| La modernidad ha visto la ciencia como antesala del conocimiento objetivo del mundo, como cuantificadora de realidades ante la premura pronóstica de acontecimientos futuros. Ella es concebida, como el anuncio del fin de las explicaciones mitológicas del origen y la esencia de las cosas; sin embargo la incredulidad ante la ficción, deviene en si misma la invención de un renovado mito.
Haciendo mención a lo anterior, el mito moderno, que responde al afán por presentar pruebas del conocimiento objetivado de la realidad, acoge el establecimiento de las denominadas ciencias empíricas, las cuales se adscriben a la utilización del método deductivo: es decir, emplean reglas generales a casos particulares; en cuanto la psicología y la psicología clínica comparten el uso de dicho método, podremos asumir que estas dos adoptan una premisa homogenizadora, una sola característica identificada con regularidad a los entes en tratamiento es la respuesta conspicua en referencia a la cual se soluciona el problema, el pensamiento moderno busca debajo de la exactitud culinaria de una receta crear las mismas exquisiteces cuantas veces se nos antoje, una ecuación matemática no es más que el substrato lógico de una realidad que se piensa crear una y mil veces, pareciera ser entonces que la racionalidad propia de la modernidad y específicamente la que acoge la psicología clínica comprometen a una versión copiada del individuo exento de versatilidad y variabilidad, que hay un sentido único de la vida y la realidad, que es acogido por todo aquel que goce de pisar este planeta; esta es la razón por la cual “El saber científico consiste en descubrir las regularidades causales y funcionales que permiten explicar los fenómenos observados y prever las condiciones y las formas de sus futuras manifestaciones” (Pérez, 1982, p. 31) ; es dentro de este contexto de la psicología clínica que se plantea el problema de la patología mental, este es el punto desde donde emerge la utilización de criterios diagnósticos, como previsión de rótulos clasificatorios que se ajustan a los estándares y vaticinios de la ciencia clásica.
En cuanto a lo que ofrece la psicología clínica puede decirse que “En la actualidad no existen los medios indispensables que permitan formular una teoría integrada y coherente del comportamiento “patológico”, entendiendo por medios tanto los instrumentos de medicación como la acumulación ordenada de datos previos.” (Pérez, 1982, p. 29-30), es decir, la psicología clínica como fruto de la modernidad no a fallado ante el establecimiento del ser como una estructura, como un sujeto totalmente predecible, con patrones de comportamiento que no establecen variación alguna, y como consecuencia de ello el campo clínico deja entrever una brecha al parecer irreparable entre los “Experimental- generalistas” los cuales pretenden controlar y manipular el comportamiento, de esta manera resuelven tratar a todos los sujetos de la misma manera, y los “clínicos-correlacionalistas” (Pérez, 1982, p. 33); que buscan hallar las diferencias individuales correspondiendo bajo tratamientos acordes a la espeficificidad de cada caso.
Con respecto a la posición de los “clínico-correlacionalistas” la adopción del reconocimiento de la subjetividad como esencial, en relación a la disputa por lo objetivo, es quizás la razón por la cual la psicología misma se ha negado la posibilidad de pensar que “…El hecho de que el comportamiento humano sea en ocasiones irracional y contradictorio no hace irracional a la psicología clínica, pues es el método, y no el objeto de estudio, lo que define a la ciencia.” (Pérez, 1982, p. 32)
No obstante teniendo en cuenta que la medicina retoma el método deductivo como elemento fundamental de su hacer ¿Cuales son las implicaciones de la adaptación de términos y conceptos médicos -tales como síntoma y terapia- a la psicología y en particular a la psicología clínica? Como primera medida para abordar dicho cuestionamiento es necesario aclarar que la psicología, en cuanto es concebida como ciencia, busca el establecimiento de bases teóricas y metodológicas que le permitan la investigación a través de la experimentación; la psicología clínica en cambio se ocupa de la aplicación de principios psicológicos a manera estratégica para crear certezas sobre su funcionalidad, las implicaciones de estas dos posturas se conjugan en la consideración de la existencia del “ser estructura” mencionado por Gianni Vattimo, y que alude a una mirada metafísica del ser; es decir que en cuanto puede estipularse su establecimiento, puede de esta manera predecirse y controlarse.
En contraposición a lo descrito en los párrafos anteriores, la filosofía como gestora de todo conocimiento se ha dado a la tarea de construir diques a la arrasadora cientificidad, arrasadora en la medida en que ignora los constructos subjetivos, en relación a ello Popper afirma, «no hay mejor sinónimo para racional que el de crítico». Desconfiar de la ciencia, de su poderío subyacente de su afán por controlar y erradicar aquello que hace caso omiso al concepto de perfección que adopta la misma, es desligar las herramientas tecnológicas de su presuntuosa utilidad, develar las catastróficas implicaciones que se esconden a partir de la practicidad.
Paul Ricoeur es el encargado de denominar a los pensadores Marx, Nietzsche y Freud como los maestros de la sospecha; ellos ponen en duda la conciencia misma del sujeto, las representaciones que construye el hombre como verdaderas son solo eso: representaciones, ilusiones que dan lugar a otras ilusiones implícitas en el ser y por tanto su vida esta adscrita a un relato sin fin cargado de sentido, en transformación constante, ya que se ve aferrado a las modificaciones que le implican factores espaciales y temporales, todo ello alude a la nueva concepción de sujeto que acoge la posmodernidad nombrado como “ser evento”, y que hace referencia a un ser que surge del acontecer, de la relación.
La propuesta estratégica que abordan estos tres es un “sospechar de las verdades del sujeto, porque hay un inconsciente, dirá Freud, hay una voluntad de poder, dirá Nietzsche, hay una clase social explotadora, dirá Marx. Es la hora de las interpretaciones y de la construcción de reglas para esas interpretaciones. Es el tiempo de las hermenéuticas.” (Lamarche, extraído de http://www.bu.edu/wcp/Papers/Aest/AestLama.htm)
Asumir la presencia de un “ser evento” como objeto de estudio en la clínica psicológica, es darle lugar al ser como acontecimiento, al cúmulo de situaciones que entreteje este sujeto desde las relaciones que crea con quienes le rodean, es permitir que las narraciones que se hacen propiedad del sujeto adopten una posición cuestionante por el mismo, que interprete su discurso y haga mención de aquello que le produce dolor.
En esta vía “La clínica en psicología se perfila como una propuesta de intervención psicológica desde la perspectiva de la posmodernidad” (Bedoya, 2006), hace referencia a la experiencia relacional, y es precisamente en torno al fenómeno relacional entre sujeto consultante - clínico que puede pensarse la reformulación del discurso que el paciente ha venido adoptando reiterativamente, y que es la principal causante de sus molestias para con el entorno en el cual se desenvuelve.
La clínica psicológica busca tras la intervención, que el sujeto consultante se permee del discurso del clínico, y el clínico de la narración del sujeto consultante, es un devenir de construcción mutua, de interacción entre las dos partes, dando lugar a una conversación hermenéutica que expresa un llegar a un acuerdo entre lo dicho por el emisor y lo entendido por el receptor, entre lo dicho como abstracción de lo que se entendió y la validación de ello en contrastación con el mensaje original, como la singularidad pronunciada por el primer interlocutor.
El sujeto consultante tiene un poder porque, es quien sabe de si, solo que a través de la relación que es mediada tras el lenguaje, y que confluye en la relación con el clínico, es que hará manifiesto tal saber, en cuanto el psicólogo clínico obtura el lenguaje tras trabajos impuestos (test psicometricos, lecturas, etc.) mengua la posibilidad de que el sujeto se piense y haga surgir una nueva narrativa de si. Por ello se afirma en relación a esta perspectiva que “El lenguaje y la realidad están íntimamente relacionados, y si bien el modelo de las ciencias modernas suele sostener que el primero es la representación del mundo, o sea el lenguaje como representacional, las ciencias [posmodernas] sugieren lo contrario: el mundo es la imagen del lenguaje, la realidad es una consecuencia de este” (Ceberio & Watzlawick, 1998, P. 146).
Las implicaciones que arrojan lo expuesto anteriormente son conocidas como “El síndrome de la interpretación” (Trull & Phares; 2003, p. 280), que hace referencia a la inclinación de los psicólogos clínicos de interpretar en exceso, de conferir denominaciones patológicas a cualquier tipo de característica conductual y en el caso de la clínica en psicología, sugeriría conferirle importancia a aspectos relacionales.
La clínica psicológica supone un desligar a la psicología de los argumentos médicos, para crear así una manera única y original de intervención del sujeto, sugiere un apartamiento del relato capitalista, de la imagen mercantilista que ofrece la psicología clínica a través de terapias obturadoras del “ser evento”.
En cuanto al clínico, la clínica psicológica le ofrece la posibilidad de no permitir venderse como “objeto sanador”, si no como un ser en relación con las mismas condiciones que el paciente posee, un ser que al ofrecer su ser como elemento de apoyo a una nueva narrativa del sujeto consultante, puede también modificar sus propios constructos, sus propias perspectivas e interpretaciones de su realidad particular, la realidad del clínico como quien hace propicio un lugar de transformación, libre de moralismos y preconcepciones arbitrarias.
Para concluir es preciso decir que, no se puede dar estructura a las acciones que deba realizar un clínico en psicología, por que como diría Marx: "todo lo que es sólido se evapora en el aire". Es decir, la clínica supone apertura, supone distinción para cada sujeto en particular como “ser evento”, como portador de un relato y narrador del mismo; lo que si podríamos constatar es que la clínica psicológica, le brinda la posibilidad al sujeto consultante de ser el creador de una nueva historia de si, caracterizada por el dinamismo. |