Medellin, Noviembre de 2005 <> Fundación Universitaria Luis Amigó <> Facultad de Comunicación Social <> Séptima edición
:.: Casa China :.:
Fotografía: Mayerlín Sandoval

 

:.: Ciudad Abierta :.:
Por John Fredy Garcés Arcila y María Alejandra Ramírez

“El placer por armar las silletas, por comer frijoles con arepa, por ir a las plazas de mercado, lucir poncho y sombrero en las fiestas autóctonas de la ciudad, y de hecho cualquier cosa que como paisa identifique su cultura, pasan a ser eventualidades de una semana, porque en las otras se consume toda cantidad de comercio: americano, europeo o asiático que han invadido el territorio de aquellos que dicen ser paisas por encima de cualquier cosa”

“Nunca pensé que la casa de los Mejía Soto dejaría de ser nuestro lugar de tertulias y a la vez costurero con venta de galletas, para pasar a ser el punto de encuentro de mis sobrinos. El parque Lleras parece Miami, pero no; es Medellín”. Dice María Elena Suárez, quien después de vivir en el Estado de la Florida (USA) por razones de trabajo, regresa a su ciudad después de diez años, para darse cuenta que no es la misma que conoció cuando decidió marcharse.
“Recuerdo con nostalgia mi época de juventud, en esta ciudad que para entonces estaba poco habitada y algo amorfa”. Cuando Medellín todavía construía calles en cemento, el Ferrocarril de Antioquia iba llegando a su final, la industrialización se estaba apoderando de una metrópoli que se convertía en plaza para miles de inmigrantes que venían a producir su riqueza, trayendo saturación de culturas y sometiendo al pueblo a un consumo globalizado.
La idiosincrasia antioqueña, el placer por armar las silletas, por comer frijoles con arepa, por ir a las plazas de mercado, lucir poncho y sombrero en las fiestas autóctonas de la ciudad, y de hecho cualquier cosa que como paisa identifique su cultura, pasan a ser eventualidades de una semana, porque en las otras se consume toda cantidad de comercio: americano, europeo o asiático que han invadido el territorio de aquellos que dicen ser paisas por encima de cualquier cosa; y aún así, la ciudad sigue explorando sus ancestros y el de los continentes más cercanos para seguirla enriqueciendo; la industria y el mercado se fueron popularizando, la cultura se fue moldeando en el placer, el confort, la versatilidad, lo novedoso y lo futurista. Al parecer José A. Morales fue el único que tuvo la razón al haberle cantado a Colombia “¡Hay que orgulloso me siento de ser un buen colombiano!”, frase que ya se convirtió en una parodia de si misma.
“La ciudad abrió sus puertas a la industria cuando decidió ajustarse al proceso 'modernista', diferente a modernismo, que es a la vez diferente a modernidad, donde las casas cambian, se transforman las fachadas, pero los habitantes siguen intactos, sólo se remodelan los telones y los actores sobre las tablas, siguen siendo los mismos”. Son palabras del economista Juan Luis Ángel, docente de la Facultad de Comunicación de la FUNLAM.
“Para el siglo XX Medellín ya era una ciudad cosmopolitizada en la forma de vestir de sus gentes, de comer, de hablar , incluso hasta de comportarse. Ahora la misma gente se reúne en torno a una diversidad de ideas, lenguas y conceptos visuales que la transforman en una ciudad mundializada”. Anotó Martín Arango, uno de los accionistas del Club el Campestre.
Sin duda, la magia de la globalización ha permitido ampliar la mentalidad de muchos de los antioqueños arraigados a sus costumbres y tradicionales formas de vivir, de igual manera, ha abierto las posibilidades de emerger casi desde la colonización de los españoles.
La globalización corresponde a una fase profunda del capitalismo, similar a la mundialización, donde se encuentra que dentro de un mundo grande existen otros más pequeños. Tal es el caso de Medellín.
Antonio Escobar tiene 70 años y acostumbra caminar todas las mañanas por el parque Lleras, mientras se dirige a la iglesia a escuchar la ceremonia de las ocho de la mañana, claro está desprevenido de todo lo atractivo que hay a su paso. Para él, pasar por este parque, es recorrer algo muy moderno que no le tocó vivir, y que hoy simplemente lo aprecia como un lugar bonito e impresionante donde los jóvenes salen a divertirse. Al mismo tiempo sostiene Antonio. “A mis hijos sí les encanta todo esto”. Pero es así como han crecido las sociedades, en medio de la mezcla, o si se quiere, de fusiones entre lo racial y lo ideológico.
Y ni que decir del momento en que los “duros” o narcotraficantes, para ser más exactos, aprovecharon la segunda etapa de la industrialización apoyada en la demanda de promociones que traían los productos americanos bajo la intención de dinamizar el crecimiento industrial.
Entonces valdría la pena retomar de nuevo a Juan Luis Ángel cuando menciona que la ciudad ha logrado acogerse a diferentes variantes que pueden dar cuenta de la transformación que ha despertado la ciudad,”cuando decimos que la misma, evidencia un efecto 'discovery' que se relaciona con la imagen y además permite verificar la integración, o cuando decimos que el aspecto cultural está relacionado con una variante ideológica donde el consumo empieza a hacer de la suyas, se dedica a formar estilos de vida, que sin más que decir, son el efecto 'Disney'. En definitiva un mundo compartido”.
Gonzalo Vélez, habitante del barrio Prado Centro, puede dar cuenta del fenómeno que recorre la ciudad y considera que “esa fusión de ideas y el intercambio de culturas, aunque un poco sectorizado, ha incluido el rincón más escondido de la ciudad, posibilitando variedad gastronómica y alternativas para la educación, olvidando sus condiciones de vida”.
Hay quienes censuran la diversidad cultural que atraviesa la ciudad y hay quienes gozan de la proliferación que ha alcanzado la misma durante los últimos diez años. Tal como lo ha hecho Miguel Acevedo, propietario de “BAGLES”, uno de los lugares más apetecidos del sector del parque Lleras, especialmente en horas de la mañana; pues logró traer la especialidad en desayunos Neoyorkinos, casi con el mismo sabor de la cremas originales del Estado de Michigan, como los Smothies (malteadas).
Así pues, los protagonistas de hoy son: el Sushi Japonés, la Kebha Australiana, el taco o el burrito Mexicano, los rollitos Tailandeses, el churrasco Argentino, el salmón Alemán, la paella Española, el hot dog y la hamburguesa, pero no solamente la variedad gastronómica, sino también la música, el arte, la ropa, la forma de hablar, la publicidad, el mercado, cosas que nos hacen sumergir en un pensamiento mediatizado, característico del “Sueño Extranjero”. Éstos son sólo algunos de los productos que mezclados con la comida y la cultura antioqueña invitan, a que tanto residentes como visitantes, entiendan que la ciudad se abre a la expansión de múltiples ideologías dejadas a la libre escogencia.
Sin pensarlo, ya no es necesario que los paisas sueñen con una visa extranjera, Medellín ofrece una ciudad donde el multiculturalismo se evidencia en sus calles y se detiene en las esquinas, y hoy el parque Lleras es una fiel muestra que da cuenta del encuentro con las culturas propias de países extranjeros, incluso hasta de los continentes más lejanos que convocan el globo terráqueo.

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