Psicología del absurdo

Revisión de tema


Psicología del absurdo: la paradoja de la subjetividad1

Psychology of the absurd: the paradox of subjectivity


Recibido: 20 de noviembre de 2018 / Aceptado: 16 de enero de 2019 / Publicado: 9 de abril de 2019


Forma de citar este artículo en APA:

Bañol López, W., y Rodríguez Bustamante, A. (enero-junio, 2019). Psicología del absurdo: la paradoja de la subjetividad.

Poiésis, (36), 184-191. DOI: https://doi.org/10.21501/16920945.3197


Walter Bañol López* y Alexander Rodríguez Bustamante**


Resumen

El texto posibilita adentrarse y reflexionar sobre el mundo psíquico y lo subjetivo que impera en él. Además de ello aborda el objeto de estudio de la psicología, el psiquismo, desde dos conceptos específicos, lo absurdo y lo paradójico.


Palabras claves

Psicología; Psicología clínica; Psicoterapia.


Abstract

The text makes it possible to enter and reflect on the psychic world and the subjective that prevails in it. Besides, it addresses the object of study of psychology, the psyche, from two specific concepts, the absurd and the paradoxical.


Keywords

Clinical psychology; Psychology; Psychotherapy.


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1 Texto leído en la versión XXXVII de lectura de ensayos de estudiantes, egresados y docentes de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales el 05 de octubre de 2018 en las instalaciones del Auditorio Massamagrell de la Universidad Católica Luis Amigó en la ciudad de Medellín.

* Estudiante del séptimo semestre del Programa de Psicología, Universidad Católica Luis Amigó-Medellín. Actualmente cursa estudios de Filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín-Colombia. Correo electrónico: walter.banollo@amigo.edu.co

** Docente de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales de la Universidad Católica Luis Amigó. Líder de la línea de investigación “calidad de vida” del grupo de investigación “Familia, desarrollo y calidad de vida”, Medellín-Colombia. Correo electrónico: alexander. rodriguezbu@amigo.edu.co https://orcid.org/0000-0001-6478-1414

“Quiérase o no, consciente o inconscientemente, los senti- mientos, emociones y percepciones de toda persona están llenos de elementos y matices que los hacen muy personales y, cuando trata de describirlos con palabras, sentirá que nunca le puede hacer plena justicia” (Martínez, 1992, p. 71)


¿Qué es la paradoja de la subjetividad? López López (2015) define la paradoja de la subjeti- vidad como “la concepción del sujeto como uno que a su vez es tal para el mundo, constitu- yente de sentido y responsable de sus tomas de posición ideales, éticas y axiológicas fruto de la razón teórica, práctica y valorativa, respectivamente” (p. 69). La paradoja de la subjetividad hace referencia aquello que es inmanente en el hombre, que le permite acceder al mundo en cuanto vivido y pensado por él y en él; es la manera en que el hombre experimenta la realidad y da sentido a ella. Es enunciada como paradoja por lo que la subjetividad, a pesar de que se vive en el mundo donde el Otro (lenguaje) y los otros (sociedad) son necesarios para concebir la cultura como unidad-trascendental y necesarios para la constitución del sujeto-humano, ella es parte esencial de la configuración del hombre; puesto que la subjetividad brinda al hombre identidad.


La psicología como ciencia social-humana tiene como objeto de estudio el psiquismo, el cual se revela en las formas de ser, saber y hacer de cada persona. Este objeto de estudio, se suspende entre lo tangible y lo intangible; pues la incertidumbre, lo subjetivo y los comportamientos que siempre habitan en el hombre, de forma constitutiva y constituyente, impera en su psiquismo. Es así como la psicología


Se debate ante la pregunta por su existencia, su reconocimiento identitario y sus límites epistemológicos. Se encuentra ante una disyuntiva (…) dándole un lugar al caos, la paradoja y la incertidumbre, como un asunto específico de la naturaleza de su objeto de estudio (Duran Palacio, Restrepo Ochoa, Salazar Trujillo, Sierra Rodríguez y Schnitter Castellanos, 2007, pp. 136-137).


En relación a esto, cuando se refiere a la naturaleza del objeto de estudio de la psicología, cabe entretejer sus características; características que se hilvanan desde lo tangible e intangible del psiquismo. Cuando se afirma que la psicología es absurda, se está afirmando el carácter imprede- cible que posee su objeto de estudio, donde la subjetividad impera como contingente y dinámica en el psiquismo; pues al comparársele con las ciencias empíricas, estas tienen como objeto de estudio un objeto estático. Sabiendo ello no se desvirtúa la psicología, específicamente su objeto de estudio, por el contrario, se enaltece y estima en vista de su complejidad, de lo que no permite que el cientificismo, “que cree que todo se puede controlar y/o explicar a partir del funcionamiento del organismo del sujeto” (Bernal Zuluaga, 2014, p. 1). Se apodere de lo netamente humano.


Las características de la naturaleza del objeto de estudio de la psicología que aquí se desean resaltar son su absurdidad y paradojalidad, dado que la naturaleza misma del psiquismo humano es absurda y paradójica, pues la objetividad aunque puede expresarse en marcos de referencias

teóricos en esta ciencia, en los sujetos se distorsiona en sus perspectivas subjetivas, por lo que el psiquismo humano es un devenir de sentidos y constructos vivenciales internos intencionales de cada individuo en particular.


Lo anterior se hace explícito en el ejercicio de la psicometría. Esta disciplina surge cuando el hombre se da cuenta de las diferencias humanas y busca medirlas, para ello, se crean instrumentos de diversa naturaleza que, paradójicamente, buscan medir lo subjetivo (fenómenos psicológicos) a partir de sus conductas observables; lo anterior, ha conllevado a que la medida no sea absoluta, pues abarcar al sujeto y su complejidad en un dato, es utópico. Es por esta razón, que Aragón Borja (2011) dirá que


Las experiencias subjetivas, sentimientos, sensaciones y deseos no pueden ser observa- dos directamente y por lo tanto no pueden someterse a medición, pero cuando un sujeto formula un juicio, enuncia una preferencia (…) esta conducta o reporte verbal satisface los requisitos de la investigación científica y la medición se vuelve posible (p. 26).


Los fenómenos psicológicos, manifiestos en el comportamiento, hacen evidenciable el psiquismo humano, pues en él la subjetividad se revela con rasgos objetivos, pero con un sentido profunda- mente distinto de un sujeto a otro. Un ejemplo de esto, se evidencia en el ejercicio de la psicología clínica. Cuando el psicólogo debe evaluar un caso de depresión, este tiene como referencia el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, pues en él encontrará aquellos rasgos objetivos, los síntomas y signos, que tiene la psicología como ciencia empírica; pero, en el instante de abordar la causa de la depresión la subjetividad impera en su ejercicio analítico, evaluativo y terapéutico.


De acuerdo con lo anterior, se puede contextualizar desde otra perspectiva la subjetividad imperante en el psiquismo humano, en el carácter social. En la vida cotidiana del hombre, como sujeto social, él se comporta, actúa, habla y relaciona con los otros con estándares avalados por su cultura. Allí la subjetividad se evidencia en “peligro”, en el sentido de que cuando está con otros su subjetividad se torna distinta; puesto que cuando un sujeto participa de su contexto familiar, laboral o está con sus amigos, él se hace distinto y juega varios roles en su contexto, es como si su cultura hiciera que él se hiciera otro.


Cabe preguntar, entonces, ¿dónde se manifiesta la subjetividad de los sujetos inmersos en su cotidianidad social-cultural? El hombre como sujeto no es sino por su cultura, por el Otro (lenguaje) que le es dado como herencia humana. En la cultura y sus contextos relacionales se hace humano. El profesor Andrés Felipe López López (2015) puede responder el interrogante que se plantea sobre la subjetividad y el contexto social de los sujetos, él expresa que


Como mónada, como sujeto concreto, por la participación en la trascendencia del mundo físico heredo la constitución psicofísica de aquellas mónadas que son mi padre y mi madre, y sobre aquella, elaboro –como actos–, tomas de posición, por lo que puede

indicarse que a nadie puedo culpar de mi vida sino a mí mismo, que soy donde reside la responsabilidad de los compromisos que adquiero con cada acto teórico, axiológico y práctico (López López, 2015, pp.137-138).


De manera que, aunque lo sujetos participantes de la cultura y sociedad sean herencia de la forma humana, en otras palabras, encarnen la cultura en sí mismos; jueguen roles en su cotidia- nidad relacional y, aunque el sujeto posea “una multiplicidad de identidades, una multiplicidad de personalidades en sí mismo, un mundo de fantasmas y de sueños que acompañan su vida” (Morin, 1996, p. 87). Gracias al carácter social que reside en él mismo; en él se haya la responsabilidad y la decisión que asume frente a los otros, su entorno y vida. Esto lo puede y le es posible a merced en que en su psiquismo impera su subjetividad, por consiguiente, él no es solamente un organismo viviente sin pensamiento, reflexión ni subjetividad, él es un conjunto e integración de todo ello; él es un ser orgánico, psíquico y social que participa de la trascendencia del mundo humano.


Ahora, a la luz de lo expuesto, es pertinente adentrarse, con más precisión, al tema que convoca este escrito, la psicología del absurdo: la paradoja de la subjetividad, temas que se interconectan y se hacen palpables en el ejercicio clínico de la psicología, en la psicoterapia. En el ejercicio de la terapia psicológica se descubren las singularidades, los fantasmas, mundos y espectros de la vida humana, lo propio de cada hombre, que hace que sea distinto de los otros y sea único. En la psico- terapia acontece el devenir, el ocultarse y mostrase de los sujetos, pues allí se desnuda el alma, encontrando los matices, tonos, colores, demonios, tormentos, angustias, esperanzas y bondades de la vida humana. En razón a esto


la psicoterapia apunta a un tratamiento del alma, a una modificación radical de sí del propio sujeto, ha de atender fundamentalmente a lo peculiar del sujeto, esto es, a aquello que lo caracteriza en cuanto tal y no a lo que le es común con otros sujetos. Para inter- venir ha de fundamentarse en el discurso del sujeto, y no en teorías psicológicas (Duran Palacio et al., 2007, p. 145).


En este sentido, es en el ejercicio de la psicología donde se clarifica lo absurdo y paradójico. Se debe visualizar lo absurdo de la psicología desde sus referentes teóricos, pues en el momento de abordar a un sujeto o una situación desde la teoría, aunque esta sirva como previa de abordaje, pareciera que se “desvaneciera” en el instante en que se asume el psiquismo como vivencia y no como objeto de estudio. Por ende, se debe entender lo paradójico de la psicología desde la subjeti- vidad, pues allí reside lo contradictorio, puesto como se ha mencionado antes, aunque la psicología como disciplina tenga referentes teóricos ella funciona en la lógica de la subjetividad humana. Por lo tanto, la psicología del absurdo hace referencia a lo ilógico, al mundo de la vida del ser humano, donde las investiduras de sentidos y significados de los acontecimientos, de la historia personal y de las vivencias, divergen de una persona a otra; donde lo que posee lógica para alguien no lo tiene para otro, donde la psicología se muestra absurda al abordar a un sujeto en terapia, pues siempre estará ante una vida, historia y “lógica” siempre nueva.

El psicoanálisis y la psicología se encargan de estudiar el psiquismo humano desde perspec- tivas distintas que permiten comprender al hombre, sus conductas, pensamientos y su manera de desenvolverse en el entorno social. Esto posibilita que la psicología y el psicoanálisis estudien al sujeto desde sus diversidades y distinciones teóricas, facilitando la interpretación y el abordaje del sujeto como un sujeto que se parece en algo a todos los sujetos pero que es distinto a todos ellos.


Continuando con la subjetividad, para hacerse más claro, puede ser explicada desde dos analogías. La subjetividad como “mundo” o “universo”. Si se toma metafóricamente esta imagen, de la subjetividad como mundo o universo, se puede acercar de manera más “sencilla” a la esencia- lidad de la subjetividad, a “eso” con y sobre lo que se trabaja en la psicoterapia. Se hace más “sencillo” pues al acercarse analógicamente desde las imágenes metafóricas que se proponen se hace más comprensible.


La subjetividad como mundo se propone comprenderlo como el conjunto de significados que se crean sobre la tierra, como mundo semántico y semiótico. Y la subjetividad como universo se propone entenderlo como la extensión e integración de leyes complejas presentes en los fenómenos de la materia y la energía, con especial atención en el mundo astronómico; en otras palabras, entenderlo desde el campo de la ciencia física. Esto posibilita entender el psiquismo humano de dos formas, una como semántica, pues el mundo es una creación de significados y sentidos, y la otra como complejidad, respectivamente.


El psiquismo como semántica se enmarca en la percepción de la subjetividad como un organismo que se desarrolla con consciencia; en otras palabras, es afirmar que “el hombre sabe de semántica (…) No hay mente sin consciencia, y la conciencia es siempre semántica” (Ramos Franco, 2014,

p. 26). Es decir, que el psiquismo humano es capaz de subjetividad porque es capaz de semántica, de dar sentido a lo que vive, suspenderse y detenerse sobre lo que siente, piensa y quiere. Incluso el psicoanálisis “ubica la causa de la subjetividad, del psiquismo, en otro lugar, en el lugar del Otro, de lo simbólico, el cual afecta de manera radical al organismo” (Bernal Zuluaga, 2014, p. 2).


En segunda instancia, el psiquismo como complejidad, abre lo insólito, extraño, complejo, absurdo y paradójico de la subjetividad. El universo, tratado de ser entendido por la física, se queda absorta con lo que logra “ver” y saber, sobre las distintas leyes que gobiernan el movimiento, la energía y entre otros fenómenos pertenecientes a este campo. Se hace énfasis a esta categoría de la complejidad, pues la subjetividad ante una persona y otra, distinta a ella, es insólita, extraña, compleja, absurda y paradójica; es como un universo, que se deja “ver” y saber por el psicólogo y/o psicoanalista, que está gobernado por leyes aparentemente “ilógicas”.


En el ejercicio clínico de la psicología, el sujeto que va a terapia es un mundo y universo, puesto que en él reside la semántica, su capacidad de hacerse consciente como ser humano y como dador de sentido a lo que vive; y reside la complejidad, como las “leyes” que gobiernan sus planetas, galaxias y pluriveros; su universo mental (psíquico). Estas dos analogías se hacen con la intención de palpar con la reflexión lo absurdo y paradójico de la psicología, pues estamos frente a un objeto

de estudio que quiere ser comprendido, abordado y entendido por una disciplina (la psicología) que siempre estará ante un mundo y un universo diferente. Se está ante un psiquismo que no es estático sino contingente, en el cual gobierna e impera la subjetividad.


En relación a ello, se trae a colación la siguiente afirmación hecha por Peláez (2009), defendiendo la riqueza de las diferentes corrientes y teorías que existen en la psicología para abordar un sujeto dolido en su existencia, ella afirma que:


De esta manera, el sentido que se hace presente entorno a este problema, entonces, es que la psicología clínica, como la misma psicología, no es más que pluriversos, diversos versos, diversas formas de abordar lo que las personas sufrientes, dolidas de existencia traen, y ante lo cual pretenden encontrar con su demanda al psicólogo clínico de aten- ción, un nuevo sentido, un nuevo verso que les permita seguir existiendo (pp. 6-7).


Es por esta razón que en el campo clínico no se debe cerrar el cofre de la riqueza de la psicología; porque al igual que ella, que, aunque es una, tiene diversas formas de comprender la dinámica de la vida humana, los sujetos que van a terapia también son diversos y distintos.


Para finalizar este escrito se hace la intención de permitir a quienes están interesados en estos temas o en formación o se encuentren ejerciendo profesionalmente la psicología, no solo en el campo clínico, la reflexión y la crítica sobre dos temas en particular. El primero sobre la concien- tización de que, en el mundo humano, en el psiquismo del hombre, impera la subjetividad, por lo tanto, siempre se estará conviviendo con mundos y pluriversos que ayudan a la construcción y compresión de nuestro mundo. Y el segundo, sobre permitir en el ejercicio psicológico la coexis- tencia tolerante y crítica de las diferentes corrientes y teorías que se hacen acerca del psiquismo humano, un psiquismo que siempre estará palpitante y viviente en nuestro mundo absurdo y paradójico.


El profesor Viveros Chavaría en su texto publicado en el 2017 “sobre la necesidad de reconocimiento” plantea dos argumentos que a todas luces hacen clic al texto que se desarrolla en estas páginas y plantea un debate o mejor varios asuntos sobre el mundo subjetivo que tejemos y desarrollamos a diario, la alusión a dicho texto es solo referencial y plantea una invitación a su lectura y análisis juicioso. Ahora, una primera idea que se traza en el presente texto a dos voces es sobre el cómo nos reconocemos y para que reconocernos en el otro, esto ya en sí mismo es una dificultad por las implicaciones que frente a lo absurdo se ha escrito. Iniciar sobre lo paradojal como insumo para crecer; resulta una necesidad humana para encontrarnos permanentemente con múltiples –otros- cuyos discursos y textos nos interpelan, movilizan y desacomodan en lo más cotidiano de nuestra existencia; al respecto la psicología ha fundamentado su presencia con un lugar que posibilita la palabra, el silencio, la presencia y el encuentro de sí mismo y el reconocimiento del otro distinto. Lo anterior supone también desidealizar el rol de la psicología como plenipotenciaria de todo conocer frente a lo humano; este lugar ha sido habitado también por personas que querámoslo o no han subvalorado el discurso de quien consulta, asiste, dona y presta su historia para ser patologizado, codificado, reglado y arreglado. No es sugestivo el título que se ha sugerido Psicología del absurdo: la paradoja de la subjetividad precisamente para aludir

la singularidad entre lo que le es inherente a la disciplina, pero sobre todo lo que es propio de la humanidad; a continuación se reseña en el recuadro algunas ideas-fuerza sobre lo que implica la subjetividad en tiempos de lo absurdo.


Figura 1.


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Fuente: elaboración propia.


Conflicto de intereses


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Referencias


Aragón Borja, L. E. (2011). Evaluación psicológica: Historia, fundamentos teórico-conceptuales y psicometría. México: El Manual Moderno.

Bernal Zuluaga, H. A. (2014). ¿Es el psicoanálisis una ciencia? Poiésis, 1(28). DOI: https://doi. org/10.21501/16920945.1408

Duran Palacio, N., Restrepo Ochoa, D. A., Salazar Trujillo, C. J., Sierra Rodríguez, A. E., y Schnitter Castellanos, M. (2007). Historia paralela de la Psicología Clínica: un rastreo teórico-histórico. Informes psicológicos, 9(9), 135-148. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=5229792

Martínez, M. (1992). La psicología humanista: fundamentación epistemológica, estructura y método.

México: Trillas.

Morin, E. (1996). Introducción al pensamiento complejo. España: Gedisa

López López, A. F. (2015). Vida humana fenomenológica. Cuatro estudios sobre Husserl [4, ∞).

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Peláez, G. (2009). La psicología clínica hoy: pluriversos. Revista Electrónica Psyconex, 1(2), 1-12. Recuperado de http://bibliotecadigital.udea.edu.co/dspace/bitstream/10495/2601/1/Pelaez- Gloria_psicologiaclinicapluriversos.pdf

Ramos Franco, L. A. (2014). Psicología cognitiva e inteligencia artificial: mitos y verdades. Avances en Psicología, 22(1), 21-27. Recuperado de http://revistas.unife.edu.pe/index.php/ avancesenpsicologia/article/view/270/188

Viveros Chavarría, E. (2017). Sobre la necesidad de reconocimiento. Perseitas, 5 (1), pp. 41-51.

DOI: http://dx.doi.org/10.21501/23461780.2236

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