| Para introducirnos en el tema es necesario primero establecer qué es un saber. “ Podemos entender la palabra saber como verbo o como sustantivo, es decir, ‘saber' y ‘el saber'. Como verbo implica una acción, un proceso, y en último término, un camino que se recorre para llegar a lo sabido ” (Lopera y Zapata, 1992:2). Como sustantivo, s e puede definir como un conjunto de huellas mnémicas o marcas -articuladas en forma de red, interrelación o secuencia- y regidas por una ley que les da sentido, es la información adquirida después del proceso de aprendizaje ; de esta manera (si suponemos algún proceso de aprendizaje animal), una polilla gigante en el África sabe [3] como utilizar su lengua de más de 20 cm . para extraer el néctar del reservorio de una orquídea; existen en ella una serie de huellas mnémicas que condicionan su comportamiento y que hacen parte de un registro imaginario, puesto que tales representaciones no pueden ser traducidas a palabras por la polilla. (Lopera y Zapata, 1992:2)
El conocimiento es un saber que se expresa en palabras y por ello pertenece al registro simbólico, es un saber articulado del cual no es menester ocuparse en detalle aquí. Sin embargo, existe un tipo de saber muy particular; puede aparecer como un estado de ánimo en el que un sujeto actúa sin saber qué lo induce, como una sensación poco clara, difícil de explicar; o como una ocurrencia de orden consciente que se percibe en forma de imágenes o palabras; se accede a él en principio bajo la forma de una sensación. A este saber se le llama intuición ; es así como llegamos al método intuitivo definido como la forma de “adquirir un saber sin necesidad de razonamiento”. (Ramírez, recopilado por Lopera y Zapata, 1992:6)
La intuición es la captación directa de relaciones profundas, es una forma avanzada de percepción guestáltica muy propia de seres introvertidos, de quienes tienen una capacidad desarrollada para mirar hacia dentro; se encuentra asociada a la creación y a la invención , a pesar de lo cual ha sido despreciada por la mayoría de los naturalistas, quienes privilegian la inducción como método para acceder al conocimiento formalizado. (Lopera, 2004:3)
Según Konrad Lorenz, no existe ningún descubrimiento hecho mediante el método inductivo que no haya partido de una intuición, sin embargo a ésta se le reprocha no poder ser controlada paso a paso como sí se puede hacer con la inducción, misma que busca establecer relaciones de causalidad y explicar los fenómenos. Mientras el naturalista descompone un fenómeno en sus partes, lo analiza, controla y posteriormente explica, quien privilegia la intuición capta las leyes generales, sintetiza y percibe de forma holística mediante un proceso inconsciente. La mirada guestáltica, característica de la intuición, permite pensar que facilita la percepción de fenómenos emergentes, donde el todo va más allá de la suma de las partes y afloran nuevas cualidades, en contraposición con métodos controlados, donde es necesario descomponer el fenómeno en sus elementos. Lorenz propone la articulación de ambas formas de construcción de conocimiento como fundamento del método científico. Sería pertinente entonces conocer en detalle como funciona la intuición. (Lopera, 2004:1)
Algunos consideran (por su carácter de proceso inconsciente el cual es muy difícil establecer) que la intuición como resultado llega como un hecho sobrenatural (Lopera, 2004:1), sin embargo se da mediante un mecanismo fisiológico de orden natural que tiene varias particularidades:
De varios datos sensoriales se extrae UNO que es captado como un todo.
El resultado del proceso intuitivo que aparece de forma análoga a una conclusión es lo único accesible a la conciencia, mientras el proceso no es perceptible como vivencia subjetiva.
Lo intuido se percibe como una vivencia que toma el carácter de verdad innegable.
A pesar de que lo percibido por medio de la intuición sea falso, no parece factible de ser corregido por medio de la razón.
Cuando la percepción registra propiedades de los objetos, éstas toman el carácter de permanentes como una función conservadora de la especie.
A pesar de las ventajas de la intuición y su participación en los grandes descubrimientos de la humanidad, ésta puede traer consigo graves connotaciones que pueden ir en contravía de la construcción de un saber factible de ser formalizable.
La síntesis aparece como una de las características básicas de la intuición, por ello se debe tener en cuenta que la principal función del Yo es sintetizar, una síntesis apresurada puede inducir fácilmente el error, mientras que si se privilegia el análisis y se mantiene en suspenso el resultado de la intuición, ésta puede depurarse.
Además, como el proceso mediante el cual se llega a una intuición no es accesible a la conciencia fácilmente y el resultado de la misma se vivencia como una verdad, es necesario hacer el ejercicio de contrastar lo intuido con las características del hecho que se estudia o el desenlace del evento mismo. Por ejemplo en la práctica clínica un terapeuta puede intuir, a partir de una mirada inusual de su paciente, que éste se encuentra a punto de nombrar algo constitutivo de su ser, la eficacia de tal intuición será medida por el discurso del paciente en las próximas sesiones. Es necesario entonces analizar las intuiciones con el objetivo de evitar los equívocos propios de la sensación de certeza que genera.
Existe además una dificultad adicional para analizar y cuestionar la intuición; hay una parte de ella que no es susceptible de ser racionalizada, no se puede formalizar por completo como una episteme, sino que se fundamenta en un saber que va más allá, el cual no es posible de ser articulado en palabras y que Platón consideraba una opinión verdadera (ortho doxa) de origen divino, sin embargo a pesar de que siempre se escape algo en la intuición, es posible depurarla y formarla por medio de la dialéctica entre lo sintético y lo analítico. (Lopera, 2004:2)
El proceso por el cual se da la intuición se fundamenta en un orden neurobioquímico (fisiológico), por un lado; y en una serie de huellas mnémicas constitutivas de un saber que se da a partir de la experiencia, de la interacción con un orden cultural donde el sujeto es un conglomerado de creencias, valores, y costumbres, de discursos propios y del entorno, entre otros elementos que introducen el saber simbolizado.
Cuando estas experiencias subjetivas e intersubjetivas no se encuentran analizadas, se constituyen en prejuicios; la intuición es de esta forma, tan eficaz como su soporte, por ello se hace necesario someter a escrutinio tales perjuicios, reconocerlos y criticarlos. Este proceso de depuración da lugar a lo que es llamado por Ramírez La Intuición Analizada en un ensayo del mismo nombre.
Un paso más allá llevaría a quien pretende formar la intuición a “ser capaz de captar lo universal en lo singular, y pensar lo universal desde lo individual (…) hasta lograr integrarlos; y pasar finalmente a una dialéctica de lo peculiar y lo universal: de aquello que es distinto del todo (peculiar) con la forma holística fractal del todo” (Ramírez, 2000:1). Así, el método científico estaría compuesto por una fase inventiva propia de la intuición y una fase de verificación fundada en el análisis.
La intuición depurada de esta forma, se convierte en una herramienta esencial para abordar problemas que impliquen la observación de lo singular y lo peculiar. Específicamente la practica clínica en psicología le impone al psicoterapeuta la necesidad de formarse en el análisis de la intuición, agudizar su escucha, la cual ha ido quedando en un segundo lugar en favor de instrumentos psicométricos y pruebas diagnósticas que si bien son útiles, se construyen con base en generalizaciones y estándares, y le restan capacidad al psicólogo para decidir e intervenir, perdiendo de vista cómo la interacción de la cultura y el organismo introduce lo inédito en cada caso.
Un ejemplo del funcionamiento de la intuición en la práctica científica naturalista y de su posterior paso a una etapa de verificación se dio hace poco. Durante las exploraciones hechas por Charles Darwin, éste descubrió una orquídea con un reservorio de néctar lo suficientemente profundo para que ningún animal conocido pudiera acceder a él, por lo tanto conjeturó, intuyó (basado seguramente en un saber acerca de la reproducción de las plantas) la existencia de una polilla con un órgano retráctil con el cual pudiera llegar al alimento. Hace poco tiempo algunos científicos redescubrieron la flor y pasaron noches enteras filmando con una cámara infrarroja hasta descubrir la polilla gigante con la lengua retráctil [4] de 20 cm . Un bello ejemplo de cómo la tecnología se pone al servicio de la intuición sin saberlo . |