Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 8 • DICIEMBRE 2004
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Florentino Moreno Martín                

Vicedecano de Relaciones Exteriores. Facultad de Psicología Universidad Complutense. Campus de Somosaguas S/N 28223 Madrid

España
EL SOFA
1981.  Óleo sobre lienzo,  140 x 170 cms.
Enrique Grau 

Ignoraba que ese fuera mi problema [1]

 

Si usted vive en una ciudad en la que habiten cientos de miles de almas, es muy probable que haya contemplado en alguna ocasión un atraco, una agresión sexual, una paliza, un tirón.... Son actos de violencia con los que lamentablemente nos encontramos de vez en cuando y que nos llenan de perplejidad. Si es usted de los que ha contemplado estos actos agresivos ¿entre qué grupo se encuentra? ¿Entre los que decidieron ayudar a la víctima, intentando frenar al agresor, o entre los que contemplaron la escena paralizados o huidizos?

Los datos de las policías indican que hay muchos más observadores pasivos de los atracos que ciudadanos activos que deciden intervenir en la vía pública para evitar un robo o reducir a un agresor. Lo habitual es que no se intervenga. Y si hacemos caso de los informes de los criminólogos esta tendencia a la no intervención es cada vez más marcada en nuestras ciudades.

En los años 70 se hicieron varios estudios en las universidades de Estados Unidos para intentar explicar por qué en unas situaciones de necesidad los observadores auxiliaban a la víctima y en otras se limitaban a contemplar cómo era asaltada, violada, agredida o asesinada. Algunos investigadores como Bibb Latané y John Darley (1970) huían de la clásica explicación de la maldad o bondad de los humanos o de las ideas de valentía o cobardía de los observadores como valores absolutos. Pese a reconocer que determinados factores de personalidad influían en la toma de decisiones en estas situaciones de emergencia, se fijaron en otros aspectos y, sobre todo, intentaron analizar el proceso que media entre el suceso y la decisión de ayudar.

Hablemos de las condiciones que deben darse para que pasemos a la acción. Lo primero es darse cuenta del hecho. Una vez percibido es preciso que se interprete como una situación de emergencia y no como un hecho irrelevante, poco peligroso o grave. A continuación viene el paso fundamental: que el espectador decida que tiene la responsabilidad de actuar, que se sienta impulsado por la obligación de tomar cartas en el asunto, algo en lo que intervienen muchos factores, los más estudiados son la presencia de otras personas (a más espectadores mayor inhibición) y el vínculo entre los protagonistas de la agresión (cuando se interpreta que es una pelea familiar se tiende a ser más pasivo).

Aún cuando uno esté convencido de que tiene que actuar, debe darse un paso intermedio antes de la acción: decidir cómo hacerlo: ¿empujando al agresor? ¿persiguiendo al ladrón? ¿gritando? ¿pidiendo ayuda para ser más fuertes?. Para el común de los mortales no es un proceso sencillo, pero para los super-héroes esto debería ser pan comido ¿o no?.

A primera vista parecería que el super-héroe cinematográfico auxiliaría siempre a la víctima de los atracos. Pero parece que no es así. Últimamente, sólo lo hace si la víctima se lo merece. Al menos así sucede en la superproducción Spiderman. Cuando el muchacho protagonista comienza a explotar sus cualidades sobrenaturales como hombre araña, decide acudir a un torneo de lucha libre para conseguir unos dólares. Tras el combate, Spiderman sale victorioso y sufre una decepción cuando acude a recibir su recompensa del organizador de la pelea:

Spiderman: - ¿100 pavos? El anuncio decía 3000.

Empresario: - Vuelve a leerlo insecto. Decía 3000 por tres minutos.

Y tú le has tumbado en dos. Te llevas 100 y te puedes dar con un canto en los dientes.

Spiderman: - Necesito el dinero

Empresario: -Ignoraba que ese fuera mi problema

Tras esta conversación entra un ladrón que golpea con crueldad al empresario llevándose su dinero. En lugar de detenerle, el héroe deja escapar al agresor. El agredido increpa a Spiderman:

Empresario: - Podrías haberle hecho pedazos. Ahora se ha largado con mi dinero.

Spiderman: - Ignoraba que ese fuera mi problema

Si hasta los titanes del comic piden certificado de buena conducta a las víctimas antes de ayudarlas ¿cómo quieren estimular el altruismo entre los muchachos? ¡Señores guionistas un poco de respeto, no hagan tan humanos a los superhéroes!

 

 

[1] Datos para la referencia bibliográfica (por que es tomado de su libro): Moreno, F. (2003). Ignoraba que ese fuese mi problema. En F. Moreno y L. Muiño. El factor humano en pantalla. Un paseo por la psicología desde el patio de butacas (pp.263-265). Madrid: Editorial Complutense.

 
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