Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 9 • JUNIO 2005
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Carlos Granés  

 

España
Portada del Texto Psicología social. Perspectivas psicológicas y sociológicas de José Luis Álvaro y Alicia Garrido (Madrid, 2003)
 

A propósito del libro Psicología social. Perspectivas psicológicas y sociológicas de José Luis Álvaro y Alicia Garrido (Madrid, 2003)

 

Artículo-Reseña

 

La tensión entre el individuo y la sociedad ha sido objeto de estudio y especulación teórica desde los orígenes de la civilización occidental. Tucídides, el historiador griego que narró la guerra del Peloponeso, planteó, desde muy temprano, los términos del debate: si la polis perece, con ella vendrá la ruina para los individuos, no importa cuán venturosos sean; en cambio, es mucho más probable que un ciudadano sin fortuna, se recupere en una ciudad próspera. Por lo tanto, según Tucídides, debe defenderse a la nación por encima de las individualidades, pues, mientras las personas están indefensas ante la ruina colectiva, la colectividad puede soportar el fracaso individual. Acoplada a nuestros días, esta es la versión que defienden los autores asociados al comunitarismo –MacIntyre a la cabeza-, contraria a las propuestas universalistas que privilegian al individuo por encima del conjunto, llámese éste nación, clase o etnia.

Mientras en el campo de la filosofía la tensión entre el individuo y la sociedad enfrenta a comunitaristas y liberales, en las ciencias sociales ha propiciado, por un lado, visiones esperpénticas de la sociedad y, por el otro, el resurgimiento de una nueva versión del sujeto vigoroso. Una línea de pensamiento, inspirada principalmente en Marx, Foucault y Gramsci, ha querido mostrar a la sociedad como un ente todopoderoso que doblega al individuo, rubricando en su cuerpo y en sus hábitos los valores, creencias y costumbres de los poderes e ideologías hegemónicos. El sujeto se desvanece en medio de las relaciones de dominación, sin que la voluntad ni la subjetividad encuentren resquicio alguno para filtrar la iniciativa personal. Los hombres y mujeres no son más que títeres gobernados por esa entidad abstracta, el poder, que pretende moldearlos según sus intereses. Para eso cuenta con instituciones, normas, prácticas y discursos que disciplinan los cuerpos y docilitan las almas.

Estos mismos discursos que han enfatizado en esas fuerzas colectivas hegemónicas, coercitivas y ultra poderosas, son los que, indirectamente, han promulgado un nuevo culto del sujeto y de la identidad. Esta nueva doctrina ha convertido en protagonista de sus discursos a la víctima-héroe, es decir, a los miembros de aquellos colectivos que, por su condición minoritaria o marginal, han sido discriminados y mantenidos lejos de los círculos del poder. Las víctimas de este tipo de sadismo social son ahora los nuevos sujetos vigorosos, encargados de contrarrestar la hegemonía de Occidente. Su deber no es otro que el de resistir. Y para resistir esgrimen con vehemencia una identidad alternativa, que contrarreste la influencia de los poderes opresores. El poder demoníaco y las víctimas-héroes se han convertido en los contendientes que, hoy en día, dentro de las ciencias sociales, encarnan la disputa milenaria entre lo personal y lo colectivo.

Pero esta visión dramática de la tensión entre el individuo y la sociedad olvida que el ser humano, para serlo, depende de la herencia de cultural. Esto no significa, sin embargo, que quede preso de las creencias y costumbres heredadas. Todo lo contrario: lo que le ofrece la sociedad es un referente con el cual pensar y obrar, y no un plancha de acero que lo marca y doblega para siempre. De ahí la importancia de oír la voz de una rama de estudio como la psicología social, que desde su consolidación como disciplina científica se ha nutrido conjuntamente de la sociología y la psicología, es decir, de las disciplinas encargadas de estudiar, respectivamente, a la sociedad y al individuo. Para los psicólogos sociales, como lo resalta el libro de José Luis Alvaro y Alicia Garrido, es claro que el estudio del individuo y de la sociedad debe ser coordinado. La mente humana no se desarrolla en el vacío. Es a través de la interacción con los otros que se surgen y se afinan las funciones cognitivas superiores, empezando por el lenguaje. Pero esto no significa que la sociedad imprima su marca en las personas, de manera que las estructuras sociales, los valores, las creencias y demás bienes colectivos se enquisten de manera perpetua en su pensamiento, negándoles cualquier posibilidad de acción y cambio. Los factores psicológicos e individuales tienen la capacidad de afectar los comportamientos sociales. Este influjo de lo individual sobre lo colectivo es el que nos permite hablar de transformación y renovación social. Lo que caracteriza a la psicología social como disciplina, más que su objeto de estudio -que comparte con otras ramas del conocimiento-, es el particular enfoque con el que aborda los problemas. El abordaje de la psicología social contempla la articulación de las dimensiones psicológicas y sociológicas del ser humano, así como la aproximación a la realidad a partir de dos niveles análisis: el individual y el colectivo. Este punto de partida, que tiene en cuenta la interacción entre estos dos niveles y su afectación mutua, resulta fundamental para observar que, por un lado, ni la sociedad es una celda que determina de una vez y para siempre la vida de las personas, ni que, por el otro, el sujeto es simplemente una víctima indefensa, cuya única manera de sobrevivir al poder es acorazándose en una identidad inmutable.

Para ilustrar este proceso mediante el cual la psicología social, nutriéndose de las aportaciones psicológicas y sociológicas, consolidó su particular forma de acercarse a la realidad, Alvaro y Garrido hacen un recorrido histórico por los desarrollos teóricos, epistemológicos y metodológicos de la disciplina. El libro inicia en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el auge del positivismo le da un carácter científico a las investigaciones sobre materia social. El nuevo estatus científico que reclamaron para sí la psicología y la sociología, hizo que pronto surgiera la pregunta por la relación entre las dos. Desde entonces, la psicología social ha tenido dos variantes, una inclinada hacia la sociología –la psicología social sociológica- y la otra hacia la psicología –la psicología social psicológica-. A pesar de los matices que las diferencian, ambas se han interesado por la interacción humana y por la manera en que este proceso afecta la cognición y los comportamientos sociales. El recorrido histórico continúa por el siglo XX, mostrando cómo el influjo que las corrientes teóricas en auge durante ese período, como el conductismo, la teoría de los instintos, la psicología de la Gestalt , la Volkerpsychologie y el interaccionismo simbólico, así como el pensamiento de importantes sociólogos como Max Weber y Georg Simmel, marcaron el curso de la disciplina en sus comienzos.

Durante la década de los treinta del siglo XX, influenciada por el positivismo lógico y el principio de unidad de la ciencia, la psicología social fue más receptiva a las aportaciones de la psicología, disciplina que se adaptó mejor a la exigencia de cientificidad de la época. A pesar de que el neoconductismo, la Gestalt y el estudio de los procesos cognitivos ocuparon el interés de los psicólogos sociales, desde la sociología surgieron propuestas que también resultaron influyentes, como el funcionalismo estructural de Parsons y los estudios de la Escuela de Frankfurt sobre la personalidad autoritaria.

La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por un paulatino distanciamiento del conductismo y del funcionalismo estructural, y por el predominio de los estudios inspirados en las ideas de la Gestalt . Los procesos de percepción social, la teoría de la atribución y los estudios sobre disonancia cognitiva fueron las aportaciones más relevantes dentro de la psicología social psicológica, mientras que en la psicología social sociológica fueron de gran importancia los estudios microsociológicos de Goffman, Schutz y Garfinkel. El recorrido de Alvaro y Garrido llega hasta la psicología social actual, caracterizada por la variedad de enfoques provenientes tanto de la psicología como de la sociología.

Las teorías científicas no surgen de la nada. Hay , por el contrario, un contexto filosófico, tecnológico, epistemológico y metodológico que influye de manera notable en el tipo de planteamientos que se desarrollan en un momento dado. Para contextualizar cada una de las teorías que han marcado el rumbo de la psicología social, los autores dedican una sección de cada capítulo a desglosar los supuestos epistemológicos más importantes de cada período, así como los desarrollos metodológicos que orientaron la investigación empírica. El esfuerzo por relacionar los desarrollos en la psicología social con las ideas que determinaron la manera de pensar el mundo y la ciencia, es uno de los mayores logros del libro. Este ejercicio intelectual, además de ser didáctico, muestra que las teorías científicas también pueden ser objeto de estudio de las ciencias sociales, pues todas hunden sus raíces en un contexto histórico y social determinado. El panorama global del pensamiento científico, ruta por la cual se han movido las ciencias sociales, se ofrece al lector de manera accesible e ilustrativa. El libro de Alvaro y Garrido, por tanto, resulta relevante no sólo para el psicólogo social, sino para todo el que se interese en los cimientos filosóficos del pensamiento contemporáneo. Al igual que el manual de sociología de George Ritzer, el esfuerzo analítico y sintético de los autores permite un abordaje a la vez global y específico de una de las disciplinas que más ha colaborado, dentro del coro de las ciencias sociales, a comprender las relaciones entre el individuo y la sociedad.
 
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