El epígrafe refleja el motivo que inspira este texto, puede decirse, las muchas tormentas de carácter ético por las que es susceptible de pasar un estudiante de psicología en su proceso de formación; es mi caso indiscutiblemente y espero no lo sea exclusivamente, y pueda ser compartido por otros estudiantes, cuyo pequeño barco pase por las mismas tormentas por las cuales pasa el mío y éste escrito sea leído en su compañía, porque a decir de Einstein, así es mejor.
Permítanme en este, más que un ensayo o un producto académico agenciado epistemológicamente en alguna teoría o paradigma, como es usual que se le reclame a un escrito que pretenda validez científica, una reflexión ética, profundamente subjetiva que se incuba en un momento concreto de mi vivencia como formando en psicología.
Los conceptos que le dan sustento a la reflexión son: psicología, teoría y academia , los que pretendo pensar apoyado en el bagaje adquirido hasta el momento en mi formación como psicólogo y en las difuminadas lecturas, no “especializadas” o restringidas a un segmento de la psicología; surge aquí ya otro concepto que no será abordado directamente, pero que tengo que decir me joroba y es el de especialización , recuerdo aquí la afirmación nietzcheana de que ahora hay muchos que saben mucho de muy poco , lo cual parece que Nietzsche no considera ni mucho menos una virtud . Entremos entonces en los conceptos de psicología, teoría y academia, confirmados como centrales en esta reflexión.
PSICOLOGÍA Encontramos aquí un primer inconveniente y es la imposibilidad de definir la psicología, ya que de la misma existen múltiples definiciones, planteadas en los manuales de sus diferentes corrientes y al interior de estas mismas, Muchos autores que proponen cada uno su particular definición. Ahora, no solamente no existe un acuerdo en la definición, sino que por extensión tampoco hay una que precisión concensuada de su objeto de estudio, aspecto este en el que también se dan diversas propuestas, cada una circunscrita a una corriente y dentro de esta a un sin número de autores. A decir de algunos académicos no existe la psicología, o no hay psicología, sino psicologías.[1]
Consecuencias de la tesis anterior Cuando alguien se inscribe a una universidad en un pregrado o programa de psicología, lo hace creo por lógica aspirando efectivamente al título de psicólogo, pero a este aspirante no se le interroga sobre en cual de las psicologías prefiere formarse o desea graduarse; cómo quiere que sea marcado su título, psicólogo cognitivo, dinámico o en otras opciones. ¿Desconoce la universidad entonces que no puede habarse de psicología en singular, sino de las psicologías en plural?, no creo que sea asunto de la universidad como tal, ni siquiera de la disciplina, sino de sus estudiosos. Y es que al interior de las facultades se puede ver la imposibilidad, incapacidad para ser más precisos, del diálogo, el consenso, la tolerancia y la intradisciplinariedad , parafraseando el concepto original de interdisciplinariedad, para referirnos al ejercicio de pensar globalmente un sujeto o fenómeno desde diferentes miradas dadas por profesionales de una sola disciplina, en nuestro caso la psicología – por supuesto se dan afortunadas excepciones-. Pueden encontrarse en las aulas de clase de la universidad, extraordinarios eruditos simpatizantes de una corriente o autor, negados a interactuar o acoger los planteamientos de sus colegas, lanzando cometarios peyorativos en contra de esa otra corriente o autor.
Los requerimientos del ICFES obligan a que en los pénsum académicos se conozcan las diferentes corrientes con aquellos autores que no son todos los que existen, pero que son, digamos los más representativos y por una especie de fuerza centrípeta los estudiantes se van viendo impelidos a elegir una corriente o un autor desde donde leer los fenómenos intrapsíquicos y sociales; esta elección no puedo evitar pensarla como una suerte de afiliación a una militancia de tipo ideológico o religioso a la cual debe alienarse o enajenarse el alumno, supeditándose a construcciones prefabricadas y sesgadas.
Conforme pasan los semestres, recurrentemente te topas con intencionadas preguntas que servirán para clasificarte o encasillarte: ¿de qué corriente eres?, ¿desde dónde hablas eso que dices?, ¿eres psicoanalista?, ¿lacaniano o freudiano?, ¿dinámico?, ¿cognitivo?, ¿humanista?, ¿qué autor sostiene eso que dices?; en muchos casos para ser objeto de aprobación, rechazo o burla según quien pregunta o tu respuesta. Me queda la duda de que tan indispensable es ponerse los tapaojos y mirar solo en una dirección sin más posibilidades tal y como lo hace el semoviente. Infortunadamente, cada investigador o autor con su teoría, en lugar de enriquecer la psicología y ayudar a su consolidación, ampliando su constructo teórico, causa generalmente una nueva ruptura, una división más, escindiéndola.
De la mano de la elección por la corriente deviene por sentado el objeto de estudio, ¿puede existir para la psicología, pregunto, otro objeto de estudio que el prismático cristal del hombre con sus muchos reflejos? ¿Puede fragmentarse este para ser estudiado solo en una dimensión? ¿Seria acaso esto un reduccionismo?
LA AMBIGÜEDAD DE MÉTODO Y PROPÓSITO DE LA PSICOLOGÍA Un elemental y sencillo diccionario de psicología hace la siguiente definición de clínica: “la clínica es un método de conocimiento humano (no precisamente del hombre enfermo). El método clínico aborda directamente al individuo mediante entrevistas, observa su comportamiento, procura reunir y tener en cuenta sus antecedentes, etc. El psicólogo que emplea el método clínico debe tener no solo conocimientos profesionales sino cualidades personales de comunicación personal capaces de ganarse la confianza del sujeto o sujetos investigados”. [2]
Permitámonos una abstracción del párrafo anterior: “El método clínico aborda directamente al individuo mediante entrevistas, observa su comportamiento, procura reunir y tener en cuenta sus antecedentes, etc.” Según lo anterior: ¿Podría afirmarse que la clínica es una práctica exclusiva del psicólogo? De todas maneras el término clínica es un concepto prestado del modelo médico, asociado a otros como diagnóstico, patología, etc. Como suena allí, no, ya que otros profesionales se acercan a las personas en ese mismo sentido. Veamos sólo tres ejemplos:
EL MÉDICO La profesión médica es tal vez la profesión más reconocida y por ende de mayor rango social. Desde el brujo o shamán de la antigüedad hasta el especialista de hoy, éste siempre ha sido tenido como un ser con una especial influencia sobre los otros, sus opiniones ponen punto final a las discusiones sobre la salud. El médico aborda la conducta desadaptada bajo el lente de una posible causa orgánica y así está inclinado a formular droga al paciente y continuar las posteriores sesiones de terapia como control de los resultados de la medicación. La relación médico-enfermo, es ya de por sí un encuentro o contacto entre dos seres humanos, dicho contacto está signado por el lugar privilegiado de uno de los dos (el médico) en su lugar de saber y poseedor de respuestas y un enfermo o paciente que ocupa el lugar de quien ignora y está desposeído de respuestas, pudiendo en el mejor de los casos sólo dar cuenta de sus síntomas a exteriorizaciones del mal que lo aqueja. Esto exige ya de por sí una escucha del médico a su paciente, una entrevista inicial en la cual busca comprenderle, no solo en sus circunstancias actuales, sino también pasadas no solo en circunstancias físicas sino también psíquicas lo que aqueja a su consultante. Recientemente, el médico moderno occidental ya no solo tiene en cuenta el funcionamiento orgánico sino que se explaya hacia asuntos psíquicos, conocido esto como medicina psicosomática.
EL SACERDOTE El sacerdote en todas las tendencias o tradiciones religiosas, especialmente las orientales como el zen, el confusionismo y la judeocristiana, ha sido considerado una persona a quien se puede acudir en busca de orientación, ayuda y consejo. En la era cristiana el papel de consejero lo asumen los ermitaños, monjes y religiosos; el nacimiento del psicoanálisis en el siglo XIX pareció poner fin a esa misión del sacerdote como consejero espiritual, director de almas, casi podría decirse como psicoterapeuta, pero esto no fue así y el sacerdote sigue siendo buscado quizá más que los mismos psicólogos.
Papas, como por ejemplo Pío XII (1956) y el Concilio Vaticano II (1965), insisten en la formación psicológica de los sacerdotes; el sacerdote hace o puede hacer uso de algunos elementos de su fe para aliviar el dolor psíquico de las personas, por ejemplo, la enseñanza del perdón, puede ayudar a la persona a liberarse de resentimientos, sentimientos de culpa, etc., lo que en psicología se llama elaborar un duelo. Insistir en la confianza y fe en un Dios que protege, ama y acepta incondicionalmente, reconstruirá la esperanza del desesperanzado y pesimista y podría ayudarle a reestructurar su confianza básica y autoestima. Asignarle un sentido cristiano al sufrimiento y el dolor ayuda al enfermo a soportarlo, revitalizarse y animarse. Es una estrategia para combatir la depresión y el estrés postraumático que aqueja al enfermo. Así podríamos seguir buscando múltiples ejemplos de cómo elementos de fe en una religión tienen aplicaciones psicoterapéuticas.
EL EDUCADOR Antes que conocimientos y destrezas, el educador está ayudando a formar actitudes, positivas o negativas, en sus alumnos. Las actitudes podemos pensarlas como una manera de ser, un modo de enfocar la vida con relación a tal objeto, individuo o situación. El educador actúa junto a los padres o cuidadores del niño, como dinamizador de ese proceso de construcción moral y no solamente de ello, sino también del proceso de construcción de la identidad y personalidad del joven y el niño. En posturas más conductistas, pero válidas, el educador es modelo de conducta y actitud para sus alumnos y ayuda a moldear o inhibir estos aspectos en los niños o jóvenes.
Estos son tres ejemplos de cómo otros profesionales cumplen funciones psicoterapéuticas o clínicas en función de la relación que establecen con su objeto de estudio: paciente-feligrés-alumno y como su intervención produce, genera, dinamiza o refuerza cambios en las personas. Surge la pregunta entonces de ¿Cuál es la diferencia entre la intervención del psicólogo considerada como clínica y la de otros profesionales cuya intervención también tiene elementos clínicos?
En la anterior pregunta, el término clínico , el asunto o concepto de lo clínico, empantana nuestra reflexión y surge entonces otra pregunta: ¿Qué otra denominación podría dársele a esas funciones que desarrollan otros profesionales y que comparten con la clínica psicológica el ser un dispositivo de reflexión, dinamizador de procesos de cambio y transformación personal?
Lo anterior pone en evidencia al hecho de que la psicología como disciplina, carece de una terminología propia de su método, del método mismo y de un objetivo o propósito bien determinado, de forma tal que resultan ambiguos y borrosos los límites entre la psicología y otras disciplinas de las ciencias sociales y de la salud.
TEORÍA Las teorías tienen la finalidad de sustentar las praxis, de conceptuar lo empírico, de abstraer los apistemas que explican lo operativo, de apoyar u orientar lo que se hace. En el ambiente universitario se cae con facilidad en el error de “ deificar” la teoría o algunas de las teorías y el universitario puede ocupar fácilmente el lugar de pasivo receptor de estas, llenándose de sus contenidos que la mayoría de las veces lo único que le aportan son elucubraciones sobre la realidad, pero no una comprensión efectiva de esta. “Del dicho al hecho hay mucho trecho” reza el refranario popular, esto explica por que con frecuencia se encuentran disonancias cognitivas entre las teorías y las realidades, en un juego de palabras podemos decir que hay teorías que no son prácticas y se dan prácticas sin teorías.
Hay teorías que no son prácticas Los fenómenos individuales o colectivos son complejos, multicausales y producen múltiples efectos o consecuencias ¿Es suficiente solo enfoque teórico para explicarlos?, en este aspecto la reflexión se conduce en la misma dirección en la cual se expuso el asunto de las corrientes en psicología, es decir la visión que puede brindar una teoría por completa y estructurada que sea es limitada a la hora de acercarse a la realidad humana.
Como estudiante, al escuchar la exposición de diferentes teorías, desde varios enfoques, como ya lo había mencionado al igual que con las corrientes,. hallo frecuentemente en las mismas elementos útiles que me facilitan la comprensión y lectura de una realidad cualquiera, conceptos que observo operar en mi práctica como educador terapeuta, que me acercan a la comprensión del fenómeno, pero también ocurre a la inversa, me encuentro con teorizaciones tan abstractas, que me parecen metáforas de valor literario, cuando más, sin mucha operatividad que en los libros pueden sonar lógicas y alimentar interesantes discusiones académicas, pero que no terminan de aterrizar sobre la realidad.
Algunos docentes o intelectuales se escudan tras una teoría, pretendiendo en este atrincheramiento, meter o por la razón o por la fuerza, todos los fenómenos personales y/o colectivos en el cuerpo teórico que defiende, como en una especie de arca de Noé en la que pretende tener todo reunido. Es recurrente también la imposibilidad para tender puentes entre su teoría y la teoría de otro – pensándolo bien en muchos casos, ni es su teoría, ni es la teoría del otro, ambas suelen ser las teorías de dos terceros – y el estudiante una vez más empujado a matricularse en alguna de estas, tomando partido por una y desconociendo la otra en una replica de su maestro; en lo que parece más una confesión a un dogma de fe al cual debe enajenarse.
Es fácil entonces convertirse en un erudito teórico, ignorante de la realidad, la que busca explicar desde sus conceptualizaciones o la teoría que sigue, ojala pudiéramos decir que él mismo ha articulado.
Se dan prácticas sin teorías Esto puede pensarse en dos vías. La primera de ellas involucra a quienes ya son psicólogos y que ejercen como tal, como docentes o investigadores. La producción teórica, reflejada en las publicaciones en nuestro contexto, sistematizando el trabajo realizado, tanto en clínica, prácticas profilácticas o intervenciones psicosociales es precaria, a decir de Julio Eduardo Cruz (2005) psicólogo investigador de la Universidad Nacional , Bogotá, quien se ha dedicado ha investigar esto en el ámbito de la psicología local lo que se hace es mucho, pero se cae con facilidad en un activismo, hacer y hacer pero no generar con estas acciones, reflexiones o teorías, por supuesto no nuevas teorías diametralmente opuestas a las preexistentes, sino teorías tendientes a ampliar el círculo hermenéutico de nuestra disciplina.
Ignacio Martín Baró insistía en la necesidad de construir nuestras propias teorías, aplicables a la realidad Latinoamericana y particularmente a la realidad de cada región, evitando importar modelos provenientes sobre toso de la psicología norteamericana y en menor medida europea, modelos que a la hora de la verdad desentonan con nuestras realidades locales. En este sentido el reclamo de Baró no sido escuchado todavía.
De otro lado nuestras prácticas, por aquello del rigor epistemológico, suelen, por lo menos desde un enfoque cuantitativo, partir de teorías buscadas de antemano, que terminan probándose con la investigación, pero en una simple tautología que puede pensarse así: sabemos que lo que el mago sacará de su sombrero es un conejo, ya lo sabemos, y efectivamente este saca el animalito de allí, confirmando así lo que ya habíamos presupuestado; en palabras una vez del refranario popular “vamos a ver y vemos”.
Otras labores desde un enfoque, cualitativo, que también se lleva a cabo en nuestro medio, inclusive acciones del tipo IAP (investigación acción participativa), aunque enriquecedoras allí, o con la población con la se lleva a cabo, tampoco son sistematizadas por quienes las realizan.
En una segunda vía, lo anterior parece tener eco en los estudiantes quienes en la sistematización de sus prácticas o en sus trabajos de grado presentan desarrollos descriptivos, o monográficos en la mayoría de los casos, las propuestas o nuevas construcciones.
Así mismo otro reflejo lo constituye la tendencia a acomodarse en un tipo de educación “Light”, por supuesto muy ligera de conceptos y sobre todo de aquellos que pueden resultar difíciles de pensar. Incluso es frecuente entre estos, la apatía para el análisis y la escritura; se busca todavía una educación muy memorística.
DE UNA ANTROPOLOGÍA DEL HOMBRE QUE DESMIENTE EL IMPERATIVO DE TENER QUE “ESPECIALIZARSE” EN UNA CORRIENTE O MIRADA, PARA ACERCARSE A LO HUMANO.
Cuando me veo interrogado sobre la concepción del hombre para los diferentes corrientes en psicología, me veo como un espectador ante la cercenación del que se supone es el objeto de estudio para esta disciplina : EL HOMBRE Y SU SUBJETIVIDAD, por supuesto también, cómo se pone en juego esa subjetividad en relación con el otro.
Quiero aventurarme a acuñar una definición o mejor, concepción propia de hombre, claro esta que no es ni mucho menos una novedad, ya que para esta tarea he procurado integrar de una forma holística algunos aportes de los enfoques cognitivo, dinámico y humanista; pese a que este ejercicio sea susceptible de ser calificado como “una colcha de retazos”, en mi reflexión no he podido pensar al hombre sino integrado, complejo y pluridimensional, concluyendo que acercarse a este con la mirada de un solo enfoque en psicología, sería un pobre y desafortunado reduccionalismo.
El hombre sigue siendo hoy un enigma y una encrucijada, pendiente aun por resolver, para pensarlo se han intentado una propuestas básicas, que puede decirse recogen las demás. Una propuesta cosmogónica, que incluye todos aquellos mitos acerca del origen, naturaleza y destinos divinos del hombre.
Una segunda explicación -biológica–, ha plateado la evolución filogenética de un organismo unicelular en el transcurrir de millones de años, hasta llegar a la versión actual que conocemos del hombre. Esta visión pretende explicar lo humano y sus exteriorizaciones en un plano anatómico, queriendo dar a entender que tales exteriorizaciones son reacciones químicas (v.g. emociones, comportamientos, etc.). En tercer lugar, a la naturaleza de lo humano se han acercado los filósofos con propuestas ontológicas que desde el pensamiento e intelecto han pretendido entenderle. Finalmente el hombre ha sido pensado como un mero organismo que se humaniza en su aplica en su relación con los demás hombres y es resultado casi exclusivo de esta relación.
Desde la antigüedad el hombre ha sido dividido en dos dimensiones: cuerpo y alma, que como se ve, son reflejo de las propuestas que estudiamos anteriormente, estas dos dimensiones se han visto como ajenas y separadas, algunas le han dado mayor relevancia a una u otra, o supeditada una a otra, como queda dicho en la vieja expresión de que “el cuerpo es la cárcel del alma”.
Escindir al hombre, dicotomizarlo, es un pesado remanente que no ha podido ser saldado, manteniendo la práctica de dividirlo para su estudio. Esta es una de las criticas que se le hace a disciplinas como la psicología, el no poderse poner de acuerdo pare unificar su objeto de estudio del que tiene múltiples, concepciones, miradas y formas de abordarlo, separadamente al interior de esta misma disciplina; la que literalmente ha “descuartizado” al hombre, pretendiendo cada enfoque reclamar para si lo verdaderamente importante que debe ser objeto de estudio en este.
Acerca de una propia antropología del hombre, resultado de una particular reflexión:
El hombre es una totalidad indivisible, somática, psíquica y social; estas dimensiones de la persona no existen por separado y se afectan mutuamente en un continuo. Se percibe a si mismo y su mundo influido por su historia de vida, la forma de procesar y elaborar los estímulos de la información que recibe de su entorno, la cultura a la que pertenece, sus emociones y elecciones. Actúa de acuerdo con construcciones axiológicas subjetivas, que hace con todo lo anterior.
El hombre una integralidad que no admite divisiones. Por razones estrictamente didácticas y para facilitar su exposición, se va a desarticular el concepto, lo que por su puesto es posible tratándose de un concepto, no así para cuando en realidad nos acercamos al hombre.
El hombre es una totalidad indivisible Otras de las categorías para nombrar al hombre, es la de individuo, lo cual quiere decir indivisible. Este es una realidad integrada en sus diferentes componentes, los cuales no pueden ser aislados y solo es posible abordarlos en su conjunto, reside en esto la complejidad para su estudio y esta misma complejidad plantea un reto para la psicología, cobrando validez una mirada integral e importancia articular las distintas teorías existentes, conducente a un genuino abordaje del ser humano.
Somático El hombre es un organismo biológico, su cuerpo cristaliza o contiene el resto de su humanidad; es este su vehículo para estar y moverse en el mundo físico.
Uno de los avances más importantes de la medicina oriental y recientemente de la occidental es reconocer la asociación de los procesos psíquicos a los orgánicos o somáticos y viceversa la medicina psicosomática viene estudiando las funciones y patologías ligadas al estado mental, historia y personalidad delenfermo, reconociendo en el cuerpo un campo abierto para la expresión de la psique humana.
De lo orgánico se ocupan los médicos, de las fallas o disfunciones de los órganos, sistemas, tejidos, etc.; de cómo esto afecta a las otras dimensiones de la persona, nos encargamos los psicólogos; en todo caso en un esfuerzo dual médico - psicólogo
Psíquico
Es esta dimensión, la que diferencia a la humana, del resto de las especies animales, es esta la que permite tener conciencia de si; es el barniz o pincelada exclusiva que nos hace ser lo que somos, seres yo no digo únicos, por su puesto una libélula también lo es, mucho menos una especie superior, ¡Cuánto daño le ha hecho esta engañosa percepción al planeta!; pero si la única especie racional capaz de metacognisiones, construcciones filosóficas y metafísicas, capaz de abstraerse a si misma para pensarse y percibirse y si misma, capaz de conservar y resignificar su historia , intervenir o transformar el destino y hábitat que le tocado en suerte, capaz de sentir, de nombrar lo que siente e incorporarlo a su conciencia.
Las inquietudes espirituales, no son un asunto nuevo para los seres humanos, desde tiempos inmemoriales estas le han acompañado y pese a las peyorativas de las escuelas racionalistas y positivistas, aquellas no le han abandonado; cuando el hombre no ha hallado más respuestas a sus preguntas o angustias, ha volteado su rostro hacia lo espiritual y en estas campiñas ha logrado refrescar sus acaloradas penas o dudas. Apelar su espiritualidad le ha permitido sostenerse esperanzado cuando todo lo demás se ha desmoronado. La espiritualidad debe entenderse por encima de las religiones, estas son una forma de espiritualidad, pero lo espiritual puede entenderse como la apreciación de la grandeza del universo y todo lo contenido en él. Una apreciación de la mano del respeto, que incluye por su puesto a si mismo.
Albert Einstein, el más brillante científico del siglo XX tuvo una meta declarada: “conocer como Dios creo al mundo”; lo cito para resaltar como un paradigma humano de la ciencia, reconoce la existencia de lo espiritual en el ser humano. Como muy importante en esta concepción de lo espiritual, puede considerarse la búsqueda, descubrir y coherencia con un profundo, personal e interior sentido de vida, es este eje el que inyecta al hombre la motivación necesaria para seguir existiendo como elección y no como imposición. En palabras de Niezche: “quien tiene un porque para vivir, encontrara casi siempre el como”. Esta sentencia Niezcheana justifica la importancia de este aspecto.
Social Como la mayoría de las especies animales, el hombre es un animal sociable. Lo anterior no es un eufemismo o cliché, la relación con otros es desde su nacimiento una necesidad indispensable, dada las claras desventajas con las que viene al mundo el crío humano. Más allá de estos efectos prácticos iniciales de la sociabilidad del hombre, lo social es el crisol que además de conservarle con vida, propicia su nacimiento psicológico, ya que es en el tejido social donde se configura y manifiesta el entramado o estructura psíquica de un ser humano, es en la sociedad donde aprende ese valuarte de la humanidad que es el lenguaje y que es su puerta de entrada a lo humano.
Por supuesto lo social comienza con aquellas primeras relaciones del niño con su madre, posteriormente se incluye su familia, la escuela y su comunidad.
Por el resto de su existencia el hombre se mantiene en permanente relación con sus congéneres y aprende lo necesario para esto, ya que conservase por fuera de las estructuras sociales, es una tarea poco probable que intentan solo quienes optan por un estilo de vida misántropo.
Estas dimensiones de la persona, no existen por separado y se afectan mutuamente en un continuo.
El ser humano como ya lo habíamos anotado es una gesthal indivisible, una superestructura finamente engranada; que solo en la patología se percibe a si mismo dividido o separado (vg esquizofrenia). En la práctica las especializaciones en un segmento de lo humano,por lo menos unilaterales, fuera de la interdisciplinariedad, son acercamientos esquizoides e inútiles, ya que el ser humano, no puede ser mirado, menos aun abordado por partes.
Quien se pare o ubique frente a lo humano, debe hacerlo en posiciones dinámicas, capaz de movilizarse para contemplar otras perspectivas, que en una posición estática perdería de vista. El cuerpo sin la mente es excremento, materia orgánica, en el mejor de los casos organismo primitivo; de hecho la evolución del cuerpo humano, tanto cerebral como del resto de aparatos y órganos se ha correspondido con la evolución mental del hombre; por su complejidad han nacido otras posibilidades o necesidades, nuevas funciones, se han desarrollado innumerables potencialidades, estas han contado con un sustrato anatómico.
Lo contrario también puede afirmarse, aunque es más difícil pensarlo. La mente sin el cuerpo sería una pura abstracción, algo etéreo que no de otro modo, sino en su anclaje corporal puede cristalizarse, concretarse. Otro tanto podríamos decir de lo social, lo cual como dijimos antes, gesta el nacimiento y desarrollo psicológico, ya en parrados anteriores explicamos como es el entramado social donde la compleja telaraña de un ser humano, ancla sus bases, construye su identidad; es lo social el escenario donde lo corporal y lo psíquico de la persona, actua y se encuentran con la corporeidad y la psique de otros; para representar lo que alguien llamo “el teatro de la vida”.
El hombre es un metasistema, un nicho de redes, una espiral sin fin, en su interior estas redes se afectan unas a otras, siendo imposible tocar una de ellas sin enviarse o crearse por resonancia una especie de onda que toque otra y esta, otras más y así hasta afectar la totalidad. Todo aquello justifica la irracionalidad de un enfoque unidireccional para pensar y abordar lo humano y la existencia de materias como la medicina psicosomática y la psicología social, entre otras.
… Se percibe a si mismo y su mundo influido por su historia de vida, la forma de procesar y elaborar los estímulos y la información que recibe de su entorno, la cultura a la que pertenece, sus emociones y elecciones .
Una vez más como cuando transitamos por los aspectos ontológicos del hombre, la forma en la que este se percibe y percibe al mundo, es más una gesthal, un metasistema, una red de redes, que no pueden ser aisladas, que no pueden explicarse por separado, en una metáfora uno podría decir una señal con múltiples canales, una señal que un solo canal transmitiría borrosa y confusa.
Aquí se incluye un elemento nuevo, de todos el más original de los seres humanos: la posibilidad de elegir o decidir. Es también esta característica la que separa al hombre de la maquina – la cual, a propósito es invención suya – este último comentario parecería innecesario si no fuera por la creciente tendencia a comparar el hombre y la máquina y a que esta última reemplace al primero, una infortunada herencia que nos ha quedado de la revolución industrial. Es pertinente recordar el verso de Witman en su poema hojas de hierba, “la articulación más insignificante de mi mano, humilla a las máquinas más complejas”. No como querella a la sociedad industrializada, sino por el trasfondo que dicho verso implica; la mayor, humillación no esta dada por la forma o perfección de su movimiento, que esta última puede imitar, tal vez hasta mejorar, sino por esa facultad humana, exclusiva y maravillosa, de decidir la intención y el momento para tal acción, de moverse según su propio deseo.
Por supuesto que las decisiones humanas, sobre todo en asuntos vitales, reciben múltiples presiones e influencias, pero es en últimas una decisión de cada ser humano, en sus condiciones particulares.
Es esta real o potencial capacidad de decidir lo que nos saca del automatismo de pensar que: historia de vida + información y estímulos del entorno + cultura + emociones = percepción de si mismo y del mundo, persé, en una inútil suma con un resultado desconfiable.
… Actúa de acuerdo con construcciones axiológicas subjetivas, que hace con todo lo anterior.
Estas construcciones axiológicas son los productos de su posibilidad de elección, configuran y constituyen su subjetividad propiamente dicha; son la brújula con la que se mueve en el mundo, el dispositivo interior de sus acciones y conductas; hablar de construcciones axiológicas es insinuar, que estas no son innatas en el hombre, sino como ya se había dicho antes resultado o producto de sus elaboraciones, es afirmar que no hay valores, incorporados por naturaleza a los seres humanos, que estos no nacen, si no que se hacen en la experiencia de lo humano.
LA ACADEMIA La academia congrega a los estudiosos de una disciplina, constituyéndose esta en una comunidad académica, donde se posibilitan debates sobre la misma, se presentan trabajos de investigación que amplían su cuerpo teórico, enriqueciéndola y consolidándola, cerrando cada vez màs los agujeros, vacíos o baches que esta pueda tener. La universidad es la institución social, erigida como “sede oficial” que admite en su seno a las comunidades académicas de diferentes disciplinas y que las coteja en lo que se ha llamado transdiciplinaridad.
Debido a las divisiones al interior de la psicología que se comentaron antes, uno podría preguntarse si existe como tal una comunidad académica en esta, ya que lo que se puede ver es una proliferación de estas, unas bien organizadas y estructuradas y otras no, agrupadas alrededor de una corriente o autor, en una especie de guetos, que incluso no son muy buenos vecinos. En el debate entre estos grupos, si es que se da, hierven las apasionadas defensas de una corriente o autor y con facilidad se cae en la descalificación del punto de vista del “contendor”, girándose sobre estériles discusiones..
De esta manera academia, teoría y psicología se constituyeron en la triada, que centró la presente diatriba, si se quiere llamar así, en la que invitamos a esta última a un debate que por supuesto no termina aquí. Espero que este texto sirva como insumo, para abrir el amplio abanico de posturas reflexivas, a través de las cuales se planteen diferentes perspectivas. Así mismo es mi intención que este escrito pueda ser rebatido y porque no desarticulado, en un riquísimo ejercicio poperiano de falsear las tesis propuestas aquí. |