Medellin, Noviembre de 2005 <> Fundación Universitaria Luis Amigó <> Facultad de Comunicación Social <> Séptima edición
:.: Gallos :.:
Fotografía: www.guije.com

 

:.: Gallos :.:
Por Astrid Uribe Tabares

“Dos picotazos marcan el inicio del combate. El público agita en las manos los billetes de las apuestas y calientan el ambiente. El juez cuadra el timbre a quince minutos, tiempo máximo de pelea: es una riña de gallos en el siglo XXI”.

Un reloj de arena antiguo es ubicado, a un costado del palenque, cerca de la pelea. Éste empieza su curso ¿dejará caer granos por un minuto? El Colorado no levanta ni una pata, perderá. Unos temen por sus apuestas y otros por su vida. El Canaguay no deja de atacarlo y El Colorado parece cantarle a la muerte. Es una riña de gallos en el Siglo XXI.
A las tablas que rodean la gallera no les cabe ni una pluma y el público pide a gritos el comienzo de la pelea. Dos picotazos marcan el inicio del combate. El público agita en las manos los billetes de las apuestas y calientan el ambiente. El juez cuadra el timbre, de un viejo reloj, a quince minutos, tiempo máximo de la pelea. El Colorado y El Canaguay luchan con furia desenfrenada, sacando pecho y cantando ante el dolor. Uno salta para clavar las espuelas en la cabeza del otro, que responde con picotazos.
Después de un par de minutos, El Colorado, de don Javier, conocido en el ambiente como Raudal, está entre la vida y la muerte; la sangre corre por las plumas. El gallo vencedor gana el trofeo de seguir vivo. Las plumas blancas ahora se ven rojas y las rojas casi negras. La pelea es salvaje y la gallera bulle de emoción. Nadie separa los ojos de los gallos. El Colorado cae.
Pocos miran la pelea, la dan por concluida. De donde nadie espera, una espuela atraviesa el aire y da en el pecho de El Canaguay, que cae muerto. El Colorado revive y es el ganador. Es un final asombroso. "Raudal" dice a quienes lo rodean: “el que no crea en milagros, que vaya a gallos”. El gallero recibe el reconocimiento y el dinero de las apuestas; pero su contrario tiene el temor de que su gallo muera por las heridas que ha recibido.
Después de un receso, don Javier, un hombre delgado, ojos claros, sentado en el borde del ruedo, se fuma un cigarrillo y se toma una cerveza en la gallera, solo cubierta con una carpa para protegerla de las goteras más fuertes de la tempestad de las seis de la tarde. -"A mí, mis gallos me gustan como las mujeres, que se vean bien y estén arregladas pa`l baile", - dice "La experiencia que tengo por los años me dice que hay cualidades y defectos que tienen todos los gallos y nosotros tenemos que saber escoger a los buenos y eliminar a los malos y nunca enamorarnos de un animal, porque si lo hacemos nosotros de gratis, algún otro gallo bien escogido, nos hará el favor, pero nos costará muy caro", agrega.
En el mundo de los gallos hay muchas personas involucradas e historias por contar. "El gallo de oro", de Juan Rulfo, o la historia de "El coronel no tiene quien le escriba", de Gabriel García Márquez, muestran gente común, del pueblo, y la importancia que puede tener un animal en sus vidas.
"El gallo fino tiene un espíritu de lucha y de superación inquebrantable", dice Cristina González, una mujer de carácter fuerte, dueña de una gallera en el corregimiento La Floresta, de Yolombó. "Son animales de admirar, por esto y por muchos más motivos, soy dueña de una gallera. Muchos se asombran de que yo esté metida en este medio, siendo una mujer. Pero esto es normal para mí. Hoy en día las mujeres realizamos cosas que antes no, cosas que sólo eran para hombres”, añade.
En el campo y en los pueblos, las peleas de gallos son más que una pasión, se vuelven casi una obsesión. Cristina cuenta que "una noche, como cualquiera otra en la gallera, estaban a punto de empezar las peleas y se fue la luz. La gente sacó las linternas que tenían y yo saqué lámparas de petróleo. Todo se pudo realizar gracias a la buena energía de estas personas".
"Las peleas de gallos se remontan a la antigüedad. Sin embargo, antes de que se convirtiera en un deporte, el gallo, era visto como un ave admirable, respetada por el hombre. El gallo de pelea era tema de adoración religiosa, el ave era tan sagrada que nadie podía comer su carne.
En el siglo I de nuestra era, Julio César introdujo a Roma y a Inglaterra las peleas de gallos. El juego se convirtió en un deporte nacional a tal punto que ciertas escuelas enseñaban a los estudiantes sobre las peleas de gallos, la crianza, el capoteo y el acondicionamiento de los animales. Durante el tiempo de más popularidad, el clero las patrocinaba; los patios de las iglesias fueron utilizados como arena para celebrar las peleas, según Ángela Urrego, estudiante de Historia.
Estos animales también requieren de un veterinario o un especialista que los atienda. "Una probabilidad negativa durante la pelea es que un gallo con cresta larga sangre por alguna herida en esa zona, que la sangre le cubra los ojos y lo deje sin visión", cuenta el veterinario Juan David Uribe: más que un médico veterinario, es también conocedor por su papá que es gallero hace muchos años, Jaime Uribe Restrepo, y añade: "el entrenamiento apropiado y la buena alimentación del gallo son esenciales para obtener victorias o buen rendimiento durante el combate, cualquiera de las dos que falte puede ser fatal para su gallo. Pero también hay que fijarse en el estado de ánimo del gallo, fíjese bien dónde deposita los excrementos la noche antes de la pelea, también el cambio de posición al dormir, esto puede significar poco descanso, que se traduce en poco rendimiento."
Julio César Restrepo nació y creció en el negocio de los gallos. Es dueño de una de las "cuerdas" más famosas de Medellín, y está exportando gallos al Ecuador. Es una autoridad en el tema de la crianza y por eso afirma que sabe mucho acerca del tema, pues se crió a punta del negocio de gallos. Hoy en día es su medio de sustento. Gracias a esto tiene sus tres hijos organizados actualmente. "Cherry", el apodo de Restrepo hace alusión a su padre, quien fue uno de los mejores galleros reconocidos, hasta el punto de hacerle un reportaje en uno de los periódicos de la época.
Don Julio recuerda que "Canta Claro" fue un club que hicieron entre el Unión y el Campestre, el lugar era de las mejores familias y las personas que podían entrar eran muy seleccionadas. Añade que "aquí en Colombia, también hay buenos galleros, sobre todo en la costa, en Montería, por ejemplo está don Cristóbal a quien apodan el Chino Sánchez, uno de los mejores criadores; está también, en Cartagena, Carlos Herrera; Vicente Caballero, de Pibijai, quienes fueron los más famosos criadores del país, y haciendo alusión a los mejores galleros, Lázaro Elías Fundo, el mejor gallero de toda la historia, según "Cherry". Recuerda, con melancolía. "Anteriormente las peleas eran más tranquilas ya que no había problemas y todos nos conocíamos", hasta el punto de que un amigo, llamado Humberto, ya fallecido, vivía en Yarumal y le decían "Picotazo" le regaló un viaje al Mundial de Fútbol del 86, con todo incluido, solamente porque eran buenos amigos y muy buen gallero.
Mientras las peleas de gallos continúan, la Sociedad Protectora de Animales sigue luchando por los derechos de los animales. Ana Judith Gallo, abogada, interesada en el tema, explica que "el Concejo de Medellín prohibió las peleas de gallos y el uso de espuelas metálicas". Es clara al expresar la prohibición que existe en el territorio nacional sobre el maltrato y la crueldad con los animales. Judith recalca que "es un deber del ciudadano, respetar y abstenerse de causar daño o lesión a cualquier animal, lo cual está expresamente prohibido por la ley, convertir en espectáculo privado, el maltrato, la tortura o la muerte de animales. La iniciativa busca evitar que en Medellín se siga realizando la grotesca e irracional 'fiesta' que se celebra en nuestros barrios, donde se hace un espectáculo de la tortura, el maltrato y el sacrificio de animales, sin atender, además, a las mínimas normas sobre la salubridad".
Después de un receso, las peleas continúan y las apuestas no paran casi hasta el amanecer, una tras otra, aproximadamente hasta las dos de la mañana, hora en que culmina todo, por orden de la ley que se hace presente, pero muchos arriesgados continúan las peleas afuera de la gallera.
Se van los ganadores, perdedores, aficionados y simples curiosos que se encuentran en el lugar. Se van, para regresar a la semana siguiente con sus mejores ejemplares y disputar un nuevo encuentro, entre la vida y la muerte.

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