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MUERTE A LO POBRE

Por: luz Mary Patiño

Chúmbala, cachúmbala, cachúmba, bam, bam, cuando el reloj marca las seis todos los muertos salen de sus tumbas. Chúmbala, cachúmbala. ¿Dónde van los muertos que no tienen plata? Sólo irán a las tumbas de los pobres, pues no tienen ni para comprar su muerte.
Las tumbas a lo pobre son desoladas, tristes, abandonadas, la muerte despide un olor penetrante, demostrando lo sombrío que puede llegar a ser. Un corto recorrido hace notar que éstas no son más que historias de personas discriminadas por la sociedad, allí es muy probable que los muertos no puedan descansar en paz, pues el espacio es tan reducido que sólo se ven amontonadas sin orden alguno y lo que es peor, desprovistas de amor y cariño. Casi todas carecen de lápidas y flores, otras están parcialmente tapadas con la hierba que ha crecido, lo que demuestra un gran abandono.

Casi siempre las encontramos en algún cementerio pequeño, descolorido y por lo general, está ubicado en una edificación de fácil acceso, dado que hay muy poca vigilancia y es muy propicio para cosas sobrenaturales, como la llamada brujería, donde las personas utilizan restos humanos y tierra para hacer maleficios, hechizos, o algo peor: cultos de las “sectas satánicas” .Esto se sabe porque según don Carlos Pérez Marín, un hombre que permaneció mucho tiempo visitando la tumba de su hijo, veía como señoras guardaban tierra en bolsas y metían la mano en alguna fosa que amanecía destapada o que tuviera la lápida caída.

Don Carlos Marín, es un señor de 47 años que perdió a su hijo de tan sólo 16 años, pero no porque tenía problemas de violencia, sino porque en un paseo con unos amigos, él se ahogo en un charco, donde la mayoría de gente iba hacer sancochos, al norte de la ciudad. Don Carlos aprovechaba para para visitar a su hijo Jhon Fredy dos o tres veces por semana porque vivía cerca del cementerio Universal y no tenía que pagar pasajes.
No todas las tumbas tienen una rústica cruz de cemento, ya que son muy pocas las personas que tienen dinero para colocarla y por consiguiente optan por dos simples palos de madera en los que escriben los nombres y la fecha así sea con marcador o pintura. Las personas que entierran allí pertenecen a los estratos 1 y 2, a los NN que nunca nadie reclama, a los que dejan abandonados en algún hospital, a los mendigos, los sacoleros y a los que aparecen abandonados en alguna calle de Medellín víctimas de una enfermedad o de alguna pelea callejera

Según don Carlos, son muy pocas las personas que visitan estos muertos, porque sólo se ve uno que otro paseándose por todo el cementerio, el principal motivo, es que los familiares ni siquiera tienen dinero para ir a visitarlos. A veces, si se ve un poco más gente los domingos, pero los de principio y final de mes, y eso porque es quincena, así, algunos aprovechan para llevar flores y hasta serenata si esta de aniversario, pero no de mariachis sino de aquellos que se ven caminando por las calles o cantando en los buses y cobran cuatro mil pesos o menos por una canción. Además, son muy pocas las familias que reclaman el cuerpo por evitarse gastos, ahorrar o simplemente porque no tienen dinero para pagar el entierro, por otro lado, la mayoría de ellos quedan tranquilos porque aunque los entierren en fosas comunes están en “tierra santa” y eso es más importante.

Por eso, los sepelios de los pobres son tenebrosos y por lo general no asisten más de doce personas, o nadie. Como dice don Carlos, los ataúdes que allí se ven son tan baratos, que muy pocas veces llevan uno de $ 300.000, eso, si es un “duro” de alguna banda, o algo así como guerrillero o paramilitar; en éstos se ve más asistencia, hay tiros al aire, peleas entre las mujeres del difunto, muchas veces los familiares y amigos abren el ataúd para tocar por última vez al muerto, casi siempre quiebran el vidrio, fuman marihuana, toman chamberlain, o si tienen plata toman guaro y le toman fotografías al muerto, tratan de hacer todo lo mejor o como dicen ellos, “con todos los fierros”.

Otras veces la ceremonia se puede “calentar” porque los enemigos de esa banda aprovechan para ir a matar a otro y se forma una especie de masacre colectiva y ahí si que se pone fea la cosa. De esos funerales si que le tocó ver cuando estaba rezándole a su hijo.

Es así, como son muy pocas las personas que se ven rezando en las tumbas pobres, bien porque ya son muy viejas, no tienen dolientes, ya los han olvidado o bien porque los muertos salieron de sus tumbas y ya no están.
Chúmbala, cachúmbala, cachúmba, bam, bam....


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