Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 10 • DICIEMBRE 2005
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Liliana Patricia Arbeláez                

Estudiante de Psicología

FUNLAM

Pensamientos Naranja

Pintura. Acrílico sobre Lienzo. Firmada. Año: 2004

Helen Walliser

La Sierra: Una sola cara de la moneda

Peones al servicio de amos con intereses que no conocen
 

Hoy en Colombia, según Caracol [1], 5.583.800 personas tienen conocimiento sobre la realidad de la guerra y del fenómeno Paramilitar en Colombia, pues esa es la audiencia que registraron en la emisión del Documental “La Sierra” [2], el día domingo 2 de octubre de 2005, un film que pretende mostrar la cruenta realidad que tienen que soportar los jóvenes que pertenecen al grupo paramilitar Bloque Metro, en el Barrio la Sierra de Medellín.

Me atrevo a sostener que esto es una verdad a medias, no por la cifra que muy bien puede ser inventada, sino porque la realidad que pretende evidenciar el documental, es como las que suelen editar la mayor parte de los medios de comunicación, por razones obvias para quienes conocen que detrás de la fachada de "medios objetivos, neutrales e independientes", se esconden los verdaderos dueños de Colombia, que distribuidos en tres clanes industriales-financieros, controlan el país. [3] No se puede pretender que Caracol se permita transmitir una grabación de cualquier estilo, que vaya en detrimento de sus dueños. No se puede ser ingenuo en un país donde cada acción es premeditada y atravesada por intereses. No se puede pretender que un documental - donde se han tenido que obtener los permisos para su grabación, no sólo de los personajes protagonistas de la atroz realidad que allí nos muestran, los peones de esta guerra que vivimos los colombianos, sino a los amos de dicha guerra - , pueda mostrar la realidad tal cual es. Según palabras de la directora del film, Margarita Martínez : “Al terminar de posar y de hablar de la presencia de su fuerza paramilitar en las rendijas de los barrios pobres, ellos querían irse, y también que nos fuéramos. Pero les dijimos que queríamos volver al día siguiente. Se miraron en silencio, resignados. No podían negarse porque teníamos el permiso de 'Doblecero', el comandante del Bloque Metro. [4] 'Queríamos contar la historia de la juventud metida en la guerra', dice la directora de 'La Sierra'” [5], y eso fue lo que mostraron, una realidad sesgada, con límites bien establecidos, no sólo desde el territorio, sino desde los personajes que intervienen en esta guerra. Pues ni son todos los que están en el documental, ni están todos los que son los de la guerra.

Y las preguntas que surgen cuando se lee esta respuesta de Margarita Martínez , son: ¿Por qué no se habla de “Doblecero” en el documental? ¿Cuál es la historia de alias “Doblecero”? ¿Cuál es la identidad de “Doblecero? ¿“Doblecero” vive en la Sierra? ¿Está “Doblecero” sujeto a la misma realidad social y económica que viven estos muchachos? ¿“Doblecero” está solo en esta empresa paramilitar y es el alto mando de estos muchachos de barrio, o es un mando medio? Si es así ¿Quiénes son los mandos altos? ¿Cuáles son los pares del poder de este personaje, cuyo alias pretende anularlo doblemente de una realidad en la que ejerce poder, inclusive para decidir si un documental es filmado o no, más allá del deseo de sus inmediatos protagonistas? Y de él, no se dice, no se graba, no se edita nada; ¿cuáles son sus intereses al armar a un grupo de muchachos como estos?

Es aquí donde encuentro la incongruencia con la realidad del documental, que según Víctor Gaviria , no es tan documental, pues en sus palabras: "Tiene un estilo más periodístico y le hace falta mostrar el cultivo social que envuelve a los personajes. Además, a ellos no los vemos documentalmente hablando, sino contestando formalmente a entrevistas" [6]; y es de esperarse, pues no se puede dejar que los muchachos hablen abiertamente y sin ninguna guía de lo que realmente sucede allí, las causas de lo que acontece allí, si es que las saben; ¿a quiénes obedecen los que en la Sierra empuñan las armas?, y sobre todo, ¿por qué se matan estos muchachos, si el “poder” que obtienen matándose no les representa mejor calidad de vida, ni a ellos ni a su gente, pues ser el comandante paramilitar de un barrio como la Sierra en la ciudad de Medellín, no saca de la pobreza a nadie, ni permite que se cumplan los sueños de vivir mejor?; y esa si es una realidad que podemos ver en el documental, aunque sólo desde la imagen silenciosa, porque no se profundiza en ella.

Cuestiona ver la Sierra, y al hacer un pequeño seguimiento de la opinión que generó, se encuentra uno con personas que, viviendo en la ciudad de Medellín, no tenían un ápice de conocimiento de lo que aquí sucede. Y me pregunto, qué es lo que lograron leer esas personas que viven en la Otra ciudad, la que tiene por slogan “La mejor esquina de América”, que van a la universidad y logran sus sueños de ser ingenieros sin tener que empuñar un arma - a diferencia de Édison - ; esas personas que viven en barrios donde la seguridad privada les garantiza su bienestar, que cuentan con una o dos tarjetas de crédito que los sacan de los apuros económicos que conlleva tener un buen estilo de vida, donde el sueño de las jóvenes no es lograr ser la “moza” número seis del jefe paramilitar, sino conseguirse Treinta millones de pesos, para realizarse las cirugías que le permitirán ser una de las mejores prepago [7], ¿cuáles son los elementos sociales, económicos, políticos y éticos que tienen los “ciudadanos” de esta Otra ciudad y de este Otro país, para leer entre líneas lo que no nos muestran en la Sierra, y que es lo fundante de esa cruel realidad?

Dice la directora del Film Margarita Martínez : “La sierra" recoge sin tapujo alguno las vivencias de tres jóvenes, dos de una banda paramilitar y de una muchacha que es novia de un paramilitar encarcelado, Édison, Cielo y Jesús, quienes muestran desde adentro, como es vivir en el barrio "La sierra", un mundo donde es necesario proteger sus sueños con un arma y refugiarse tras de ella para continuar con vida. (…) Los muchachos llevaban camuflado, pasamontañas, fusiles y caminaban con un aire marcial por las lomas de La Sierra, un barrio del centro occidente de Medellín. Muchos eran imberbes (adolescentes) y el mayor no tenía más de 22 años. Ellos no se acordaban, pero era el mismo espectáculo que habían montado unos meses atrás, cuando hice un artículo sobre la entrada de los paramilitares del Bloque Metro, para la Associated Press.” [8]

Me pregunto, los ciudadanos de los que vengo hablando, esos de la Otra ciudad, qué pueden leer de un contexto como este, un “espectáculo montado”, acudiendo a las propias palabras de la directora del film, pintado con imágenes que aturden los delicados sentidos de quien nunca se ha tropezado con un muerto en la salida de su casa, ni con un muchacho enfusilado, y mucho menos con un niño de 10 años con sus bolsillos llenos de munición para armas largas.

Pues me di a la tarea de preguntar y me encontré con respuestas como las siguientes: “Pobres muchachos, uno no sabe que pensar. Porque ellos en ultimas se arman para defender su vida, su territorio, sus sueños, como lo muestra la película”. [9] “Es que la lucha es contra las bandas de otros barrios que querían hacerse con el control de La Sierra, como los milicianos del ELN, pero es muy triste que la gente inocente caiga en medio de las balas.” [10] “El proceso de reinserción es muy bueno, porque estos muchachos van a dejar de estar matándose y por fin vamos a tener paz en este país.” [11] “ Margarita Martínez y Scott Dalton lograron un documento que impacta, en cuanto convierte en tres relatos humanos, la sinrazón de nuestra guerra”. [12]

Se da uno cuenta que no se preguntan, ¿qué es lo valioso o lo peligroso de los sueños de estos muchachos, que tienen que defenderlos con armas? Qué es lo valioso en estos territorios, para que se peleen por tener su control? Y sobre todo, ¿de dónde obtienen las armas o los recursos económicos para cómpralas y hacer una guerra tan costosa? ¿Qué es lo que se esconde detrás de la lucha de las bandas, los paramilitares y los guerrilleros, en la ciudad de Medellín?, ¿cuál es la razón o las razones? Porque tales deben existir. ¿Quiénes son los que se reinsertan y que pasa con los mandos? ¿Qué tan transparente es ese proceso de reinserción en lo que tiene que ver con la responsabilidad de los mandos de los grupos paramilitares?

Es cierto que el ciudadano de a pie, no se hace esas preguntas. Están condicionados y entrenados por los medios de comunicación a quedar satisfechos con las imágenes que nos muestran, con los espectáculos que nos montan sin preguntar más. La cajita mágica de la TV es el criterio de verdad con el que se crea opinión y realidades que convienen más a unos, que a otros.

Pero no sólo el ciudadano de a pie se conforma y construye su realidad con los trozos amañados que le dan los medios de comunicación; sorprende ver al alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, hablando de esta realidad como si ya hubiese pasado, y estuviese haciendo, en este momento, los ajustes para la limpieza total de una plaga que padeció el Valle de Aburrá, cuando todavía es una viva realidad. También sorprende ver cómo se abstiene de profundizar en sus declaraciones sobre la realidad oculta del conflicto. En el debate que presentó Caracol después de enseñar al pueblo colombiano el reportaje de la Sierra, entre el alcalde de Medellín y Lucho Garzón, alcalde de Bogotá, sólo se pudo ver un pequeño intento de Garzón por decir que existía una gran diferencia entre los muchachos paramilitares reinsertados de la Sierra, y los jefes paramilitares, y esa diferencia tiene que ver con las grandes cantidades de dinero que significa la guerra para los segundos. Comentario que se pasó desapercibido para los otros panelistas, y en el que Garzón no insistió más. La pregunta obligada, entonces, es: ¿A quiénes y porqué les interesa que hoy conozcamos una realidad que, aunque parcial, sí existe en la ciudad de Medellín, y específicamente en el Barrio la Sierra?

La respuesta a esta pregunta parece más difícil de responder, cuando me encuentro con una nota sobre los directores del reportaje la Sierra, que realizó el diario el Tiempo el día 4 de octubre, donde argumentan que: “Como reporteros, los dos tenían claro que no querían retratar la guerra de los jefes paramilitares, sino la problemática de los jóvenes que, al no tener otra alternativa de trabajo, terminan reclutados en un bando”.

Esto sin duda está pasando en Medellín y existe. Pero allí no está el por qué principal de la guerra. Allí no está la respuesta que pretenden imponernos los medios de comunicación al porqué de la guerra en nuestro país, y el porqué del los bandos. El reportaje de la Sierra no es un informe neutral que pueda permitir a 5.583.800 colombianos, tener conocimientos sobre el fenómeno paramilitar en nuestro país, mucho menos mostrar los reales responsables de esta cruda y atroz realidad.

Esta es la sensación con la queda una simple estudiante de psicología social, después de ver un reportaje que parece más una apología a la guerra marginal que viven los jóvenes de Medellín, de la cual también son víctimas y victimarios, seres humanos que acuden a la única herramienta que les ha sido conocida para sobrevivir: la violencia. Un ensalzamiento que encuentra su argumento en las siguientes palabras: “Desde el inicio seguimos a 'La Muñeca' o Édison, jefe del bloque en este barrio. Él nos escogió a nosotros y nosotros a él. Desde entonces, se convirtió en el protagonista y, después de 100 horas de grabación, también en un amigo. Édison Flores tenía 22 años. Amaba la cámara y era encantador. Yo era 'Márgara'. Scott era 'Escot'. Quería que conociéramos su vida, que la hiciéramos inmortal. Tenía una visión fatalista: sentía a cada momento que vivía su último día. De su mano empezamos a documentar sus guerras con las bandas de los barrios vecinos, y a sus mujeres y a sus hijos, que eran seis bebés. Para ser justos, hay que decir que las muchachas lo acosaban, se le entregaban. Él era el comandante del barrio y tenía el afrodisíaco que dan el poder, las armas y la moto. Él era el juez, el vigilante de las obras civiles, y el que recibía los 'aportes' de los buses y las pequeñas tiendas. También, en la visión del barrio, era quien comandaba la defensa del territorio. Es decir, luchaba contra las bandas de otros barrios que querían hacerse con el control de La Sierra y que, como ellos, también estaban afiliadas a un grupo ilegal nacional, como el ELN, en el caso del barrio vecino.” [13]

Una historia que si bien tiene asidero en una gran parte de la realidad que muestra, lo que busca es movilizar sentimientos en el pueblo colombiano y en la comunidad internacional, en medio de un contexto de reinserción paramilitar que tiene como slogan “el perdón y el olvido”. Pero ¿perdón a quiénes y olvido de qué?

Perdón entre el pueblo marginado, excluido y explotado, que se ha armado para pelearse las migajas de dinero, territorio y poder que tiran los de arriba. Perdón entre las comunidades, los barrios y los grupos de muchachos, que creen suyas las guerras que libran y la ley que imponen, jóvenes que llegaron a unos niveles de guerra que no tienen la capacidad de comprender, situación que se traduce en las palabras de Jesús, uno de los jóvenes armados que muestra el reportaje: “yo no sé en que momento me volví tan acelerado”.

Y olvido de las causas reales que generaron la guerra. Olvido de quienes son los amos y que pagan a los peones que jalan el gatillo, porque con los pocos aportes o vacunas que da o le quitan a la comunidad, no alcanza con qué comprar un fusil. Olvido de las razones que llevan a estos señores de la guerra a embotar al pueblo de sangre y dolor, de tal manera que no tengan la posibilidad de preguntarse los porqués de su realidad, pues el día a día que les han obligado a construir sus amos y que refuerzan los medios de comunicación, no dan posibilidad alguna de tener lecturas diferentes de la realidad, y menos de evidenciar los verdaderos responsables de ella.

En las imágenes del reportaje podemos ver las paredes con “pintas” [14] de una y otra organización armada. En las imágenes silenciosas del reportaje, se pueden ver las letras el Bloque Metro de los paramilitares, y luego el Bloque Cacique Nutibara. En los comentarios que hace la comunidad, se hablaba del ELN. Detrás de la tragedia que nos muestra el reportaje “La Sierra”, está el “indescifrable” conflicto colombiano. La feroz lucha por el poder, la economía y el territorio. Detrás de estos muchachos armados con armas de fuego y sueños imposibles de cumplir en la realidad a la que están abocados, están los reales jefes y todo el aparato paramilitar privado. Está un proyecto de solución paramilitar desde el Estado. Está la permanencia de unas guerrillas. Están todos los que inducen a la muerte a jóvenes deseosos de vivir. Y de ellos no queremos hablar, no queremos documentar. Y de querer hacerlo, ¿sería posible?

No creo que las elites colombianas, amos de la guerra que vivimos, estén muy ansiosas y gustosas de posar para una cámara, “montar un espectáculo” y contarnos a los colombianos y al mundo, cuál es esa otra parte de la realidad que ellos protagonizan. Carlos Castaño se atrevió en una acción, que al principio parecía audaz, a declarar: "¡Por fin vamos a dejar de ser la amante y pasar a ser la esposa!" [15], una declaración que dejaba al descubierto la estrecha relación que existe entre el proyecto paramilitar, los grupos económicos y el Estado en nuestro país, pero que ahora se puede decir, fue una acción torpe, pues confrontó e intentó descubrir al amo y fue borrado por él.

Hoy, mientras los periodistas que realizaron en reportaje sobre la Sierra, Scott Dalton y Margarita Martínez , han sido seleccionados para doce festivales de cine, entre ellos Los Ángeles Film Festival, Human Rights Watch Festival, SilverDocs, HotDocs, Seattle Film Festival, entre otros, y han ganado la Mención de Honor Festival de Slamdance, Park City, UTA, el Gran Premio del Jurado a Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Miami, y el premio a Mejor Realización Documental en el IFP Market, New York [16], la historia de los jóvenes ex combatientes del Barrio la Sierra y pertenecientes al grupo de paramilitares Cacique Nutibara, en los 16 meses del proceso de reinserción, ha sido otra; no la de la fama, el estrellato y la inmortalidad, como pretendía Édison, y mucho menos el mejoramiento de su calidad de vida, pues la mayoría han sido asesinados. [17]

Aunque no se puede asegurar una constante en el origen de las muertes de estos jóvenes desmovilizados, existen varias hipótesis sobre a la mayoría de los casos. Entre ellas se encuentran:

•  La 'operación pistola', promovida por las FARC, que estarían ofreciendo dos millones de pesos por la muerte de cada desmovilizado, según información de inteligencia militar.

•  Venganzas por hechos cometidos cuando eran combatientes. "Al desmovilizarse y volver a sus sitios de origen, muchos tienen cuentas pendientes - dice el comandante operativo de la Policía de Medellín, coronel Emigdio Ortíz-. Hay viejos enfrentamientos entre bandas".

•  Un número indeterminado de ex combatientes están delinquiendo. "Al parecer, el narcotráfico y otras organizaciones armadas se están disputando esa nueva 'mano de obra'", dice el gobernador del Valle, Angelino Garzón.

•  Una eventual 'limpieza' que la misma organización habría ordenado, para evitar que los ex combatientes con historial criminal o con malos hábitos, terminen dañando o entorpeciendo el proceso de paz. "Nos dicen que nos cuidemos, que los mismos comandos han enviado a antiguos compañeros que continúan en la organización, para que eliminen a quienes tienen cuentas pendientes y problemas de indisciplina", cuenta un desmovilizado del Calima, en el Valle del Cauca. [18]

•  Una última causa de esas muertes, es hipótesis de quien escribe: La necesidad de callar unos labios que tienen información que pondrían en peligro los intereses de las clases dirigentes del país. La necesidad de acabar con unos jóvenes armados, que se les salieron de las manos y comenzaron a exigir más de lo que ellos tenían planeado darles, a cambio de realizar el trabajo sucio.

Cualquiera de estas causas puede ser cierta, pero lo que importa es el trasfondo de ellas, unos intereses que no permiten ni permitirán que estos jóvenes se alejen de la guerra. Pues ni haciendo el juego pueden lograrlo. Podemos evidenciar que lo que realmente se busca con el proceso de reinserción, es la "reinstitucionalización" de la sociedad y el Estado, como un proyecto central del gobierno del presidente Álvaro Uribe. Es una búsqueda por legitimar un proyecto como el paramilitar en Colombia. “Una de las connotaciones, es que esa legitimación requiere la adopción de medidas tendientes a producir una impunidad de carácter normativo y fáctico, de los crímenes masivos cometidos por los paramilitares, que oculte, además la complicidad del poder estatal en esta empresa de exterminio y terror sistemáticos.” [19]

Recojo en este escrito el encabezado de la segunda declaración Pública de la Organización Planeta Paz , una organización no gubernamental de los Sectores Sociales Populares para la Paz en Colombia, que exigen las garantías de un proceso de paz y del cual creo los colombianos deberíamos tener conocimiento:

“Las organizaciones sociales y populares, y las personas que suscribimos esta segunda declaración pública, como víctimas de la violencia social y política, y voceras de miles de hombres, mujeres, niñas y niños afectados y afectadas por el conflicto social y armado colombiano, consideramos necesario pronunciarnos sobre el “pliego de modificaciones al proyecto de ley estatutaria Nº 85” , presentado ante el Senado de la República como propuesta parlamentaria alternativa al proyecto elaborado por la Presidencia de la República y el Comisionado de Paz. Ratificamos integralmente el contenido de la primera declaración e insistimos en que cualquier negociación con los denominados grupos de autodefensa debe constituir un proceso orientado a desmontar definitivamente el paramilitarismo en Colombia, con sus redes de apoyo, financiación y legitimación; y debe estar inspirada en el establecimiento de la verdad, la consecución de la justicia y la reparación moral, material y simbólica de las personas, organizaciones y comunidades que han sufrido las consecuencias de las acciones paramilitares. Además, debe tener como referente externo un diálogo permanente entre el Estado y la sociedad, ser transparente y verificable en su agenda y en cada una de sus etapas, y garantizar la protección de los derechos de las víctimas y el cumplimiento de los acuerdos suscritos.” [20]

Y para terminar, me sumo a las palabras del documentalista Juan Guillermo Arredondo, que asegura que el reportaje de La Sierra es un trabajo efectista, y no permite entender el trasfondo del conflicto. "No ayuda a hacer una lectura muy coherente de lo que está pasando y es un reportaje despolitizado. Aunque es valioso por el atrevimiento”. [21]

[1] Cadena Privada de TV. Y Radio cuyo dueño es Julio Mario Santodomingo, dueño también de varias revistas colombianas como Semana, Cromos, RadioNet, etc., pero también Avianca y una de las cerveceras más grande del mundo: Bavaria. Según la revista Forbes , la fortuna de Julio Mario Santodomingo ha sido una de las que registro mayor crecimiento en el último año en Latinoamérica puesto que aumento de 1500 o 1600 millones de dólares a 3000 millones de dólares, suceso que en un solo año es bastante bueno.

[2] Documental realizado en el 2003 por Margarita Martínez y Scott Dalton sobre la realidad y la guerra que viven jóvenes armados paramilitares del bloque Metro al servicio de AUC en el Barrio la Sierra de Medellín.

[3] Dick Emanuelsson. Colombia ¿A quiénes sirven los medios?

[4] Detrás de las cámaras Margarita Martínez Revista Semana

[5] Ibíd.

[6] El tiempo. Septiembre 1 de 2005

[7] Calificativo que se utiliza para nombrar a las jóvenes prostitutas de clase alta que prestan sus servicios sexuales a domicilio y a grandes costos para los consumidores sexuales.

[8] Detrás de las cámaras Margarita Martínez Revista Semana

[9] Mujer de 25 años habitante del barrio Belén de Medellín. Clase media-alta

[10] Joven de 19 años habitante del barrio la Mota de Medellín. Clase media-alta

[11] Hombre de 35 años habitante del barrio Buenos Aires de Medellín. Clase media-baja

[12] Opinión rescatada del cine foro del Colombo americano sobre el documental la Sierra.

[13] Detrás de las cámaras Margarita Martínez Revista Semana

[14] Graffitis alusivos a las organizaciones que controlan un territorio.

[15] Paramilitarismo en Colombia: Pacto de lealtades e impunidad . Iván Cepeda Castro. Equipo Nizkor

[16] www.proimagenescolombia.com

[17] El tiempo Marzo 9

[18] Periódico el Tiempo 9 de marzo de 2005

[19] Paramilitarismo en Colombia: Pacto de lealtades e impunidad. Iván Cepeda Castro. Equipo Nizkor

[20] Planeta Paz. Sectores Sociales Populares para la Paz en Colombia SEGUNDA DECLARACIÓN PÚBLICA , Proyectos de alternatividad penal.

[21] El Tiempo 7 de octubre del 2005.

 
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