Esta investigación gira en torno al tema de competencias laborales. Su importancia radica en el aporte que se le hace a una institución educativa, mirándola como UNA organización que necesita gestionar sus recursos económicos y humanos. El objetivo fundamental es la identificación de las competencias que debe tener y desarrollar un docente, teniendo en cuenta que lo que se pretende en la educación actual, es la formación de alumnos para vincularse al mundo laboral, el cual exige ciertas competencias para desenvolverse en su puesto de trabajo. El rol del profesor se direcciona a la estimulación, la observación constante y el reconocimiento del esfuerzo realizado por los alumnos permitiéndole establecer parámetros y esquemas mentales adaptativos par su buen desempeño en el ambiente laboral, que no solo exige conocimientos si no formación en actitud y conductas
Cada día las exigencias son mayores; asumir los retos que nos trae este momento histórico, exige mucho compromiso de parte de todas las instituciones que conforman la sociedad; se pueden incluir en ellas desde las primeras que intervienen en la formación de la persona, como la familia, hasta las que participan en el control y desarrollo social de toda la población, como la justicia y la política, entre otras. Este artículo pretende explicar de qué manera el concepto de competencia influye para que surjan nuevos cambios que permitan a las organizaciones y a las personas, proyectarse de una manera exitosa, creando además una cultura de la excelencia.
La noción de competencia emerge primero en el ámbito educativo, y luego en el ámbito laboral. El concepto en el ámbito educativo, surge como resultado de investigaciones de la lingüística realizadas por Chomsky 1 en la década de los cincuenta. Luego, Edgar Morin, en los años setenta, argumenta que el progreso del hombre esta dado por cuatro competencias básicas, las cuales fueron acogidas por la UNESCO 2 en 1994, denominadas los cuatro pilares de la educación (aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a vivir y aprender a ser). Además Garnher, 3 en esta misma década, hace un aporte fundamental cuando describe los siete tipos de inteligencias, (Lingüística, musical, matemática, espacial, interpersonal, intrapersonal y sensorio perceptiva), llevando a la educación a replantear el concepto de inteligencia. Se considera inteligente a una persona, si desarrolla una capacidad específica en la cual tiene mayor destreza. A partir de esta fecha se presenta una revolución en la educación y cada país define las competencias necesarias con el apoyo de sus respectivos ministerios.
El concepto de inteligencia es cambiado por el de competencia; primero se tenía la concepción de que una persona era inteligente cuando acumulaba en su memoria una cantidad de datos y teoría; es decir, memorizaba conceptos, los cuales no los sabía aplicar en su vida diaria o en su trabajo; tampoco era capaz de hacer un análisis de estos, o lo que es lo mismo, no extrapolaba los conocimientos. Ahora una persona es inteligente cuanto más competente sea para desempeñarse en su labor, demostrando que su formación en conocimientos esta basada en principios de responsabilidad, honestidad, humildad, amor y respeto por el ser humano y la naturaleza. También es parte de la competencia, algunas características como la capacidad de adaptación, tolerancia a la frustración y la disciplina.
En el aspecto laboral, sus comienzos se dieron con el inicio de la administración científica; más tarde aparecen como respuesta a los procesos de globalización de la economía, y se hacen necesarias para los procesos de certificación de las empresas, cuando estas deciden tener participación en un mercado altamente competitivo. En el ámbito político, se introduce como herramienta para el logro de la eficiencia pública en la administración de Margaret Tatcher, con el fin de hacer ajustes en el modelo neoliberal. En las empresas, esta noción surge con mayor fuerza partir de la década de los noventa.
Para las empresas colombianas, es una necesidad apremiante en 1994, cuando comienza la apertura económica. En los noventa se percibe una alianza entre pedagogía y trabajo, con el fin de formar estudiantes capaces de responder a los desafíos del siglo XXI. Entonces, aparece una educación basada en normas de competencia.
Según Rodríguez y Filiú. “las competencias son un conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes y conductas que posee una persona y que le permiten la realización exitosa de una actividad” 4 . Para Spencer y Spencer, esta definición se explica mejor desde el modelo de Iceberg, en donde sus componentes se agrupan de a dos; en la parte superior se encuentran conocimientos y habilidades, que es lo más visible y fácil de identificar en una persona; estos se observan en la parte procedimental al realizar su tarea; en la parte inferior, se agrupan las actitudes y las conductas que incluyen los rasgos de personalidad, el concepto de si mismo y los valores, por consiguiente, son las más difíciles de identificar. También el concepto de competencia esta relacionado con la inteligencia emocional, ya que es indispensable un manejo adecuado de las emociones para el buen desempeño.
En esta definición se une lo académico y lo laboral, para formar personas integrales, capaces de responder a las demandas; hoy se buscan seres tolerantes y honestos, con buenas relaciones humanas. El perfil de los profesionales que demanda el mundo de hoy, es muy diferente al de hace unos años; si nos damos cuenta, a la gente la contratan por conocimientos y la despiden por comportamientos. Es por esto que el concepto de competencia une los conocimientos y el comportamiento, para el desempeño en todos los campos de desarrollo del ser humano.
Dicho de otro modo, las competencias admiten otras variables importantes a tener en cuenta, como son, funciones y roles a desempeñar, las capacidades y los conocimientos necesarios para tener éxito en el desempeño laboral, Los rasgos de personalidad los cuales determinan el comportamiento habitual, como el observable dentro de la organización, los intereses y la motivación interna que cada individuo tiene para realizar su tarea. El rol es el papel que se cumple, las funciones son las actividades para cumplir con el rol asignado y las competencias son las capacidades, conocimientos, habilidades y actitudes para asumir ese rol.
Se ha venido hablando de competencias en el ámbito educativo y laboral, los cuales son artífices, en gran medida, de la cultura de una sociedad; estos dos espacios establecen nuevos órdenes y nuevas formas de vida; introyectan nuevos pensamientos y nuevas formas de interactuar entre los pueblos. Estos son los encargados de visualizar, planificar y organizar el futuro de cada sociedad, por esto no es gratuito que la educación pretenda unirse al mundo del trabajo, es decir; el estudio se debe proyectar para formar a los hombres y mujeres que necesitan las empresas.
Se vive en una sociedad en donde prima la mediocridad, donde no está establecida la cultura de la excelencia, donde no es importante ser el mejor, o ni siquiera hacer las cosas bien; por esta razón, las empresas encuentran muchas dificultades en los procesos de globalización, la apertura económica y los tratados de libre comercio; a última hora se hacen importantes los procesos de certificación. Para esto, una de las cosas más importantes, y en las que tiene mucha relevancia el psicólogo son la elaboración de perfiles por competencias para cada puesto de trabajo.
En las empresas las cosas marchan, y los procesos se dan de una manera acelerada; es urgente certificarse para competir en un mercado tan competitivo; el proceso de producción gira en torno a las competencias que debe desarrollar cada persona para hacer las cosas bien. En la educación se visualiza un gran vacío; se habla de competencias educativas, las que deben desarrollar los alumnos, pero no se encuentra bibliografía que hable sobre competencias de los profesores; al respecto Miguel Ángel Maldonado dice: “Los resultados son catastróficos, desoladores” 5. ¿Cómo es posible que los alumnos desarrollen competencias, si ni siquiera se sabe cuales son las de los profesores?
Hoy las instituciones educativas son vistas como organizaciones, y por lo tanto, también deben empezar sus procesos de certificación; el peligro está en visualizar un alumno como un producto terminado, porque se perdería la concepción de ser humano; las empresas certifican procesos y productos, y las exigencias para las instituciones educativas son la formación de un alumno competente en... Por esto, el sector educativo, para enfrentar esta situación, debe asegurar el desarrollo pleno de los jóvenes como personas y ciudadanos; también debe asumir responsabilidades concretas para facilitar su vinculación al mundo del trabajo. Esto se realizará mediante diversas alternativas, que combinarán la formación de competencias laborales en las instituciones educativas y el acercamiento al sector productivo, con el objetivo de asegurar la calidad y la pertinencia de dicha formación.
Para lograr una transformación y pasar de un país subdesarrollado a un país desarrollado, es necesario promover un cambio social desde lo cultural y lo educativo, en donde la mejor propuesta a trabajar esta dada desde la noción de competencia, la cual incluye el desarrollo humano, el cambio de actitud, nuevas habilidades y el enriquecimiento en conocimientos, llevando consigo la excelencia en procesos y productos, permitiéndonos vivir con menos dificultades, en un mundo globalizado.
Para finalizar, una sociedad que demuestre y cumpla estándares de calidad en cada uno de los procesos, tanto de formación, como de producción, está llamada a ser modelo de una “cultura”. Una cultura que requiere espacios de reflexión, donde por fin se pueda decir que el ser humano está inscrito en el lugar adecuado, haciendo lo que debe hacer, de la mejor manera y con el aprovechamiento óptimo de los recursos, para hacer de su comunidad un modelo de respeto y de dignidad.