I
El ser humano como tal, existe como observador en el lenguaje. Solo la articulación o inscripción en el lenguaje de un homo sapiens amens, da surgimiento a un nuevo ser humano. El surgimiento del ser humano, del lenguaje, del tiempo, y del mundo, son equioriginarios, en tanto son todos participes del despliegue del mismo dominio fenoménico. El ser humano existe, el otro, las cosas y el mundo en general, en virtud del lenguaje, en tanto que, para los seres humanos, algo existe, solo cuando es objeto de distinción en el lenguaje por parte de algún ser humano. Lo que no es distinguido no existe en el mundo de quien distingue, puesto que es una mirada la que trae algo, tal como lo mira, a la existencia del mundo de quien mira. Sin mirada nada existe, endosiste. La endotencia es el estado del ser previo a un acto de distinción que precisamente hace existir algo tal y como es distinguido en el mundo del observador que lo distingue.
En términos de Maturana, el lenguaje es una recursividad de coordinaciones conductuales consensúales entre seres vivos. Lo que distingue el observador cuando afirma estar observando la presencia del lenguaje, es una deriva o una recursividad de coordinaciones de conducta por consenso, entre seres humanos, específicamente. De hecho una conversación es eso, una recursividad de coordinaciones, de asentimientos, disentimientos o resonancias en el lenguaje. Pero para que haya coordinaciones es necesario que haya un vínculo, una relación. Si no hay vínculo, no hay coordinación y mucho menos recursividad de coordinaciones de conducta por consenso. Por lo tanto, el surgimiento del lenguaje y del ser humano, se dan con el surgimiento de un determinado vinculo que posibilita la recursividad de coordinación de conducta por consenso, en un ámbito social, esto es, en un ámbito de aceptación reciproca de la presencia del otro como un legitimo otro en la convivencia.
La dimensión de lo psíquico surge en el dominio de la relación de los seres vivos con el medio y en esa medida no es un fenómeno que se de en el orden de la fisiología aunque ella sea su soporte. La dimensión síquica humana surge en el dominio de la relación con el medio de los seres humanos y su estudio mediante la psicología, busca el porqué del como viven lo que viven los seres humanos en tanto seres que viven como observadores en el lenguaje, razón por la cual, indaga las causas de los diversos comportamientos o conductas y las razones de las producciones de sentido experimentadas en dicho vivir. Ahora bien, si los seres humanos surgen en el lenguaje, que a su vez es función del tipo de vinculo entre seres humanos, el tipo de ser humano que se va siendo, el mundo psíquico que se va experimentando, es función del tipo de vinculo que se va agenciando con la participación en el lenguaje en las redes de conversaciones en que consiste la cultura.
Los seres humanos en tanto que seres vivos, somos seres emocionales. Nuestra deriva existencial es una deriva emocional, un pasar incesante de un estado emocional a otro. Las emociones son estados corporales que determinan los dominios de acciones corporales y de esta dimensión participamos los seres humanos en tanto seres vivos, incluida nuestra corporeidad simbólica. En tanto que somos seres de lenguaje, vivimos el lenguaje, entendido como series de recursividades de coordinaciones de conductas por consenso, entrelazado con la deriva del emocionar. Por lo tanto, cuando conversamos, vivimos el entramado de recursividades de coordinaciones conductuales por consenso propios del lenguaje, con los dominios de acción que se abren como posibles para un cuerpo, propios de la emoción, de tal manera que vamos pasando de dominios de coordinaciones de acciones a otros, según sea la deriva de los nuevos dominios de acción que se abren de acuerdo con el cambio emocional. Por esta razón la emoción es el referente último para la determinación del sentido de un deseo o de una acción.
Cada cultura como red particular cerrada de conversaciones, esto es, como red de entrelazamientos de la serie de recursividades de coordinaciones de acciones por consenso del lenguajear, con la deriva de los dominios de acciones del emocionar, cada cultura, decía, por lo tanto, agencia la emergencia de constelaciones síquicas particulares, como particulares modos de vivir y particulares modos de sentir vivir lo que se vive. A lo largo de la historia de la humanidad, han surgido desde el punto de vista de las emociones hegemónicas en las redes de conversaciones que las constituyen, dos culturas principalmente: las matrísticas y las patrísticas, cada una con dispositivos diferentes de subjetivación, de simbolización y de producción de sentido, esto es, cada una agenciando diferentes constelaciones síquicas como particulares modos de vivir y de sentir vivir lo que se vive.
En tanto que los vínculos son especificados por las emociones de quienes participan de él, los vínculos de las culturas matrísticas y de las culturas patrísticas son caracterizados por las emociones que se agencian en sus conversaciones. Los vínculos hegemónicos propios de las culturas matrísticas corresponden a las emociones: de aceptación del otro como legitimo otro en la convivencia, de reconocimiento, de colaboración y de sensualidad; el vivir de esta cultura esta centrado en el disfrute del encuentro recurrente para compartir alimentos, sensualidad y cuidado de los niños en una relación armónica con el entorno. Los vínculos hegemónicos en las culturas patrísticas corresponden a las emociones: de control y sumisión, de agresividad y temor, de autoridad y obediencia; su vivir esta centrado en la competencia, la apropiación, la acumulación y la reproducción.
Considero que una aproximación a la literatura desde la psicología social implica un desarrollo de la sensibilidad para identificar en las redes de conversaciones del texto literario los tipos de vínculos establecidos entre los personajes y agenciados por el narrador, según los entramados del lenguajear con el emocionar evocados por la obra. Puesto que la emoción es el referente ultimo de sentido de toda actuación y de toda enunciación, en tanto que ella especifica el tipo de vinculo que establecen quienes participan de el, la capacidad de identificarlas a través de las descripciones del narrador y de las enunciaciones y actuaciones de los personajes del texto literario, es de importancia central. Adicionalmente, apoyándome en Feliz Guattari, la subjetividad deberá ser vista como una cartografía con: referentes cognitivos, míticos, rituales y sintomatológicos, (p.22, 1996) frente a los cuales se posicionan los afectos y las angustias para administrar las pulsiones y las inhibiciones.
II
Si la filosofía es la madre de todas las ciencias, el parto de la psicología –que implica rupturas con la filosofía misma, como el que produce el descubrimiento del inconsciente frente al positivismo y las filosofías de la voluntad y la conciencia- no hubiese podido darse sin el susurro iluminador de la literatura. Vilipendiados por Platón, quien los expulsa de la republica a pesar de ser el mismo un gran poeta, cuestionados por Nietzsche, quien afirma en medio de la poesía de sus textos que los poetas mienten demasiado, escuchados por Heidegger para quien echan los fundamentos de lo perdurable y enuncian lo mas verdadero de lo verdadero, los acaecimientos originarios y fundantes que constituyen acontecimientos existenciales, los poetas a través de la literatura han fecundado y nutrido en grandes espíritus filosóficos el nacimiento de ciencias como la sociología y el psicoanálisis.
Todo lenguaje constituye de suyo un saber. La literatura y la psicología constituyen saberes sobre el vivir de los seres humanos y ambas se dan en el vivir de una praxis específica del lenguaje: la literatura, en una praxis que constituye un saber artístico, un saber en el que el componente estético es primordial; y la psicología, en una praxis que constituye un saber disciplinario o científico, un saber en el que el componente epistémico es central. Ambas, la psicología y la literatura, surgen en el lenguaje y versan sobre el vivir de los seres humanos y en ese sentido pueden ser vistas como dos caras de una misma hoja. Teniendo en cuenta que no hay ruptura entre expresión y contenido, podemos sostener el siguiente reparto: la literatura esta más del lado de la expresión del vivir de los seres humanos, incluida la literatura de ficción o la novela sicológica y la psicología esta mas del lado de la comprensión de dicho vivir. Hacer psicología no es hacer literatura y viceversa, ambos son dominios diferentes, aunque en muchas ocasiones sus fronteras sean difusas.
En verdad, desde una perspectiva compleja, entre la comprensión y la expresión del vivir de los seres humanos, como entre las caras de una misma hoja, se presenta una relación dialógica, esto es, una relacion de opuestos que no se excluyen sino que se complementan. En primer lugar, la literatura amplia la gama de los procesos conductuales y de mecanismos de producción de sentido que constituyen el ámbito o el fenómeno del vivir objeto de explicación de la psicología y en segundo lugar, la literatura expresa comprensiones sobre las conductas y los sentidos existenciales del vivir de los seres humanos, a través de las disertaciones de los personajes o del narrador, -diegético o extradiegético-, que pueden afirmar, cuestionar o negar las comprensiones que constituyen el corpus del saber psicológico desde el cual se lee un texto literario.
El ingreso al mundo de la literatura no es una posibilidad accesoria que le de, en términos modernos, un valor agregado al psicólogo, el ingreso al mundo de la literatura es imprescindible, por cuanto ella es huella que se convierte en posibilidad insustituible para el psicólogo de refinar su comprensión sobre el psiquismo humano. Y todo, con la ventaja de que el poeta, -todo gran escritor lo es, aun cuando no escriba poesía en el sentido clásico del termino- tiene la capacidad de captar los movimientos anímicos de los demás, deja hablar a su inconsciente, provoca placer estético e intelectual y describe lo que ya esta constituido, como lo señala Freud en “Sobre un tipo especial de la elección de objeto en el hombre”. Por esta razón además, el ingreso al mundo literario del estudiante de psicología debe ser un completo deleite y mantener el placer de leer del texto, debe ser una máxima del orientador de un curso sobre psicología y literatura.
De acuerdo con la biología del observador de Maturana, los seres humanos merced a nuestra estructura biológica, no podemos acceder a ningún mundo objetivo, como a un mundo que es como es con independencia del observador, ni mediante la percepción, ni, por lo tanto, mediante la explicación de la experiencia de cualquier tipo de percepción. Luego el psicólogo social cuando acuda a la obra literaria con el ánimo de convalidar sus modelos, debe ser consciente de que las explicaciones que formule no se refieren a un conocimiento objetivo en los términos señalados, ni universal –lo cual no implica que no pueda ser objeto de alguna generalización- y que la literatura no constituye un ámbito de convalidación científica, lo cual no le resta en absoluto ninguna importancia y valor. No obstante las convalidaciones que favorezca la literatura, prometen ser convalidadas en el mundo de la vida, en un porcentaje directamente proporcional al grado de sensibilidad del autor para seguir los procesos anímicos, emocionales y deseantes de los seres humanos.
El psicólogo ve la obra a través de su mirada, lo cual implica que si él logra observar su observar de la obra literaria, el psicólogo logra ver su mirar. Y qué es ver el mirar si no una forma de reflexionar? La literatura por lo tanto constituye un campo privilegiado de reflexión para el psicólogo sobre su mirada, sobre las posibilidades, alcances y rigurosidad de su saber, lo cual no es poco, pues de la reflexión, que no desde una lectura que quiere forzar un texto a una previa mirada o interpretación, pueden saltar varias cosas, la deducción, la inducción, la confrontación o la abducción, es decir, la formulación de una explicación que abre un nuevo dominio cognitivo. La lectura de la obra, desde una perspectiva sicológica es generadora de dos cosas, del lector y del texto, como acaecimiento surgido de la interacción del observador devenido lector, con el dispositivo generado por el autor.
Cada movimiento o corriente literaria corresponde a un dominio psicológico particular: uno es el ámbito psicológico del romanticismo, con el sueño, la infancia, la noche y el amor imposible en el centro de sus temáticas, el mismo al cual acude Freud con el animo de comprenderlo; otro el del realismo, con su afán de poner en alto relieve las problemáticas sociales o el carácter implacable de la naturaleza o del destino; otro el del modernismo con su ansia de novedad, con sus promesas de aventura, poder y alegría y otro el del vanguardismo con su proclama de guerra al todo mediante la activación de los diferendos y su renuncia a la nostalgia de la realidad unitaria. La lectura e interpretación de la obra, generadora del texto y del lector, habla de suyo tanto de la estructura síquica y cognitiva del autor, como de la del critico literario y del psicólogo.
III
El texto y el lector, pues, surgen de la lectura de la obra ya que ambos son función de la dinámica discursiva que dicha acción desata. Mientras que la obra se encuentra en lo anaqueles, el texto se sostiene en el mundo del discurso; mientras que el autor se encuentra entre los individuos que conforman la humanidad, el narrador de la obra surge con el fluir de la narración misma como un yo de papel. No hay si mismo, ni obra en si que se vayan revelando. Ni el si mismo del autor, ni el del lector, ni el del psicólogo existen en si. Cuando son afirmados, ellos existen en las redes de conversaciones que los trae a la mano, pero existen como metáforas del devenir estructural de los organismos de los seres humanos correspondientes en relacion con los otros y con el medio y no connotan una esencia del ser del autor, del lector o del psicólogo, como una entidad trascendente del ser de cada quien.
La literatura y la psicología operan sobre dos modos de validación diferente. La literatura valida desde lo verosímil, aquello que es creíble o aceptable en el ámbito de una narración particular, mientras que la psicología lo hace desde la veracidad y la validación científica, aquello que es creíble como posible de surgir en el transcurrir del vivir y que es explicado cumpliendo el criterio de validación de las explicaciones científicas. La verosimilitud tiene que ver con el mundo del discurso mientras que la veracidad tiene que ver con el mundo del vivir. La literatura abre ámbitos narrativos que establecen lo que es posible que ocurra allí y todos los actos que cumplan con estos cánones son verosímiles dentro del mundo narrativo, aunque dichos sucesos no sean posibles de encontrar en el transcurrir del vivir. Así, es verosímil que en un cuento de caballeros andantes una princesa sea convertida en una alimaña y que retorne a su condición de mujer hermosa, después del beso que le de un apuesto y valiente príncipe; pero no es verosímil que esto ocurra en un relato de carácter realista.
La psicología valida sus explicaciones sobre las conductas y comportamientos y producciones de sentido de los seres humanos, en las mismas conductas, comportamientos y producciones de sentido de los seres humanos. Así, la psicología se ha apoyado en la literatura para generar modelos explicativos del psiquismo humano, como con “Edipo Rey”, para ilustrar tipos de conductas, como ha ocurrido con las obras de Sacher Masoch o del Marques de Sade o para refinar la capacidad hermenéutica o interpretativa del psicólogo. Desde este punto de vista la relacion literatura-psicología ha sido doble: la primera, en la que la literatura sirve para validar modelos explicativos sobre las conductas y comportamientos de los seres humanos y, la segunda, en la que ha inspirado la creación de modelos explicativos de carácter psicológico.
Ahora bien, la literatura permite al psicólogo social, desarrollar la sensibilidad histórica, un componente imprescindible en el conocimiento de la condición humana, mediante el contacto que permite con huellas de diversas culturas y distintas mentalidades. La Iliada y la Odisea, que nos permite explorar el mundo antiguo, la Divina Comedia que nos introduce a la edad media, los relatos del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda , que nos conducen al mundo caballeresco, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que nos lleva al mundo renacentista y Las mil y una noches, que nos abre el mundo de la cultura oriental, son textos que portan, todo un ethos o anhelo espiritual, toda una paideia o fuente espiritual de un pueblo, todo un sistema de representaciones simbólicas y de valoraciones característicos de cada época y región.
Las mentalidades son pensadas como capas geológicas de sentido y de practicas sociales, que se superponen unas sobre otras vía sedimentación, pero que irrumpen unas a través de otras en determinadas zonas; o también, son como trenes de ondas que se intersecan produciendo en distintos puntos y en determinados momentos, acorde con la estructura, individual y social de aquellos sobre quienes incide, determinadas resultantes, determinadas redes de conversaciones. La literatura permite al psicólogo social desde un punto de vista diacrónico y sincrónico, la ponderación de estratos, de pulsos epocales mentales, de capas simbólicas e imaginarias de diversas sociedades, mediante una dialógica de semejanzas y diferencias o de permanencias, ausencias y divergencias en las producciones de sentido que surgen de las redes de conversaciones de una sociedad.
IV
Un saber especializado sobre el vivir de los seres humanos, debe poder ser validado por cualquier ser humano o en cualquier ser humano, porque este ser humano cualquiera, en su particular generalidad, constituye precisamente el espacio de validación de dicho saber, si se precia este de ser especializado. Las proposiciones explicativas de la psicología social sobre el vivir de los seres humanos, sobre sus comportamientos, sus conductas y sus producciones de sentidos, deben surgir como explicaciones en dos espacios básicamente: uno, el espacio definido por la comunidad objeto de intervención o de interacción intencional en la que se desempeñe el profesional de la psicología social; y otro, el espacio definido por el conjunto de practicas discursivas y coherencias operacionales del hacer que caracterizan la organización y las estructuras propias de las comunidades de los sicólogos sociales.
Las explicaciones formuladas tanto en la reflexión sobre la psicología social en el espacio de la comunidad de los sicólogos sociales-, como en la reflexión sobre el vivir de la comunidad en el espacio de la comunidad de interacción intencional del psicólogo social, se constituyen o surgen como tales, porque cumplen con determinados criterios de validación que los seres humanos constituyentes de cada comunidad en cada espacio respectivo ponen en su escuchar. En la comunidad objeto de intervención o de interacción intencional por parte del psicólogo, sus proposiciones explicativas –o las de otros integrantes de la comunidad- se convierten en explicaciones, cuando los integrantes de dicha comunidad, los seres humanos sobre cuyas experiencias del vivir se formulan algunas proposiciones explicativas, ven estas proposiciones explicativas como validas desde el cumplimiento del criterio de aceptación que ponen en su escuchar desde su propio vivir.
A su vez, las proposiciones explicativas surgen como explicaciones validas en la comunidad de los sicólogos sociales, cuando otros observadores del fenómeno del transcurrir del vivir de los seres humanos sobre los que se formulan las proposiciones explicativas, las aceptan desde la coherencia que presenta con sus estructuras cognitivas previas y/o porque ingresan al nuevo dominio cognitivo abierto al aceptar las premisas sobre las que la nueva explicación se fundamenta y al constatar desde la observación alguna predicción hecha desde el modelo o la proposición explicativa. Ahora bien, ambos acontecimientos, el hacer surgir una proposición explicativa como explicación, tanto en el espacio de la comunidad científica como en el espacio de la comunidad objeto de la interacción intencional o motivada, son inherentes a un psicólogo social, por cuanto estos constituyen los espacios de interacción básicos en los que un ser humano surge como un psicólogo social.
La recursividad accion–reflexion-descripcion-explicacion-accion-reflexion'-descripcion'-explicacion'-accion', constituye uno de los ritornelos existenciales que configuran el vivir de un ser humano, como vivir distintivo de un psicólogo social, en tanto cada uno de dichos estadios o momentos, se desarrollen de acuerdo con los criterios que la comunidad de sicólogos sociales pone para considerarlos propios de su dominio. Por lo tanto, un estudiante de psicología social, además del cumplimiento de los requisitos formales y de la participación en los actos simbólicos respectivos que signan la nueva dimensión de su ser, deberá vivir a la altura del desarrollo del discurso de la comunidad de sicólogos que conformara con su surgimiento como psicólogo social, tanto como deberá ser capaz de establecer una relacion autentica, en lo emocional y en lo racional, con las comunidades en donde desarrolle procesos de intervención o de ínter actuación bio-sico-social intencional o motivado.
Al desarrollo de estas competencias explicativas, competencias centrales en la formación de sicólogos sociales idóneos, contribuye de una manera privilegiada la relacion con la literatura, por dos razones principales, entre muchas otras: la primera, por la ampliación de la enciclopedia o del horizonte vivencial de referencia, constituido por la extensa estela de paisajes síquicos que la literatura expone, y segunda, por la ampliación de las habilidades dialógicas que esta relacion a través del desarrollo de un curso que la explore, brinda, esto es, habilidades en la oralidad, en la escucha, en la lectura y en la escritura, que, de suyo, son de capital importancia en las labores diagnosticas y terapéuticas que realice el psicólogo social, puesto que, su trabajo, se ubica básicamente en el conversar.
De hecho, cuando una persona o una comunidad, experimentan un efecto terapéutico, esto significa, un transito de un vivir caracterizado por un determinado mal-estar a un vivir caracterizado por un determinado bien-estar, por efecto del cuidado de alguien, -a al fin y al cabo el terapeuta busca reestablecer en la persona o en la comunidad el compromiso de cada quien con el cuidado de si, con el cuidado de los demás y con el de las cosas del mundo-, dicha persona o dicha comunidad, experimenta un cambio en su conversar, conversar que desde un punto de vista biológico, en términos de Maturana, es un entrelazamiento del emocionar y del lenguajear (1997, p.43). En otras palabras, ahora desde un punto de vista simbólico, si la inscripción en la “realidad”, es un efecto del entramado particular entre los registros simbólico, real e imaginario, todo cambio de inscripción en la “realidad”, implica un cambio en este entramado y es evidente que ello acarrea consigo cambios en el modo de fluir en el conversar.
Por lo tanto, las habilidades dialógicas desde este punto de vista, son habilidades en el lenguaje, esto es, habilidades en la oralidad, en la escucha, en la lectura y la escritura; habilidades en lo gramatical, en lo semántico, en lo retórico y en lo simbólico; y además, desde un punto de vista postracional, perspectiva que no devalúa la razón sino que la contempla en su intima relacion con el deseo, las habilidades dialógicas son también habilidades emocionales, esto es, habilidades para distinguir, reflexionar y explicar las diversas relaciones que hay entre emoción y acción. Y de nuevo la literatura desde este punto de vista constituye un exquisito museo vivo, para contemplar y comprender las diversas dinámicas emocionales que diversas culturas con diversas mentalidades, esto es, con distintas valoraciones y simbolizaciones, han producido a lo largo de la historia y que en ultimas son el sello y el fundamento en que anclan los sentidos que socialmente e individualmente son agenciados por los integrantes de una cultura.
Desde esta consideración, por lo tanto, el rol del psicólogo en las reflexiones que sobre la comunidad hace la comunidad, no es sacar avante sus explicaciones, sino, primero, inducir nuevas formas de conversar, nuevos entramados emocionales y racionales que constituyen los tránsitos a nuevos dominios de realidad de la comunidad objeto de la ínter actuación y segundo, estimular los procesos auto-organizativos de la comunidad que presenten un mayor gradiente de sinergia y de bienestar, en términos de las coordenadas sico-sociales avaladas en los presupuestos de los acuerdos básicos pactados para la interacción intencional del psicólogo. Evidentemente, en la realización de todas estas labores, las habilidades dialógicas referenciadas son de cabal importancia
V
Tres perspectivas de lectura del texto literario y por lo tanto tres experiencias de contacto con el mundo literario deben tener por lo menos los estudiantes de un programa de psicología social: la intratextual, la intertextual y la extratextual. La lectura intratextual es la lectura que se preocupa de identificar exhaustivamente la disposición o configuración interior del texto, las estrategias argumentativas desplegadas en él, las constelaciones conceptuales abiertas en su desarrollo, la evolución de la trama y de los personajes de los textos narrativos, la emergencia de escenarios simbólicos, la caracterización del narrador y del narratario, entre muchas otras practicas de este tipo posibles. En esta práctica el lector debe esforzarse para abrirle un espacio a las palabras y a las ideas del texto postergando sus opiniones o juicios para evitar con ello interferir el trabajo de la escucha.
Los seres humanos tenemos la tendencia a autoafirmarnos en nuestras convicciones y pensamientos y ello en muchas ocasiones se convierte en una gran desventaja en tanto que nos impide entrar en un verdadero contacto con el pensamiento del otro. No se trata de inhibir la capacidad de emitir un juicio, sino, por el contrario, de refinarla, mediante el desarrollo de la conciencia de que la emisión del juicio implica un cierre, parcial o total en el escuchar y que el escuchar en rigurosidad demanda un tiempo para la comprensión del enunciado propuesto así como para la comprensión de las conexiones con las proposiciones que le dan fundamento, todo lo cual a su vez se alcanza mediante el ejercicio del desapego a la tenencia de la verdad en la emisión del juicio.
Este tipo de lectura además se convierte en una práctica que presenta efectos colaterales muy interesantes para el proyecto que se pretende adelantar, por ejemplo, en la medida en que desarrolla la capacidad de escucha profunda como condición indispensable para ejercer una ética de la discusión. Esta técnica de lectura debe ser difundida mediante la técnica del taller en clase. Son muchas las quejas de los docentes en el sentido de que los estudiantes no saben leer ni escribir, pero lastimosamente las estrategias diseñadas para corregir este problema se quedan muchas veces en delegarle al estudiante actividades para realizar en casa, de tal manera que el aprendiz queda privado de una verdadera orientación. Por esta razón se privilegiara el trabajo “hombro a hombro” con el estudiante en clase a través de la metodología del taller. En el taller se aprende haciendo una obra seria, es decir, en el taller todo ensayo es serio, esta vinculado a la realización de una tarea que debe satisfacer a un tercero y que dirige el maestro, el cual al tiempo que realiza tareas concretas educa y forma a sus aprendices mediante la modelación adecuada de su experticia.
La lectura Ínter textual corresponde a un nivel de lectura en el cual se pasa de la interioridad de un texto a la lectura comparada de dos o más textos. En esta práctica el estudiante debe tener la capacidad de confrontar dos o más textos de un mismo autor o de autores diferentes e identificar las estrategias expositivas que cada cual implementa así como las perspectivas desde las cuales se aborda un mismo problema. En este nivel de lectura (como en el anterior) el estudiante puede leer en paralelo textos de diferentes autores o disciplinas lo cual le permite desarrollar una mirada comparativa de diferentes enfoques, sicológicos en el caso de un curso sobre psicología y l iteratura. La Lectura extra textual corresponde a un nivel de lectura en el que se trata de leer un texto a la luz de un saber previo o de un enfoque determinado. Se asume que para poderlo hacer con rigurosidad el lector debe estar preparado en los dos niveles de lectura anteriores. Podría decirse que esta lectura es de corte ideológico en la medida en que hay un elemento externo al texto que esta determinando la tarea interpretativa. A esta lectura debe llegar el estudiante de psicología social, pero no antes de pasar por el primero, que es la prenda de garantía de que una lectura extratextual sea rigurosa, hablando estrictamente en sentido académico.
En resumen, la primera, la perspectiva intratextual, es la que garantiza una lectura rigurosa, científica, en el pleno sentido del término, otorga un conocimiento estricto del mundo del texto literario, es la que permite hacer levantamientos, en sentido topográfico, de las diferentes estructuras que pueden ser distinguidas en un texto. La segunda, la lectura intertextual, es la que permite hacer lecturas en paralelo de diversos textos y ponerlos en contacto uno con otro, es la metodología propia para leer varias obras de un mismo autor; en ella los textos entran en relacion horizontal unos con otros como formando un texto mayor. Y por ultimo, la tercera perspectiva, la extratextual, que es la lectura interpretativa propiamente dicha, es la que permite leer unos textos a la luz de otros. La lectura de Edipo Rey hecha por Sigmund Freud o la lectura de la Odisea hecha por Humberto Maturana , son muestras de lecturas extratextuales de textos literarios que inspiran interpretaciones sicológicas.
Sin embargo, todas estas perspectivas, según sean desarrolladas en un curso de psicología y literatura, deben derivar en ultimas en producciones escritúrales concretas, incluso, deberá, mediante la orientación del profesor o maestro derivar en la producción de una revista que sirva de referente y de insumo para los demás estudiantes de la facultad; pero no solo eso, durante todo el curso el estudiante del curso de literatura y psicología debe llevar su cuaderno de bitácora, una especie de cuaderno de autobiografía, donde vaya consignando sus aprendizajes significativos, los significativos para él desde su propia historia y su propio deseo, un cuaderno donde el estudiante de psicología pueda posteriormente mirar su mirar, como ya lo afirme en un capitulo anterior y pueda hacer de esta herramienta un insumo eficaz para el refinamiento de su capacidad de reflexión y de interacción social como psicólogo.