En el marco de estas jornadas, deseo iniciar el abordaje de la siguiente pregunta: ¿Está más desvalido el sujeto de la cultura contemporánea frente al trauma? Para abordarla me serviré de la lógica interna de las masas que Freud aísla en Psicología de las masas y análisis del yo (1921) y la 35ª conferencia. Entorno a una cosmovisión (1933), a partir de lo cual, intentaré analizar lo que Freud anunció, en El Malestar en la Cultura (1929), sería un perjuicio para nuestra civilización, a saber, la miseria psicológica de las masas .
Antes de iniciar el abordaje anunciado, quisiera dejar claro a que sujeto contemporáneo me refiero, así como lo que se entenderá en el transcurso del texto por trauma. En el primer caso el sujeto al que me refiero está señalado por el nuevo modo de anudamientos libidinales que establece la cultura, que para Gilles Lipovetsky, sociólogo francés, están comandados por el “auge actual de la moda en las sociedades contemporáneas” [1], auge que encuentra eco en una “industria cultural que se organiza según el principio soberano de la novedad, corresponde a un consumo especialmente inestable, y en ella más que en ninguna otra parte han de renacer la inconsistencia y la imprevisibilidad de los gustos” [2]. En el segundo caso, entenderé por trauma una vivencia que comporta un exceso imponiendo trastornos en la economía psíquica y que por el exceso que le es propio deviene irrepresentable en el aparato psíquico.
En Psicología de las masas y análisis del yo (1921) Freud señala que la lógica interna de las masas descansan en una ligazón libidinal doble por parte del miembro de la misma, dicha estructura libidinal impone al yo una ligazón con los miembros de ésta, que consiste en una identificación que figura una coincidencia importante entre una comunidad de yoes y de otro lado una ligazón con el ideal de la masa que es el tramo en el que todos los miembros de la comunidad coinciden, según Freud ellos han puesto en un mismo objeto el lugar de su ideal del yo [3], éste se convierte en el eje que articula la formación de masa, sin este elemento la masa estaría destinada a lo efímero puesto que sobre ella hay una amenaza constante: la compulsión externa.
Todas estas ligazones tienen una condición, las pulsiones sexuales en ella implicadas son de me ta inhibida , es decir, la satisfacción de la meta sexual es impedida, según Freud “el amor sensual está destinado a extinguirse con la satisfacción, para perdurar tiene que encontrarse mezclado desde el comienzo con componentes puramente tiernos, vale decir, de meta inhibida, o sufrir un cambio en ese sentido.” [4]
Una satisfacción directa de la pulsión entra en la cuenta de lo compulsivo externo en la medida en que amenaza con la desintegración de la masa, en oposición a este destino interviene el amor tierno , Freud considera que en éste está la base de la ilusión que ofrece el líder de la masa “ama por igual a todos los miembros de la masa” [5], este es un rasgo que él aísla con facilidad en la comunidad de creyentes, “Todas las exigencias que se dirigen a los individuos derivan de este amor de Cristo” [6], por ello él tomará al sistema religioso como el paradigma de la formación de masa. Por esta razón voy a ocuparme de dicho sistema para extraer de allí algunos elementos con el fin de avanzar en el desarrollo del texto.
Según Freud, 35ª conferencia. Entorno de una cosmovisión (1933), la cosmovisión religiosa explica de forma unitaria el problema de la génesis del universo a partir de una hipótesis suprema [7] que se cierra a los cuestionamientos. Esa hipótesis fundamental que no tolera cuestionamiento alguno es la del Dios Creador.
A partir de dicha hipótesis, la religión ofrece a sus creyentes tres funciones que es importante no olvidar: satisface en lo humano el apetito de saber, apacigua la angustia frente a los azares de la vida y regula las relaciones entre sus creyentes a partir de sus preceptos éticos [8].
Es digno de notarse que en estas tres funciones la religión protege del trauma, de un lado protege frente al exceso del semejante y de los azares de la vida, por el otro ofrece un saber sobre lo irrepresentable.
Ahora bien ¿En qué se sostiene la hipótesis suprema del Dios Creador? Freud atribuye la génesis del Dios Creador a la instancia parental de la infancia en la cual el niño discernió su génesis , encontró protección frente al desvalimiento así como la limitación de ciertas mociones pulsionales de deseo. La función de la instancia parental d e la infancia coincide punto por punto con la función, que para el creyente, tiene el Dios Creador.
En efecto, el creyente también se comporta como un niño frente a los desvalimientos que le plantean los peligros del mundo, recurre entonces a la imagen mnémica del Padre de la infancia para situarla en el presente como divinidad; para Freud, mientras que la intensidad afectiva de la imagen mnémica del padre perdure, el sujeto encontrará un recurso frente a la necesidad de protección que nunca se extingue, en esos dos elementos, descansa la creencia en Dios. [9].
Es momento de contrastar la organización de masa hasta aquí descrita con lo que Freud anuncia será un peligro para la cultura, esto es, la miseria psicológica de las masas “Ese peligro amenaza sobre todo donde la ligazón social se establece principalmente por identificación recíproca entre los participantes, al par que individualidades conductoras no alcanzan la significación que les correspondería en la formación de masa.” [10]
Esta indicación freudiana, enfatiza que allí donde declina la significación del ideal de la masa se establecen modos de identificación reciproca, es decir, allí donde declina la imagen mnémica del padre -base del ideal-, se producen modos de vínculo mas efímeros que no están mediadas tanto por regulaciones simbólicas como por el capricho pulsional; de este estado de cosas podría deducirse que la declinación imagen mnémica del padre expone al sujeto contemporáneo a los excesos pulsionales que vienen del otro como resultado de la falla en la regulación de los vínculos entre los semejantes, el sujeto de hoy es un sujeto que está presto a amar más sensualmente al otro que amarlo tiernamente, esto es, un sujeto que toma al otro como objeto de satisfacción pulsional directa; de otro lado , la declinación antes indicada, hace de la angustia el afecto contemporáneo, dado que los recursos simbólicos que ofrece el vínculo social son insuficientes para que el sujeto se represente aquello del orden de lo enigmático que irrumpe contra su economía psíquica, aquí se discierne el efecto que tiene en él la caída de las hipótesis supremas, el saber que ellas le ofrecían estaban al servicio de envolver de sentido aquello irrepresentable que comportaba un exceso para su economía psíquica
El recorrido antes expuesto, permite afirmar que el sujeto contemporáneo es un sujeto que esta desvalido frente al trauma, dado que esta inscrito la lógica de las masas efímeras, en
el imperio de lo efímero.