Medellin, Noviembre de 2005 <> Fundación Universitaria Luis Amigó <> Facultad de Comunicación Social <> Séptima edición
:.: Parque Bolívar :.:
Fotografía: Mayerlín Sandoval

 

:.: Politólogos :.:
Por Felipe Paniagua Suárez

“Quisiera tener una fortuna material que dar a cada colombiano. Pero no tengo nada. No tengo más que un corazón para amarlos y una espada para defenderlos” Simón Bolívar.

“Cada día trae su afán, cada día trae sus noticias”, repite un jingle de una cadena radial del país, que desde muy temprano, a eso de las cinco de la mañana, comienza a llenar de información a sus oyentes. En este sentido, don Manuel Aguilar es uno más de los radioescuchas que literalmente viven con el radio pegado a la oreja, para estar al tanto de lo que ocurre en el país, y de paso, como él lo afirma, hacer patria.
Son las cuatro de la mañana, la ciudad permanece en silencio mientras aguarda el ruido de cornetas que anuncian que el transporte público urbano comienza a operar, las calles del barrio Manrique poco a poco vuelven a llenarse de humo, de alquitrán. El ruido de un motor anuncia que la ciudad no duerme más, un grito ensordecedor que proviene de un pasacinta pronuncia: “yo escucho radio Uno, escúchala tú también”, y al instante la fusión de caja, acordeón y guacharaca comienza a amenizar el recorrido.
Dos cuadras más adelante se pueden reconocer la figura de un hombre viejo, diezmado por los años, que aborda con la ayuda de un bastón, el primer bus para dirigirse a su lugar de trabajo, el cual frecuenta desde hace poco más de 30 años.
Antioqueño de 68 años, oriundo del municipio de Briceño, padre de siete hijos y con tendencia liberal definida. Es la historia de Manuel Aguilar, que bien podría ser una más de pobreza y desempleo con la que cualquier ciudadano medellinense se puede encontrar de paso por el parque de Bolívar.
Pero esta historia es particular, es la historia que ratifica que las clases medias del mundo son las llamadas a impulsar las grandes revoluciones sociales, tal como lo demuestra el devenir histórico; es el relato de un colombiano que se mueve en el continuo vaivén que plantea la ausencia y la presencia del Estado, es el día a día de un vendedor de tinto que, 'armado de radio en la oreja', combate por la justicia social.
En el recorrido el sonido incesante de la guacharaca se confunde con la potente voz del lector de noticias; los más de 40 pasajeros entonan al unísono las melodías vallenatas, como si quisieran escapar de la realidad que transmite el noticiero amplificado en el radio de don Manuel.
Su mayor preocupación, es el hecho de que las personas se hagan los de la vista gorda con la realidad del país; a diario se pregunta: ¿será que ya no les importa el país?, y el mismo se responde: “es que están anestesiados, abobados, no les importa sino pensar en conseguir carro y darse lujo”. En palabras de don Manuel lo anterior puede sonar jocoso, pero analizando a la luz de la sociología, dichas afirmaciones demuestran la decadencia de la institución social a manos del factor consumo.
Son más de las cinco de la mañana, las campanas de la catedral Metropolitana anuncian la misa de seis, poco a poco los feligreses comienzan a transitar los adoquines cuarteados del parque de Bolívar, a esta hora ya hay congestión. De repente un grito: “ahí vienen los políticos”, y al instante aparece don Manuel acompañado de tres sujetos: Chucho, José y Rogelio: los cuatro componen el conocido grupo de los políticos del Parque, “los que quieren arreglar el mundo a punta de palabritas”, como lo afirma, el propietario del grito.
Es sábado, un día frió de noticias, aseguran, refiriéndose a que la producción periodística de este día, tanto para periódicos y emisoras, es reducida; pero hay un buen tema, afirma Chucho: “el partido liberal nombró al ex presidente César Gaviria como jefe único”; “muy buena noticia”, replica Manuel mientras se soba la barbilla, “todo lo que se haga por la unidad del partido es bien recibido”, concluye.
Los argumentos que vinieron a continuación fueron contundentes; estos hombres con formación educativa no superior al cuarto grado de primaria en verdad poseen conocimientos suficientes para hacer un análisis político del país.
Con propiedad manejan conceptos como bancada y coalición, términos redefinidos en la última reforma política; y si de historia política se trata, estamos frente a cuatro 'notables', que resaltan como hechos significativos la llegada al poder de Enrique Olaya Herrera después de 50 años de hegemonía conservadora, y la implementación de la Revolución en Marcha, durante en gobierno de Alfonso López Pumarejo.
Atribuyen al “invento” del Frente Nacional la apatía por los temas políticos del país, la decadencia de la clase dirigente, la abolición del escenario político colombiano de la oposición, o sea, de la izquierda tradicional que en su momento la ocupó el partido liberal, y que dadas las condiciones actuales, tal parece que se ha alineado a la derecha.
El debate transcurre mientras Manuel alterna sus intervenciones con la venta de tinto, pues es éste el que le garantiza su sustento.
Otros temas se incluyen al debate, el campo económico adquiere total trascendencia, la pobreza es uno de los puntos que tratan; sorprendente entonces la elocuencia, la imparcialidad y el debate libre de perjuicios que gira en torno a este tema que, sumado a la guerra según la ONU, es índice de colapso social. El tratamiento que se le da a la información es digno de cualquier claustro universitario, e incluso del congreso, pues son hombres que padecen este fenómeno y aún así sus análisis son acertados.
Afirma Manuel, “un colombiano que se respete no le da la espalda a la realidad de su país; un buen patriota tiene que mirar y analizar qué es lo que afecta a su nación y contribuir a la búsqueda de soluciones”.
Estas palabras en boca de un dirigente político colombiano serían la catapulta que lo llevaría a ser el titular en un alto cargo burocrático, pero como son sólo las palabras de un vendedor de tinto, que en la vida política nacional permanece en el anonimato, se reducen simplemente al deseo y a la doctrina de un colombiano de corazón que anhela un país justo, que clama por la reconstrucción del contrato social, que sufre las inclemencias de la guerra y la pobreza y que, ante todo, no se avergüenza de su patria.
La tarde prepara a la ciudad para un nuevo día, los últimos rayos de sol acaban con una extenuante jornada de trabajo para Manuel, en sus bolsillos unos cuantos pesos le aseguran la comida diaria, en su corazón el deseo de un mejor país y a su lado tres de sus mejores amigos, compañeros de lucha, que bajo la sombra que demarca la silueta del Libertador terminan otro día de 'batalla' en esta “guerra contra nosotros mismos”.

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