| Uno de los grandes interrogantes de las Instituciones educativas hoy, frente al trabajo con las familias, tiene que ver con la escuela de padres: ¿Qué pasa con nuestras familias, que pese a innumerables intervenciones de “Escuela de padres y madres”, no se observan cambios importantes que permitan dar cuenta sobre un proceso?
Y es precisamente en torno a este cuestionamiento que pretendo desarrollar algunas reflexiones que permitan, no solo dar pistas a profesionales y estudiantes de las ciencias sociales y humanas, para pensar y construir alternativas y propuestas, sino además, reflexionar sobre el impacto que algunas “intervenciones” pueden generar a largo, mediano o corto plazo.
La UNESCO define la escuela de padres como “Actividad de educación no formal, que prolonga la educación inicial dirigida a personas consideradas adultas en la sociedad a la que pertenece, que busca desarrollar las aptitudes, mejorar las competencias y hacer evolucionar el comportamiento en el trato con los hijos, consiguiendo un enriquecimiento integral de los padres y una mejor participación de los mismos en el desarrollo equilibrado de la unidad familiar”
Es así como, en términos generales, se puede reconocer que la intervención con las familias pretende generar en los padres, madres y/o cuidadores (abuela, empleada, tía, vecina, hermana mayor, etc.) mayores herramientas y alternativas para ser cada día más asertivos en el proceso de formación de los niños y las niñas.
La institución educativa, y en especial los psicólogos, somos los llamados a hacer una reflexión sobre la verdadera eficacia de estos espacios, pues la realidad es que, en algunos casos, además de la resistencia real de padres, madres y/o cuidadores para asistir, su efecto de cambio y empoderamiento es mínimo.
Es necesario, entonces, poder reconocer que hay dos posibilidades diferentes para abordar a las familias. La institución educativa, de manera indiscriminada, nos pide a gritos hacer algo: “dicte una conferencia, trabaje en drogadicción, hable sobre los castigos, o mejor, de métodos anticonceptivos; bueno, en última instancia, usted es el experto, es el psicólogo usted verá que hace”.
Esta demanda indiscriminada también confunde al profesional, que en algunos casos opta por cumplir la demanda institucional, articulándose al síntoma “hacer para cumplir”, y se llega nuevamente al punto de partida: mínima participación, poco empoderamiento y deserción, entre otros.
Es necesario, entonces, reconocer que hay dos posibilidades de intervención con las familias desde la escuela, y son: e scuela para padres y madres, y la escuela de padres y madres. Más allá de la partícula “ de” y “ para”, la diferencia es de fondo mas que de forma.
La Escuela para padres y madres, se caracteriza por tener una metodología magistral, lo que no permite la construcción grupal y la participación es mínima; supone entonces la existencia de un producto previamente construido por un experto, y es entregado a unos padres y madres bajo el supuesto de que poco saben; a estas familias no se les brinda la oportunidad de interlocutar, y menos aun de construir como comunidad educativa. La intervención de escuela para padres y madres, supone así dos lugares: El lugar de quien sabe y el lugar de quien desconoce. Hay entonces un saber construido que es preparado por alguien “experto”, para ser entregado como una donación y/o regalo a alguien que lo desconoce, un “cuidador”.
En esta metodología podemos reconocer diferentes tipos de intervenciones como son: las ponencias, las conferencias, etc., que son presentadas a un grupo masivo de personas. A pesar de que puede ser establecido como ciclo o no, el efecto esperado por la institución educativa, “cambio actitudinal de las familias y mayor asertividad en los procesos de crianza”, parece ser mínimo con respecto a las expectativas institucionales; varias pueden ser las razones para ello:
La multiplicidad de tipos familiares hoy; esto hace que los planteamientos generales no toquen las dinámicas particulares de los asistentes.
Lo general, poco o nada se articula a lo particular de cada contexto familiar.
El participante puede sentir que lo expuesto en la conferencia no hace parte de su experiencia familiar. “Lo que se nombra entonces le sucede a otros”.
No hay la posibilidad de interlocutar, preguntar, revisar, pensarse y construir las propias pautas, pues el objetivo fundamental es informar a otros sobre alguna temática puntual.
Si bien se puede salir de estos espacios - “conferencias” - con una gran cantidad de información, su asimilación es mínima, y por tal motivo, la propensión al cambio es prácticamente nula.
“La Escuela para Padres y Madres”, es un espacio importante para las Instituciones Educativas, como apoyo a otras estrategias y metodologías, pero es esencial reconocer que por si sola, logra mínimos cambios frente a lo que se quiere generar en la comunidad educativa.
La Escuela de padres y madres es otra posibilidad, que debe contar con una metodología propia, ya que es un espacio ideal para reflexionar y construir nuevas formas de relación y vinculación en la familia. Se pretende así, que la escuela de padres y madres sea un espacio de aprendizaje, conformado por un grupo pequeño de padres, madres y/o cuidadores, un grupo heterogéneo, libre, democrático, informal, que se autocrítica y toma decisiones alrededor de las tareas educativas propuestas por la institución escolar, que además, busca el estudio de temas pertinentes a las necesidades del grupo; implica una educación para el ser, más que para el hacer y el tener; una educación para el desarrollo personal y social, y una educación para el amor y la vida.
Es una acción que genera la reflexión sobre las pautas de crianza, para promover nuevas actitudes y lograr así la construcción de propuestas particulares, articuladas a cada ámbito familiar. Es así como los talleres organizados por facilitadotes (psicólogos, docentes, profesionales de las áreas humanas), por medio de metodologías dinámicas y participativas, propician y motivan permanentemente la construcción en cada uno de los asistentes, al debatir, pensar, reflexionar se logra construir, de ser necesario otras formas de interactuar en las familias dependiendo de sus necesidades particulares.
La escuela de padres y madres tiene que pensarse, entonces, como un proceso sistemático y progresivo de educación continuada, que ofrece a la familia los elementos y medios que le permiten asumir en forma consciente y responsable, la educación integral de todos los miembros de la familia. Estos espacios se caracterizan por lo dinámico de los procesos; pretende así que los padres, madres y cuidadores se escuchen, elemento esencial y potencializador, además que intercambien para reconocerse y poder construir nuevas formas de vinculación al interior de cada ámbito familiar.
Uno de los aspectos a destacar en la escuela de padres y madres, es el rescate de la particularidad, de la diferencia, la cual hoy, con los innumerables cambios de los contextos sociales, culturales, políticos y económicos, han originado no solo diferentes tipos de familias, sino dinámicas particulares al interior de cada una de ellas, las cuales deben, no solo ser expresadas y por ende escuchadas, sino pensadas, para generar algunos cambios que solo la familia puede lograr construir.
Esta metodología de trabajo requiere que el grupo de padres madres y/o cuidadores se reúna en varias oportunidades, lo que permite también un impacto importante en lo social, “La construcción de lazo social”, si bien la escuela tiene muchas funciones que desarrollar, esta es de suma importancia hoy, ante el creciente número de familias monoparentales, familias de un solo hijo, familias separadas, familias reconstituidas, entre otras. El espacio de escuela de padres y madres permite que entre ellas se conozcan y creen relaciones de mutualidad, apoyo, reciprocidad alrededor de sus hijos lo que permite así afianzar el tejido social.
La modernidad ha planteado una relación diferente entre padres, madres y/o cuidadores e hijos, lo que exige para la familia una reflexión permanente, una construcción de estrategias que le permitan consolidar el pasado de su crianza con el presente, un presente que requieren las nuevas generaciones, mucho mas empoderada desde la palabra y la asertividad.
La efectividad de este trabajo lo podemos pensar entonces desde:
La necesidad de formación y de capacitación de los padres de familia, la cual debe partir siempre de los saberes previos “El padre y la madre no sabe que sabe”, aunque su saber requiera ser cualificado, partir de sus experiencias previas es fundamental para reconocer la necesidad de cambio.
La modernidad y sus imperativos sociales han generado unas nuevas dinámicas familiares, lo cual implica también de manera propositiva generar algunas modificaciones en las relaciones en el ámbito familiar, la particularidad de cada caso requiere el pensar desde lo particular y no desde la pluralidad.
Se requiere generar una mayor integración entre los miembros de las familias y entre la Comunidad Educativa , lo cual se logra si la familia es nombrada y reconocida desde la particularidad, desde su propia dinámica, si la familia deja de ser invisibilizada desde la homogeneidad, su compromiso y sentido de pertenencia cambia. Cuando una familia siente que es reconocida “nombrada” por el ámbito educativo se siente parte de este y actúa en relación a ello.
El empoderamiento de la participación y de los espacios democráticos a lo que se pretende llevar a las familias, solo es posible si se parte de propuestas que precisamente den cuenta de ello, Es así como los espacios de Escuela de padres y madres son espacios democráticos reconocidos.
Las temáticas puntuales del proceso particular en que se encuentran las familias y las dificultades concomitantes a ellas, serán centros de interés que permitan una convocatoria más clara y un compromiso puntual de cada uno de los asistentes.
La escuela de padres y madres, con la participación de cuidadores, es una experiencia formativa, dirigida a las familias con la participación de los mismos que busca:
Propiciar un momento de encuentro familiar.
Favorece el intercambio de experiencias, la interrelación grupal.
El cambio personal y por ende social
La búsqueda conjunta de propuestas más asertivas.
Para terminar entonces quiero nuevamente puntualizar que el cambio esperado en las familias es posible si cambiamos primero los profesionales, la escuela y la comunidad educativa en general, si logramos entender que las familias deben ser nombradas desde lo particular, visualizadas, reconocidas y valoradas, que tiene un saber y que es precisamente sobre ese saber que es posible construir.
El reto es enorme, pero posible, si bien este espacio de escuela de padres y madres genera a veces desgaste, poca motivación y frustración, es posible recrearlo, pensarlo y construirlo permenentemente desde lo democrático, lo participativo y lo plural, esperando así lograr familias mas éticas, propositivas y criticas con capacidad de pensarse y trasformarse en la cotidianidad cambiante de hoy. Recordemos a Pablo Freire: “Somos seres históricos porque nos hacemos y rehacemos socialmente”.
Lineamientos metodológicos La no directividad Mediante la cual se logrará un proceso de concientización y diálogo interpersonal entre los padres de familia; los facilitadores buscarán desencadenar y coordinar dicho proceso.
La participación activa : Será la forma que caracterizará los encuentros de padres de familia. La acción INTERGRUPAL hará de estos encuentros de padres de familia verdaderos talleres de “CREATIVIDAD” y RE-CREACIÓN de nuestras actitudes.
Lo vivencial será el fondo (contenido) y la forma (METODOLOGÍA) de la escuela de padres y madres.
El ambiente de confianza Será el clima propicio que favorecerá la PARTICIPACIÓN de los padres y madres de FAMILIA .
Aspectos recreativos del aprendizaje, a fin de lograr aptitudes positivas de los padres y madres hacia el juego como ACTIVIDAD esencial humana y perdurable, y a su vez le facilitará ciertas TÉCNICAS de PARTICIPACIÓN en los juegos de sus hijos.
La evaluación permanente : A nivel de contenidos, metodologías y sentimientos de los participantes, será parte constitutiva del proceso de aprendizaje de escuela de padres y madres.
La organización democrática : Para involucrar en forma activa a los padres y madres de familia en el proceso de formación de la escuela de padres.
Crear conciencia de grupo: En cada colegio y a nivel de todos los grupos que se organicen.
Los compromisos concretos: Que los padres asumirán al final de cada sesión y la evaluación de su cumplimiento reforzará la CONTINUIDAD del proceso de aprendizaje.
La participación ocasional de los hijos y los profesores en los encuentros de la escuela de padres, ayudará a dinamizar y complementar el proceso educativo de los padres.
Algunas pistas importantes
Es fundamental realizar un diagnóstico que nos permita reconocer los tipos de familias que hacen parte de la comunidad educativa, y así poder direccionar el proceso, la diversidad hoy es una fortaleza mas que una debilidad cuando de intervención en procesos se trata, pero es fundamental que la Institución educativa pueda claramente dar cuenta de ello.
Partiendo de esta diversidad, las problemáticas en cada ámbito difieren, esto además nos permite en la construcción de la propuesta de “escuela de Padres y madres” presentar opciones puntuales sobre:
Conformación de grupos (familias monoparentales, por grados, por edades, por problemáticas (Indisciplina, bajo rendimiento escolar, matricula incondicional etc.)
Temáticas a trabajar.
El diagnóstico nos debe ayudar a encontrar las opciones mas adecuadas sobre los tiempos de trabajo con las familias. (día hora y frecuencia).
Es importante el cumplimiento, no solo de las fechas, sino del horario, tanto del inicio como del final de cada sesión.
Una convocatoria personalizada genera mas impacto, pues ello da cuenta de lo importante que es la familia para la Institución Educativa y que además da cuenta de no ser invisibilizada.
Para algunos sectores de familias el nombre de “escuela de padres y madres” crea cierta resistencia para acudir precisamente por la connotación que el nombre trae para ellos. Una estrategia importante es lanzar a nivel Institucional un concurso donde las familias nombren este espacio de manera distinta, desde ahí se empieza una gran motivación y se propende por un espacio mas de las familias, mas democrático y participativo, surgen entones propuestas como “Aprender a vivir en casa”, “Construyendo juntos”, etc., esto puede ser aprovechado además para un eslogan referente a la misma dinámica del proceso.
La construcción de grupos estables y la consolidación del número de sesiones en el año es fundamental, esto debe ser construido con cuidado pues el incumplimiento genera inmediatamente cambio de expectativas y los grupos se puede diluir rápidamente.
Incentivos de orden simbólico para las familias y sus participantes son recursos que ayudan a generar su permanencia y estabilidad en el proceso, como: diplomas y/o certificados a quienes asisten el 80% de las sesiones o reconocimientos en los actos públicos. |