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"Poesía, no se hace por encargo"

Por: Ana María Rendón T
A finales de los años 50 nació un movimiento de poetas, que cuestionaba la sociedad colombiana en especial la literatura tradicional, que se hicieron llamar los Nadaístas porque no creían en nada y porque todo les importaba nada, excepto la poesía. Jaime Jaramillo Escobar hace parte de este grupo que promovió cambios en la poesía rosa, para dar paso a la poesía moderna.

De pasos cortos, actitud pensativa y la piel desgastada por el paso de los años, Jaime Jaramillo lleva ya más de 19 años entrando todos los sábados, a la Biblioteca Pública Piloto. Muchos de los que trabajan allí lo reconocen como un hombre tímido y cordial. Con camisa por dentro, pantalón oscuro, zapatos lustrados y un habitual maletín negro, se dirige hacía las escaleras del segundo piso, gira a la derecha, da unos pasos y entra al salón de talleres literarios donde dirige el Taller de Poesía.

En el recinto, un pequeño cuarto que parece ser la despensa de la biblioteca, con cuadros de fotografías abandonados de varios músicos y los estuches de varios instrumentos; descarga su maletín, lo abre y saca un sobre de manila que contiene varios papeles, los distribuye sin mucha prisa sobre la mesa y se sienta a esperar en el puesto del maestro a sus discípulos que están próximos a entrar.

Jaime Jaramillo Escobar nació en Pueblo Rico, Antioquia, en 1932 y años más tarde emigró hacia Medellín. Allí se unió al movimiento Nadaísta, dirigido por Gonzalo Arango Arias, en 1958. “El Nadaísmo nunca tuvo una definición concreta, es lo mismo que la poesía… Si se hubiera encerrado al Nadaísmo en una definición ahí hubiera muerto”. Afirma Jaime.

Sus alumnos ya van llegando y, uno por uno, antes de tomar asiento y muy respetuosamente, se dirigen hacia él para saludarlo de mano.

Jaime Jaramillo es uno de los más importantes poetas nadaístas; en 1967 ganó el primer “Concurso Nacional Nadaísmo de Poesía” con su libro “Los poemas de la ofensa”, en 1983 publicó “Sombrero de ahogado” también ganador del primer premio en el “Concurso Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus”, y en ese mismo año recibió el primer premio en el “Concurso Nacional de Poesía Universidad de Antioquia” por “Poemas de tierra caliente”. Aún hoy sigue siendo un poeta reconocido por escribir prosa.

A la hora exacta da comienzo al taller, primero les informa a los talleristas sobre el orden que van a seguir.

“El taller no es para enseñar a escribir poesía. Yo no les puedo enseñar nada sobre poesía, no se hace por encargo. Nace de la propia autonomía. Lo que hago es dirigir y a veces sÍ les hago algunas correcciones pero son de gramática o de estilo, pero nada más. Siempre les digo que las recomendaciones o las normas para escribir se deben olvidar y aquellos que las escriben no las siguen, como esos curas que predican todos los días pero no lo siguen.”

Entre una opinión positiva, una negativa, un chiste, alguna anécdota, un ejemplo y un montón de risas por el sarcasmo del profesor, transcurre “el taller sobre poesía del profe Jaime Jaramillo” como lo llaman orgullosamente sus condiscípulos los cuales no tienen una edad estándar, pues asisten “jóvenes” de 16 años, pasando por personas entre los 25 y 30 años y hasta los 60 años, aproximadamente. A Jaime lo irse muy a gusto con la manera como dirige el taller.

Ya casi se dará por terminada esta sección, pero antes una lectura sobre la poesía de algún poeta reconocido y, finalmente, les da a aquellos que necesiten de su asesoría una cita en su apartamento que casi siempre son los martes en la tarde. Lo que hace Jaime el resto de la semana es: “básicamente nada, creo que lo peor es no hacer nada” (suelta una diminuta carcajada y me pide que continúe)

Pasadas las dos horas, los alumnos se acercan, al igual que lo hicieron al entrar, para despedirse con el mismo respeto y el cariño que alguien con solo escucharlo le puede adoptar. En la puerta siempre habrá alguien que lo espera pacientemente para caminar a su lado por el largo pasillo de la biblioteca. Jaime abandona la Biblioteca Piloto con su maletín de vendedor de seguros y camina lentamente mientras que afirma, con su cabeza pelada y siempre inclinada hacía el suelo, las palabras que expresa su acompañante. Jaime se pierde en la próxima esquina pero no en la nada.


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