Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 14 • DICIEMBRE 2007
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Andrés Felipe Herrera                

Psicólogo social

FUNLAM

Visión y Conexión

René Escalante

La intervención grupal, el tiempo lógico y la constitución subjetiva

 

“Hay hechos que no se sujetan a la común medida del tiempo”

Jorge Luis Borges, “El encuentro”
 

En la intervención grupal, ya sea que se traten problemáticas de orden terapéutico, de aprendizaje, psicosociales, etc., se presentan dificultades tales como la directividad en la coordinación, directividad que llevada al extremo suele llegar a constituir el acto de coordinar en una instauración de un discurso amo del saber, discurso que, como es sabido, suele tener como efecto la desresponsabilización de los miembros participantes del grupo.

El psicoanálisis se erige como una reivindicación del saber subjetivo, el trabajo de intervención grupal planteado desde esta lógica no es una labor pedagógica; no trata de enseñar sino más bien promueve una lucha por la emergencia de un saber implícito en el grupo y una responsabilización de ese saber. Es así como se plantea el trabajo grupal desde un discurso analítico, discurso que propone una lógica diferente a la cronología desarrollista que caracteriza los talleres de intervención psicosocial.

Este texto pretende la articulación de la temporalidad lógica planteada por Jacques Lacan en los procesos de indagación e intervención grupal desde una postura psicoanalítica. La finalidad es la aplicación de la conceptualización lógico temporal elaborada por Jacques Lacan al fenómeno grupal, finalidad que porta una plena pertinencia a la que ya apuntaba Lacan cuando indicaba la aplicabilidad de sus formulaciones a la colectividad.

En su escrito El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada un nuevo sofisma [1] Lacan nos plantea un ejemplo aporístico para la lógica clásica; aporía de la que parte para construir un nuevo proceso lógico de indagación de la realidad. Emerge con este sofisma una verdad que implica al sujeto relacionado con una otredad, a otro que, recíprocamente es un sujeto para el que se es otro

Es importante aclarar que Lacan concibe un sofisma en el sentido clásico de la palabra, es decir: como un ejemplo significativo para resolver las formas de una función lógica en el momento histórico en que su problema se presenta al examen filosófico”. Pero en que consiste su sofisma? Es posible sintetizarlo de la siguiente manera: a tres hombres detenidos se les notifica que uno de ellos puede ser dejado en libertad, pero para que esto ocurra deben someterse a una prueba; hay 5 discos que solamente se distinguen únicamente por su color, pues dos son negros y tres blancos cada uno de los detenidos entra en un recinto en el cual estará cada uno con un disco en sus hombros, ninguno de ellos puede ver el color de sus disco, solo saben que puede ser negro o blanco, sin embargo si pueden ver el color del disco de los demás detenidos, para ser liberados deben saber cual es el color de disco a partir de saber el color del de los demás esto deberán hacerlo sin comunicarse y explicando lógicamente su conclusión. Después de un tiempo los tres llegan a la misma conclusión, que lacan expresa así:

“Después de haberse considerado entre ellos durante cierto tiempo , los tres sujetos dan juntos algunos pasos , que los llevan a cruzar la puerta todos a una. Separadamente, cada uno da entonces una respuesta semejante, que se expresa así: “ soy un blanco y he aquí como lo se. Dado que mis compañeros eran blancos, pensé que, si yo fuese negro cada uno de ellos hubiera podido inferir de ello lo siguiente: si yo también fuese negro, el otro puesto que debería reconocer en esto inmediatamente que el es blanco, habría salido en seguida; por lo tanto yo no soy un negro. Y los dos habrían salido juntos convencidos de ser blancos. Sino hacían tal cosa, es que yo era un blanco como ellos. Así que me vine a la puerta para dar a conocer mi conclusión”. Así es como los tres salieron simultáneamente, dueños de las mismas razones de concluir”. [2]

Con esta solución Lacan busca denotar en primer lugar un lo que el denomina como un cierto tiempo, con lo cual, otorga una dimensión temporal, no espacial del problema; en segundo lugar nos da la noción de algunos pasos, un movimiento lógico en el proceso de resolución a partir de esta articulación; dimensión temporal y movimiento lógico, es que es posible elaborar la conceptualización de un tiempo lógico en los procesos de indagación.

Estos pasos, o mejor dicho, instancias del tiempo lógico que permitieron a los detenidos hallar la respuesta indicada, acertar en el proceso del sofisma, son básicamente 3: el instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento de concluir .

El instante de la mirada

El instante de la mirada es la primera instancia, la instancia instantánea; en esta se registran datos, se observa lo que acontece, el fenómeno. En este instante se obtiene un saber elemental, un primer saber sobre el objeto a indagar. Primer saber que, si bien no permite la formulación de una hipótesis si permite la constitución de fundamentos lógicos esenciales, que lacan haciendo uso de la lingüística designa como prótasis y apódosis. Es a partir de estos fundamentos que es posible descartar y hacer una exclusión lógica “ante dos negros se sabe que se es un blanco”. En el ejemplo esto se sabe solo con mirarlo, en un instante. Lacan ubica en esta instancia al sujeto impersonal , el que dice “se sabe que”, aquel que, como lo afirma Lacan, bien podría ser cualquier cosa.

El tiempo para comprender

El tiempo para comprender supone, según Lacan, la duración de un tiempo de meditación; de esta meditación se dilucida “si yo fuese un negro, los dos blancos no tardarían en reconocerse como blancos”. El limite de éste tiempo no está bien definido, “puede incluso reducirse al instante de la mirada, pero esa mirada en su instante puede incluir todo el tiempo necesario para comprender” [3]. su complejidad no se da en un cronos si no en un movimiento que obedece a una lógica subjetiva, particular y relativa “así la objetividad de este tiempo tambalea en su limite” [4].

Este momento para comprender tiene un doble movimiento, una reflexión. En el primer movimiento está el preguntarse por el otro, descifrarlo, comprender su realidad, Lacan ubica aquí al sujeto indefinido reciproco , el que introduce la forma del otro en cuanto tal, es decir pura reciprocidad, que se expresa en “los dos blancos” que deben reconocer-“se el uno al otro; mientras que en el segundo movimiento hay un retorno, el sujeto es personal, Deja el transitivismo de los primeros dos momentos y se asume en primera persona y se expresa “ soy un blanco” [5] es cuando el sujeto ha aprehendido el momento de concluir bajo la evidencia subjetiva. Es aquí donde el sujeto se la juega con su ser, con su duda, y lo que más interesa al psicoanálisis, con la angustia y la división que en el produce el saber y la verdad. Ya que no solo es suficiente tener la respuesta, sino que para concluir hay que manifestar el juicio asertivo por un acto y esto inevitablemente produce una vacilación del sujeto, en la medida en que lo que esta en juego es la verdad de su ser y la duda de esa verdad.

El momento de concluir

En el sofisma la vacilación subjetiva se puede pensar a partir del hecho de que los otros pueden llegar a la misma conclusión (soy blanco) por el mismo razonamiento del sujeto, inclusive pueden vacilar al igual que el sujeto asertivo, lo cual indica la necesidad de anticipación del concluir, a propósito Lacan comenta: “pasado el tiempo para comprender el momento de concluir, es el momento de concluir el tiempo para comprender, porque de otra manera este tiempo perdería su sentido”; [6] sin embargo, si el sujeto ya ha establecido, en el tiempo para comprender una certidumbre anticipada que sustente el juicio asertivo, esta no dará a la vacilación más tiempo del necesario para concluir. Para lacan la certidumbre anticipada es la que permite al sujeto concluir su verdad a partir de la comprensión y la insubordinación de la verdad de los otros y hacerlos en el instante de una mirada.

El momento para concluir entonces significa un acto un hacer con saber, en el ejemplo solo se da cuando los tres salieron simultáneamente, expresando: “así que me vine a la puerta para dar a conocer mi conclusión”. La instancia del momento de concluir solo se da cuando se pasa el umbral de la duda y el sujeto se asume desde su posición personal desde el “je”. El momento de concluir es un momento de la responsabilidad subjetiva, es el momento en el que se produce el sujeto del aserto, que no es más que la puesta en acto de aquello que el sujeto impersonal y el sujeto reciproco han elaborado en un proceso de indagación.

Lacan afirma que este procedimiento lógico es universal [7], se da en la clínica analítica, se da en el juego, se da en la vida misma. El sofisma es posible aplicarlo a cualquier realidad que demande una visión, una comprensión y una conclusión, sin embargo, Lacan muestra un profundo interés para la colectividad, la cual según Lacan esta ya íntegramente representada en la forma del sofisma” agrega, “ puesto que se define como un grupo formado por las relaciones reciprocas de un numero definido de individuos, al contrario al de generalidad, que se define como una clase que comprende de manera abstracta un número indefinido de individuos.” [8]

Es posible entonces hablar del grupo como una colectividad y aplicar el problema sofistico al grupo. Es decir, y es el objetivo de este texto introducir la temporalidad lógica al proceso grupal. para hacerlo de una manera más operativa se hablaran de tres fases; el grupo que ve, el grupo que comprende, el grupo que concluye.

INSTANCIAS TEMPORALES EN EL PROCESO GRUPAL

EL GRUPO QUE MIRA

Esta fase se caracteriza por el primer encuentro con el otro, un conocimiento previo a la articulación del grupo como tal, los miembros del grupo están reunidos pero aun no saben que tienen que ver el uno con el otro. En esta fase hay una presentación, una distinción.

En esta fase también se ve la manifestación de inquietudes preliminares de orden especulativo que pueden orientar la labor grupal.

Es común en esta fase que se le un espacio a la queja, al malestar vivido como fenómeno sin explicación, o con una explicación simple, es sobretodo un grupo con un discurso generalizador . En un grupo reflexivo de madres de niños con dificultades en el aprendizaje se escucha por ejemplo “ser mamá es muy difícil”, “uno se sacrifica mucho por sus hijos”. Emergen entonces en este tiempo los significantes que aun no trascienden ese instante de la mirada. Es una fase que se ordena en el registro imaginario, donde la mirada constituye los cimientos de una transferencia simbólica.

EL GRUPO QUE COMPRENDE

Esta es la fase de reflexión grupal. Los miembros comienzan a indagar por el otro, a interesarse por su historia, por su anécdota, por su opinión con respecto a una problemática planteada. El grupo en esta fase ingresa en un movimiento dialéctico. Hay un diálogo de vivencias, de saberes, de experiencias, inclusive de gestos, de miradas y silencios el discurso se torna relativista. Es un tiempo de articulación de vínculos y establecimiento de relaciones más complejas y profundas. El grupo en su tiempo para comprender construye una pregunta que trasciende su queja para estructurar una demanda de saber.

En el grupo reflexivo que se pone como ejemplo, las madres comienzan a indagar el significante “madre sacrificada”, “ser papá y mamá”; así surgen las primeras construcciones a manera de hipótesis, el grupo comienza a ser crítico, “yo si no me aguante eso” dice una madre a la otra. En esta fase el grupo ingrese en un instante en el que emerge la angustia, un instante de vacilación subjetiva de sus miembros. Es decir una vez el grupo ha logrado a partir de un proceso de comprensión, en el cual la pregunta va al otro y retorna a cada miembro, es posible la construcción de una certidumbre anticipada, de una verdad de cada sujeto integrante del grupo, verdad producida por la vinculación del sujeto en la lógica colectiva de una otredad. Es el ingreso de lo simbólico, al grupo, el cual se erige como una cadena significantes en la que sus miembros están vinculados por una mutua relación reciproca.

Sin embargo, esta certidumbre de los miembros del grupo e indica que ha llegado el momento de concluir. Pero concluir es un acto, pasar de esta certidumbre anticipada, que en grupo se puede dar como un saber de su síntoma por parte de los miembros a una conclusión, es decir un acto, un “hacer con” implica el compromiso de cada miembro con su propio ser.

La vacilación es el instante en el que el problema no es del otro, la falta no esta en la otra madre, sino que es un problema que ahora compete a la primera persona del sujeto de la enunciación, sujeto que es responsable de su palabra. De tal manera que este instante de vacilación constituye el paso subjetivo de la palabra vacía a la palabra plena, paso subjetivo que se erige como una elección de los miembros del grupo.

EL GRUPO QUE CONCLUYE

El grupo que concluye es aquel que ha superado el umbral de la duda que porta el instante de vacilación, instante que introduce lo real en el grupo y remite exclusivamente al sujeto, el discurso es ahora particular , es de alguna manera la muerte del grupo, ya que en esta instancia el grupo es reducido al lugar de residuo, de cadáver, cada sujeto a concluido asertivamente algo sobre si mismo, conclusión asertiva que de inmediato debe hacerse efectiva, de lo contrario este tiempo perdería se función y su sentido, quedando el sujeto en la encrucijada de la duda, tal y como lo advierte Lacan “una vez concluido el tiempo para comprender el momento de concluir es el momento de concluir el tiempo para comprender… un sujeto queda preso de su vacilación cuando no ha constituido en su tiempo para comprender una certidumbre anticipada” [9], esto nos indica que existe la posibilidad de que en un proceso grupal no todos los miembros concluyan de manera asertiva.

En este punto el sujeto del aserto actúa, emprende proyectos a partir de la confirmación de un saber que ha emergido durante un tiempo lógico y que mas que cualquier saber le concierne al sujeto mismo en tanto verdad de lo que es; en consecuencia, cada miembro elige un camino que modifica sustancialmente lo que hasta ese instante ha sido. Lacan es muy ilustrativo en su sofisma cuando pone como fin la libertad de los detenidos. Igualmente el momento de concluir en un grupo es una instancia de liberación. Al concluir los miembros del grupo se liberan de un amo, que bien puede ser un ideal, un discurso, un simple significante o inclusive el grupo mismo.

Referencias:

[1] Lacan Jacques. Escritos I, Siglo veintiuno editores. 1998

[2] Ibid. p.188.

[3] Ibid p. 194.

[4] Ibid. p. 195

[5] Ibid. p. 197

[6] Ibid p. 196

[7] “Sin duda estas formas encuentra fácilmente su aplicación en la práctica en una mesa de bridge o en una conferencia diplomática y hasta en la maniobra del complejo en la practica analítica”. Ibid. p. 201.

[8] Ibid. p.202

[9] Ibid.

 
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