Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 8 • DICIEMBRE 2004
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Juliana Mejía Londoño                

Estudiante cuarto semestre de Psicología

FUNLAM
SERIE TOBÍAS Y EL ANGEL
1955.  Tinta y témpera sobre papel,  30 x 24 cms.
Enrique Grau 

Matriz

 

“El gobierno menos malo es aquel que se muestra menos, que se siente menos, que se paga menos caro.”

Alfredo de Vigny

Para empezar a sustentar mi tesis, quisiera hablar de la sociedad como una totalidad de estructuras, en donde los grupos e individuos se relacionan entre sí, y de la labor estatal dentro de las sociedades que permite perpetuar estructuras de las clases dominantes legitimándolas sobre las clases sociales dominadas, y convirtiéndolas en estructurantes a pesar de los tiempos, adversidades de toda índole, movimientos y capitales culturales, económicos y políticos, y las diferencias étnicas (darwinismo social como génesis).

Hablando concretamente de la sociedad Colombiana, esta posee estructuración jerárquica, es decir, clases sociales, desde que, sin ni siquiera poseer el nombre oficial de Republica de Colombia, pertenecía a América en la época colonial, época donde las categorías eran seudogéneticas y seudoculturales, y sin embargo, legitimaban la asociación de ciertos grupos en ciertos tipos de actividad económica (las esclavitud en el caso de los negros, y la mita en el de los indios). Lo anterior se podría nombrar somatización de las relaciones de poder, según Bourdieu. Empieza entonces la etnicidad a operar como medio segregador en la sociedad y a privilegiar unas clases, con todo su contenido cultural, sobre otras; de ella nace inmediatamente el racismo reforzando, su progenitora, mediante restricciones jurídicas y argumentos teóricos a favor de la permanencia e inevitabilidad de las desigualdades.

A causa del etnocentrismo de las clases sociales dominantes, surgen diferencias de todo tipo con el resto de la población; es así como por medio de la exagerada veneración de los valores dominantes, se desprecian el resto de los Habitus[1], y es necesario enclasarlos al “adecuado” funcionamiento. ¿Para dominarlo tal ves? ¿O para adquirir mayores beneficios políticos y culturales o plusvalía económica?

El racismo entra en escena cuando los mecanismos informales de la etnicidad dejan de ser suficientes para dejar demostrado quienes tienen el poder. Por ejemplo, cuando se erradica la esclavitud aparecen distintas formas de segregación formal de los negros y los indios. Incluso cuando el racismo empieza a perder legitimidad jurídica, encontró refugio en el universalismo a través del uso del sistema de exámenes para eliminar o seleccionar y así asignar posición social. aunque el sistema de exámenes es igualitario (todos se someten a las mismas pruebas), las realidades de la estructura social racista hacen que la preparación de los grupos sea desigual, garantizando resultados desiguales y haciendo exclusivos ciertos lugares y ocupaciones, es así como el racismo en las sociedades rinde su fruto por medio de la violencia simbólica disfrazándose ambos de universalismo igualitario para promover la homogeneización; quién no ha existido completamente ni de forma adecuada. Resultan, entonces, del anterior postulado, varios interrogantes, principalmente sobre la violencia simbólica, mecanismo de arbitrariedad cultural y homogeneización.

En lo que a la violencia simbólica concierne, esta a estado presente en las sociedades camuflándose a su antojo; utilizada por todos los individuos, de una u otra forma, consciente o inconscientemente; si tenemos en cuenta que la violencia simbólica, según Pierre Bourdieu, “es todo poder que logra imponer significaciones como legitimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, es aquella violencia que se ejerce sobre un agente social con la anuencia de este y que se desconoce como violencia por lo que los agentes sociales empiezan a considerar como evidente: es la aceptación dóxica del mundo.” (Bourdieu, 1988).

Con el concepto de violencia simbólica, es fácil deducir que con “sutilezas” implícitas, maniobra a su antojo en las conductas y relaciones sociales. Con su ayuda es relativamente sencillo institucionalizar valores y habitus sin el ejercicio de la fuerza física o la guerra, sino mediante la estructuración de instituciones que ataquen todo lo concerniente al ámbito subjetivo, a las creencias, a los dogmas, a las razas, a las relaciones jerárquicas y de poder. También es trivial realizar con la institucionalización de la violencia simbólica moldeamiento cerebral y disciplinamiento de los cuerpos y por ende de las almas; es el caso por ejemplo la forma de adaptación de la cultura indígena por medio de “educación” a los hábitos de la cultura blancoide o según el modelo cultural arbitrariamente creado por la clase dominante.

¿Es entonces la violencia simbólica una amalgama perfecta de mecanismos para dominar o perpetuar el poder? Esta pregunta nos remite a un análisis de Las clases dominantes quiénes con su necesidad casi imperante de reproducción no buscan que otras clases sean iguales a ellas, es lógico, cómo pues conservarían su diferenciación y por ende su etnocentrismo; lo que sí buscan es que la imposición de sus culturas sea subjetiva y que se naturalice. Además los medios aparentes de “igualdad y universalización” entre las culturas no son tan amplios y plenos como se cree, decaería entonces la distinción de las clases dominantes, y nos encontraríamos que la respuesta a esta pregunta es sí, pues en manos de la violencia simbólica está el acto censurador eufemizado que necesariamente nos remite a que la diferencia si existe y que se estima más de lo que se debe con la incisiva valoración de los habitus dominantes como dignos de imitar en la práctica por el “resto”.

Pero, ¿por que en nuestras sociedades no puede existir una “interculturalidad”, donde cada una de las culturas sobreviva sin tener que ser subyugada o menospreciada por yuxtaponerla con relación a otra cultura? Entran aquí en juego la arbitrariedad cultural y la homogeneización.

Personalmente opino que la cultura dominante en la sociedad posee un rol etnocida en cuanto a subyugación de las demás culturas se refiere; y todavía más cuando “su contenido cultural lo estructura y lo convierte en estructurante para el resto de los grupos sociales como legítima, imponiéndola e inculcándola como algo suyo.”[2] Si hablamos de el “buen propósito” de la homogeneización nos remitiríamos entonces a una interculturalidad donde cada cultura posee su habitus y no es por ello estigmatizada, hablaríamos de una integración ilimitada es decir sin espacios restringidos para determinadas clases sociales, pero como el propósito no es ese, sino precisamente todo lo contrario, la cultura o raza o clase dominante seguirá imponiéndose como legitima y en relación a ella las otras serán estigmatizadas, “antinaturales”.

Según Touraine: “la multiculturalidad no sería una fragmentación sin limites del espacio cultural ni una totalización de la cultura mundial, sino que procuraría combinar la diversidad de las experiencias culturales con la producción y difusión masiva de los bienes culturales.”[3]

¿Es entonces la cultura dominante un modelo de perfección a seguir? En mi concepto no podría decir si la cultura dominante es un modelo de perfección, pero si podría afirmar que las estructuras dominantes, por ser dominantes y estar en la cumbre de las jerarquías, se convierten en legítimas, no de derecho, sino de hecho; perfectas o no, perpetúan el orden arbitrariamente constituido por ellas mismas mediante ritos de institución que consagran las diferencias jerárquicas o mediante la violencia fundamentalmente simbólica que yo llamaría: naturalización de los lavamientos cerebrales. Mientras exista cultura dominante existirán relaciones de desigualdad y subordinación.

¿Qué pasa cuando los individuos se salen de la normalidad instituida, o parafraseando a Bourdieu no hay aceptación dóxica del mundo? Según el subjetivismo, el hombre es un sujeto y no un objeto; cuando un individuo se sale de la normalidad es “etiquetado”, rechazado, estigmatizado y por no ser como se debe ser, no tiene ciertos privilegios en la sociedad sin embargo la propuesta no sería salirse de la normalidad sino cuestionar nuestra actitud frente a la arbitrariedad de esa normalidad, y no ser simples “marionetas de las estructuras” como decía Lévi Strauss, subjetivamente el humano es capaz de libertad cuasi absoluta que escapa a los determinismos, a las leyes sociales y trasciende las estructuras, ¿no sería un buen principio comenzar a entendernos y a entender el entorno? Es cierto que las estructuras son reales, objetivas, universales y eternas pero también es cierto que poseemos subjetividad y el poder de innovación social y cambio de esas estructuras.

¿Por qué homogenizar un pueblo que ya posee determinada cultura -hábitos, creencias, religión, idioma, etc.- dentro de la arbitrariedad cultural considerada como legitima? Sabiendo que es necesario respetar la evolución histórica de cada pueblo, la idea integracionista de interculturalidad, de respeto de las múltiples culturas resultaría como una “ilusión colectiva” pero es que aún no se han eliminado las fronteras étnicas, tampoco hay un proceso de democratización, no son iguales las probabilidades de cualquier índole, ni el acceso al capital cultural por ende tampoco a la movilidad social. Si homogeneizar no consistiera en subordinar las clases sociales, por diferencias étnicas, políticas, culturales y económicas, a otras con exactamente lo mismo, pero sublimado, por lo arbitrario y naturalizado por la violencia simbólica.

Para concluir, quisiera anotar que la re-producción (palabra utilizada en su doble función) de lo arbitrario no es algo que necesariamente debe cambiarse drásticamente con protestas o guerras pues ya esta normalizado, y obviamente se nos volvió algo natural desde la familia, y luego en la escuela, es algo legitimo, lo que propongo en estos párrafos y con las anteriores descripciones y en las preguntas que en la redacción fueron apareciendo y sus intentos de respuesta sería desentrañar un poco el funcionamiento de esa reproducción y su producto, extraer un gajo del contenido total para analizarlo, además de los mecanismos reproductivos para la aprehensión de la realidad social.

Por último, quisiera dejar una pregunta abierta que es importante para cerrar lo latente, lo implícito, lo simbólico, y pasar a lo manifiesto, explícito y material. Es una invitación a asumir una posición crítica sobre lo que esta ocurriéndonos en la actualidad en todos los campos: ¿no es acaso la violencia simbólica un conjunto de creencias, certezas, pasiones, y sentimientos que sirven de soporte a la confrontación armada actual conocida como “violencia”?

[1] Habitus: sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras que funcionan de forma estructurante. Principio generador de prácticas objetivamente enclasables y el sistema de enclasamiento de esas practicas. (Bourdieu, 1988)

[2] ARBITRARIEDAD CULTURAL. Tellez Ireguí, Gustavo. Pierre Bourdieu. Conceptos básicos y construcción socioeducativa. Universidad pedagógica Nacional. Bogotá. 2002

[3] (Touraine 1988) Patzi, Feliz. Etnofagia estatal. Bulletin Inst. Fr. études andines. Pag. 54.

 
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