Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 10 • DICIEMBRE 2005
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Alexander Cruz                

Psicólogo

Universidad Autónoma de Bucaramanga

Diario Español X

Pintura. Técnica del Autor. Firmada. Año: 2002

Daniil Menshikov

Psicoanálisis y literatura, un encuentro entre líneas

 

Abstract

Exportar el conocimiento del psicoanálisis desde la clínica hacia otros campos del saber no es sencillo, y no debe serlo, si se pretende generar un verdadero diálogo con esos otros campos del saber. El diálogo particular entre el psicoanálisis y la literatura elucida elementos que se escapan en una lectura simple de nuestras páginas favoritas, permitiéndonos vincularnos de otra forma con el texto.

 

“El psicoanálisis no es otra cosa que

la transformación de una vocación

literaria en términos de psicología y de

patología”

Giovanni Papini, Visita a Freud. Gog.
 

A primera vista resulta sencillo establecer la relación entre el psicoanálisis y la literatura, se caracteriza esta por una perfecta simbiosis?, o al contrario, por un encuentro turbio y conflictivo basado en la critica. Pretende al psicoanálisis un ataque hacia lo estético en el texto con la pretensión de arrojar verdad sobre el mismo? Las opiniones difieren al encarar esta relación. Sea cual sea la postura a adoptar, hay algo que no escapa a ninguna perspectiva, los dos se encuentran en los dominios de la letra.

Faulkner y Nabokov denunciaron que el psicoanalista intenta intervenir en aquello que los escritores construyen con estética y que esta signado por el velo. Allí donde los escritores crean con gracia y fragilidad para decir sin decir, el psicoanálisis avanza impetuoso desgarrando y abriéndose paso descarnadamente. Actitud que al mismo tiempo provoca resistencia y atracción, dado que este proceder del psicoanálisis, que imprime un sentido dramático y trágico, le da una nueva dimensión a la monótona vida posmoderna (Piglia, 1997). James Joyce en cambio, habría de hallar en el psicoanálisis una forma de narrar, la posibilidad de que la construcción del texto no obedeciera a una lógica lineal, sino a una lógica mas cercana a la del inconsciente, atemporal y salvaje, evidenciada en su celebre Finnegans Wake , gracias a ello, Joyce produjo una revolución en el arte narrativo.

La aproximación psicoanalítica al arte, y en particular a la literatura abre una nueva perspectiva para la comprensión de la misma, entender que el texto literario es un lugar de privilegio para la manifestación del inconsciente nos lleva a plantear una nueva y enriquecida relación con el mismo, dado que el inconsciente que florece en el texto no solo es el del autor sino también el del lector, que aprovecha ese espacio y ese descuido para escabullirse y reconocerse entre las letras. Así las cosas, la literatura deja de ser mera entretención, trasciende el goce estético y se convierte en un invaluable espacio de auto conocimiento (Bordeu, 1995). El psicoanálisis, aplicado a la creación literaria, incorpora a su estudio, además de la forma, el contenido latente, oculto, que se escapa entre las líneas de la misma, permitiéndonos así comprender el texto de otra forma, desde otro lugar.

Siguiendo lo anterior, el psicoanálisis considera al texto como un lugar de encuentro donde trabajan tanto el inconsciente del autor como del lector. El texto activa y actualiza, en el sujeto que lee, sus propias represiones, transformándolo en sujeto deseante al darle a su deseo el engaño provisorio de un objeto donde fijarse (el texto). Según Lacan, el critico debe hacer responder al texto las preguntas que él le formula, y la critica literaria psicoanalítica en esta perspectiva, es una critica de otra forma y en otro lugar, lo cual mas que excluir a la critica literaria tradicional, la complementa (Bordeu, 1995).

Freud pensaba que la obra de arte tenía el mismo origen que los sueños, eran ambos la manifestación de un deseo inconsciente, y eran creados de la misma forma, los mismos mecanismos operaban tanto en la construcción onírica como en la construcción artística, de allí que fuese posible extender el discurso psicoanalítico hacia la obra de arte. En palabras de Starobinski, citado por Huaman (2003): “a los ojos de Freud el arte es la expresión de un deseo que renuncia a buscar satisfacción en el universo de los objetos tangibles. Es un deseo desviado a la región de la ficción, y en virtud de una definición ahora angosta de la realidad, Freud no atribuye al arte sino un poder de ilusión. El arte es la sustitución de un objeto real, que el artista es incapaz de alcanzar, por un objeto ilusorio”.

En “ El delirio y los sueños en la <Gradiva > de W. Jensen”, Freud (1906) nos muestra como el poeta Danés Johannes Wilhelm Jensen logra captar y describir de forma sutil los mecanismos tanto de aparición como de resolución del delirio, por supuesto, sin ser un versado en las ciencias de la mente. Ocurre aquí aquel encuentro entre inconscientes al que hacíamos referencia unas líneas arriba: “(…) insistimos en que la obra de Jensen constituye un estudio psiquiátrico en el que se nos muestra hasta que punto puede llegar nuestra concepción de la vida psíquica, y al mismo tiempo, una especie de historial clínico que parece destinado a la demostración de determinadas teorías fundamentales de la psicología medica. Pero no dejaría de ser muy extraño que hubiese sido esta la intención del poeta (…) seriamos nosotros los que, erróneamente, habríamos atribuido a la bella fábula poética un sentido en el que jamás pensó el autor.” Freud logra captar a su manera aquello que el poeta crea a la suya. Cuando se interroga acerca del nivel de comprensión de la vida psíquica al que puede llegar el poeta, agrega: “El poeta – oímos decir - debe evitar todo contacto con la psiquiatría y dejar al medico el cuidado de describir los estados patológicos. Más, en realidad, todos los poetas dignos de tal nombre han transgredido este precepto y han considerado como su misión verdadera la descripción de la vida psíquica de los hombres…”

Pero esta capacidad de crear en conjunto un tratado sobre el psiquismo humano y una herramienta para el entretenimiento y el goce estético es privilegio exclusivo de Jensen? O de unos pocos autores? Freud responderá en El poeta y los sueños diurnos que: “los mismos poetas gustan de aminorar la distancia entre su singularidad y la esencia generalmente humana y nos aseguran de continuo que en cada hombre hay un poeta y que solo con el ultimo hombre morirá el ultimo poeta”. Por que? Que hace de cada hombre un poeta, me atrevo a responder que es la presencia del deseo, como aquello eminentemente humano. Lo que establecería la diferencia entre el hombre “normal” y el poeta es el tratamiento que cada uno da a su material fantasmático, a la emergencia de sus pulsiones. Freud dirá que las pulsiones insatisfechas son las creadoras de las fantasías y cada fantasía es una satisfacción de deseos, la rectificación de una realidad insatisfactoria. La fantasía tiene la capacidad de hablar del sujeto por cuanto el pasado, el presente y el futuro se engarzan en la misma a través del deseo, siempre actualizado.

Tenemos entonces un inconsciente cargado de pulsiones que intentan llegar a la conciencia, luego una serie de resistencias y represiones que operan en contra de ellas para no dejarlas salir, frente a lo cual las pulsiones recurren a los sueños y fantasmas como medio de escape. Llegamos aquí a nuestra primera conclusión: El texto literario resulta de la elaboración de estas fantasías. Que le daría al texto entonces la calidad de clásico siguiendo esta perspectiva? Según Freud, los clásicos serian aquellos que narran la tragedia del yo frente a la represión y frente al deseo, aquellos que pueden mostrar como “el yo ha dejado de reinar en su propia casa”. Es a esto a lo que el psicoanálisis pretende llegar a través de su particular mirada a la literatura, a desenmascarar esta tensión pulsional que solo aparece mas allá del texto, en el reverso del mismo.

Pero, ¿de qué forma el psicoanálisis llega hasta ese reverso del texto? Tendremos que ir a la lingüística para encontrar solución a esta cuestión.

En “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, Jaques Lacan critica la formula Saussuriana que establecía que en el signo lingüístico existía una correspondencia directa entre significante y significado. Saussure planteaba que el signo seria la unidad de significación; si un significado se asocia a un significante, surge el sentido en una unidad de lenguaje. Lacan plantea que entre significado y significante no hay una asociación sino una resistencia. Resultaría inaceptable decir que a un significante corresponde arbitrariamente un significado y de esta forma se produce sentido en la medida en la que se hace referencia a una cosa, puesto que el mundo de las palabras no se modela sobre el mundo de las cosas (Bordeu, 1995). Y además, no puede asignarse un significado único a un significado tomado en la cadena del discurso. Con lo anterior, Lacan acaba con la idea de un orden en el significado, tal como el que existe en el significante. El significante entonces tiene primacía sobre el significado, el cual se desliza permanentemente por debajo del primero. El significado entonces se articula de diversas formas en profundidad. El mejor ejemplo de ello lo podemos encontrar en la poesía, donde pueden verse diferentes niveles en la relación significante/significado. Aquí encontramos la “polifonía” Lacaniana.

El orden “polifónico”, según Lacan (1976), es lo que permitiría a la palabra significar algo totalmente diferente de lo que ella dice. Podemos ahora entender la bella frase de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik (1971): “cada palabra dice lo que dice y además mas y otra cosa”. Es a través de este juego que la palabra puede expresar la verdad, consciente o inconscientemente. Pero esta palabra verdadera no es solo un resultado del interjuego entre significantes, sino el resultado de dos mecanismos del lenguaje que operan homólogamente a aquellos presentes en la elaboración onírica, la metáfora (condensación) y la metonimia (desplazamiento). El principio de la metáfora consiste en designar algo a través del nombre de otra cosa. “Se trata, entonces, en el verdadero sentido del término, de una sustitución significante , como lo dice Lacan.” (D´or, 1994). La metonimia se elabora según un proceso de transferencia de denominación, mediante el cual un objeto es designado por un término diferente del que habitualmente le es propio. Esta transferencia de denominación solo es posible si existen ciertos vínculos entre los dos, esto es: una relación continente-contenido, como en “beber una copa”; una relación de la parte con el todo, como en “una vela en el horizonte”; o una relación causa-efecto, “la cosecha” que designa al mismo tiempo la acción de cosechar y el efecto de esa misma acción (D´or, 1995).

En la perspectiva Lacaniana, la metáfora es la llegada a una determinada cadena significante de un significante que viene de otra cadena, interrumpiendo de esta forma el significado de la primera cadena, estableciendo así un sentido que aparece de inmediato; la metonimia marca la función de la ausencia en la cadena significante y siempre es necesaria una operación del pensamiento para captar el sentido de la expresión metonímica restableciendo los lazos entre el significante reemplazado y el reemplazante.

Tomando estos elementos podemos decir que no tiene sentido preguntarse por la significación del texto, ya que toda interpretación apunta a reflejos sobre el mismo. Bordeu (1997) plantea que el escritor es aquel que muestra la letra en sus rodeos y su destino y el analista es aquel que muestra “la letra que no llego a su destino”. El psicoanálisis busca en los agujeros del significante (lapsus, chistes, errores) “la palabra verdadera”, aquel deseo latente que encuentra un espacio en esos elementos para burlar la represión y hacerse manifiesto. Podemos plantear ahora nuestra segunda conclusión: El enfoque analítico de un texto literario reivindica al lector como un lugar en el que las significaciones inconscientes y los significantes se enfrentan. Perdemos el tiempo al proponernos: el autor quiso decir aquí… ( lo que yo quiero decir aquí…).


Referencias Bibliográficas

•  Bordeu, R. (1995). Psicoanálisis y Literatura: Alejandra Pizarnik y el silencio . En Anuario del Magíster. Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades. Pags 47 – 57. Extraído el 22 de agosto de 2005 desde http://www.uchile.cl/facultades/filosofia/anuario/ANUA-04.html

•  Dor, J. (1994). Introducción a la lectura de Lacan I . España: Gedisa.

•  Freud, S. (1906). El delirio y los sueños en la “Gradiva” de W. Jensen . Obras Completas. [CD – ROM]. Ediciones Nueva Helade. (1995).

•  Freud, S. (1907). El poeta y los sueños diurnos . Obras Completas. [CD – ROM]. Ediciones Nueva Helade. (1995).

•  Freud, S. (1927). Dostoyevsky y el parricidio. Obras Completas. [CD – ROM]. Ediciones Nueva Helade. (1995).

•  Huamán, M. A. (2003). Lecturas de teoría literaria II . Lima: Fondo Editorial.

•  Lacan, J. (1976). Seminario 23: El sínthoma . Los seminarios. [CD – ROM]. Zampati y asociados. (1992).

•  Papini, G. (1982). Gog . Barcelona: Plaza & Janes.

•  Piglia, R. (1997). Literatura y Psicoanálisis . Trascripción de la conferencia dictada en Buenos Aires con el auspicio de la (IPA) el 7 de julio de 1997. Extraído el 21 de agosto de 2005 desde www.educ.ar/educar/servlet/Downloads/S_BD_ZONAEROGENA44/ZE04418.PDF

 
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