Una de las definiciones dadas por Pichón, respecto al grupo operativo, es que éstos “se definen como grupos centrados en la tarea” (Pichón, 1985, p.233). Pero, ¿qué significa para un grupo estar centrado en la tarea? ¿A qué hace referencia la tarea? ¿Cuál puede ser la tarea del grupo operativo en diferentes ámbitos, tales como el educativo, clínico, comunitario, organizacional entre otros? En esa medida, ¿cuáles son las diferencias entre grupo operativo vivido al interior de la FUNLAM como parte del proceso de la formación como psicólogos y un grupo operativo por fuera de este contexto?, y ¿quién determina la tarea?
Múltiples interrogantes surgen alrededor de dicho concepto, ya que se trata de uno de los más amplios al interior de la obra pichoniana, y a su vez, el más complejo, lo cual compromete a las siguientes líneas en el propósito de retomar algunos elementos que permitan un acercamiento con menos incertidumbre y mayor comprensión de este elemento nodular.
La tarea es un término simbólico, y en tanto simbólico responde a diversas significaciones, que a su vez, remiten a aspectos muy distintos ejecutados en los grupos. Algunas de estas connotaciones del concepto de tarea son recogidas por Graciela Jasiner y Mario Woronowsky en su obra Para pensar a Pichón , donde se plantean al respecto: “Tareas explícitas y tareas implícitas, resolución del común denominador de las ansiedades grupales, análisis sistemático de las contradicciones, producto de la ideología de signos contrarios, elaboración de la situación patogenética y de la consecuente perturbación de la lectura de la realidad, esclarecimiento de las fantasías inconscientes, resolución del dilema que dio origen al conflicto, inaugurándose entonces la posibilidad de creación” (Jasiner, Woronowsky. 1996, p.81). Este primer inventario de las definiciones abre nuevas posibilidades de comprensión del sentido del término, pero que por supuesto no las agota, sino que las agrega a acercamientos tan puntuales como los consignados por Pichón en su texto El proceso grupal , donde se lee: “si es un grupo de aprendizaje… la tarea consiste en la resolución de las ansiedades ligadas al aprendizaje de la disciplina y en la facilitación para asimilar una información operativa en cada caso” (Pichón, 1985, p.118).
Intentando esclarecer algunos de los interrogantes inicialmente planteados, de acuerdo a la teoría pichoniana, se puede decir que el grupo operativo no se ocupará de la estructura, ni de cada uno de los individuos que integran el grupo, ya que si lo hiciera respondería en primera instancia a los denominados grupos de entrenamiento y sensibilización creados por Kurt Lewin, los cuales se ocupaban de observar el grupo como totalidad; si se ocupara de cada uno de sus integrantes, correspondería a la denominación de grupos terapéuticos, cuya labor esencial es centrarse en el sujeto sintomático del grupo, es decir, aquel que Pichón denominó portavoz, y por consiguiente, en el esclarecimiento de aspectos relativos a éste; pero esto no significa que no halla grupos operativos cuya tarea sea inminentemente de corte terapéutico y por tanto su tarea se enfoque diferente. El grupo operativo considerará la articulación entre el sujeto y el grupo, entre lo individual y lo social, es decir, éste tendrá presente el individuo pero también al grupo, lo generado en el encuentro entre el mundo interno del sujeto, sus fantasías, miedos, manera de actuar y pensar, es decir, su esquema referencial y el ámbito social externo representado en el pequeño grupo . El contexto social le permite al sujeto depositar las ansiedades individuales, así articula Pichón verticalidad con horizontalidad y las ansiedades se contextualizan de acuerdo a la situación.
Cada situación nueva implica para el sujeto generar defensas para proteger al yo de las angustias que eso desconocido le genera, un ejemplo concreto es el ingreso de los estudiantes a la universidad, en tal marco de referencia, qué se juega en cada uno a nivel personal, la universidad es un asunto social, pero con qué llega cada uno: temores, dificultades tanto a nivel personal como familiar, la calidad o no de la formación anterior, condicionada por el nivel de exigencia académica en los planteles de educación básica secundaría, ya sea ésta de carácter privado o público, las deficiencias o fortalezas en los procesos de lecto-escritura, la claridad respecto a la elección de carrera, la relación con la norma, la imposibilidad de chantajear y sobornar al profesor por la nota y cómo se enfrenta al campus universitario, lo anterior, determina el proceso de acomodación que está representado en nuevas experiencias que a su vez reactualizan la resistencia al cambio, compañeros, metodologías de trabajo, desprendimiento de sus pares, angustia, sensación de soledad y de no ser sostenido, modificaciones en las relaciones familiares, nuevos amigos y compañeros, los factores antes mencionados obligan a los estudiantes a realizar cambios significativos en sus esquemas referenciales, elaborando la resistencia al cambio, haciendo quiebres y esto constituye una de las dimensiones esenciales de la tarea a la cual Pichón denominó latente.
Respecto a qué se refiere la tarea, se puede decir lo siguiente: uno de los aspectos más representativos de la tarea, es su carácter tanto explícito, como implícito. “En ese sentido… es hacer consciente lo inconsciente, o sea hacer explícito lo implícito. Se parte generalmente de lo explícito para descubrir lo implícito con el fin de hacerlo explícito en un continuo movimiento espiralado” (Pichón, 1985, p.235)
Ahora bien, ese es el planteamiento dado por el autor en referencia, pero es menester aclarar que lo inconsciente en el grupo operativo es siempre susceptible de conciencia como en la primera tópica freudiana, y esto es posible a través del esclarecimiento y por tanto de la verbalización o lo dicho por los participantes como respuesta a las diferentes intervenciones realizadas por el coordinador, conduciendo así al grupo a la construcción de un saber de carácter social que le permite su avance en el proceso, ese inconsciente también haría parte de lo que genera el obstáculo en el abordaje de la tarea, por tanto es menester develarlo, hacerlo visible para el desarrollo de la tarea y no estereotipia del grupo. Es menester tener presente que lo implícito emerge encubierto y no es posible leerlo en lo explícito, consecuente con esto lo implícito se interpreta.
En el contexto de la formación como psicólogos, la tarea explícita tiene ya un recorte, y está dado desde la clase misma, desde la parte teórica, la cual será abordada por los integrantes del grupo, pero no de igual manera que lo hace el docente y el propio texto objeto de lectura para cada clase, implica hacer pasar dichos conceptos a una realidad más tangible y por tanto más comprensible si se quiere, es decir, en otros términos, despojados de su carácter de lenguaje científico y llevados más a lo cotidiano, o sea más cercanos al mundo de la vida. Esto respondería a lo denominado ” como los propósitos expresos del grupo” (Bernal, Carmona & Mejía , 2004, pp.26-27).
Lo anterior implica trabajar las resonancias dejadas por la clase en cada uno de los alumnos, dándose un movimiento de apertura infinito, por las múltiples posibilidades que se tejen, si se considera lo evocad o en el otro no sólo en términos de conocimientos que se transmiten, que ya es bastante y le facilitan cambiar su visión de la realidad y los aspectos involucrados en ella, sino también en términos de los vínculos, de las relaciones con el otro, pues éstos se encuentran atravesados por fuertes sentimientos tanto de amor como de odio como ya lo decía Freud (1920), el otro siempre cuenta y cada una de las figuras externas de toda esta experiencia será objeto de depositación de dichos aspectos, pues tal como lo planteaba Pichón, el mundo interno del sujeto siempre se reactualiza con el grupo externo.
Avanzando en la reflexión, también es importante precisar como el grupo redefine la tarea de acuerdo a sus necesidades y a los acontecimientos sociales e individuales que atraviesan su vivencia, un proceso de reelaboración que está influenciado por los nuevos conocimientos que reciben y les obliga a redimensionar sus esquemas referenciales, así el grupo se torna un espacio vital para la elaboración de situaciones sociales que afectan a sus miembros, cumpliéndose de esta manera una máxima de la teoría pichoniana; la articulación entre lo individual y lo social, entre verticalidad y horizontalidad, siendo el contexto social privilegiado para la depositación de las ansiedades del sujeto. Aquí el coordinador juega un papel esencial y es quien ayuda a copensar esa situación en el grupo, la cual siempre variara, por tanto la tarea se va dando en el proceso de manera diversa y los aspectos resueltos en el grupo están ligados a ella, por eso la tarea en el grupo operativo es un elemento estructurante y no convocante o fin último.
En estas condiciones, la tarea en un grupo operativo de aprendizaje en el contexto institucional de la Funlam está ligada no sólo al proceso de aprender, de pensar, sino también a la elaboración de las dificultades propias de los vínculos humanos y el aprendizaje, allí se pone en juego la interiorización y comprensión de los conceptos propios de cada clase y los aportes dados por los alumnos, determinados por sus esquemas referenciales, lo cual le permite aportar una visión particular del asunto que haya escuchado, enriqueciendo la construcción grupal; esta experiencia de construcción conjunta en el grupo operativo se espera aporte al alumno elementos significativos en su formación como psicólogo -quien posteriormente se desempeñará en ámbitos grupales- pues le posibilita vivir la experiencia desde su lugar de participante, y además de observar y analizar el rol del equipo coordinador así como los diversos fenómenos propios de la vida grupal tales como: el silencio, la resistencia, los obstáculos, los miedos básicos y los roles, entre otros. El rol ejecutado por cada uno de los coordinadores a lo largo de su proceso de formación, le permitirá interiorizar de manera dinámica y vivencial dicho rol, proyectándose así como futuro profesional.
Además de ser participante y el estudiante subjetivizar una experiencia, le posibilita en determinado momento desempeñar el papel de observador, el cual le permite más directamente acceder a la comprensión de la dinámica grupal, comentando con el coordinador todos los fenómenos ocurridos en el proceso grupal, frente a lo cual cabe recordar que ya desde Pichón, el rol del observador apoya la labor de coordinación y junto con el coordinador forman el equipo coordinador como tal. En el proceso de formación será un observador no participante y podrá estar atento a fenómenos tales como: el emergente de apertura, donde se escenifica la resistencia al cambio y los miedos básicos, los vectores del cono invertido: afiliación, pertenencia, cooperación, pertinencia, comunicación y aprendizaje, manifestado en adaptación activa o no a la realidad y la tele y los silencios grupales y los liderazgos.
Como una perspectiva por explorar sería considerar que a diferencia del grupo operativo de aprendizaje cuyos objetivos son particulares debido a su contexto, el grupo operativo por fuera de la academia tendrá una tarea diferente, la cual estará determinada por lo institucional y el proyecto en el que está inscrita, así por ejemplo, puede ser un grupo de madres comunitarias ICBF, cuya tarea sea cómo cualificar su relación con los niños a su cargo. Aclaración pertinente dado que frecuentemente en algunos estudiantes se genera bastante confusión frente a la posibilidad de implementar el grupo operativo por fuera del contexto de formación, donde paradójicamente se amplía el abanico de posibilidades con diversas poblaciones y contextos tales como: el educativo, organizacional, comunitario y de salud, entre otros.
Además de lo anterior, también es importante considerar la tarea de acuerdo a las fases vividas en el proceso de grupo operativo, ¿cuál es la tarea en pretarea, en tarea y en el proyecto? Dichos interrogantes sólo quedan esbozados y serán objeto de nuevas búsquedas y nuevas construcciones. |