| Esta breve exposición es parte de una investigación centrada en el estudio de los incidentes conflictivos entre niños y niñas, que suceden en el ámbito de la escolarización inicial. Desde ese marco se entiende que las disputas entre chicos son situaciones problemáticas típicas en la vida infantil, que tienen una significación central en la emergencia en el sujeto de la competencia para actuar conforme a normas. Si bien el sistema normativosupone un proceso de institucionalización (y es por lo tanto transubjetivo), antes de que el/la niño/a esté en condiciones de comprender las normas y subordinarse a un sistema transubjetivo, tendrá que protagonizar diversas experiencias de interferencia con otros, las cuales comprometen sus deseos o pretensiones de acción, en las que deberá aprender a coordinar sus acciones en marcos intersubjetivos. Es a partir de este supuesto que la investigación se focaliza en el análisis de aquellas situaciones conflictivas que son experiencias sujetas a normas, en las cuales los/as chicos/as vivencian las regulaciones impuestas por los adultos u otros pares, en el ámbito del jardín de infantes.
La relevancia de explorar estas cuestiones en el proceso de transición institucional dado por la incorporación de los/as niños/as en el orden escolar, radica en que allí ellos/as enfrentan nuevas demandas de una institución con sus propias pautas y deben aprender a manejar las situaciones conflictivas generadas por la presencia recíproca de otros desconocidos (Kochenderfer & Ladd, 1996).[1]
La investigación se basa en un enfoque interpretativo del comportamiento y el interés radica en realizar una aproximación a la comprensión de las interacciones infantiles, a partir del registro directo de la resolución de problemas habituales en contextos cotidianos de socialización (Bruner y Haste, 1990).[2]
El propósito específico en este trabajo es exponer una taxonomía de los conflictos observados en los grupos estudiados y analizar la posible incidencia de las relaciones grupales en su emergencia. En lo que sigue se ofrece una clasificación y breve caracterización de las disputas más frecuentemente registradas en dos grupos de niños/as de tres y cuatro años, a partir de observaciones realizadas durante dos años en un jardín infantil ubicado en un sector de pobreza de la ciudad de Córdoba, Argentina.
Las interacciones conflictivas entre pares: el uso de objetos y las relaciones interpersonales.
El análisis de las actuaciones de las/os chicas/os ha permitido clasificar las disputas en las siguientes categorías, de acuerdo al objeto de conflictividad predominante:
i) Problemas distributivos: episodios problemáticos centrados en la distribución, uso o circulación de objetos materiales o inmateriales.[3]
i) a- Arrebatos: apropiación de un objeto que estaba siendo usado por otro; en general el arrebatamiento implica un apoderamiento del bien con violencia física o intimidación.
i) b- pretensión de controlar, retener o acumular los bienes de uso común: se trata de apoderarse de un objeto impidiendo que otros lo utilicen o de acumular porciones del mismo más allá de las que corresponden o de las posibilidades de uso (por ejemplo, retener todos los lápices en la mano cuando se utiliza sólo uno).
i) c- sustracción a escondidas: a diferencia del arrebato, donde se produce un apoderamiento visible del objeto que otro ocupa, se han observado algunos casos donde el acto de sustracción del bien se hace a “escondidas” del poseedor o propietario. Se ponen en juego procedimientos de simulación u ocultación de las intenciones de acción y de los comportamientos efectivos (un caso típico es entrar en el aula mientras el resto está en el patio y sustraer los alimentos que otros tienen en sus bolsas).
i) d- incumplimiento de acuerdos u obligaciones: se incumplen los términos de un préstamo (negarse a devolver la cosa cuando ha finalizado el plazo del préstamo) o no se respetan los turnos de uso establecidos por el agente (negarse a ceder un turno de juego que le corresponde a otro).
ii) Problemas relacionales. El objeto de la conflictividad está centrado en los vínculos entre compañeros/as o con la maestra, en procesos de inclusión-exclusión grupal y en evaluaciones y calificaciones desacreditadoras o peyorativas realizadas sobre los/as otros/as.
ii) a- agresiones grupales dirigidas hacia los/as niños/as solitarios: actos de maltrato físico y/o verbal de más de dos niños/as contra algún compañero/a que manifiesta dificultades de integración grupal. El objeto parece ser la agresión en si misma, dirigida hacia alguien que no habla (o habla poco) y no participa en juegos o actividades con los demás.
ii) b- Ataques a componentes identitarios: burlas referidas a aspectos físicos o expresivos (reírse de alguien porque es “fea” o “no sabe hablar”). En algunos casos estos episodios derivan en reacciones de agresión física de parte de quien es objeto de las burlas o los agravios.
ii) c- Comportamientos para importunar o para llamar la atención del docente: se trata de situaciones debidas o bien al aburrimiento de parte de quien provoca el incidente o a intentos de “llamar la atención” de la maestra (por ejemplo mientras miran una película un niño apoya el pie en la silla de un compañero y lo empuja reiteradamente, le pega palmaditas suaves en la cabeza).
ii) d- exclusión-inclusión en grupos por categoría sexual: en este caso el género operaría como marco simbólico de referencia que orienta las percepciones y acciones de los niños referidas a la conformación de grupos y al uso de objetos. De este modo establecen restricciones y habilitaciones para compartir actividades y lugares en base a esquemas de género (cosas y actividades consideradas de hombres o de mujeres).
Comentarios finales
La clasificación de las disputas en problemas distributivos y relacionales persigue fines analíticos, en la medida que permite ubicar el objeto predominante que da lugar a un incidente conflictivo. No obstante es oportuno relativizar esta categorización, ya que es posible señalar la manera en que se interrelacionan ambas clases de problemas.
Así, y en concordancia con lo encontrado por Ynoub (2002)[4] en un estudio similar, es notable que hay ciertos “privilegios” que se establecen de hecho para el uso de objetos (acumular más de lo que corresponde, negarse a compartir) que estarían ligados a posiciones de liderazgo que algunos/as van construyendo en el grupo. Al contrario, las marcas de exclusión grupal darían lugar a injusticias distributivas. También se ha advertido que la exclusión o privación del uso de bienes o lugares comunes se aplicaría discrecionalmente según el/la otro/a sea considerado o no como un amigo, es decir, según lazos de preferencias. Asimismo los criterios de género marcan habilitaciones para compartir objetos y actividades con los de la misma categoría sexual, o a la inversa, restricciones para excluir o privar de su disfrute a los del otro sexo.
Estas observaciones llaman la atención sobre la importancia de la conformación de las tramas grupales y vinculares. Específicamente es posible conjeturar que un factor de relevancia en la producción de incidentes de disputa estaría ligado al proceso de categorización social señalado por Turner (1990) [5] y Bigler (1997) [6]. Es decir que tempranamente los/as chicos/as producen categorizaciones de sus compañeros/as, lo cual puede favorecer o dificultar el uso compartido de objetos y lugares, según el otro sea considerado como perteneciente o no a la misma categoría o al endogrupo (definido según criterios de amistad, género u otros atributos). |