| Hace años leí el texto los Negroides del maestro envigadeño Fernando González, quien a mi modo de ver, con su filosofía desnudó la maligna inocencia de la sociedad Colombiana. Al leer el texto me sorprendió el epígrafe con el cual empezó su libro, epígrafe que sirve también al presente ensayo. Los seres humanos están atravesados por la historia del contexto social del cual forman parte; lo histórico, lo social y lo cultural, son elementos indiscutibles en la conformación de la subjetividad. Para decirlo en palabras de Pichón Rivière: “El sujeto es el resultado de su interacción social”.
En el discurrir de las sociedades, hay momentos en los que en un intento por adaptarse y sobrevivir dentro de un ecosistema, un organismo adopta modos de comportamiento que acaban por constituir normas o patrones en los individuos o las sociedades, a causa de la suma de individualidades. Y que se incorporan a la forma de ser y los rasgos caracterológicos generales.
La sociedad colombiana ha vivido un pertinaz conflicto socio político a lo largo de su historia, que la ha caracterizado como un país inestable y atrasado en lo económico, lo cultural, lo político, lo deportivo, lo científico y en fin, en las diferentes esferas de desenvolvimiento de los seres humanos. Resulta paradójico que en esta tierra tan rica y favorecida por la naturaleza, hayan seres con una existencia tan miserable como la de Rudencindo Cristancho y su familia, cuya historia cuenta Fernando Soto Aparicio en su novela la Rebelión de las ratas; y otros (las clases dominantes) que padecen de un indeleble “Complejo de hideputa” como lo afirma Fernando González, ya regresaremos a esta cuestión.
Se hace aquí un esbozo del histórico conflicto socio político de Colombia y algunas especulaciones razonables de cómo ese conflicto ha ayudado a configurar las características psíquicas de quienes habitamos la otrora llamada Gran Colombia. O como diría Erick Fromm, citado al final de este texto, algunos rasgos de “el carácter social” del pueblo colombiano.
Hagamos un repaso por la “Historia del pueblo Colombiano que tantas veces ha visto frustrados sus legítimas aspiraciones”[1], y tantas veces ha sufrido castraciones espirituales desde los tiempos de sus más remotos verdugos.
¿Qué se dice que encontraron los españoles en Colombia durante la conquista? Una de las civilizaciones mas atrasadas del continente americano, conformada por algunos pueblos como los chibchas, caribes, entre otros. Mientras en el Perú México y Centro América hallaron esplendorosos imperios como los Incas, los Aztecas y los Mayas, pueblos avanzados política y socialmente, pueblos aguerridos, por lo demás con una obstinada resistencia frente al hipócrita afán Español de civilizarlos. En estas tierras Colombianas por el contrario encontraron indios subdesarrollados, disminuidos en sus alcances y estructuras socio políticas, temerosos y fácilmente doblegables.
En el siglo XV Europa rompió con su limitación a una navegación exclusivamente mediterránea y limitada a las costas. Surgió el interés por la búsqueda de nuevas tierras y nuevas rutas que hacia 1480 estaba orientado claramente a tratar de establecer un contacto marítimo con la india, principal proveedora de especias. El navegante Español Cristóbal Colón comenzó a proponer la búsqueda de una ruta al oriente por el atlántico su idea tenia antecedentes y era aceptada entre los geógrafos y astrónomos de la época, la vieja teoría griega de la esfericidad de la tierra.
El arte de la navegación había progresado bastante al igual que la cartografía, la navegación atlántica había sido emprendida por Vascos y Portugueses. Tras muchas dudas y negativas la expedición de Cristóbal Colón, formada por tres carabelas, salió el 3 de agosto de 1492 de Palos de Moguer (España) su pretensión era hallar un nuevo camino hacia las islas orientales, solo cinco semanas después avisto lo que ulteriormente había de llamarse América.
Así empezó un arbitrario proceso de conquista, en el cual los pueblos aborígenes fueron salvajemente atropellados por los conquistadores Españoles, quienes les despojaban de su oro, sus tierras y sus idiosincrasias. Hacia el año 1500 la mayor parte del territorio Colombiano, se encontraba poblado por diferentes grupos indígenas. Al querer saber sobre los primeros grupos humanos en Colombia y su desarrollo hasta la época del descubrimiento Europeo, los estudios aún son escasos. ¿Cómo afecta este oscurantismo acerca del origen de su pueblo la identidad de un individuo?
En el territorio Colombiano se encontraron durante la conquista, por lo que se sabe, comunidades con un sistema productivo basado en la agricultura, que no permitía unas poblaciones muy numerosas y la productividad era tan baja, que resultaba imposible esclavizar a los enemigos, con los que existía una situación de guerra permanente.
Revisando el contexto de la conquista española en comparación con el actual, las condiciones no se han modificado substancialmente, hoy en el siglo XXI, tenemos una de las economías llamadas de modo peyorativo “tercermundistas”, atrasada, endeudada y con un porvenir incierto. Se mantiene también aquella vocación belicosa y situación de guerra interna, que nos hace uno de los países tristemente celebres, más violentos del mundo.
Pero, si bien nuestro pueblo era escenario de permanentes guerras como se mencionó anteriormente, tuvo frente a la conquista paradójicamente una actitud no muy belicosa y algo resignada, en cierto modo el grueso de los habitantes ya estaban acostumbrados a ser dominados. Por estos factores –experiencia de las tribulaciones y servicio laboral, armamento poco eficaz contra los españoles, actitud derrotista–, perdieron la ventaja que pudo darles su elevado número.
De este relato de la historia y el contexto anterior y al momento de la conquista, me llama la atención ese último factor, presente en los pueblos precolombinos, especialmente los chibchas, su actitud derrotista. La ocupación española estuvo marcada por una serie de abusos y arbitrariedades que fueron desbandando una revolución, al llegar esos abusos y arbitrariedades a términos insoportables, lamentablemente no para el grueso de la población, sino para las oligarquías criollas, quienes paradójicamente eran quienes gozaban de condiciones ventajosas en relación con el pueblo, pero aspiraban a una supremacía en el gobierno. Los criollos tenían resentimientos al verse sistemáticamente excluidos de los altos cargos de administración, no obstante la preeminencia social que les daba sus riquezas, ya que se consideraban excluidos o expropiados de sus legítimos derechos.
La explotación de las tierras coloniales se llevaban a cabo mediante sistemas como la esclavitud; así, América se convirtió en un basto mercado de esclavos importados de África; estos, unidos a los indios americanos esclavizados mediante la institución de las encomiendas fueron pues el pueblo en nuestro territorio. ¿Qué puede esperarse de una nación como la nuestra, cuyos antepasados son esclavos? ¿Cómo tiene resonancia esto, en el carácter de sus pobladores?
Junto a la explotación de los indios se dio un proceso de mestizaje, algunas veces mediatizado por la unión legal de españoles con mujeres aborígenes y negras, lo que fue dando lugar a los criollos, una suerte de pobladores de origen español con sangre india, que fueron conformando una clase social. Una especie de híbrido por decirlo de algún modo, entre blanco, con su errada concepción de pureza y superioridad, e indio o negro con su reputación peyorativa.
Resulta paradójico saber que esta nueva clase, los criollos, segregaron y despreciaron al pueblo indio y negro en quines tenían sus antepasados, tal vez queriendo con esto conjurar una postura vergonzante frente a su génesis. ¿Esto que papel juega en la conformación de nuestra identidad? Implícito en la conquista se encuentra el poder y el interés de la iglesia católica, quien poseía inmensas riquezas, en el continente europeo y era dueña de un gran poder no sólo económico, sino político y social.
La iglesia desconoció totalmente el patrimonio y practicas espirituales de los pueblos americanos y a fuerza de sangre impuso sus doctrinas y dogmas, colonizándose de este modo, no sólo las tierras, sino también la cultura americana; así pues la alineación del cristianismo, sobre las mentes de las aborígenes fue borrando las costumbres y los ritos que otrora fueron parte de nuestro tesoro cultural, terminamos entonces siendo un pueblo alienado. En este contexto se instaura en Colombia un profundo odio de razas y clases que acentuaría la dicotomía social del conflicto en nuestro país, una nación intolerante, que resolvía sus conflictos mediante venganzas y retaliaciones. Desde entonces la historia Colombiana ha estado regida por conflictos socio políticos que no defieren mucho de los expuestos anteriormente y que han dejado profundas frustraciones entre sus nacionales.
Hitos como la revolución de los comuneros, precedente de la declaración de independencia en Colombia, tuvo pues como autores intelectuales a la clase dominante criolla, fue estas en busca de usurpar el poder político, quienes propiciaron la lucha de independencia colombiana y no el pueblo quién llevaba la peor arte y denotaba una actitud pasiva y conformista, vuelta incendiaria, solo con la pugna de la oligarquía, quien ha puesto al pueblo siempre al frente, del cañón, agazapándose detrás de este para su protección. A todas estas, y después de un proceso de revolución sistemática, el derrumbe de la autoridad política de España fue inminente y el 20 de Julio de 1810 se declara la independencia en un suceso contado por la historia de forma folklórica representado en el famoso florero de Llorente. A esto sobrevino un periodo conocido en nuestra historia como la «patria boba», que de una manera escueta no es más sino el bochorno de nuestras clases dirigentes criollas, al tratar de administrar el poder político del cual ahora eran dueños. Se dieron, pues, una serie de contradicciones entre la clase dominante; en todo este contexto estallo fulminantemente un nuevo periodo de interminables guerras civiles, abusos de poder, manipulación y represiones.
Voy a recoger de aquí en adelante, las preguntas y esbozos de hipótesis que he ido dejando en el desarrollo del texto. Se pregunto al principio sobre la influencia que tiene en la identidad de un pueblo no conocer a ciencia cierta sus antepasados. En su novela cien años de soledad, el novel colombiano Gabriel García Márquez, cuenta de una forma metafórica la historia de los Buendia, una familia que funda una ciudad llamada Macondo en la cual transcurre toda una trama en la que si se despista el lector termina olvidando quienes son los personajes, cual es su origen y los acompaña en una existencia melancólica y trágica, que no termina éste –el lector- de comprender.
Se hace necesario tener presente, en todo momento, quienes son y el origen de los personajes, si uno como lector no quiere terminar enredado a la gran telaraña de la confusión en la historia, pues si se olvida de esto puede terminar por no saber lo que se esta leyendo. Se puede Equiparar pues esta metáfora literaria del realismo simbólico a la construcción de la identidad personal, para intentar una respuesta a la pregunta que me he planteado. Ciertamente para saber quienes somos o quienes vamos siendo, se hace necesario tener presente el origen del que provenimos ya que le identidad individual, “son una serie de rasgos totalmente particulares que como resultado de la interacción de la herencia biológica y la vida social, son interiorizados y expresados por quienes participan en los procesos sociales como parte de sus propia biografía”[2]
En la afirmación anterior se destaca el papel de la herencia y la importancia del devenir histórico en la constitución de la identidad individual, si esta herencia no se conoce certeramente, podría uno terminar confundido y perdido como el despistado lector de García Márquez.
Se hizo al principio el compromiso de volver sobre la cuestión del concepto del brujo de otra parte “complejo de hideputa”; «hijo de puta», decía González, es aquel que se avergüenza de lo suyo, que simula lo que no es”[3] En Colombia, existe la vergonzante tendencia a negar los antepasados étnicos, a algunos les pesa haber nacido en esta tierra, que sienten indignos de ellos, Por consiguiente aquí “no se ha construido nunca un verdadero proyecto nacional. Un chiste común dice que en Colombia los ricos quieren ser ingleses, los intelectuales quieren ser Franceses, la clase media quieren ser norteamericanos, y los pobres quieren ser mexicanos”[4] Con este chiste confirmamos pues lo dicho por Fernando González.
El Estado, además, carece de la representatividad que debería tener, el Estado es visto más como un obstáculo que como una ventaja, más como un enemigo, que como un aliado; de aquí se desprende la tendencia marcada a transgredir le ley, a buscar pasar por encima de la normatividad social, tan común en los colombianos. Algunos artistas han puesto de manifiesto su orgullo de ser colombianos hablando bien de Colombia en el extranjero, para vender su imagen y aprovecharse de esto para aumentar su popularidad; pues el pretendido patriotismo de estos personajes, ah sido solo vanidad para ellos, no viven en Colombia, cambian su apariencia física, reciben sus premios y engrosan sus propias arcas con dinero que ganan en dólares, mientras sus compatriotas pasan por “las verdes y las maduras” para siquiera sobrevivir, no se crea que ellos han gastado por lo menos parte de su fortuna para contribuir y dar su aporte en pro de mejorar las condiciones de vida de aquellos a quienes ellos con tanta vehemencia dedican sus premios.
“Mientras no haya un tipo definido, mientras seamos mulatos –y lo peor, avergonzados de ello-, la acción humana será hija de puta, con lo cual significo que será falsa”.[5] Así pues, aquí la gran mayoría siente vergüenza y en el mejor de los casos incomodidad de ser colombianos, un profesor universitario incluso, afirma que es lo peor que le pudo pasar.
Históricamente, Colombia ha sido decidida por extranjeros, nuestras instituciones son copia en algunos casos hasta exacta, de la institucionalidad Foránea. Hemos mantenido de esta manera una dependencia política, económica y cultural, incapaces de autodeterminarnos y tomar en nuestras manos el destino nacional.
José Antonio Marina, en El vuelo de la inteligencia, recuerda cómo ha habido sociedades inteligentes y sociedades necias a lo largo de la historia; estas últimas son sociedades que fomentan los prejuicios, la soberbia, el miedo, la crueldad y la injusticia, mucho me temo que la sociedad Colombiana, a la luz del planteamiento de Marina se defina como una sociedad necia.
El siguiente es un intento de definir el “carácter social” de la población Colombiana. Empecemos por contextualizar el concepto “carácter social” que pertenece a Erich Fromm. Dice Fromm: “Al estudiar las reacciones psicológicas de los grupos sociales, debemos ocuparnos de la estructura del carácter de los miembros que los integran, es decir, de los caracteres individuales. Sin embargo, lo que nos interesa no son las peculiaridades que contribuyen a las diferencias interpersonales entre los miembros de un mismo grupo, sino aquella parte de la estructura del carácter que es común a la mayoría de ellos. Podemos denominar esto carácter social, este es necesariamente menos específico que el carácter individual. Al describir este, debemos referirnos a la totalidad de los rasgos que, en su peculiar configuración, construyen la estructura de personalidad, de este o aquel individuo. El carácter social por el contrario, comprende tan solo una selección de tales rasgos, a saber: el núcleo esencial de la estructura del carácter de la mayoría de los miembros de un grupo; núcleo que se ha desarrollado como resultado de las experiencias básicas y los modos de vida comunes del grupo mismo. Para comprender el modo según el cual la energía humana es encauzada y opera como fuerza propulsiva dentro de un orden social determinado, entonces debemos dirigir nuestra atención al carácter social”.[6]
Aquí se proponen algunos rasgos del “carácter social” de los colombianos:
a. Belicosidad e intolerancia
b. Actitud derrotista
c. Postura vergonzante frente a su origen
d. Mentalidad alienada
e. Actitud pasiva y conformista
f. Desconocimiento del origen de su etnia y su identidad
g. Tendencia a transgredir la ley y la normatividad social, especialmente la Estatal.
h. Dependencia
i. Sentimiento de inferioridad, que permite que el colombiano sea fácilmente dominado.
Esto es o parece una visión negativista de los colombianos, y esta cargado de un tono generalizador a lo largo del texto, pero créanme que no es ni lo uno, ni lo otro; trato si, de aportar a la comprensión de nuestra subjetividad y de los procesos sociales en los cuales estamos inmersos. Estoy profundamente convencido que el camino para salir del nódulo en el que nos encontramos y en el que la historia denuncia hemos permanecido, diría un escritor chileno, “guardando un silencio bastante parecido a la estupidez”.[7] Ya que “ese silencio obliga a los ciudadanos a encontrarse en el ámbito privado en procura de la virtual protección que da el anonimato. La falacia del silencio que se utiliza para respaldar la imposición del auto exilio interior”[8]
Invito pues a romper ese silencio de la sociedad colombiana, pero no exclusivamente de las clases dirigentes, quienes probablemente no se interesen a fondo y lo digo por la evidencia histórica de este asunto, sino un rompimiento de ese silencio de parte del ciudadano común, del obrero, el estudiante, el docente, las amas de casa. etc.
Propongo por parte de quienes tenemos el ánimo de comprometernos con este país, trabajar duro en la proposición de antitesis axiológicas frente a aquellos rasgos del carácter “social” de los colombianos al que se hizo referencia anteriormente. Antitesis axiológicas como el genuino orgullo y compromiso pragmático con la patria, el diálogo como “forma clarificadora puesta en común de las circunstancias hermenéuticas”[9]. Igualmente una valoración individual y de la patria que nos saque del atolladero de la actitud derrotista, un activismo social como contraposición a la actitud pasiva y conformista. Enseñarles a nuestros jóvenes a pensar para sacarles de la alineación, entre otros.
Estoy convencido que debemos hacerlo al mejor estilo platónico, o sea empezar por nuestra propia transformación individual y por resonancia contagiar esa transformación a otro individuo, o pequeño grupo de individuos, a quienes a su vez invitaremos a hacer lo mismo. No creo en las transformaciones fulminantes del sistema como camino hacia la revolución y los cambios que indudablemente estamos necesitando, creo como platón que la sociedad y el Estado se transformaran cuando suficientes individuos se hayan transformado. Los individuos “construyen la sociedad” decía Platón.
A esta altura me surge un cuestionamiento ¿Cómo llevar a cabo esta tarea, en un país donde hablar siquiera de ello, puede constituir una amenaza contra la vida? No tengo respuesta para esto, abro aquí la discusión.
|