El lugar desde el que se presenta este ensayo excede el ámbito psicológico mismo. Ese lugar es la clínica psicológica. Lo dicho aquí se refiere a aquello que sucede cuando una persona acude en busca de mi ayuda como psicólogo y, muy específicamente a los horizontes desde donde se configura el quehacer de lo que llamo clínica psicológica.
El ser humano es un ser-relación. Por esa razón, se concibe la clínica psicológica como una relación entre clínico y sujeto-consultante. La clínica psicológica precisa trazar sanas fronteras con la psicología clínica, con la clínica psicoanalítica, con la clínica psiquiátrica. Una de las condiciones para el trazado de tales fronteras tiene que ver con la siguiente pregunta: ¿por qué los clínicos le piden a sus consultantes que hablen y que hablen de su pasado?
Acerca de la filiación de la psicología
Wallerstein (1996) indicó que la psicología no fue considerada como parte de las ciencias sociales cuando estas surgieron en el siglo XIX. Ella fue vista como parte de las ciencias naturales. En esto coinciden Japiassu (1981) y Vigotsky (1927). Claro está que otra de las vertientes del nacimiento de la psicología proviene de la filosofía, particularmente de la antropología filosófica (Japiassu, op. cit.), que la hizo cercana a las ciencias del espíritu.
Freund (1973) piensa la psicología como una ciencia humana y las ciencias sociales como un caso especial de las ciencias humanas [1]. Y si bien Michel Foucault (1998: 445) señala que la psicología, la sociología y la región en la que reinan las leyes y las formas de un lenguaje son las ciencias humanas , la condición para que la psicología se tornase disciplina científica fue su cercanía con las ciencias naturales, con la biología y, particularmente, con la fisiología y la anatomía.
Disolución de la Historia
Cualquiera sea la clasificación de las ciencias humanas el paso por el siglo XIX y el advenimiento de la posmodernidad establecen una necesaria discusión alrededor de la idea de sujeto, ser y de la metafísica. Vattimo (1991) ha indicado que la Historia ha de ser un tema central en torno de la reflexión postmoderna. Y ha convocado la definición más clásica de postmodernidad cuando plantea que
Probablemente una de las caracterizaciones más ampliamente aceptadas de la posmodernidad sea aquella que la presenta como el fin de la historia (Vattimo, 1991:15)
Somete a discusión las posiciones que frente a la posmodernidad han adoptado Habermas y Lyotard. Para ambos, dice,
“final de la historia” significa final del historialismo, o sea, de la comprensión de las vicisitudes humanas como estando insertas en un curso unitario dotado de un sentido determinado, el cual, en la medida misma en que viene a ser reconocido, se devela como sentido de emancipación (Vattimo, 1991: 16)
Unida al pensamiento posmoderno, la posmetafísica repiensa y reconoce la historia del ser como “acontecimientos”... y no como estructuras eternas como las de la razón, etc (Vattimo, 1991:25) . Con esto pasa del ser/estructura propio de la modernidad y de la metafísica al ser/evento, ya propuesto en Heidegger y Nietzsche, propio de la visión posmoderna y posmetafísica del ser. En una visión ontológica que considera al ser como fundamento y estructura, el Historicismo es central. Por otra parte, es propio de la ontología posmoderna pensar que el ser no Es sino que acontece y es evento.
En el ser / evento (Vattimo, 1991:22) la Historia de Ser metafísico no va más. Y claro, la pregunta que surge es ¿cómo pensar la historia, si es que ella existe? Se ha disuelto la Historia, para pensar en la historia.
Nietzsche, con su “fiesta de la memoria”, permitirá pensar este problema. Y dirá Vattimo que la historia exige
Una actitud que podemos también llamar de pietas ...Piedad es el amor que se profesa a lo viviente y a sus huellas, aquellas que va dejando y aquellas otras que lleva consigo en cuanto recibidas del pasado. En Nietzsche, asimismo, el final del proceso de desmitificación no da lugar a desembocar en ninguna posición de certeza, o en las verdaderas estructuras, sino a una actitud piadosa, eso que en varias ocasiones Nietzsche denomina “filosofía de la mañana” (Vattimo, 1991:26)
Se podrá decir que la actitud piadosa es el amor no sólo a las huellas que deja y las que lleva consigo lo viviente, sino las huellas que se hacen huellas gracias a la mirada. Por ejemplo, en la playa no todo es huella. Sólo una mirada que mire puede ver una huella al ver un hoyo poco profundo y alargado. Más aún, tal reconocimiento no es reconocimiento en sí, sino construcción, porque una mirada puede hacer de tal hoyo un simple huraco, pero otra lo convertirá en huella. Lo mismo sucede con el cazador: un rama partida será, gracias a su mirada, una huella, mientras que para otra persona será simplemente una rama partida. Y de esta manera, cuando una mirada construye una huella, construye un recorrido completo. Como se dirá más adelante, este es el proceder de la clínica psicológica.
El fin de la Historia, el fin de los metarrelatos viene acompañado del fin del pensamiento fundacional. Habrá qué pensar, entonces, la historicidad del ser. Y, como dice Foucault (1998:356) la historia lisa, de un relato común de las cosas y los hombres se derrumbó. Desaparecieron los contenidos que clásicamente fundaron la Historia humana: por una parte, desde la naturaleza misma, la creación, el fin del mundo, el tiempo natural; por otra parte, desde la economía, el retorno de la edad de oro, las condiciones de producción históricas; y, finalmente, desde la perspectiva el lenguaje, las marcas del antes de Babel y de los primeros gritos en el bosque. El ser humano quedó sin Historia. Es esta la constatación posmoderna que realiza Lyotard y que es asumida por Vattimo, como ya se ha mencionado. Le queda al ser humano su posesión de lenguaje, vida y trabajo, cada uno con su historia y ninguna de estas historias subordinadas al hombre.
El siglo XIX indica que el hombre quien es el poseedor de sus propias positividades, es quien vive, produce, trabaja, habla piensa. Y si bien aquí se arrojó la historicidad del vivir, del producir, del trabajar, del hablar y del pensar, el hombre es restituido en su historicidad vía reconocimiento de que habría, pues, en un nivel muy profundo, una historicidad del hombre que sería con respecto a sí misma su propia historia, pero también la dispersión radical que fundamenta todas las demás (Foucault, 1998:359). Esto requiere que el ser no sea visto como ser/estructura sino como ser/evento , como ser que acontece. En este sentido, es una historia que no está hecha, que hay que hacer y en todo caso ya no sería una historia lisa, si no una historia en devenir.
El ser no es un apriori, sino una construcción en devenir. Eso es su historia. Es decir, el ser no es si no lo que su propia historia le ofrece ser. Esto tiene sendas implicaciones para la clínica psicológica, como veremos.
Clínica psicológica e historización del sujeto
En la clínica psicológica hay que historizar al sujeto-consultante. Pero la historia a que llega el consultante no es una historia descubierta, sino una historia construida. La suma de acontecimientos en la vida, la producción, el pensamiento y el habla de una persona no es historia. En este sentido, el cometido de la clínica es ofrecer unos recursos para la historización del sujeto : el sujeto llega al espacio clínico con una serie de vivencias pasadas, internas y externas; busca ayuda a una situación de sufrimiento y de dolor.
El pathos humano, por veces, se convierte en sufrimiento y angustia. Cuando una persona acude buscando ayuda , lo hace porque la historia tejida de sí ha devenido sufriente, angustiante, dolorosa; la urdimbre que ha devenido en historia [2] ha tomado y tejido hechos y situaciones, produciendo dolorosas configuraciones en el sujeto. Y bien podría decirse sin temor a dudas que la persona que se hace sujeto-consultante lo que busca es dejar de sufrir y lo que requiere es construir una historia diferente de sí mismo.
Por esta razón, en el espacio clínico lo que podría encontrar es la manera y los recursos para, por un lado, destejer la historia doliente ya tejida, intentando descubrir cuál o cuáles han sido los horizontes desde donde se han tendido los lazos que han amarrado los hechos y acontecimientos de la historia presente del consultante. Por otro lado, para convertir esas vivencias y acontecimientos pasados en su historia, mediante el ejercicio de tender lazos desde el aquí-ahora, en una preeminenciación de los hechos. Así, "hechos" y "vivencias" de un tiempo pasado, hechos y vivencias que pueden o no "estar ahí" (en el pasado y/o en la amnésis subjetiva) son traídos para la generación de una historia subjetiva.
Lo pasado no es historia . La historia hay que hacerla y rehacerla, construirla y reconstruirla. Y en la clínica , la labor del par-clínico es construir la (s) historia (s) del consultante y la historia de la relación clínica misma, reconstruir las historias del consultante.
Frente a estas certezas, se quiere plantear algunos problemas. Como clásicamente se ha confundido pasado e historia, en la clínica psicológica resulta problemático el pasado en tanto se lo ve como historia. Como ya se ha justificado, no son lo mismo, lo que nos lleva inevitablemente a pensar ¿cómo es concebido el pasado en la clínica psicológica?, lo que nos lleva al problema de lo pasado en la clínica psicológica.
El problema de lo pasado en la clínica
En la clínica es preciso observar las diversas formas en que se presenta lo pasado
- Lo recordado
- Lo olvidado y evocado
- Lo olvidado y no evocado
- Lo construido como pasado dentro de lo que es posible reconocer dos subformas:
i. Los hechos que son “movidos” de un lugar a otro para construir un sentido total
ii. “Crear” hechos, lo que nunca será un invento, sino una inferencia, una construcción de hechos.
Cada una de estas formas de lo pasado permite la historización del sujeto-consultante. Cada una de estas formas de lo pasado es importante. No obstante, la auténtica labor de historización subjetiva, de construcción de historia en el sujeto acontece cuando se da l o construido como pasado . Un hecho pasado puede ser recordado en-sí o puede traerse con un ejercicio de evocación. Ello no es aún historización. La historización del sujeto supone que la masa de lo pasado, es decir el cúmulo de hechos del pasado, debe ser cruzada y tejida por las líneas arrojadas por el sentido, para poder ser historia subjetiva. Y en esto se erige toda posibilidad hermenéutica. El pensamiento como “fiesta de memoria” nietzscheana, como rememoración, da sentido, enlaza diversos aspectos de la experiencia, tornándolos unidad articulada; aspectos de la experiencia de los que es posible hablar con otros. Lo pasado como historización del sujeto es fruto del sentido; es una pura labor hermenéutica.
Claro! Por eso lo pasado no es la historia. La historia subjetiva es el ejercicio de dar sentido a lo pasado . Y, en razón de lo escrito, puede pensarse el SENTIDO como la construcción de las razones que llevan al sujeto, que en el espacio clínico es el sujeto-consultante, a establecer un nexo entre dos o más hechos o vivencias, ya sea que estos hechos o vivencias hubieran tenido un nexo previo y ahora se les atribuya otros, ya sea que no hubieran tenido aparentemente un nexo previo y se lo establezca, ya sea (y aquí la labor del clínico) que nexos que aparecen evidente pero no son “vistos” por el consultante sean evidenciados por el clínico en lo que puede llamarse su labor interpretativa.
- Lo futuro como historia subjetiva
Hemos sido acostumbrados a un doble error: primero, a pensar la historia como suma de hechos y, segundo, a asociarla con el pasado exclusivamente. En la clínica psicológica esta concepción carece de utilidad.
Desde el presente se vitalizan los hechos del pasado, se les da vida (“me acuerdo de cómo era yo en ese aspecto”, “ahora recuerdo lo que ella me decía cuando era niña”); y también a los del futuro (“me la imagino cuando esté grande”; ”yo no quisiera que ella viviera lo que yo viví”, etc.) en una labor hermenéutica, entendida como la construcción de una comprensión súbita de algo en un(os) hecho(s) pasado(s) y en un(os) hecho(s) futuro(s) a partir de lo significado en el presente. Esto lo confirma Vattimo al decir
el pensamiento rememorante forma parte no sólo de la retracción hacia el pasado, sino también la proyección hacia el futuro, en la forma la expectativa, de la conjetura, del juicio y de la opción (Vattimo, 1991: 52)
De esta forma, si bien separamos nominalmente pasado, presente y futuro, en la experiencia clínica no es posible separarlos tajantemente. Si es en el presente que se construye significado y este significado permite vitalizar los hechos del pasado y del futuro tejido, es cierto que este significado sólo puede acontecer gracias a los hechos del pasado y del futuro. Es decir, la temporalidad hermenéutica , como podría llamarse, es perspectiva, en tanto que cualquiera de los lugares-horizonte (Gadamer, 1997) adoptados (ya sea lo presente, lo pasado o lo futuro) puede constituirse en ángulo hermenéutico ; o sea, desde allí se puede tejer el significado: pensar el futuro puede permitir vitalizar el aquí-ahora que representa el presente y las situaciones pasadas; de la misma forma sucedería con cada ángulo.
La labor hermenéutica de la clínica psicológica lleva a construir sentido en el presente y a partir de ahí abarcar cada vez más hechos y evocaciones (pasado), cada vez más proyectos, planes y preguntas para el futuro; es decir, como se ha insinuado, el sentido construido en el presente hace del presente-pasado-futuro un todo lleno de sentido. Con esto no quiere decirse que hasta ese momento no existe el sentido en el sujeto-consultante. Claro que existe; sólo que ese sentido ha tornado el pathos humano, propio de la condición subjetiva, en sufrimiento, angustia y dolor. Por eso está esta persona haciéndose consultante.
Por esta razón, la labor de la clínica habrá de pensarse en un doble sentido:
- Es una labor de descubrimiento del sentido que ha tejido el sujeto y que lo lleva al sufrimiento y la angustia.
- Es una labor constructiva de sentido(s) nuevo(s) que le permitan al consultante devenir-sujeto.
En suma, la labor hermenéutica de la clínica es aquella en la que consultante y clínico construyen sentido a partir de
lo narrado por el consultante. Y esos hechos narrados que se llenan de sentido, “colorean de sentido” hechos del pasado y del futuro, tendiendo con ellos
líneas hermenéuticas de sentido . En suma, el esfuerzo hermenéutico en la clínica psicológica exige una labor juiciosa de historización y, por esa razón le pedimos al sujeto-consultante que hable de su pasado, de su presente y de su futuro.