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Cocaina muy blanca, sangre muy roja:

Medellín años 80

Por: Alejandra María Lara
Finalizaba la época de “sexo, paz y amor”, de la marihuana, del rock and roll y la psicodelia; se abrían paso otras generaciones. Las protestas, las revoluciones, el comunismo comenzaban a ser historia. Colombia y Medellín iniciaban una época teñida de sangre: la década de los 80.

Una palabra rondaba en el aire, MAFIA. Se escuchaba por medio de los sonidos sórdidos y secos de las armas; se sentía, se olía y aspiraba con su materia prima: la cocaína, e incorporó a todo el que quiso hacer parte de esta agrupación.

Esta época tocó cada extremo del Valle de Aburrá con el surgimiento de un organismo llamado el Cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar Gaviria, el hombre que enfrenta la guerra contra el Estado, apodado el “patrón, el doctor o el jefe”. Todo se hacía bajo sus órdenes. Pablo es considerado un hombre de poder, implanta el programa “Medellín sin tugurios” por medio del cual llegó a los sectores más pobres de la ciudad. En las comunas nororiental y noroccidental lo conocían por “su buen corazón” y amplitud con los más necesitados. En Aranjuez, Castilla, Miramar, Santo Domingo, Manrique y Enciso regalaba casas, mercados, fiestas para los niños; y a cambio pedía padrenuestros y avemarías.

El dinero y poder que movía Escobar sedujo y atrajo mucha gente. Para los jóvenes de las comunas era la oportunidad más viable, trabajar y conseguir dinero por medio de los “duros”. Un dinero para “la cucha”, la casa, la novia, la moto y la marihuana.
El fenómeno del sicariato entra en Medellín, las bandas se vuelven populares y se habla de los más representativos asesinos a sueldo, como Los Nachos”, “Los Calvos”, “Los Capuchos”, “La Enrramada” y “Los Priscos”. Cada grupo se encargaba de “vigilar la ciudad” y hacerle los negocios al “patrón”. Cada día era un despertar que olía a sangre, que se sentía dolor por los muertos; los cadáveres de los “torcidos y falsetos” eran encontrados torturados en fosas comunes, o en el río 'Medellín después de darles el “paseo”. Más tarde aparecía muerto, expresa *Edison.

Pablo Escobar vivía al otro lado de la ciudad, en Envigado. Residía entre mansiones ubicadas en Sabaneta, la Loma de el Escobero y el Trianón; en caserones con baños en grifería de oro, habitaciones forradas en mármol importado de Carrara, faenas acompañadas de sus hombres, el whisky, droga, armas y las más lindas mujeres. “ A ellas las impresionaban las fincas pintadas siempre de blanco, con vacas Holstein en establos con aire acondicionado, toros bravos comprados en las más prestigiosas ganaderías de España, colecciones de armas en plata y bronce, colecciones de obras de arte y autos últimos modelos” , describe Rafael*, persona cercana a Pablo en su época.

Pablo Escobar manipulaba la ciudad y parte del país. A Belisario Betancur y Virgilio Barco, presidentes durante esta década, enfrentaron la guerra del narcotráfico; mientras, los mafiosos respondían con las armas y su grito de guerra: “preferimos la muerte en Colombia que una celda en Estados Unidos”.

Pero en los 80 la otra cara también existió. La doble moral en Las campañas electorales, los cargos políticos y los intereses del gobierno se hicieron evidentes. Envigado, que fue y es considerado feudo de Pablo Escobar, le permitió hacer carrera política y crear un “fortín”, que lo llevaran al congreso. Sus estrechas relaciones con alcaldes de ese entonces, como Jorge Meza y J. Mario Rodríguez le favorecieron; el segundo de ellos lo auxilió en la creación de un centro de rehabilitación para drogadictos; la que más tarde se convirtió en la cárcel “la catedral” donde Pablo se entregaría a las autoridades; pero de la que después escapó.
Mientras cada mañana y noche olía a cementerio, se escuchaban carros bombas en cualquier esquina y se veían muertes en los medios de comunicación, la juventud obedecía a unas tendencias y modas provenientes de Europa y Estados Unidos que le permitían olvidar los problemas nacionales. Así, los colores pastel, los copetes altos y engominados, los pantalones entubados, los mocasines negros y brillantes con el empeine recortado y las botas reebok en todos los colores hacían parte de los estereotipos en hombres y mujeres que caracterizaron la década de los 80.
Las noches de rumba en Medellín eran diversas. Quienes vivían en las comunas hacían su rumba en Bello, o iban al centro de la ciudad, acompañados de su novia, su moto, y la chaqueta de cuero a escuchar el “Pedro navaja” de Rubén blades, “triste y vacía” de Héctor Lavoe, o uno que otro “periódico de ayer”. Para los del sur la rumba era en las Palmas, en la discoteca Kevins, donde llegaban los “duros de Medellín” con reinas de belleza y modelos que querían ascender a la “alta sociedad”; rumbas en las que era muy probable que se encontrara al otro día un cuerpo muerto, desnudo, con altas dosis de alcohol y droga, en la maleta de un carro abandonado o en las calles de las trasversales del Poblado.
Las camionetas Trooper y Land Rover sin placas de “los jefes”, contrastaban en las calles con las patrullas de seguridad del DAS, EL DOC (Departamento de organización ciudadana), DECYPOL (Departamento de estudios criminalísticos y policía;organizaciones policíacas que se encargaban de vigilar la noche en todo el Valle de Aburrá. Pero el miedo se hacia presente cuando el grupo de Seguridad y Control de Envigado llegaba a algún establecimiento. La gente que podía entraba en los baños para protegerse, otros se metían debajo de las mesas para no ser vistos o atacados, porque donde llegaba Seguridad y Control olía a fuego y muerte.
Sin embargo, si existía el grupo armado y las bandas de sicarios que defendían a Escobar, también existía el grupo que exterminaba todo lo que se escuchaba sobre mafia y Pablo Escobar Gaviria: LOS PEPES. Este grupo tenia como objetivo acabar con “el doctor” y sus testaferros. Sobre el cadáver de sus víctimas dejaban una nota firmada con el nombre de la organización.

La década de los 80 encarna un cambio de valores que se ve reflejado en los jóvenes y la moda, el trabajo y los dineros fáciles, la política y su doble moral; y en el valor de la vida. Sin embargo, sólo han pasado 20 años y la época de la “sangre muy roja y la cocaína muy blanca” , no ha dejado de hacer historia; seescriben artículos recientes como el de la National Geographic que todavía toman esa década como punto de referencia; y se hacen películasque quieren plasmar y mostrar a la sociedad contemporánea de lo vivido en Medellín.
Pablo Escobar muere el 2 de diciembre de 1993. Dejó grupos de sicarios y posibles sucesores a su “trono”. Trono, porque en la tumba su epitafio dice “un rey sin corona”.

* Nombres ficticios a petición de la fuente.



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