| CUATRO IDEAS BÁSICAS SOBRE LA CONTEMPORANEIDAD
En la mayoría de programas de psicología forma parte del plan de estudio la asignatura de historia de la psicología. Esto implica, en principio, que se reconoce la historicidad de la disciplina. Igual , cuando se imparten los cursos de psicología social y se leen los libros de texto o los manuales de ésta área, el primero o segundo capitulo están destinados a mostrar su historia (Schellenberg: 1985; Cruz: 1993; Anthropos: 1998; Varela: 2000). Se vuelve a reconocer por ésta vía, la idea compartida, respecto a que los conocimientos y paradigmas que la constituyen cambian, difieren, adquieren matices según contextos y temporalidades, es decir: son históricos.
Pero, en esa historicidad ¿cuáles son las condiciones de posibilidad que permiten que podamos hablar de una psicología social contemporánea? ¿Qué semántica asume la pregunta y sus posibles respuestas?
En principio reconocemos la contemporaneidad como el tiempo presente en devenir lo que implica que es un presente que lleva consigo el pasado construyendo simultáneamente el futuro, no hay ruptura en la temporalidad, no hay linealidad, aunque podemos hacer cortes para designar momentos de esta (Díaz, 2004), pero, ello es un artificio lógico para intentar comprender la eternidad del tiempo.
La contemporaneidad también es movimiento cultural constitutivo y constituyente de este tiempo presente, por lo tanto, es expresión de lo que somos en cuanto historia/cultura/sociedad. Es una manera de denominar el devenir del tiempo que en tanto noción, hemos inventado en occidente bajo el nombre de modernidad (Paz, 1985) sin que sea la modernidad tradicional cuyos rasgos de los siglos XVIII a XX aún perduran y nos dan identidad, pero tampoco es posmodernidad en cuanto noción de superación de aquella, que lleva consigo la idea de linealidad de la historia expresada en antes y después universales. Aunque en sus rasgos básicos comparte los que se le atribuyen y ha construido como suyos la posmodernidad.
La contemporaneidad es y asume como uno de sus rasgos característicos la complejidad del mundo, de lo humano y de todo aquello que constituye su creación, incluida su propia racionalidad.
De allí, entonces, que hablar de una psicología social contemporánea implica hablar de una psicología del día de hoy, del tiempo presente, ubicada en la perspectiva del paradigma de la complejidad.
UN PUNTO CLAVE. LAS CARACTERÍSTICAS EN LA PRODUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO EN HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES EN LA CONTEMPORANEIDAD.
Esta perspectiva nos ubica en la reflexión sobre la racionalidad y tradición moderna, no para anclarnos en ella, sino para ondear el horizonte conceptual que en contemporaneidad y postmodernidad se ha venido derivando. Así, desde la modernidad, existe un mundo que puede ser conocido, por parte de un sujeto cognoscente, pero lo conocido es objeto, debe serlo para que sea objetivo. Pero, ¿qué ocurre si las ciencias humanas no abordan objetos? ¿Dejan de ser ciencia? Entonces ¿qué son o qué pueden ser? Ésta es la tensión que mueve y diferencia distintos tipos de racionalidad. Desde la modernidad hay opciones de conocimiento del mundo, una de ellas, privilegiada desde la academia es el conocimiento científico que se estructura a partir y conformando la ciencia.
La ciencia se presenta entonces como un sistema de conocimiento sistematizado que da cuenta de regularidades y leyes del mundo. Pero, en cuanto sistema [2], está constituido, mínimo, por dos subsistemas, el fisicoquímico y el humano social, cada uno denominado, en general ciencias naturales y ciencias sociales y humanas. Esta última conjunción permite que se asuma una única opción, en cuanto incluye lo humano en lo social; igual se presentan tendencias que ubican como diferentes las ciencias sociales de las ciencias humanas.
En perspectiva epistemológica, la cuestión fundamental es ¿qué se entiende por ciencia? ¿Qué la caracteriza? Según los argumentos que se presenten al respecto tendrá validez (al menos interna) una u otra clasificación, reconociendo que esto no es tarea fácil en tanto “en las últimas décadas, el panorama de las ciencias humanas ha sufrido una transformación radical, tanto a nivel de las propuestas metodológicas como en el desarrollo concreto de las teorías mismas, modificando enormemente las visiones anteriormente establecidas de la cuestión metodológica y de la investigación “normal” en ésos ámbitos” (Prior, O, Ángel. 2002; 7).
En este contexto de transformación y sin detrimento de otras clasificaciones, suena sugerente la propuesta que hace el mismo Prior, Ángel, en el sentido de reconocer dos grandes tendencias –de las que nosotros explicitamos una más- en ciencias humanas, a saber:
La corriente principal. Iniciada en la década del cuarenta y caracterizada por la predominancia teórica y metodológica del empirismo lógico-filosófico
La gran teoría. Iniciada desde la mitad de la década del sesenta, representada por Gadmer, Habermas, Foucault, Derrida, Rawls, Lewi-Strauss y caracterizada por cambios fundamentales en la teoría social, proliferación de diversos enfoques teóricos, que no desplazan, sino que conviven con la tradición de la corriente principal. Emergencia de tradiciones poco estudiadas o tenidas en cuenta como la fenomenología (Schutz), la Hermenéutica (Gadamer y Ricoeur) la Teoría Crítica (Habermas), La renovación del interaccionismo simbólico (EE.UU.) el Estructuralismo (Europa). Aparición de opciones como la Etnometodología; la teoría de la estructuración, conocida también como teoría de la praxis y propuesta por Bourdieu; la semántica histórica de Koselleck; la estética de la recepción de Gauss; la semiótica de las artes visuales de Gombrich; el paradigma de la auto-organización expresadas en trabajos de Atlan y Balandier.
Tal vez sea pertinente mencionar aparte, y como parte de la gran teoría, la perspectiva de la teoría de la complejidad, que tiene a su interior diferentes matices y escuelas, aquí aparecen autores como Morin (1999; 2001, 2003) y Luhmann (1975; 1985; 1993; 1995; 1996). Más adelante, ampliaré algunos planteamientos de éste que pueden servir como punto de referencia para pensar en una psicología social contemporánea.
Prior Olmos (1998) realiza una síntesis sobre los últimos debates en torno a la teoría y la metodología humanística. Sus planteamientos apuntan a señalar el carácter autónomo de las Humanidades a las que reconoce un estatus diferente al de la ciencia natural y a los grandes sistemas teóricos que implementaron paradigmas de totalidad, aunque constata y recomienda una vuelta a los autores clásicos de la filosofía.
Dentro del panorama confuso que supuso la ruptura con los grandes relatos, esclarecer el carácter de las humanidades resulta prioritario pues no se trata de aceptar el relativismo, sino por el contrario, dotar a los nuevos discursos del significado que les corresponde como reflexión propia del momento y del lugar en el que se desenvuelve la existencia humana.
El diagnóstico señala hacia un debate que se centra principalmente en la contraposición entre los discursos y paradigmas derivados del positivismo naturalista y del positivismo lógico contra las corrientes de pensamiento actual representadas, como se ha dicho anteriormente, entre otros, por Habermas, Derrida, Skinner, Koselleck, Gombrich y otros. Tendríamos entonces, a la base de una nueva concepción de las ciencias humanas, la tensión, en cuanto que se incluyen o se excluyen de: el Papel crucial de la experiencia en la teoría; la neutralidad del observador y de sus enunciados; la filosofía como metalenguaje; los modelos explicativos en oposición a los comprensivos; la separación entre teoría e historia, entre ciencia y Metafísica.
Todas estas formas de mirada son cosmovisiones que se inscriben dentro del modelo ordenado de mundo, causalidad, regularidad, legalidad de la ciencia, universalidad y objetividad contra otras formas de ver complejas, contingentes y singulares, que podrían reunirse en las siguientes tensiones: Papel activo del observador; el discurso como hacer; la filosofía como discurso social y en tal sentido hermenéutico; la continuidad entre todas las ramas del saber, entre filosofía y literatura, entre ciencia y arte, y de todas ellas con la política.
UN ACERCAMIENTO AL PENSAMIENTO COMPLEJO
Si la Edad media se caracteriza porque todas las manifestaciones de lo humano se articulan alrededor de la idea de Dios, la modernidad hace otro tanto a partir del modelo metafísico que deifica al conocimiento científico y a la razón; aunque vale decir que en esta última existe un menor nivel de homogeneidad debido al proceso de secularización iniciado a partir del Renacimiento.
Desde el punto de vista filosófico, la Modernidad construyó cosmovisiones con pretensiones totalizantes y sistémicas a partir de invariantes ubicadas en el sujeto, tales como: Las ideas innatas -en Descartes-, las formas a priori -en Kant-. Podemos entonces calificar este período de ingenuo, ya que se creía en la existencia de una historia universal, en la objetividad, la libertad, la universalidad, en la idea de progreso, pero sobre todo porque se pensaba que la ciencia resolvería los problemas hombre.
La contemporaneidad representa el colapso del paradigma moderno. Asistimos a una época esquizofrénica donde la fragmentación coexiste con la idea de crear un orden; como lo expresara Marshall Berman: todo se desvanece en el aire pero busca la unidad. El mundo intelectual es más complejo y diverso, y esa toma de conciencia se da a partir de las discusiones puestas sobre el tapete no sólo por los filósofos, sino además por la misma ciencia.
Es así como, Nietzsche nos habla de que los valores no son eternos sino históricos y dependen del contexto donde se den; Marx para quien el devenir histórico no se da al margen de la economía sino a partir de ésta: Freud quien nos sentencia que no podemos vaciarnos de nuestros instintos como pretendía Kant, sino que por el contrario nos manipulan. El giro lingüístico hace evidente que no hay pensamiento puro, sino léxicos susceptibles de variación histórica; con Heidegger recuperamos la unidad entre sujeto y objeto por la vía del círculo hermenéutico.
Otro tanto sucede con la historia; la escuela de los Anales afirma que no se puede hablar ya más de una historia universal, sino de historias locales y en torno a asuntos específicos -como la historia de las mujeres-. La ciencia no es ajena a estos cambios de paradigma: Heisenberg, con el principio de incertidumbre pone en cuestión la pretendida objetividad de la ciencia cuando pone en evidencia que el sistema de medición y el sujeto alteran los resultados de las observaciones, y ni qué decir de Einstein, ya que gracias a la teoría de la relatividad, hoy podemos afirmar que no existen ni espacio ni tiempo absolutos.
Hoy los pensadores han abandonado la pretensión de edificar sistemas totalizantes, sólo pretenden participar y avanzar en ciertas discusiones sueltas, sin un centro que las aglutine; hoy se crean órdenes descentrados e interinos; hoy no podemos aspirar a la unidad coherente. Si anteriormente, sobre las ruinas de un sistema anterior, los filósofos edificaban un nuevo sistema, hoy se hace una crítica a los sistemas pero sin pretender edificar uno nuevo; hoy las seguridades que nos brindaban las prótesis espirituales -sistemas filosóficos, teologías, teorías científicas- ya no las tenemos más. Hemos ganado una serie infinita de horizontes de sentido y de medios tecnológicos que nos brindan más confort, pero hemos perdido la unidad política, la estabilidad familiar y la certidumbre de un futuro concreto.
LA PARTICULARIDAD DEL PENSAMIENTO COMPLEJO DE LUHMANN
Es en esta nueva realidad, demarcada por múltiples miradas y autores que se inscribe la propuesta intelectual de pensadores como Edgar Morin (1999; 2001, 2003) y Niklas Luhmann (1975;1985;1993;1995; 1996) para quien “una teoría sociológica que pretenda consolidar las relaciones propias de su campo, no sólo tiene que ser compleja, sino mucho más compleja comparada con lo que intentaron los clásicos y aun el mismo Parsons (1993: 11) Sin embargo, asumir al sociólogo de Lüneburg como expresión de la teoría de la complejidad no se hace sólo por la anterior frase, sino por características de su pensamiento tales como: considerar que la teoría se construye más como un laberinto que como una autopista (1993) lo que conlleva a reconocer opciones no lineales en la producción del conocimiento, sino alternativas bucleicas y rizomáticas del mismo. Reconocer la necesidad de pensar y explicar el mundo por vía de la teoría, antes que buscar su transformación (Mélich, 1996. 11). El llamado a teorizar a profundidad y desde los conceptos, antes de ir a lo concreto (1985). La necesidad de trascender el lenguaje cotidiano que no es explicativo de la realidad por un lenguaje en el que necesariamente se construyen conceptos “Por su parte, los conceptos tienen distinta cualidad científica, dependiendo del empleo teórico; pero independientemente de él, puede afirmarse que con distintos conceptos se construyen distintos mundos” (Luhmann; 1989:47). Mostrar la autonomía e interdependencia entre la teoría – que maneja una complejidad definible- y la práctica – constituida por una complejidad indefinida- donde cada una de ellas se mueve en su propia complejidad, pero donde la primera organiza conceptualmente a la segunda para darle cierta estabilidad y orden en el plano de lo teórico.
Por lo anterior, para Luhmann – y estas se tornan en otras características del pensamiento complejo de este pensador- las teorías deben tener ciertas condiciones tales como: ser dinámicas, por ello no toda teoría sirve para comprender la realidad, ni existe una teoría atemporal e infinita; que puedan establecer distinciones, tanto de las categorías constitutivas de la teoría como de recortes de la realidad; que sirva de instrumento de observación, lo que ha de permitir sesgar la mirada desde determinados lentes y ciertas perspectivas; reduzca la complejidad, que como lo hemos planteado previamente conduce a manejar complejidades definibles; tenga un alto nivel de abstracción, lo que permite reconocer generalidades procesuales y no sólo el referente empírico aislado; que sea reflexiva y autorreferente, en cuanto permite comprender y explicar el mundo, desde sus propios códigos disciplinares y en relación con determinados sistemas.
RASGOS DISTINTIVOS DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL CONTEMPORÁNEA.
En un primer momento y como forma de reflexionar sobre lo que estamos tematizándo como psicología social contemporánea podemos mencionar cuatro cualidades procesuales: El devenir, la diversidad de matices, la criticidad y la complejidad respecto al pensamiento moderno. Estas, no son aisladas e independientes, sino que se entrecruzan y en algunos casos se confunden, por ello la necesidad de hacer ejercicios reflexivos que permitan ubicar sus particularidades constitutivas y reconocer sus coincidencias.
Su devenir.
La psicología social contemporánea viene emergiendo como un proceso de construcción colectivo de diversos psicólogos, quienes haciendo la andadura teórica han retomado, relativizado y superado planteamientos de la psicología social tradicional, aportando nuevas perspectivas sobre lo que puede ser su cuerpo categorial en lo epistemológico, lo metodológico, lo conceptual y su nivel práxico, apoyados en las discusiones y tensiones propias de otras disciplinas y campos del conocimiento tales como la filosofía, la filosofía de la ciencia, los estudios culturales y la sociología de la ciencia, entre otros. Doménech e Ibáñez (1998: 20) lo plantearán de la siguiente manera: “La psicología social como crítica integra en sus planteamientos aquellos que aparecen como propios de otras disciplinas. Ciertamente, la antropología, la sociología, la psicología, la historia, son ciencias que aportan con sus conclusiones fuentes de enriquecimiento para la psicología social, pero no sólo estas que son más afines tienen su contribución. También se deja notar la influencia proveniente de sectores de las llamadas “ciencias naturales”, véase por ejemplo, la Física de los sistemas alejados del equilibrio, con los trabajos de Prigogine (1972) y todo lo que concierne a los sistemas caóticos y a la reacción del orden a partir del desorden; véase también el campo de la biología con las aportaciones de Atlan (1979), o el campo de las neurociencias con los trabajos de Varela (1998)”
Por lo que sin tener un origen específico en cuanto fecha o persona que “la fundara” –aspectos que le crítica a la psicología moderna a la que pretende complementar y de la que busca tomar distancia- ha ido emergiendo procesual, lenta y matizadamente buscando cada vez más su visibilización en cuanto perspectiva académico- científica.
Es devenir, en cuanto se asume como una forma diferente de pensar y de hacer psicología social, que se encuentra en construcción, con certezas, con vacíos, con brumosidades, con intersticios de coincidencia disciplinar, intradisciplinar, interdiciplinar y transdisciplinar, por lo que no cierra su cuerpo categorial, sino que se abre como diáspora conceptual, “de hecho, la noción misma de interdisciplinariedad no recoge la riqueza híbrida de la psicología social como crítica y requiere de su sustitución por la de transdiciplinariedad, es decir, la superación misma de la compartimentación del conocimiento en disciplinas” (Doménech e Ibáñez, 1998: 20).
Recordemos como lo hemos planteado un poco antes, que el tiempo presente es en sí y simultáneamente pasado presente, presente presente y presente futuro. Significando pasado presente, en cuanto “Se construye a partir de las huellas y discursos circulantes desde el campo disciplinar específico”; presente presente, en tanto “se visibiliza desde lo que en el día de hoy se construye y se pone a circular discursivamente para el debate, la confrontación, consolidación, debilitamiento, levantamiento, y/o renacimiento ”; y, presente futuro, desde el cual “visualiza su horizonte discursivo, plantea bosquejos, delinea mapas, augura propuestas, hace plausibles perspectivas en devenir no como promesas a esperar sino como andadura que se realiza en el día de hoy”(Díaz, 2004: 173).
Sus diversos matices
La psicología social contemporánea no es una corriente, ni una escuela, sino una manera de asumir el conocimiento desde nuevos entramados paradigmáticos que en crítica al legado de la modernidad pretende instituir nuevos intersticios referenciales para pensar y actuar la psicología social, ésta, en cuanto crítica se puede entender “más bien, como una disposición, una sensibilidad especial que lleva a la apuesta por la elaboración de teorías generativas , de teorías que cuestionan las asunciones dominantes de la cultura y que propicien la reconciliación de todo aquello que se presenta como evidente, generando así nuevas alternativas de acción social” (Doménech e Ibáñez, 1998: 21)
Como expresión de esta pluralidad de matices ubico -y propongo para el debate- las concepciones de la psicología social construccionista (Figueroa; 1994; Ibáñez, 1994; Gergen, 1991); la psicología social crítica (Feliu y otros; 1998. Christlieb; 1991, 1994;) y la psicología compleja (Estupiñán; 2003)
Su criticidad
La psicología social contemporánea, en sus diversos matices, se caracteriza porque comparte la crítica y genera crítica respecto a los fundamentos que la modernidad propone como horizonte de su proyecto en lo epistemológico, la producción del conocimiento - de donde se derivan formas de investigar expresados en metodologías a priori y universalistas-, así como opciones de intervención donde se actúa sobre objetos, o sobre sujetos a los que se les asume y trata como objetos.
Por eso, en una de las expresiones de la psicología social contemporánea, como es la psicología social crítica, se encuentra un planteamiento, que asume y resume esta condición de crítica “ Nos convoca el deseo que alejarnos del objetivismo cientificista y también del subjetivismo psicologicista; teorizar sin quedarnos en la abstracción filosófica; ser útiles sin quedarnos en el utilitarismo terapéutico o de las llamadas intervenciones psicosociales. No es que cada una de estas alternativas sea inadecuada en sí misma, pero tenemos en común la insatisfacción frente a sus propuestas. Quienes nos sentimos cómodos/as haciendo psicología social crítica nos encontramos haciendo un camino que es al mismo tiempo filosófico, práctico, político y ético” (Pipper, 2002: 3)
La psicología social contemporánea es y debe se crítica a toda concepción fundamentalista del conocimiento, a toda noción apolítica de la ciencia, a cualquier a-historicismo científico, a cuanto conocimiento estanco y fosilizado exista, a las nociones de verdad universal, de conocimiento objetivo, de conocimiento representacional, a las dicotomías en la concepción del mundo, la naturalización de lo psicológico, a cualquier escencialismo de lo humano, de la psicología como técnica Pero, en relación con lo anterior, la psicología social contemporánea debe ser crítica a sí misma para renovar su discurso categorial.
Su complejidad.
Abordar la complejidad, es abordar una diáspora, es asumir lo inseguro, la incertidumbre, es ubicados en el día de hoy, desarrollar una racionalidad que permita comprenderla, aprehenderla desde una doble inestabilidad, la de la realidad y la del pensamiento, o será mejor decir desde la realidad/pensamiento.
La inestabilidad desde el pensamiento nos ubica en perspectivas semánticas que pueden ser diferentes o que se pueden expresar denotando lo mismo, así, hay que estar atentos a qué se quiere decir con complejidad. Existen las siguientes significaciones (Sotolongo y Delgado, 2004):
Enfoque de la Complejidad, ideas de la complejidad, filosofía de la inestabilidad (Prigogine, 1989), teoría del caos (Lorenz, 1963), pensamiento complejo (Morin, 1994), constructivismo radical (Foerster, 1998), complejidad (Gell-Mann, 1998), ciencias de la complejidad (Maldonado, 1999) desde éste autor se proponen tres perspectivas: a) la Complejidad como ciencia; b) la Complejidad como método de pensamiento, y c) la Complejidad como cosmovisión
No obstante la diversidad —incluso las profundas diferencias entre las propuestas concretas— asistimos a la maduración de una revolución científica de nuevo tipo cuyo resultado palpable es la elaboración de un cuadro del mundo que podríamos denominar complejo.
Ahora, no siendo lo mismo las anteriores acepciones, pero queriendo decir lo mismo, ¿qué es lo característico de ésta “revolución Científica”? De manera directa podemos decir, la racionalidad mediante la cual se asume la comprensión del mundo. Pero, véase que lo central es nuevamente “LA RACIONALIDAD”, aunque se parte de asumir que es una racionalidad de nuevo cuño, de allí una pregunta ¿cómo se ha acuñado aquello que aparece como característico de tal racionalidad?
La anterior pregunta se puede reconstruir desde las huellas que históricamente van quedando a manera de magma del conocimiento, por lo que desde la historicidad de la realidad/pensamiento es posible encontrar lógicas diferentes en la producción de conocimiento y de la manera de significar la realidad, así se presenta lo que se denomina racionalidad clásica, racionalidad no clásica y racionalidad postclásica. Para ejemplificar, desde dos categorías centrales de la psicología social como son las de sujeto y subjetividad, en la racionalidad clásica, ésta no existe, no interesa en cuanto aparece más bien como un estorbo para lograr una mirada objetiva de la realidad, lo subjetivo y con ello la subjetividad aparecen como sospechosas, borrosas, son neblinas que impiden ver con claridad. El sujeto es asumido de manera instrumental, es un sujeto cognoscente que toma distancia de la realidad, neutralidad frente a ella, la mira para dominarla, para encontrar leyes universales que le permitan su dominio.
Por lo tanto, si se habla de una nueva racionalidad y la adjetivamos como compleja, ésta debe asumir de una forma diferente la noción de sujeto y de subjetividad, más aún, debe explícitamente plantear desde qué sujeto habla, cómo asume la subjetividad, como enuncia en conjunción (sujeto/subjetividad) y no en disyunción (sujeto y subjetividad). Por ello, queda como horizonte para la interlocución este planteamiento, que no es antropocéntrico, ni epistemológico, ni cognoscitivo únicamente, sino que pretende ser complejo.
La subjetividad ha sido investigada de manera disciplinar desde la psicolo gía, la sociología, la antropología, la filosofía, pero cada una de ellas aborda sólo un fragmento de la manera como ésta, es(tá) haciéndose. Es necesario avanzar en opciones, epistemológicas, teóricas y de método que ayuden a generar visiones integradas, nuevas cosmovisiones complejas, quizás se requiera una psico-socio-antropo-filosofía de la subjetividad que supere los manifiestos y manuales sobre complejidad y transdiciplinariedad.
Estamos en una época distinta a otras y en tal sentido distante de ellas en sus múltiples elementos constitutivos, económicos, sociales, culturales, psicológicos, tecnocientíficos y todos los demás que se le deseen agregar según intereses o ámbitos de formación de quien así quiera hacerlo. Por eso se dice que no estamos en una época de cambio sino en un cambio de época, aunque bien puede ser lo contrario o ambas a la vez. Pero lo básico es que se está en cambio. Pero no es estar en sentido presente, sino en devenir, es estar pasado/presente/futuro/presente.
A partir de lo anterior, la psicología social contemporánea se va estructurando y asumiendo como compleja, en cuanto mirada divergente de las perspectivas lineales, mecánicas y monocausales características de la modernidad y que Vilar (2000) denomina como vieja racionalidad.
Algunos psicólogos han abierto una veta en la psicología social contemporánea con la denominación de psicología posmoderna en la que asumen con radicalidad la crítica a la modernidad y construyen un cuerpo categoría distintivo, donde se reconoce al ser humano constituido por múltiples factores lo que lo hace un ser paradójico en tanto es, a la vez, ordenado y caótico, regular e irregular, contradictorio y borroso en su personalidad y en su comportamiento.
Centrando su argumento respecto a la psicología postmoderna (Munné, 2004: 23:14) nos dice : “El postmodernismo ha inspirado varias teorías en psicología, desde una psicología basada en la desconstrucción (Richer, en Kvale, 1992), pasando por una psicoterapia inspirada en la física quántica (DeBerry, 1993) hasta un amplio conjunto de teorías desconstructivo-constructivas entre las que sobresale por su pretensión radical de novedad el llamado construccionismo social”
Como se reconoce existen unos fundamentos retomados y construidos desde la perspectiva de la posmodernidad que permiten hablar de una psicología con ésta adjetivación, aunque no sea un asunto aceptado por muchas comunidades académicas de la psicología. Sin embargo, e independientemente de estos afectos esta tendencia existe, se configura y desarrolla teniendo como puntos de confluencia los siguientes presupuestos (Cabruna, 1998: 50-58):
La necesidad y posibilidad de asumir en la psicología social la hermenéutica y la deconstrucción como herramientas de análisis, lo que conlleva a:
la crítica a los metarrelatos que legitimaron las ideas de progreso e historia en la modernidad, reconociendo en cambio la opción de un conocimiento destrascentalizado y local.
La crítica al concepto del conocimiento como representación para asumir la construcción social de la realidad, lo que da piso a la psicología social posmoderna y a la socioconstruccionista
La crítica al “sujeto” de conocimiento occidental y la reivindicación de las diferencias, lo que tiene como consecuencia reconocer la temporalidad y localidad de las categorías utilizados en los proyectos emancipatorios y la ciencia.
La deconstrucción del “self” a partir de la crítica a cuatro “ficciones Identitarias” creadas por la modernidad, a saber:
La búsqueda de la independencia prometida a través de la autonomía, la libertad y la evolución del self, para reconocerlo situado socio-históricamente.
La búsqueda de una autentica y propia identidad, por el abordaje del self como construcción social.
La búsqueda de una identidad única, lo que impide reconocerla como relacional, múltiple y textual.
En búsqueda de la identidad perdida deconstruyendo el orden y naturalización de las categorías Identitarias binarias.
Con este panorama es posible reconocer un camino ya andado por algunos y unas huellas que demarcan posibles rutas a abordar en la posibilidad de pensar de una forma distinta la psicología social para asumirla como una psicología social contemporánea. Ahí, está el reto. |