Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 11 • junio 2006
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Gladys Janeth Ríos                

Estudiante de psicología

FUNLAM

Guarda el Veneno de la Pasión

Pintura. Técnica Mixta sobre Madera. Firmada. Año: 1999

Ball-Clay

Las verdades que el mito guarda para la psicología

Si Prometeo robara de nuevo el fuego a los dioses, Pandora abriría la caja y Teseo derrotaría al Minotauro para rescatar a Ariadna
 
“Todas las historias de todos los pueblos son simbólicas; quiero decir: La historia y sus acontecimientos y protagonistas aluden a otra historia oculta, son la manifestación visible de una realidad escondida”. Octavio Paz (1990)
 

Fueron las historias que acompañaron mi niñez y adolescencia, quienes ejercieron sobre mí una fuerza formadora, configurando mi ser en su sentir, pensar y actuar. Allí, frente a cualquier saber o conocimiento existente, el mito y el cuento expresaban aspectos de lo humano que no dudaría en describir, citando a José Asunción Silva (1882), como “ocultas fuerzas, silencios, luces, músicas y sombras”. Años después, el encuentro con la academia me enseñaría que el nexo entre el mito y lo que define la conducta humana, la psicología, era posible: A Freud, Edipo le brindo una metáfora para comprender la etiología de la neurosis, la psicosis y la perversión, y la historia de Narciso dio nombre a un amor referido a la imagen propia reflejada.

Una vez hallado este hilo que guía en el laberinto, el objetivo principal del presente ensayo es profundizar en ese nexo. Para ello, se retomará la teoría de Carl Gustav Jung (1997) y se le brindará a la psicología un tiempo y espacio de búsqueda, en el que podrá descubrir lo que Ciro Alegría ya intuía: “ Es revelador que en las viejas historias existan palabras mágicas que abren puertas, destruyen obstáculos, rinden voluntades y cuyo secreto no se explica jamás. El prestigio ancestral de la palabra revive ante las voces extrañas, como si su particular sonido abriera puertas cerradas en el alma”.

Si se entiende el mito como: “Historia de dioses y héroes de las culturas primitivas, (...) lectura del mundo y una interpretación de la realidad cósmica humana dadas en forma de relatos alegóricos, llenos de símbolos y representaciones fabulosas” (Pedagógico universal, 1999, p.788), se hace evidente su importancia para la configuración de la cultura propia de una sociedad. Carl Gustav Jung, reconoce este valor del mito, no solo para el desarrollo de la sociedad, sino también para comprender el desarrollo del ser humano. Según él, los mitos, las religiones y filosofías, que influencian y caracterizan naciones y épocas, otorgan un sentido a la vida humana que la lleva más allá de su limitada existencia y le permiten abordar sus angustias y sufrimientos (1997, p. 76 -85).

Cada elemento y personaje que compone el mito, aparece representado a través de los símbolos culturales: Los dioses, guardianes de la humanidad, se paseaban vestidos con la niebla, la lluvia, la luna, el fuego, el trueno y el sol. Estos símbolos, representan no solo aquella parte de la historia conocida por todos, sino que también representan “algo”, del objeto o situación simbolizada, no definido ni explicado completamente y que está ligado a lo que Jung denominó “arquetipos o imágenes primordiales” (1997, p. 65).

En su estudio, Jung (1997) se encuentran con motivos comunes en los mitos de sociedades separadas geográfica y temporalmente: madre, padre, héroe, elemento femenino (ánima) y masculino (animus), elemento oscuro del ser humano (sombra), entre otros, adquieren vida en los objetos y figuras de las historias narradas por estas culturas. Ellos, los arquetipos, son una tendencia a formar representaciones, son formas o modelos de pensamiento de la mente humana que actúan como un principio organizador de su experiencia. Son los habitantes del inconsciente, y desde allí se descubren en el mito y le dan un nuevo significado a la historia antigua, aquella que la psique conserva como su propia historia y narra cómo se configura la identidad del individuo y la sociedad.

Aunque es cierto que actualmente el conocimiento científico a deshumanizado el mito, haciendo de él una superstición, una fantasía, una ilusión e, incluso, una “alucinación”, perdiendo sus repercusiones simbólicas, las imágenes primordiales que en ellos se expresan están ahora ligadas a los sueños y a las figuras del arte, la literatura la filosofía y la ciencia; influyendo desde allí las actitudes y la conducta humana. También, es igual de revelador que las viejas historias conserven algo de su atracción profundamente significativa, por lo que el hombre contemporáneo aún encuentra en ellas desde una explicación para su situación hasta una intuición sobre lo que acontecerá y la forma de evitarlo. Viejas tradiciones renacen, porque el hombre advierte el grado de disociación alcanzado en una época donde él mismo se ha perdido en la búsqueda del sentido y expresa esto en la aparición de síntomas neuróticos.

Volviendo al mito y a lo que en él se expresa de la psique humana, Constantine Cavafy (1911), poeta griego del siglo XX, trasmite en su poema “Ítaca” un nexo entre un mito griego y una etapa del desarrollo evolutivo:

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los Lestrigones ni a los Cíclopes,
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino, (...)
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante tí.
Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías, (...)
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.
Ten siempre a ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas
.

El mito del héroe, al que se refiere Cavafy al hacer referencia al viaje de Odiseo hacia Itaca, se fundamenta en el arquetipo del héroe, un arquetipo que se encuentra en todas las sociedades conservando una estructura similar. Joseph L. Henderson, (1965 citado en Jung, 1997) colaborador de Jung, plantea que, con este mito, se trasmite un significado psicológico que apunta a descubrir y consolidar la personalidad: Después de las pruebas y aventuras, el héroe se reconoce como transformador, expresa sus ideales y desarrolla su ego individual, un yo que reconoce su sombra * y fortaleza, y se prepara para ser autónomo en sociedad.

Esta caracterización propia de dicho mito, remite a una etapa del desarrollo humano: La adolescencia, no solo por la importancia que representa el arquetipo del héroe en ella como medio simbólico de separación, sino porque trasmite un esfuerzo por “resolver el problema del crecimiento, ayudados con la ilusión de una ficción eterna” (Radin citado en Jung, 1997, p. 11 ). Erik H. Erikson (197, p. 65), plantea que el problema fundamental de la adolescencia es la adquisición de un sentido de la identidad. Así , en su experimentación de roles, el adolescente se identifica con diferentes objetos externos e internos, y pasa de sus aventuras por diferentes lugares a un compromiso con su posibilidad transformadora social, donde encuentra sus ideales y objetivos representados en ideologías, filosofías y religiones. Al comenzar su viaje hacia su “Ítaca”, elaborara duelos e integrara todos aquellos aspectos de su personalidad para que se reconozca un ego (yo) diferenciado, autónomo e integrado.

Las concepciones planteados hasta el momento, evidencia que la psicología encontrara en el mito un saber sobre lo humano para acercase a aspectos que, como parte de la historia de sus ancestros, develan aquella historia que la propia psique humana trasmite en la creación de los símbolos: los arquetipos, tendencias a crear representaciones sobre la realidad. Si bien el mito ha perdido simbolismo para la época actual, los símbolos producidos desde el inconsciente otorgan sentido a la vida humana al conectar su mundo interior con el mundo exterior, aportando medios para resolver los conflictos que se producen en ellos y entre ellos.

Con esta vuelta al mito no se pretende volver a las creencias antiguas, pero si cuestionar que el conocimiento se aparte de lo que puede enseñarle. Los arquetipos héroe, doncella, sombra, y otros, solo han cambiado de “habito”, ahora renacen en nuevos símbolos, pero el mito nos permite comprender la forma en la que surgen y la importancia que tiene para la configuración de la identidad: ¡Que Prometeo robe el fuego sagrado, Pandora abra la caja y nuestros héroes puedan derrotar los minotauros para rescatar sus Ariadnas!, ¡Que el mito, nuevamente, otorgué un sentido!.

 


NOTA:

* Arquetipo que representa los aspectos escondidos y reprimidos de la personalidad.


BIBLIOGRAFIA

Asunción Silva, J. (1882). Armonías. Poesías . Extraído el 10 Marzo, 2006 de http://www.poesia-inter.net/jasin011.htm.

Cavafy, C. (1911). Ítaca . Extraído el 10 de Marzo, 2006 de http://amediavoz.com/cavafy.htm.

Jung, C. G. (1997). El hombre y sus símbolos (3ª ed.) . España: Caralt.

Maier, H. W. (1971) Tres teorías sobre el desarrollo del niño: Erikson, Piaget y Sears . Buenos Aires: Amorrostu.

Paz. O. El ogro filantrópico . Biblioteca de Bolsillo. México: 1990.

Pedagógico Universal. (1999). Santa Fe de Bogotá: Prolibros.
 
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