio para “el ruidito” que mantenía: el déficit de atención. Este trastorno, que le detectaron a los cinco años de edad, y que no permite la concentración en las actividades, tiene su paliativo en la música.
Los niños que padecen este “mal contemporáneo”, con frecuencia extravían sus objetos personales, no recuerden con facilidad las tareas diarias y olvidan realizar sus trabajos.
Pero Sebas –como lo llama su familia- ahora disfruta cada día la enseñanza musical que recibe ve en ella una actividad que lo ayuda a desarrollarse integralmente. Sorelly Carmona, su madre, afirma que gracias a la música, mantiene mejor la concentración en lo que está haciendo.

Lentos y pasivos
El trastorno de déficit de atención presenta otros síntomas: pasividad y menor competencia, igualmente tardan más en terminar sus tareas, por la dificultad para concentrarse.
El problema radica en la atención, puesto que no funciona adecuadamente, afirma Jaime Carrizosa, neurólogo infantil del Hospital Universitario San Vicente de Paúl.
La docente que le descubrió el problema a Sebas fue la misma que recomendó llevarlo al psicólogo. Su madre acudió a personal especializado y el neurólogo que lo trató le prescribió Metilfenidato, mejor conocido como Ritalina. Este medicamento es recetado para el tratamiento en el déficit de atención y es un estimulante del sistema nervioso central.
La Ritalina actúa en la serotonina y la dopamina, neurotransmisores del sistema nervioso; es decir, los encargados del control de los impulsos y de la atención y que operan como calmante en las personas que lo consumen.

Al coro
La misma profesora que le descubrió el problema, escuchó en Sebastián una buena voz y recomendó que entrara a la Red Escolar del Municipio de Medellín, en el coro.
Allí estudió dos años, pero con un cambio de alcalde, este proyecto se terminó. Sin embargo, su atracción por la música no se esfumó y estuvo en clases de organeta.
Año y medio después de consumir Ritalina, su profesora de tercero recomendó a su madre no suministrarle más el medicamento y, por el contrario, ambas optaron por recordarle continuamente sus deberes.
En noviembre de 2004 volvió a estudiar en la Red de Escuelas Musicales de Medellín, esta vez tocando el violín. Aunque Sorelly se siente feliz de que su hijo estudie música: “Sebas, debes estudiar una carrera que te dé un futuro”, le dice, como si el violín no lo fuera. Sin embargo, reconoce a su “hijo como profesor de música o cantante famoso, que no sería mala idea”.
Lina María Garcés, directora de la Escuela expresa que Sebastián puede llegar a ser un excelente músico debido a sus habilidades, su afinación y buena voz, pues, según ella, tiene una de las voces más lindas del lugar.
La disciplina con la música llega a tal punto que Sebastián ya es considerado “un poco exagerado”. Cuando no puede practicar le dice: “Profe, yo le debo dos horitas de la semana pasada y se las voy a pagar”, puesto que los niños en la escuela estudian de cinco a ocho horas semanales.
Esta misma afirmación la comparte Luis Alejandro Vázquez, su profesor de violín. Recuerda que al principio de las clases era un niño demasiado distraído y parecía estar en una nube, llegó a pensar que no daba ni un centavo por él. Ahora Alejandro ratifica lo disciplinado y concentrado que se volvió.

El poder de la música
Existen varias teorías que atribuyen el poder de la música como tratamiento del déficit de atención y los efectos positivos que tiene en los niños, pues esta actividad demanda gran cantidad de tiempo, especialmente en el uso de instrumentos y, a su vez, requiere de bastante atención acompañada del placer que supone el proceso creador.
Según Isabel Francisca Álvarez Nieto, en su texto “Los beneficios de la música en el tratamiento de la hiperactividad”, se aprende, disfruta y se crea en un mismo momento.
La música activa los dos hemisferios del cerebro y aunque ambos desarrollen funciones diferentes, pueden ser susceptibles y trabajar simultáneamente en relación con algunas actividades, específicamente la música, pues activa el hemisferio derecho ligado a las emociones, la capacidad artístico-musical y espacial. Del otro lado, en el hemisferio izquierdo se activan las facultades lingüísticas y matemáticas, explica la señora Álvarez Nieto en su ensayo publicado por el sitio web www.filomusica.com.
La expresión artística permite al niño comunicarse con fluidez y seguridad y “la educación musical intenta hacer de cada alumno un creador, un intérprete y un ejecutor del arte de la música, pues busca despertar el deseo de expresarse por medio de sus facultades emotivas y su imaginación creadora”, asegura Rosario Lorente, en el libro “Expresión musical en educación preescolar y ciclo preparatorio”.

Y los videojuegos
La concentración que despiertan los videojuegos es lo que explica el atractivo que tienen sobre los niños. Lo mismo sucede con la música, explica Fermín Perea, psicólogo de la Universidad Nacional a Distancia, pues tiene el poder de persuadir emocionalmente, de poner a vibrar el ser e internarse en sus sentimientos.
En esa medida, el niño encuentra un escape a su realidad. Este campo artístico es considerado un vehículo de comunicación y expresión del hombre de forma lúdica que facilita la exteriorización del yo como sujeto en el otro, lo cual permite interpretarse así mismo dentro de la sociedad, construir y recrear sus vivencias.
Por eso, la música no sólo es sonido: es expresión e interpretación en un proceso comunicativo dinámico. También, el hombre puede convertirse en “ser musical, como lo afirma Rosario Lorente. Esta manifestación del arte permite a los individuos traspasar fronteras, quebrantar límites y, como en esta historia, servir de terapia para la liberación del ser.

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