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La Casa Barrientos

Hoy, menos consentida, pero igual de admirada

Por: Vanessa Monsalve M

La tradicional vivienda de los Barrientos, declarada patrimonio cultural, es la última casa quinta de la avenida la playa como referente urbanístico, arquitectónico y social de Medellín de finales del siglo XIX”

Parece perfectamente claro que, desde su construcción en 1895, el misterio ronda a la mítica Casa Barrientos, esa que marcó toda una época y cuyas histórias reposan en el costado Sur de la Avenida la Playa y la Carrera El Palo. La historia comienza cuando el millonario Coriolano Amador contrata al arquitecto francés Charles Emile Carré para que diseñara esta tradicional vivienda que fue rompiendo, poco a poco, la monotonía urbana del centro de la ciudad.

“Adaptada con materiales locales, de alta calidad; accesorios importados de Europa para decorar su interior, baldosas en cemento decorado, pisos de tablón, techos de madera cañabrava, muros de tapia, bahareque y ladrillo; plafones, cielos de latón troquelado, corredores con vitrales intercalados en un impresionante portón de cedro tallado, papeles de colgadura y la perfecta combinación de un estilo afrancesado en su fachada” (1), este dignó caserón lució los más exóticos y exquisitos detalles que reflejaban el mundo de vivir de esa época y el crecimiento de la ciudad, en una tipología propia de la arquitectura tradicional.

Sin embargo, años después en esta quinta residencial, cuyo interior era catalogado como patrimonio arquitectónico y cultural, funcionó por varios meses, luego de abandonada la casa, un mercado popular que se hacía al compás del trajín de un camión que llegaba tres veces al día cargado de víveres, carretillas y decenas de cajas putrefactas, que eran deplorablemente situados en el patio central y antejardín que alguna vez estuvieron cargados de memorias en aquella casona de “tan alta estirpe”.

Ahora, el panorama es divergente en la casa Barrientos, esa misma que “escuchó el paso de los caballos que arrastraban las carrozas de las señoras que llegaban a tomar té; con sobrios espacios que se forraron de finos papeles, esquemas novedosos; elaborados trabajos en madera; testiga del cubrimiento de la quebrada Santa Elena y, desde que nació, la custodió la imagen de San Miguel cubierta de esmeraldas y diamantes” (2) es, sin lugar a dudas, el reflejo de los maltratos a los que se vio sometida por los inquilinos que la habitaron después de esta adinerada familia y cuyo deteriorado estado no deja percibir, a simple vista, la riqueza e historia que alberga.
Lo cierto es que de su primer propietario poco a nada se sabe. Sobre Alejandro Barrientos Fonnegra, su esposa María Josefa Uribe Gaviria y sus hijos: Isabel, Emilia, Miguel, Federico y Juan, excéntricos solteros y hombres de alta alcurnia se tejió toda clase de especulaciones; pero, tras la desaparición de estos personajes la historia ha sido más confusa e incierta aún, tanto como el futuro de esta vivienda.

CONSERVAR NO ES EMBALSAMAR

El techo caído de este caserón ofrece una sensación de ruinas en medio de dos edificios modernos que la limitan como el Club Comfenalco y la Clínica SOMA. Muros deteriorados que amenazan con caerse, goteras de considerable dimensión, un techo que se está desplomando lentamente, piezas clásicas de decoración podridas victimas de la humedad, mal uso e indeferencia de los habitantes ocasionales del lugar, una serie de detalles de elevada factura como los vidrios europeos, decoraciones, lámparas de cristal de murano, representan un alto y pésimo deterioro en esta residencia, única pieza viva de este famoso paseo La Playa y una de las muy pocas de aquella floreciente época que aún se conserva en la ciudad. No obstante, estos tesoros esperan un pronto rescate pero por desagracia faltan recursos para asumir la costosísima intervención.

Dado que esta familia no dejó herederos ni testamentos, la casa fue declarada bien “mostrenco”(3). Luego de un largo proceso de pleitos jurídicos, herederos falsos y ofertas de compra, esta vivienda pasó a ser propiedad del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.Por ello “esta casa es un bien de interés cultural en el municipio, motivo por el cual no puede ser demolida, sino restaurada para el beneficio de toda la comunidad”, expresa Carlos Uribe, historiador de contenido.


UNA IMPERIOSA RESTAURACIÓN

Hay muchos inmuebles como la Casa Barrientos que cuenta la historia de una Medellín que se niega a ser olvidada a pesar de que muchas personas recuperan el patrimonio no les importa por ello, el interés y compromiso de la Caja de Compensación Familiar, Comfenalco, de adelantar la restauración y construcción de “la única casa que representa la transición entre la arquitectura colonial y la moderna” (4) es buscar alternativas para salvar el patrimonio de la ciudad que a través de una buena restauración se convertiría en un escenario ideal para la cultura. La idea es crear un recinto para la lectura de los jóvenes y niños, además de “fomentar la formación cultural y educativa estaríamos reconstruyendo la ciudad”, comenta Carlos Uribe.

En el proyecto intervendría la Fundación Ferrocarril de Antioquia como restauradora; el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) como portante del bien inmueble; la fundación Éxito como contribuyente parcial, la Alcaldía de Medellín y Comfenalco, entidad prestadora de servicios administrativos e intermediarios.

En realidad, “aunar esfuerzos para salvar la Casa Barrientos, ponerla a funcionar colectivamente como centro cultural, salvarla, conservarla y evitar que se siga cayendo esta vieja construcción que ha sufrido a lo largo del tiempo un notable deterioro”, es uno de los propósitos de Álvaro Sierra Jhons, arquitecto y reconstructor de la Fundación Ferrocarril de Antioquia. Además no duda en afirmar que “Se está estudiando una figura jurídica de la cual se pueda adelantar la restauración de la mansión. Esto debe permitir el asocio de entidades públicas y privadas que tendrían que invertir pero también podrían participar de los usos que se le den. Solo hay que esperar que la Alcaldía de Medellín o alguna otra institución destine los 1.200 millones que vale la obra”.

Lo cierto es que esta propuesta integral de lectura que beneficiará niños, jóvenes y adultos de los estratos 1, 2, 3, 4 estará dotada de “una sala de exposiciones, sala de lectura infantil y juvenil, bebeteca, sala para invidentes, librería, sala de talleres, exposición permanente, teatro, locales y restaurante” (5)
Bien vale la pena señalar que la historia que se teje detrás de las ruinas de la casa Barrientos, refleja perfectamente, el ocaso de esta familia y de un recinto del andamiaje urbano que, alguna vez, contó antiquísimos y lujosos muebles, lámparas en los imponentes rosetones, armónico uso de calados que ambientaban cada rincón, 14 habitaciones, cuatro pisos, un gran salón de reuniones sociales, hall, garaje, dos bodegas, antejardín con fuente y solar, caballerizas, escaleras en caracol y hasta enormes socavones que hicieron, luego de deshabitada la casa, los guaqueros en busca de tesoros enterrados.

Pero lo que nadie duda es que la fortuna de la familia Barrientos Uribe alcanza cifras sorprendentes, representaciones en acciones de sociedades anónimas, propiedades y bienes inmuebles de alto valor sin contar con las riquezas que albergan algunas de sus propiedades. En definitiva, la que fue testigo de aquellas tardes de tertulia de personajes ilustres en la ciudad, cambiará estas historias de “grandes” por los cuentos de unos “pequeños” que con juguetes didácticos promoverán la lectura, el disfrute de las artes y la promoción de la cultura. Solo resta esperar que instituciones interesadas en el desarrollo educativo y cultural de la ciudad se vinculen en este proyecto que busca redefinir el centro de la ciudad y es aquí, precisamente, donde se cumple ese principio según el cuál “es costoso restaurar el patrimonio pero es más dispendioso aún recuperar la memoria cultural” y pese a que la intimidad de esta familia fue siempre un misterio, el mito de esta vivienda aún no a caído, porque mientras algunas personas los consideraban introvertidos, locos, maniáticos y raros ellos se mantenían tejiendo y rumiando su pasado, eso que algún día fueron.

1. RESTREPO JIMÉNEZ, Ana Cristina. El designio de los Barrientos. Periódico El Colombiano. Octubre 18. de 1998. Pág. 6E 7E
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2. RESTREPO. S, Carlos Olimpo. La historia renace en la Barrientos. Periódico El Mundo/ Revista La Metro. Noviembre 18 de 1998, Pág. 11 y 12
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3. Bienes o inmuebles que se encuentran abandonados, carecen de dueño conocido y pasan a ser propiedad del Estado.
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4. GALLEGO, Fabio. La Casa y los Barrientos. Revista la Hoja. Septiembre de 2003 Pág. 8 9
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5. La casa de la lectura: Por la estimulación cultural y artística de la niñez. Proyecto de restauración y nuevos usos comunitarios para la casa Barrientos. Instituto de Bienestar Familiar, Alcaldía de Medellín, Fundación Ferrocarril de Antioquia y Comfenalco



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