| UNA HISTORIA COMÚN
En un periodo relativamente corto de tiempo, la profesión del psicólogo ha pasado de ser una rareza de la que vivían unos pocos profesionales, a estar presente en casi todas las áreas de actividad humana: hospitales, centros de salud, clínicas, escuelas, empresas, centros de servicios sociales, tribunales, cárceles, ayuntamientos, equipos deportivos, laboratorios, servicios de emergencia...
Como cualquier oficio que sea importante para la vida de las personas, el de psicólogo ha tenido desde hace décadas un importante reflejo en las pantallas cinematográficas.
Pese a que en los últimos años aparecen cada vez más psicólogos y psicólogas en pantalla, la relación entre cine y psicología no es reciente. De hecho podríamos decir que prácticamente nacieron al tiempo, al final del siglo XIX. La llamada psicología filosófica, el estudio del alma humana, es tan antigua como la historia del pensamiento, pero es habitual situar el nacimiento de la psicología científica en el año 1879, cuando Wilhelm Wundt crea en Alemania el primer laboratorio de psicología experimental.
La relación con la psicología no podía ser más estrecha en sus orígenes, ya que lo que estudian los primeros psicólogos son cuestiones relacionadas con la percepción y la sensación. Lo que realmente les interesaba era vincular el mundo físico y el mental a partir de experimentos contrastados. El cine encajaba perfectamente en estas preocupaciones iniciales de los psicólogos experimentales. Imágenes fijas que nos parecen que están en movimiento. Es en nuestra mente donde se produce lo que entonces se consideraba poco menos que un milagro y los primeros psicólogos se afanaban por explicar con técnicas muy rudimentarias.
Aquellos últimos cinco años del siglo XIX y los primeros del XX fueron muy importantes para la consolidación del cine y para el arranque de la psicología como ciencia y como profesión. El año en que nació el cine, Sigmund Freud y su colega Breuer publicaron el libro "estudios sobre la histeria", que todo el mundo coincide en señalar como el comienzo del psicoanálisis. Un año después el psicólogo americano John Dewey escribe un artículo que da origen al movimiento funcionalista que es el antecedente directo del conductismo junto a la escuela rusa de psicología. Y fue el fisiólogo ruso más ilustre de la época, Ivan Pavlov el que en 1904 presentó en Madrid su teoría sobre los reflejos condicionados. Mientras el prestidigitador francés George Méliès monta su pequeño estudio de grabación en París iniciando la ficción cinematográfica con películas como Viaje a la Luna, Alfred Binet construye en su gabinete los primeros test para la medida de la inteligencia. Y por no seguir con más detalles, el mismo año en que los Lumière jugaban con su invento se leía en París el libro "Psicología de las masas" de Gustavo Le Bon (1895), uno de los primeros textos de Psicología social.
Desde su nacimiento, el cine y la psicología han establecido sólidos lazos:
- Cientos de películas basan su argumento en teorías o experimentos psicológicos. Algunas están basadas en experimentos clásicos como los de Milgram (I como Ícaro) o Zimbardo (El experimento).
- Miles de ellas explotan los principios básicos de la atención, la memoria o la percepción para sorprendernos, emocionarnos o asustarnos.
- El cine marca a veces lo prioritario del debate periodístico y de algún modo también condiciona la vida política. Un ejemplo de esta influencia fue los debates e iniciativas parlamentarias en el Congreso español a propósito de la eutanasia a partir del éxito de la película de Alejandro Amenábar “Mar adentro”.
- Del cine, y de su sucedáneo televisivo, han saltado a la realidad comportamientos, modas y estilos. (Pantalones vaqueros, la uva de la victoria con las manos, etc.).
- El cine sacó de los elitistas gabinetes vieneses los principios del psicoanálisis.
- Popularizó la profesión del psicólogo y, sobre todo,
- Amplió el abanico de actitudes, emociones y conductas que antes se propagaban lentamente a través de la literatura o el teatro.
De todas estas posibles relaciones veremos a continuación dos aspectos: la presencia de los distintos perfiles profesionales y orientaciones teóricas de los psicólogos en las pantallas y la imagen que el cine ha dado del profesional de la psicología a partir de los estereotipos reflejados en los filmes.
EL CINE MUESTRA LA PROFESIÓN
Psicología clínica
Pese a ser sólo una de las múltiples aplicaciones de la psicología, la terapia psicológica, la atención a personas con problemas de salud mental, es la actividad por la que son más conocidos quienes se dedican a la Psicología. En cierto modo el cine ha tenido que ver con la popularidad de la psicoterapia.
Muchos actores y actrices han encarnado a terapeutas en la ficción. Una de las más famosas interpretaciones fue la de Ingrid Bergman en Recuerda de Hitchcock. Michael Caine hacía un papel lleno de misterio en Vestida para matar. Marlon Brando también encarnó un papel similar en Don Juan de Marco como terapeuta de Johnny Depp. Otro actor famoso, Bruce Willis, ha sido psicólogo en el thriller erótico El color de la noche y volvió a repetir con El sexto sentido como psicólogo infantil. Uno de los terapeutas más divertido de los últimos años fue Billy Cristal en Una terapia peligrosa con un Robert De Niro que le tenía siempre contra las cuerdas. Robin Williams trabajaba el genio de un muchacho humilde y superdotado en El indomable Will Hunting. Loren Dean hizo el papel de psicólogo impostor en Mumford; Elvira Lindo encarna a una psicoterapeuta en Sin vergüenza, Aitor Mazo atiende en su consulta a Leonor Watling en “A mi madre le gustan las mujeres” y, en fin, en Te doy mis ojos aparece un joven actor en un papel bastante creíble como terapeuta de maltratadores masculinos.
Muchos son los actores y actrices que han hecho de psiquiatras o psicólogos en la ficción. Porque aunque son dos profesiones diferentes, para el mundo del cine no siempre se diferencian En algunas películas se menciona claramente la profesión, pero en otras simplemente se les ve en sus consultas tratando a sus pacientes, o se habla de ellos como "terapeutas", "analistas", "loqueros" "lava-cerebros". A muchos directores les preocupa poco la diferencia. En películas como Kramer contra Kramer o en El talento de Mr. Ripley se alude a ellos unas veces como psicólogos y otras como psiquiatras. En algunas películas se deja claro la formación del terapeuta bien porque se le vea recetando algún fármaco, algo que sólo hacen los psiquiatras, o bien porque se mencione explícitamente su formación de psicólogos. La confusión se da sobre todo porque cuando aparecen profesionales de la salud mental en las pantallas la mayoría son psicoanalistas, orientación teórica que comparten muchos psicólogos y psiquiatras.
El cine adora el psicoanálisis . No es extraño que así sea. Las ideas centrales de esta orientación teórica dan mucho juego en pantalla como lo han dado a la poesía, a la pintura y al arte en general. Uno de estos principios básicos del psicoanálisis freudiano, la idea de que nuestro comportamiento es gobernado por poderosas fuerzas inconscientes tan difíciles de controlar y de naturaleza fundamentalmente sexual, es una tentación permanente para los guionistas que trabajan en tramas de asesinatos como en Vestida para matar.
Otra fuente psicoanalítica casi inagotable de argumentos cinematográficos es la idea de que son las vivencias de la infancia, incrustadas en nuestro inconsciente, las que explican nuestros comportamientos como adultos. Hitchcock hizo de este principio arte en películas clásicas como Psicosis o Marnie la ladrona pero otros muchos directores han tomado la vuelta a la infancia como recurso básico para resolver sus tramas dramáticas como sucede con Clint Eastwood en Mistic River o para hacernos reír con sus ocurrencias como hace permanentemente Woody Allen
El psicoanálisis con su diván y su método de interpretación de los sueños ha sido para varias generaciones la única forma de acercarse a la psicología clínica.
No sólo ha influido en la imagen que se tiene del terapeuta sino que el psicoanálisis ha estado presente en cientos de películas, incluso sus principios han sido explicados hasta con filmes infantiles. Sin embargo, el psicoanálisis no es la única forma de terapia psicológica. Aunque de forma menos habitual, han aparecido en pantalla otro tipo de terapias diferentes. Por ejemplo la terapia farmacología, el electroshock y varias de las más extremas medidas de choque médico como la cirugía aparecen en uno de los filmes emblemáticos de enfermos mentales: Alguien voló sobre el nido del cuco.
El director Stanley Kubrick, un apasionado de las ciencias sociales, plasmó en su película La naranja mecánica un proceso que quería reflejar una terapia basada en los principios del conductismo más radical, en una trama futurista en la que se daba la vuelta como a un calcetín a un joven delincuente por medio de los principios del condicionamiento. Que nuestra conducta no es sino el resultado del aprendizaje y que al fin y al cabo, la repetición, los premios y los castigos gobiernan y modifican nuestra conducta es algo que al cine siempre le ha parecido cosa un tanto antipática y aburrida. Tal vez sea por eso por lo que haya tan pocos psicólogos conductistas en el cine y que cuando aparezcan sean tan aborrecibles como el de la naranja mecánica.
En realidad lo que aparece en pantalla, especialmente en películas como Alguien voló sobre el nido del cuco o la naranja mecánica, tiene poco que ver con lo que hacen los terapeutas en sus clínicas y centros, pero refleja lo que los directores consideran lo más sobresaliente de la profesión o al menos lo más cinematográfico. A los guionistas les preocupa poco que existan muy diversos tipos de psicoterapia: cognitiva, humanista, gestáltica, sistémica... Toman simplemente lo que les interesa para la trama o lo que les suena más interesante.
Por ejemplo, en “El color de la noche” una película pseudoerótica protagonizada por un psicólogo al que da vida Bruce Willis, cuando su amigo y colega le invita a participar en una terapia de grupo y le preguntan por su especialidad. Willis contesta: el conductismo. Pero después cuando le interrogan sobre si es médico contesta que es psicoanalista.
Conductismo y psicoanálisis son las dos corrientes teóricas más contrapuestas en el mundo de la psicología. Esto no quiere decir que no haya habido intentos de integración entre ambas, pero desde luego no es el caso de los actores que hacen de psicólogos.
Pese a ser la terapia una de las principales ocupaciones de los psicólogos, no es ni mucho menos la única. Prácticamente desde finales del siglo XIX, los conocimientos derivados de las investigaciones psicológicas se han venido aplicando a campos muy diversos. En la primera mitad del siglo XX se aplicaron algunos de los instrumentos de evaluación psicológica como los tests de inteligencia para la selección profesional, la orientación escolar o la distribución de soldados en las estructuras del ejército de Estados Unidos.
El padre del conductismo, John Watson abandonó su prometedora carrera académica para dedicarse a la publicidad mucho antes de que la televisión llegara a los hogares de los consumidores; se utilizaron los estudios psicológicos para mejorar el rendimiento de los trabajadores de las fábricas, para hacer más eficaz la propaganda de guerra o para diseñar el aprendizaje de las más diversas materias . Es difícil encontrar un ámbito de trabajo que no haya sido objeto de interés y de aplicación de la Psicología: hospitales, centros de salud, empresas, escuelas, servicios sociales, tribunales, seguridad vial, publicidad, economía, política, deporte...
Todas estas aplicaciones se han reflejado en el cine mucho menos que la figura del psicólogo clínico.
Psicología Educativa
Los psicólogos educativos y orientadores escolares se han asomado también a las pantallas. En el cine americano hemos visto cientos de películas de sobremesa en las que los padres, normalmente divorciados, acuden compungidos a hablar con la psicóloga del centro escolar, para mostrar su preocupación por los problemas de aprendizaje de sus hijos queridos. La psicóloga suele llevar traje chaqueta y ser rubia con el pelo recogido. Si la película es "de manual", es muy probable que la orientadora acabe liada con el padre incomprendido. Pese a que su labor es mucho más amplia a los psicólogos escolares casi siempre se les retrata en la faceta de ayudar a los niños con problemas de aprendizaje, como sucede en los libros y películas de Manolito gafotas.
Psicología del Trabajo
En algunas películas sobre el mundo laboral aparecen personas que realizan funciones psicológicas en las empresas. Casi siempre para hacer un papel lamentable de un profesional falsamente simpático que está forzado a echar al protagonista del trabajo o a seleccionar al malo de la película o al enchufado. En películas como Salir del armario o Trabajo basura se hacen retratos especialmente crueles de estos profesionales de los recursos humanos.
Psicología de la Intervención social
En películas que retratan problemas sociales como la pobreza o el desempleo, los directores muestran en ocasiones a psicólogos comunitarios centrados en los servicios sociales. En algunas obras de Ken Loach, como Ladybird Ladybird, estos profesionales siempre se llevan el papel más antipático del film, dedicándose a quitar a los hijos a sus madres, a separarlos de sus familias, o a obligar a los toxicómanos a renunciar a sus sueños para que se traguen su orgullo y, de paso, su atractivo. Es, desde luego un recurso fácil para dar más interés al héroe desadaptado o incomprendido y para poner al espectador de su parte.
Frente a estas muestras de psicólogos antipáticos Icíar Bollaín regaló a la profesión un papel extraordinario en “Te doy mis ojos” lo que tiene de extraordinario es que refleja bien un psicólogo bastante común en el ámbito de los servicios sociales: sin glamour, sencillo, aplicando técnicas comprensibles, etc.
Psicología Jurídica
Se han creado en Hollywood personajes cinematográficos relacionados con el mundo de la psicología jurídica. Van apareciendo, a medida que se conoce más su función profesional, en películas de juicios dando su testimonio como peritos. Pero de los profesionales de la psicología jurídica dedicados al trabajo penitenciario o a la investigación policial hay un personaje cinematográfico difícil olvidar. Se trata de Jodie Foster en El silencio de los corderos. Era la psicóloga que tenía que medirse con Anibal Lecter. Por fortuna para la imagen de la profesión salió bien parada. Y además estaba en forma, era lista, sensible, guapa, bondadosa y sabía de anatomía como el forense más avezado. Eso sí es un papel.
Otras aplicaciones
A medida que vayan cobrando más importancia social, aparecerán en pantalla otras de las múltiples actividades de los profesionales de la psicología como el deporte, el tráfico, la seguridad vial... Al fin y al cabo cosas más raras se han visto en el cine. Por ejemplo el papel de Dustin Hoffman en Esfera. Se trata de un psicólogo experto en intervención en desastres al que el destino le reserva una especialísima misión.
Tal variedad de aplicaciones supone que los psicólogos cuando se forman deben tener una base de conocimientos muy sólida sobre el comportamiento humano que les permita después especializarse en un campo concreto. Pueden parecer muy diferentes las actividades de un psicólogo que trabaja en el departamento de Recursos Humanos de una empresa y el que atiende pacientes con problemas emocionales en un gabinete, pero pese a las diferencias hay un conjunto de conocimientos que ambos comparten: los fundamentos biológicos, sociales y culturales de la conducta, el funcionamiento de procesos mentales tan importantes como la memoria, la percepción, el pensamiento o el lenguaje; la forma de expresión de las emociones; la estructura de la personalidad; las claves de la inteligencia humana, los procesos de cambio vital desde la infancia a la vejez... Y por supuesto, las formas más adecuadas de intervenir para ayudar a las personas que necesitan apoyo psicológico.
EL ROL DEL PSICÓLOGO COMO ARGUMENTO O APOYO PARA EL GUIÓN CINEMATOGRÁFICO
Saber escuchar
Con independencia del tipo de orientación del profesional, lo cierto es que si a cualquier ciudadano ajeno al mundo de la psicología, se le preguntara sobre el rasgo más sobresaliente del psicólogo, aquel que identifica de forma más clara a un buen profesional de la psicología, probablemente nos dijera que el psicólogo es alguien que sabe escuchar. De hecho, cuando en el lenguaje popular se dice de alguien que "tiene mucha psicología" es para adornarle con la cualidad de la comprensión ajena, para describirle como alguien que sabe escuchar, comprende, se pone en el lugar del otro, alguien con una alta empatía. Si la expresión es la contraria y se dice de un médico, de un maestro o de un abogado que “le falta psicología" se está diciendo que puede que tenga determinadas competencias de su oficio, pero le falta "humanidad", escuchar, ponerse en el lugar del otro.
Ponerse en el lugar del otro, ser capaz de interpretar las emociones ajenas, sintonizar con distintas formas de expresión, hacer sentir al interlocutor que se está atento al mensaje que nos está enviando ya sea con sus palabras o con sus gestos, todas estas cualidades probablemente sean las que más claramente identifican a nuestra profesión como psicólogos para el gran público.
Tal vez sea por eso por lo que cuando un guionista quiere sorprender al espectador con el comportamiento de un psicólogo muestre a alguien que hace justo lo contrario de lo que se espera de él. El recurso más utilizado es el del terapeuta que se duerme o que atiende a otros asuntos mientras habla el paciente. Por ejemplo en “Algo pasa con Mary” hay una escena en la que el protagonista, un joven enamoradizo que añora un amor de la adolescencia habla durante un buen rato a un sillón vacío, cuando está terminando de relatar su trauma el terapeuta se sienta de forma atropellada terminando las migas de su bocadillo y diciendo que ese asunto se tratará en la próxima sesión.
Los guionistas cuando quieren reír al patio de butacas utilizan a veces el contraste del psicólogo que teóricamente sabe escuchar pero que en realidad se duerme o se ausenta cuando se le habla. En la divertida comedia “Sin vergüenza” de Joaquín Oristrell, un grupo de jóvenes aprenden en una academia de interpretación el oficio de actor. Todos quieren ser famosos. En la cafetería de la academia se encuentran, Rosa María Sardá, que representa en la película a una actriz con experiencia con un hijo aprendiz del oficio y Elvira Lindo que hace el papel de su psicóloga que le confiesa que se dedicó a la psicología porque era un poco sorda.
Saber escuchar, establecer una relación cercana y empática, permitir la expresión de las emociones y crear un clima de confianza con el paciente no sería posible sin uno de los puntales básicos de toda la relación terapéutica: el secreto profesional.
Secreto profesional
Muchas personas no confían a nadie los problemas que les preocupan, les obsesionan o incluso les provocan sufrimiento psíquico, por el temor que les produce la posible reacción de los otros, por el efecto que podría derivarse de que la otra persona supiera algo que no sea muy halagüeño para su imagen, o simplemente por las consecuencias penales que se podrían derivar de sus palabras, en el caso de que se trate de alguna conducta tipificada como delito.
En la práctica profesional de la Psicología es fundamental crear un marco de seguridad entre terapeuta y paciente que le permita a éste confiar los pensamientos y sentimientos más íntimos, sean escabrosos o delirantes, optimistas o derrotistas, maravillosos o impresentables. Poder confiar en el terapeuta es un requisito para comenzar la recuperación psicológica y la base del éxito de cualquier tratamiento.
En la formación de los psicólogos, se incluyen un conjunto de enseñanzas teóricas y prácticas para generar empatía, crear un ambiente de confianza y seguridad, facilitar la conversación, etc. Pero todas estas habilidades y conocimientos del terapeuta perderían todo su valor si no existiera un marco que les permitiera, y a la vez les obligara, a mantener lo que sucede en la consulta en un marco de estricta intimidad. El secreto profesional es uno de los pilares básicos de la arquitectura del tratamiento.
En algunas películas se ha utilizado al psicólogo o al psiquiatra como comodín de la trama al hacerle partícipe de un secreto, generalmente la información sobre un asesinato, y ponerle en la disyuntiva de confesar o informar al juez sobre lo que había sido confiado dentro de una relación terapéutica. Una de estas películas es El color de la noche. Film centrado en dos psicólogos, uno de ellos es asesinado al comienzo de la cinta, sospechando desde el primer momento la policía de alguno de sus pacientes. El segundo psicólogo, representado por Bruce Willis, tiene alguna información sobre el grupo de pacientes pues ha asistido a una de las terapias de grupo.
El policía, un socarrón interpretado por Rubén Blades, le está tratando de tirar de la lengua al terapeuta para esclarecer el crimen:
Policía: - ¿Por dónde íbamos?
Psicólogo: - Me estaba sondeando acerca de los pacientes. La verdad es que no puedo serle de ninguna ayuda. En realidad no conozco a nadie.
Policía: - Pero usted es un profesional como yo. Debería tener algún tipo de sospecha.
Psicólogo: - Le aseguro que no tengo ni idea. Me gustaría ayudarle, pero aunque lo supiera es una información confidencial.
Policía: - ¿Confidencial? Je, je , je. ¿Me está diciendo que es un asunto confidencial
Psicólogo: - Secreto profesional.
Policía: - Si mataran a un amigo y el secreto profesional protegiera al asesino en vez de a mí. ¿Sabe lo que haría? ¿No se lo imagina?. Le darían por el culo al secreto profesional. Pero no se lo diga a nadie porque este es un asunto muy confidencial.
El secreto profesional es una de las obligaciones del psicólogo. Si un profesional de la Psicología falta a su obligación de respetar el secreto profesional comete una falta muy grave lo que está sancionado con la inhabilitación temporal o con la retirada de la colegiación en todos los lugares donde la profesión está regulada.
Relaciones sexuales con pacientes
Algo parecido le podría suceder al psicólogo si tuviera con sus clientes las relaciones que muchos actores mantienen en la ficción. Ya sea con propósitos cómicos o por la necesidad de sorprender al espectador con el cambio radical del confiable y estable psicólogo, en un pervertido, un sádico o simplemente un traidor emocional, lo cierto es que los guionistas utilizan con mucha frecuencia la imagen del psicólogo varón que intenta tener, o tiene, relaciones sexuales con sus pacientes femeninas de las que conoce todas sus intimidades. Un ejemplo lo encontramos en la entretenida comedia “A mi madre le gustan las mujeres”. Una de las hijas de la madre protagonista, trata de sobreponerse al conflicto que le provoca descubrir que su madre es homosexual con la ayuda de un psicólogo al que constantemente pide ayuda para que resuelva sus dudas de identidad sexual. En lugar de actuar como le exigen sus obligaciones, el psicólogo de ficción se acerca a la joven actriz con otros propósitos.
A diferencia de lo que parecen hacernos creer los guionistas las relaciones sexuales con los pacientes no sólo no son habituales sino que están prohibidas por los códigos de conducta que regulan la profesión. El código más antiguo, el de los psicólogos de Estados Unidos fija incluso un periodo de dos años una vez terminada la terapia para poder mantener relaciones íntimas con ex-pacientes.
Si algún joven estudiante preuniversitario está pensando en elegir la carrera de psicología por las compensaciones sexuales que le prometen los astros del celuloide será mejor que piense en otra profesión. Aunque si el tipo de excitación que le atrae es la del conocimiento de la conducta humana, no errará si se suma a un oficio cada vez más cinematográfico, del que cada vez aparecen más facetas en la pantalla....
Intrusismo. “Ser un poco psicólogo”
Observando el trabajo cotidiano de un psicólogo, basado fundamentalmente en la comunicación cara a cara, hay personas que, fijándose únicamente en lo más superficial de su labor, consideran que cualquiera podría hacer lo que hacen estos profesionales.
La película española “Días de fútbol” está basada precisamente en esta idea. El protagonista del filme, un pequeño delincuente, recibe en la cárcel terapia psicológica y sale fascinado por la labor que la psicóloga de la prisión ha hecho con él y con sus compañeros de terapia. Su conclusión sobre esa labor es que “lo que hacen los psicólogos es escuchar y luego aconsejar a la peña ”. Ni corto ni perezoso y con la convicción de que el dominio de la profesión de psicólogo no depende del estudio sino de un don que él cree poseer, se lanza a ejercer de psicólogo con todo el que se cruza en su camino, especialmente con su pandilla de amigos y con los clientes del taxi con el que se gana la vida.
Ayudar a familiares o amigos con problemas emocionales no está reñido con que algunas personas necesiten, además, una ayuda profesional. Así, los psicólogos que trabajan en el área de la salud mental atienden a diario a tres tipos de pacientes: los enfermos mentales "clásicos", es decir, las personas con problemas graves de salud mental;
Un segundo grupo de pacientes que pese a que llevan una vida más o menos integrada, afrontan una situación especialmente dura o viven con una ansiedad que no controlan;
Y por último el grupo de los que, sin tener problemas especiales, ni dificultades que afecten directamente a su conducta, buscan en la asistencia psicológica un procedimiento de mejora personal destinada a disfrutar más de la vida, ser más felices o rentabilizar sus capacidades.
En todas las áreas de intervención psicológica, no sólo en la salud mental, hay tareas en las que los conocimientos psicológicos de un profesional son imprescindibles, otros ámbitos en los que los psicólogos pueden hacer una aportación importante y otras, finalmente, que podrían ser tomadas actualmente como un lujo aunque con el paso del tiempo es posible que pasen a ser consideradas imprescindibles.
Determinados conocimientos sobre la mente y el comportamiento humano generados en las consultas y las universidades se han popularizado y casi sin darnos cuenta los empleamos constantemente para dar sentido a lo que nos pasa, enriquecer nuestras relaciones, o ayudar a las personas cercanas. Que las ideas emanadas de las distintas disciplinas científicas se popularicen y se usen para el provecho de la humanidad no sólo no es negativo sino que es uno de los principales propósitos de la ciencia. Ahora bien dar el salto [del taxista ex-delincuente] y ejercer estas ideas de cultura general como una profesión para la que no se ha preparado adecuadamente, es una irresponsabilidad, un acto de intrusismo profesional. Con independencia de lo que la ley dispone para quienes utilizan de forma ilegítima el prestigio de un título que no poseen para su lucro personal, uno de los riesgos del intrusismo está en que los profesionales, además de la actividad rutinaria, manejan un conjunto de conocimientos y técnicas que dan sentido a la rutina y, sobre todo, garantizan al cliente que en el momento en el que los problemas se compliquen el profesional sabrá encontrar una respuesta al problema. Para eso no basta con ser un poco topógrafo, filólogo, cardiólogo... o psicólogo. Hay que serlo del todo.
Importancia y futuro de la profesión del psicólogo según el cine
La profesión del psicólogo, a pesar de tener un largo pasado entroncado en la Grecia clásica, tiene una corta historia como oficio. Si atendemos a las películas de ciencia ficción en la que se especula con cómo será el mundo en el futuro, parece que la profesión psicológica perdurará en el tiempo.
Si hacemos caso a los augurios de los autores de ciencia ficción, dentro de mil años tal vez los humanos no seamos los dueños del planeta, pero algunas de nuestras profesiones, como la de psicólogo, pervivirán entre los nuevos detentadores del poder. |