Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 8 • DICIEMBRE 2004
<< Regresar al índice
 
 
 
 
 
 
Rodrigo Lenis León                

Estudiante octavo semestre de Psicología

FUNLAM
LA CAYETANA
1962.  Óleo sobre lienzo,  82 x 69 cms.
Enrique Grau 

El vacío en el espejo

Desear al «A» no es más que desear el «a»

Vivir en sociedad duele. La afirmación es un disparo,

un tiro de gracia a las pretensiones de desconocer

aquello que nunca podremos sacudirnos de encima.

Fabián Vernetti[1]

 
  • Daniela

Le dije a Daniela: Mírate en el espejo y dime que ves, ella titubeo y con la inocencia desprevenida de sus seis años me contestó: veo a la misma Daniela y sonrió, luego dudo y dijo: la veo igual. Insistí: ¿Cómo te ves? Y ella continuo, estoy con la misma ropa, el mismo pelo, bueno con todo y sonríe. Si yo te pregunto quien esta en el espejo tú que me dices, y sin duda alguna responde: YO.

La palabra Yo es tan abstracta como tantas otras, cuanto más generalizado es este concepto, más abstracto es, más indefinido e indefinible, más se desdibuja, a sí su reflejo aparente estar del lado de lo real, pero éste habita del lado del imaginario, del modelo óptico, a través de lo simbólico, del lenguaje y que oculta la dimensión real del objeto a en su función de causa.

La imagen especular produce al niño un falso imaginario de unidad, su mirada en el espejo busca el asentimiento de Otro que ratifique el engaño del que es presa: una imagen entera ofrecida al Otro.

Pero el sujeto no es sólo imagen, y el Otro en el lugar de la palabra es fundamento del cuerpo. Cuerpo en el que habita el vacío, el empuje pulsional, el síntoma, la marca, la inscripción y el narcisismo.

  • El falso imaginario

En el estadio del espejo el niño logra la identificación con la imagen especular que es mediatizada por el deseo de la madre, lo que por ende, le concede una unidad, pero que lo enajena en el Otro. La ilusión de que lo imaginario contiene lo real ha quedado fundada, es decir: el primer efecto del imago que aparece en el ser humano es un efecto de alienación del sujeto[2].

Es así como el sujeto aparece con un yo en apariencia autónomo, unificado, desvinculado de todo lo otro, libre, con un sentimiento e ideales que lo ubican del lado de la individualidad y por ende en el de la diferencia.

¿Pero como hablar de unidad, de completud, cuando el deseo al que se obedece desde la formación de este yo primario no corresponde al sujeto reflejo del espejo, sino al consentimiento dado por Otro, es decir por un deseo no propio? Entonces podemos responder que lo pasado puede persistir conservado en la vida anímica y no necesariamente se destruirá. La conservación del pasado en la vida anímica es más bien regla que no una rara excepción[3].

Freud señala en El malestar de la cultura tres lados de sufrimiento que amenazan al sujeto: el propio cuerpo, el mundo exterior con sus fuerzas hiperpotentes y destructoras y los vínculos con los otros seres humanos, la cual es la fuente de más dolor.

Y es que el vínculo con el Otro implica mantener el esquema óptico del espejo, obedecer al mandato de lo que se debe ser, conservar los ideales de belleza y encanto, la obligatoriedad de la felicidad en la superficialidad de la moda, la marca, el producto, el sujeto hecho objeto y al servicio de, es decir el espejo del Otro es puesto en relación a la propia imagen que a pesar de su aparente completud tiene un vacío.

  • Yo es otro

La promesa es clara y apunta al cuerpo, Lacan pone al “cuerpo” en el redondel de lo imaginario y señala que sólo adquiere consistencia cuando está anudado a lo simbólico y a lo real, es decir, que es un cuerpo que no sólo se ve y se refleja, sino también que habla y aún más, una superficie sobre la cual se escribe nuestra historia. Pero la cultura “elimina” de la superficie de ese cuerpo lo real y se posesiona en él desde lo imaginario a través de lo simbólico.

Cuando entrecomillo el termino elimina quiero hacer referencia a que si bien el a es la materia prima que subyace toda su campaña, también es cierto que su interés más vasto está sobre la imagen y lo que ésta refleja, que apuesta todo para borrar de ese cuerpo la historia que se escribe y cumplir en él, el deseo irrealizable de ese Otro que fundó la imagen de completud sobre el vacío.

Es así como la oferta no se hace esperar: ahora la tecnología ayuda a desvanecer la apariencia de líneas y arrugas gracias a una mezcla de antioxidantes clínicamente comprobados y si no funciona, el bisturí es el recurso más cercano, recurso que lo aplana todo, pero sobre todo los recuerdos y la memoria, asegurando que a los 58 años se puede lucir de 38… ¿Por qué renegar de la cara, de la piel y sus surcos, cuando son años vividos, dolores y risas que han moldeado la expresión y que le han dado un reflejo a la mirada y un sentido a la sonrisa?[4]

Como amo mi cuerpo yo debo envolverlo en una capa de Nivea Body con aceite de almendras y vitamina E para nutrirlo intensamente y lograr una máxima hidratación, asimismo, el color blanco en la piel es prohibido en cualquier playa y para cumplir con la demanda y obtener el “supersexy” color dorado de Giselle Bundchen y la princesa Magdalena de Suecia se debe exfoliar la piel, tomar una ducha atomizadora con autobronceador líquido y posteriormente mantenerlo con las mil y una marcas que existen en el mercado.

La imagen también se embotella con fragancias finas orientadas a la mujer independiente que define su felicidad personal por los logros profesionales, las relaciones, la familia. Su promesa es que más que fantasía, es una visión de lo que se puede ser cuando la imaginación se libera. Podemos deducir entonces que el vacío que inscribe la castración se hace aprehensible a la imagen de la botella dada por el Otro que se sirve de espejo del sujeto que se niega a saber del lugar de la falta.

Las barreras del amor también son superables por medio de KY, un lubricante líquido que asegura el disfrute máximo de una relación estable, duradera y feliz.

Estas imágenes vendidas al sujeto cumplen con el sentido de la sugestión emocional o conllevan a la actividad motriz que no le permiten distinguirse de la imagen misma.

El objeto a como deseo que no camina en el sentido de la supervivencia y la adaptación, sino por el contrario, el deseo que daña, que es indestructible, porque es y será esencialmente insatisfecho pues está coordinado en su surgimiento mismo con la función de la pérdida, en el lugar del vacío que sólo apunta a la representación.

Es así como el objeto del deseo que el sujeto trata de alcanzar siendo lo que no es, o lo que los otros le dicen que es o debiera ser, no está delante de la imagen especular y vivir en sociedad le duele al pretender desconocer aquello que nunca podrá sacudirse de encima, “lo perdido” irremediablemente, el objeto a como función de causa del deseo, como el vacío en el espejo.


[1] Vernetti, FABIÁN. Vivir en sociedad duele.

[2] Trocca, MARÍA. Identificación y cuerpo. En www.efba.org/efbaonline/trocca02.htm

[3] Freud, SIGMUND. El malestar en la cultura. Documento. Pág 3.

[4] Thomas, FLORANCE. Por qué no a la cirugía. Mis arrugas. En Periódico El Tiempo. Pág 14, 15.

 
.
INICIO | PRESENTACIÓN | EVENTOS | SITIOS RECOMENDADOS | STAFF | CONTÁCTENOS | CORREO | FUNLAM

© 2004