Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 9 • DICIEMBRE 2005
<< Regresar al índice
 
 
 
 
 
 
Claudia Marcela Roqueme                

Estudiante de Psicología

FUNLAM
La viuda
1976
Grabado, aguafuerte
50 x 45 cm
María de la Paz Jaramillo 

El dilema del método en la psicología social

 

Pretendo plantear y analizar el método y el problema del trasfondo epistemológico de la psicología social desde la racionalidad científica. Haré referencia, entonces, a un pequeño fragmento de Italo Calvino, pues su pertinencia hace que nos adentremos en esta reflexión de una manera bastante particular, que nos pone en una condición de estar abiertos, permitiéndonos transitar en diversas direcciones para ampliar nuestro conocimiento del mundo, y por ende, del ser humano.

Dice Calvino:

“En los momentos en que el reino de lo humano me parece condenado a la pesadez, pienso que debería volar como Perseo a otro espacio. No hablo de fugas al sueño o a lo irracional. Quiero decir que he de cambiar mi enfoque, he de mirar al mundo con otra óptica, otra lógica, otros métodos de conocimiento y de verificación. Las imágenes de levedad que busco no deben dejarse disolver como sueños por la realidad del presente y del futuro…”. [3]

Se puede plantear un paralelo interesante de la psicología social con el anterior párrafo. Así entonces, esos momentos de pesadez se relacionan con la psicología social en lo que tiene que ver con el modelo de investigación imperante, esto es, el método científico.

Hay que señalar que el método experimental ha sido el método predilecto de la psicología social, que se afianzó en la década de los años 30; así, el modelo epistemológico que se inserta es el modelo hipotético-deductivo, con el cual se pretende la objetividad; es desde esta fijación que se construye el arquetipo de lo que serían las ciencias, desde donde se formularían correctamente los problemas, el modo de abordarlos y, finalmente, la construcción de las leyes. Es claro que a partir del momento en que asumimos este método, afirmamos una realidad independiente del ser humano; el experimento, por tanto, es de carácter cuantitativo y tiende hacia la contrastación de hipótesis causales. Esta postura nos lleva a un ordenamiento de los espacios de la realidad con el propósito de controlarlos, dominarlos y predecirlos.

La construcción, por tanto, de los marcos conceptuales y metodológicos; así pues, la psicología social se desarrolló a través de unos reduccionismos que imposibilitaban la compresión del sujeto. Por consiguiente, la fundamentación epistemológica de la psicología social, se configura en un escenario de diversos dilemas y ambigüedades.

En este sentido, el determinismo y su punto de apoyo, la predicción, sufren un primer golpe cuando Heisemberg demuestra que en un sistema micro, no es posible determinar con certeza el inmediato futuro del desplazamiento de las partículas. Con este conocimiento de la dinámica, no hay cabida al pensamiento de la linealidad y de lo estable, como nos lo demuestra además, el paradigma de la complejidad.

Es aquí, sin duda, donde la psicología social empieza su vuelo a otro espacio, donde se atreve a mirar el mundo desde otra óptica, desde otros métodos de conocimiento. Tomás Ibáñez dice:

“el objetivo de la psicología social no se diferencia en lo fundamental del objetivo perseguido por las demás ciencias sociales; se trata de dar cuenta de la realidad social, de comprenderla tan rigurosamente como sea posible. En este sentido, los problemas metodológicos con los que se ha enfrentado, y con los que se está enfrentando la psicología social, proporcionan suficientes argumentos racionales para defender que las concepciones empírico-positivistas no son adecuados para elaborar el conocimiento psicosocial”. [2]

En primer lugar, desde esta perspectiva la exigencia conlleva a redefinir los supuestos epistemológicos, y los nuevos modelos de investigación habrán de tener en cuenta la dinámica, que no sólo es social, sino que también es parte constituyente del ser humano. En segundo lugar, la experimentación, al no ser repeticiones mecánicas, exigen un experimentador creativo; todo experimento es una creación del pensamiento, fruto del desarrollo conceptual y metodológico.

Esta nueva imagen abandona el ideal de los estándares; la imposibilidad planteada por Feyerabend, no solo es epistemológica, sino de orden contextual; esto si se tiene en cuenta la gran diversidad de escenarios construidos por los sujetos. El argumento central es que no hay una sola regla, porque, como sostiene, “la idea de un método fijo, de una racionalidad fija, surge de una visión del hombre y de su contorno social demasiado ingenua”. [3]

En efecto, la situación experimental resignifica el método científico; este es el gran desafío al que se enfrenta la psicología social: la compresión del ser humano va mas allá de la rigurosidad y de la exactitud. En conclusión, el dilema del método en la psicología social ha llevado a replantear un sin número de cuestiones; el mundo es un devenir, un dinamismo y por ello, exige nuevos enfoques. De esta forma, la ciencia no progresa sino por la posibilidad que tiene el sujeto de crear sus propios conceptos en la producción de conocimientos.
 

[1] Madrid, Siruela. 1989.

[2] IBAÑEZ, Tomás. Psicología Social Construccionista. Universidad de Guadalajara, 2001.

[3] http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen3/ciencia3/161/htm/sec_53.htm

 
.
INICIO | PRESENTACIÓN | EVENTOS | SITIOS RECOMENDADOS | STAFF | CONTÁCTENOS | CORREO | FUNLAM

© 2005