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PARA PENSAR

El calendario que impera en casi todo el mundo actual, y sobre todo en Occidente, es el calendario juliano, denominado así por haber sido Julio César, el destacado gobernante y militar romano, quien lo introdujo en el año 45 a. C. (como decían los romanos, annus confussionis, el año de la confusión) (2). Como bien se sabe, la duración del año en este calendario es 365 días, o 366 si es bisiesto (3).

Es preciso advertir que el año solar no es de 365.25 días, como se le considera para compensarlo con el año bisiesto. El año solar consta exactamente de 365.2422 días, lo cual constituye una diferencia de 0.0078 días. Estas cifras decimales, aparentemente insignificantes, constituyen el tiempo perdido cada año (4). Sin embargo, haciendo una simple multiplicación, por un número fácil de observar, por ejemplo el 1000, se observaría que en 1000 años se perderían 7.8 días, prácticamente 8 días.

Una consecuencia de este “pequeño” detalle se presentó en 1582, cuando, contando desde el 45 a. C., se habían perdido alrededor de trece días. Por tanto, el papa Gregorio XIII, haciendo uso de su poder terreno-temporal, decretó que el período comprendido entre los días 5 y 14 de octubre de ese año no existiera (5). En ese momento, se corrigieron diez días; años después se realizarían leves modificaciones para compensar los tres días restantes. Como es obvio, esa medida sólo fue aceptada inicialmente por reinos católicos -incluyendo sus colonias- como España y Portugal, y en Francia el ajuste fue realizado en el mes de diciembre. Así mismo, países no tan dependientes de Roma, como Alemania e Inglaterra, adoptaron las correcciones siglos después (6).

Pero la resistencia al cambio alcanzó niveles extraordinarios: los países ortodoxos, conformados prácticamente por la mayoría de los países de Europa Oriental, como no obedecían al Papa desde el siglo XI (Cisma de Oriente), sólo accedieron al cambio cuando ya casi todo el mundo contemporáneo lo había aceptado. Un ejemplo de ello es Rusia, donde esperaron hasta la década de 1930 (ya en pleno régimen de la URSS) para compensar los días en cuestión. Como consecuencia de esto, la famosa Revolución bolchevique o Revolución de octubre es llamada así porque ocurrió el 26 de octubre de 1917, según el calendario no-corregido que imperaba en Rusia, fecha equivalente al 7 de noviembre de 1917, para casi todo Occidente.

Definitivamente, después de este discontinuo viaje historiográfico, sólo queda esperar que tanto los estudiantes inspiradores de este escrito como quienes desconocían estos detalles no se preocupen, pues también como anécdota- hace pocos años, a pesar de los grandes inventos y del vertiginoso desarrollo de la ciencia, millones de personas no sabían cuándo celebrar el cambio de milenio (7).

1) La citada aquí no es Cleopatra VII (69-30 a.C.), la famosa romanófila “amiga” de Julio César y Marco Antonio, sino Cleopatra Thea (quien vivió alrededor del año 150 a.C.), hija de Tolomeo VI Filométor. (Ver más comentarios en la Biblia de Jerusalén).

(2) Para esta labor, el célebre sabio Sosígenes de Alejandría asesoró a Julio César.

(3) El término bisiesto procede de la expresión latina “bis sexto die ante Kalendas Martias”, lo cual traduce “dos veces el día sexto antes del primer día de marzo”. Esta expresión señala la fecha de inclusión del día adicional cada cuatro años. Según esta indicación, es como si el año bisiesto tuviera dos días con fecha 24 de febrero (la cuenta de seis días incluía el primero de marzo). Posteriormente se comenzó a contar como un día aparte y a numerar los días de febrero hasta el 29.

(4) 0.0078 de día equivalen a 11 minutos, 13 segundos y 92 centésimas.

(5) También a manera de “farándula historiográfica”, hay un hecho que, por motivos de tiempo, no pude verificar: una santa de la Iglesia católica, Teresa de Ávila, murió el 4 de octubre de 1582 y la enterraron el día 15 del mismo mes. De acuerdo con lo expuesto, sus exequias se realizaron al día siguiente, aunque a primera vista se podría pensar que estuvo diez días “en velorio”. Le queda como tarea al estimado lector confirmar este dato (además, por ser éste un comentario de tipo farandulesco, es muy normal que se presente sin confirmar).

(6) En la Iglesia católica hay otra célebre reforma gregoriana. Claro que ésta fue realizada por el papa Gregorio VII, en el siglo XI, y se refería a aspectos disciplinarios y litúrgicos.

(7) Realizando unas atentas cuentas aritméticas, el nuevo milenio comenzó el 1 de enero de 2001. Claro que, como salida diplomática para la duda, mucha gente le dio la bienvenida al año 2000 (el 1 de enero de 2000) y recibió el nuevo milenio un año después.


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