Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 9 • DICIEMBRE 2005
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Felipe Tobón                

Estudiante de Psicología

FUNLAM
La dueña n. 2
1975
Grabado sobre metal
46 x 35 cm
María de la Paz Jaramillo 

Lo clínico. En los desafueros del malestar de hoy

 

El énfasis de estas líneas se enhebra en el rastreo de algunas ideas sobre lo clínico, a partir de uno de sus privilegiados usos y abusos en nuestro tiempo y algunas complicidades con los síntomas actuales. En los puntos suspensivos de este escrito, se trata de una reflexión sobre la muerte, sobre la sexualidad y sobre el amor como “correlativo esencial de la muerte”; creo que hay una decepción y una esperanza como sombra de esta reflexión. Empezaré, a propósito, con un fragmento del Mundo de Guermantes de Marcel Proust:

“Realmente decimos que la hora de la muerte es incierta, pero cuando lo decimos nos representamos esa hora como situada en un espacio vago y remoto; no pensamos que tenga la menor relación con la jornada comenzada ya y que pueda significar que la muerte – o su primera toma de posición parcial de nosotros, después de la cual ya no ha de soltarnos – podrá producirse esta misma tarde, tan poco incierta, esta tarde en el que el empleo de todas las horas está regulado de antemano. Tiene uno empeño en salir de paseo para alcanzar en un mes el total de aire sano necesario; ha vacilado respecto de la elección del abrigo que debe llevar, del cochero a que llamará; está uno en el coche, tiene por delante toda la jornada corta, porque quiere uno volver a tiempo para recibir a una amiga; quisiéramos que hiciese también buen tiempo a la mañana siguiente, y no se sospecha que la muerte, que caminaba en nosotros en otro plano, en medio de una impenetrable oscuridad, ha escogido precisamente este día para salir a escena, dentro de unos minutos, aproximadamente en el momento en que...” [1]

El acento en las consideraciones sobre lo clínico se ha ligado dramáticamente a nuestra época, y decir dramático es darle un matiz crucial en la aproximación sobre lo que se espera que sea clínico hoy, por el lugar al que ha sido llamado frente a los malestares que las sociedades actuales producen. Para entender lo clínico, en este caso, es conveniente tomarlo como un conjunto de indicadores de los síntomas contemporáneos. Un indicador muestra evidencias de lo que pasa con los haceres y lo que pasa en nuestro tiempo, y no porque la humanidad haya tenido un momento de gloriosa ausencia de los síntomas sociales, se puede comprender desde la desaforada proliferación de los síntomas sociales, con pequeños goces, pues al no poderse usufructuar el goce propio se han multiplicado las formas de llegar a él, mecanismos de expansión de los estilos de vida en sociedades democráticas y perversamente tolerantes, donde la publicidad de la felicidad se ha aventurado obteniendo ganancias con la promoción y venta de panaceas al detal. La ética teoría económica que hacia lectura de lo faltante en la sociedad para ofrecerlo se ha invertido para instaurar ofertas que construyen demandas de felicidad, experiencia tan amada y huidiza. Es preciso saber que lo clínico esta atravesado por lo que podría ser llamado “el mercadeo del alma feliz”.

Ninguna sociedad sostiene un mercado sin una moral. La moral constituye el entrevelo de las justificaciones de las prácticas sociales, y en tan llamativa sumatoria de ofertas de salud, la moral desempeña un papel cualitativo que se tiende entre los huecos de la inoperancia del mercado para mantener la lógica del buen vivir, es decir, la moral viene a salvar allí donde el mercado falla; en la discontinuidad de los efectos de los productos para “star bien”, la moral suple con: “lo importante es estar bien con uno mismo” . La complicidad de la moral atosiga al doliente para pasar al plano de lo etéreo e ideal lo que en la tierra está con su traje de madera.

A nombre de qué el mercado y la moral actúan?. Las actuaciones de lo clínico, auspiciado por el merchandising de la felicidad y la moral de las resignaciones, están de cara a la estética y la salud. Lo terrenal de lo clínico en nuestra época, está en el campo de la belleza y la integración biopsicosocial del individuo. En el objetivo de lo clínico contemporáneo la belleza y la salud son los sustantivos sobre los que recae el propósito de la acción terapéutica. Cuerpos bellos (atractivos, armoniosos, “chic”) y personalidades integradas (adaptadas, anti-stress, smile), donde “el esfuerzo por impresionar resulta penoso y produce una sensación de fatiga” [2]

En este panorama de mercadeo de panaceas, morales de optimismo, biopolíticas de extenuantes estéticas y del registro imaginario de la salud, el mejor lugar es un Spa para eliminar el stress o para eliminar la subjetividad. Los Spa incluyen el paquete completo de servicios clínicos que los frágiles sujetos capitalizados necesitan: aguas medicinales, masajes, bebidas energizantes. Y también sostienen la fantasía de eliminar los malestares. Roudinesco, en ¿Por qué el psicoanálisis? plantea:

El sufrimiento psíquico se manifiesta hoy bajo la forma de la depresión. Herido en cuerpo y alma por este extraño síndrome se mezclan tristeza y apatía, búsqueda de identidad y culto de sí mismo, el hombre depresivo ya no cree en la validez de ninguna terapia. No obstante, antes de rechazar todos los tratamientos, busca desesperadamente vencer el vacío de su deseo... El individuo depresivo padece más las libertades adquiridas por cuanto ya no sabe hacer uso de ellas.

Cuanto más pregona la sociedad la emancipación, subrayando la igualdad de todos frente a la ley, más acentúa las diferencias. En el corazón de este dispositivo, cada uno reivindica su singularidad negándose a identificarse con figuras de universalidad consideradas caducas. La era de la individualidad sustituyó así a la de la subjetividad, dándose a si mismo la ilusión de una libertad sin coacción, de una independencia sin deseo y de una historicidad sin historia, el hombre de hoy devino lo contrario de un sujeto. [3]

Así, lo clínico está rodeado de espejos, está en las certezas de los astrólogos, está en los espacios de feng shui, los manuales de la “vida en armonía” vienen como suplemento de los paquetes de galletas Ducales. Lo clínico aparece falto de palabra, de bien decir y responsabilización subjetiva. Se abusa de lo clínico para seguir gozando.

[1] PROUST; Marcel, En busca del tiempo perdido., El mundo de Guermantes. Madrid: Alianza Editorial, 2001, p. 393.

[2] KANT, Manuel. Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. México: Porrúa, 6ª ed. 1997, p. 136.

[3] ROUDINESCO, Élisabeth, ¿Por qué el psicoanálisis?. Buenos Aires: Paidós, 2000, p. 15 – 16.

 
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