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Enfermedad y milagro: Entre la medicina y la santería

Por: Laura Cifuentes


Era la mañana del ocho de diciembre del 2004, y de nuevo se dirige el infectólogo del Hospital San Vicente de Paúl, pero esta vez su rostro delataba una preocupación mayor, cuando en un tono frío, casi inhumano, como lo recuerda Víctor y sin haberlo preparado para recibir la noticia, se acerca hasta su camilla para decirle “el hueso está muy mal y la infección sigue progresando, si no le amputamos la pierna ahora, en dos o tres meses usted va a morir”. Él se negaba a aceptarlo y le pedía que le diera de alta.

Víctor, quien actualmente tiene 31 años, llevaba una vida normal, trabajaba como citador en el Juzgado Noveno Laboral del Circuito y estudiaba Derecho. En 1996, un amigo le prestó una moto XT500, viajó con un compañero a Guatapé, tomaron unos tragos y, al regreso, sufrieron un accidente. Víctor tuvo graves lesiones, entre ellas una fractura en el fémur izquierdo.

Luego de un tratamiento intensivo y 60 días de hospitalización fue dado de alta, sin embargo, apareció un problema mayor, la Osteomielitis, una infección del hueso. A pesar de varias visitas al hospital, la infección se detectó muy tarde. Víctor sostiene “si los médicos no hubiesen sido tan negligentes, hubieran detectado la infección a tiempo y tratado más rápido”. Obviamente, en el momento inició el tratamiento para combatir la enfermedad. Después de intentar localizar al Médico Carlos Mario Obando, para que comentara acerca del caso Víctor, obtuvo como única respuesta por parte de su secretaria, ”el doctor no atiende esos casos”. Hasta el 2000 había sido sometido a 26 cirugías para eliminar la materia acumulada en el hueso, lo cual no minimizaban los fuertes dolores.

En 2004, fue llevado a urgencias del Hospital San Vicente. Su madre, Ruth Cadavid, tuvo que conseguir prestados dos millones de pesos para lograr que lo atendieran. A pesar de los inconvenientes Víctor fue hospitalizado por 77 días, acompañado por un grupo interdisciplinario que le realizó 5 cirugías. El 7 de diciembre de 2004, la infección atacó de nuevo y llegó hasta la cadera. De no ser amputado el pie, en menos de tres meses moriría; solo un milagro podría evitarlo. Víctor nunca quiso firmar la autorización para el procedimiento. S.O.S HACE ECO EN CUBA
En su angustia, Ruth Cadavid, su madre, decidió colocar a través de internet ó (www.amigosdelaterceraedad.com) un S.O.S, por medio del cual hacía público el sufrimiento de su hijo y pedía que los acompañaran con sus oraciones. La respuesta fue inmediata y recibió e-mails de diferentes partes del mundo, entre ellas Cuba. Desde este país le escribió Rosa, una mujer que decía tener contactos para hacer llegar su S.O.S al gobierno cubano. A los pocos días, el Cónsul de Colombia en Cuba, Benjamín Higuita, le escribió a Ruth, notificándole que por aprobación de Tania González, Presidente del Consejo de Estado Cubano, se le ordenaría a Víctor un tratamiento completamente gratuito en el hospital Frank País, considerado el complejo hospitalario más extenso e integral del mundo dedicado a la cirugía, reconstrucción y rehabilitación del sistema osteoneuroarticular.
Luego de recibir esta respuesta, Ruth se contactó con el agregado de prensa del gobierno de Cuba en Bogotá, Javier Comaño, quien le dijo que cuando Cuba hace un favor de éstos, todo corre por su cuenta, y fue así como el sábado 5 de marzo, partieron a la isla. Al llegar a Cuba, la jefe de sala del hospital, Matilde Rodríguez, los instaló y les hizo entrega de un paquete de elementos de aseo personal y comida. Ruth, con una sonrisa de satisfacción, recuerda “desde el principio nos atendieron muy bien, y el cubano en medio de su humildad, lo que tiene lo ofrece con todo el amor”. Les fue asignada una enfermera, Angélica Torriente, quien se ocuparía de ellos y Ruth confiesa, mientras se le escapan algunas lágrimas, que era la primera vez en 37 años que alguien le preguntaba qué le hacía falta y expresa “quisiera darle un agradecimiento de corazón al gobierno cubano por la gigantesca obra de salud que lideran a través del programa Turismo de Salud Internacional, favoreciendo a extranjeros que buscan ayuda en ese país”.

Luego de los exámenes correspondientes, el director del hospital, Rodrigo Álvarez, les hizo saber a Víctor y Ruth que los resultados sorprendentemente habían sido favorables, el hueso adquiría de modo positivo callosidad y la infección había desaparecido y sólo se sometería a unos chequeos adicionales.

El 2 de abril regresaron a Medellín. Al recibir la noticia de la restauración del hueso, embargada de felicidad, Ruth cuenta que solo pudo decir “esto fue el milagro de Dios, a través de las manos del padre José Gregorio Hernández”.

UN MILAGRO GREGORIANO
Con anterioridad, en medio del desespero por el sufrimiento de su hijo y la inminente necesidad de desmembrar la pierna de Víctor. Una prima de Ruth, le comentó acerca de los milagros del médico venezolano José Gregorio Hernández, quien a través de una “médium” Fátima Hernández- ya había realizado varias curaciones en Medellín. Su prima le advirtió que se trataba simplemente de un acto de fe y que debían utilizar todos los recursos disponibles. Ruth consiguió la cita. Cuando se presentó ante la médium, luego de contarle el problema, ésta le dijo que separara una cita para la operación. A la salida le fue programada la intervención para el 19 de diciembre a las 10:00 p.m. y se le indicó como debía estar el cuarto de Víctor y qué herramientas debía tener listas. A esa hora todo estaba preparado y Víctor debía estar sólo en su cuarto, acostado sobre una túnica blanca y teniendo en el altar de José Gregorio, un vaso de agua, una jeringa, algodón y una cuchilla de afeitar. Nadie podría entrar al cuarto hasta la mañana siguiente.

Al otro día, Víctor cuenta que durmió profundamente y que sintió un desaliento que cubría todo su cuerpo. Sin embargo, en los días siguientes a la intervención, asegura que el dolor de su pierna disminuyó y no necesitó tomar la morfina. “Yo sé que es difícil creer pero luego de los resultados obtenidos en Cuba, sólo puedo reconfirmar el milagro que el Señor hizo en Víctor por intermedio de su siervo José Gregorio” afirma Ruth. Aunque no fue posible acercarse a Fátima, se aprecia que la creencia popular por la figura de José Gregorio es bastante amplia. La familia nunca desfalleció ni puso en duda el poder de su oración.

 


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