Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 8 • DICIEMBRE 2004
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John Bawer Jiménez                

Estudiante octavo semestre de Psicología

FUNLAM
LA DUQUESA FOTOGRAFA
1963.  Óleo sobre lienzo,  117 x 86 cms.
Enrique Grau 

Estimulación prenatal, protovínculo e inteligencia artificial

La noticia de la llegada de un bebé, cuando se toma con agrado, es motivo de alegría para la madre, y con ella se abre un campo de expectativas con su futuro bebé: si es niño o niña, cómo lo va a llamar, cómo decorará su cuarto, de qué color serán sus ojos, entre otras. Lo cual significa, que desde antes de nacer, lo simbólico da existencia al organismo como cuerpo; es decir, somos sujetos del lenguaje en tanto nos remitimos sólo a significantes, por ello es que el bebé existe como cuerpo, antes de nacer.

Al respecto Lacan dice: “El hombre crece tan inmerso en el lenguaje, como en el medio llamado natural; este baño de lenguaje lo determina antes de nacer por intermedio del deseo con el que sus padres lo acogen como objeto privilegiado, quiéranlo o no. Hecho este, que la misma vigilancia clínica permite atisbar en sus consecuencias aún incalculables, pero presentes en todos los seres”[1]. Es así, y continuando con la misma línea, que en este tipo de relación se ve un vínculo. Vínculo que Pichón Rivière define como: “una relación particular con un objeto”[2], resultando una conducta más o menos fija con él, estableciendo un pattern[3]. También dice que todo vínculo es social, y lo es en tanto que “tenemos la sociedad adentro”, dice Pichón, y porque según Lacan: “el Inconsciente es el discurso del otro”, es más, el sujeto, en nuestro caso la madre, está condicionada a pautas de conducta repetitivas respecto a su objeto interno, modificando o condicionando aspectos, como dice Pichón, de la imagen incorporada y posteriormente introyectada del objeto externo, es decir, en el vínculo que establece la madre con el feto se pone en juego el vínculo interno, el cual repite experiencias que ha tenido con el objeto externo.

También, es importante recordar que esta relación entre madre y feto no es exactamente un vínculo, es un “protovínculo”[4], puesto que no hay diferenciación entre el feto y la madre, llamémoslo un no-vinculo, que igualmente sigue siendo social, ya que el otro social entra en la triangularidad, haciéndolo complejo.

La pregunta ahora sería: ¿cómo lo regula? Pues bien, tomemos a la unidad orgánica (feto), unidad que tiene un cuerpo; ya que, fue nombrado por la madre, por tanto es pertinente reconocerlo con un Ello y Yo, es decir, con psiquis, para abordar esta pregunta.

La teoría de Racovsky nos lo plantea al hablar de un Yo fetal. Él nos dice que los objetos del Yo fetal, están situados en el Ello. Sin embargo, el Ello no es entendido como energías pulsional que buscan burlar la represión; en esta etapa, la pulsión de muerte, según Racovsky, no tiene el imperativo de descargar la tensión, ya que sus necesidades esenciales están permanentemente satisfechas (el organismo está cubierto por el cordón umbilical y el líquido amniótico que suministran el oxígeno, el alimento, el agua, entre otras).

Ahora bien: “con el nacimiento comienza la relación del individuo con los objetos del mundo externo y comienza porque el feto ha perdido el suministro incondicional que satisfacía sus necesidades básicas y que recibía a través del cordón umbilical”[5], quedando una huella que “corresponde a objetos externos arcaicos registrados filogenéticamente”.[6] Estos objetos internos heredados arcaicos, Freud los llamó “representaciones heredadas[7].

De lo anterior se puede deducir la represión primaria, represión, que según Racovsky: “Se instituye limitando la relación primitiva entre el Yo y el Ello que fue absoluta e indiscriminada antes de la institución de dicha represión”;[8] es por ello, que los significantes son reprimidos, claro está que la represión se manifiesta después del parto. Porque, aludiendo a Freud, la represión primaria hace referencia a que al momento de nacer, hay una angustia sentida por el Yo, que hasta ese entonces era una estructura bidimensional con el Ello, puesto que la fluxión con el Ello se interrumpe, es decir, el Yo ya no se alimentará directamente del Ello, lo que explica el fragmento de Racovsky: “represión que disocia al Yo para que pueda entrar a considerar perceptivamente al mundo exterior real inexistente hasta entonces”[9].

Luego de sopesar el por qué en la etapa intrauterina se habló de un Yo fetal, abordemos, el cómo regula el otro social la triangularidad en el no–vínculo o protovínculo entre la madre y el feto. El ideal en general, en la madre, de que su bebé nazca fuerte, sano, el más inteligente, el más bonito de todos los bebes sobre el mundo, hace avasallador en esta que su hijo sea el mejor hijo, que sea en otras palabras, competitivo al medio social que cada día exige más al sujeto, pero ¿a qué costo?

Conforme a lo anterior, ampliemos un poco la sentencia. El hablar de ideal, implica articularlo con agentes externos (que pueden ser las pautas que dan la estimulación prenatal) que ponen al sujeto al servicio de formar seres humanos con un casi infalible mayor potencial para desarrollar sus capacidades que a fin de cuentas no están más que al servicio de otro. Es decir, el ideal impone el deber ser, que la cultura exige y que para alcanzarlo no importan los medios con tal de llegar al fin.

A este nivel de la sentencia, es importante entonces dar claridad entre el deseo y el ideal, a lo cual Héctor Gallo al referirse al deseo dice: “Existe una demanda de cosas, de objetos, pero también hay un nivel de la demanda donde no se exige nada especial, se trata de una demanda intransitiva que en general no es nombrada. En este nivel de exigencia que está más allá de la demanda transitiva se sitúa el deseo”[10].

Ahora bien, el ideal es entonces una barrera al deseo, puesto que le impone al sujeto el deber ser con respecto a algo, anulándolo. Entonces, en vista de la similaridad en sus matices, el sujeto tiende a confundir la falta en ser con una necesidad en ser.

De modo que, si enfocamos la estimulación prenatal como un esfuerzo de la madre para encontrar en el hijo el reflejo de sus ideales y así cumplir con las demandas del gran Otro, de la cultura, entonces éste sería no más que un mecanismo de acoplamiento ejercido sobre el feto, de tal manera que esta articulación temprana puede entenderse como la inteligencia artificial (I. A.) sobre el feto, lo cual implica un anulamiento del otro como sujeto reduciéndolo a lo real: a un organismo con el cual gozar.

“La inteligencia artificial (I. A.), en una definición amplia y un tanto circular, tiene por objeto el estudio del comportamiento inteligente en las máquinas. A su vez, el comportamiento inteligente supone percibir, razonar, aprender, comunicarse y actuar en entornos complejos. Otra meta de la I. A. es llegar a comprender este tipo de comportamiento, sea en las máquinas, en los humanos o en otros animales”.[11] De modo que, si la estimulación prenatal[12] es vista como un ideal de la madre, habría que dudar de lo que ésta espera del bebé, ya que podría ser un medio que justifica el fin por el cual el gran Otro le demanda.

En suma, a lo largo del ensayo se planteó que los fetos tienen un Yo fetal, lo cual hace referencia a una percepción bidimensional entre el Yo y el Ello, lo que demuestra que en la vida intrauterina se dan representaciones que con el nacimiento son reprimidas, más no olvidadas. Entonces, si el Yo fetal tiene huellas, mismas que contienen una irrupción abrupta producto de un ideal de hombre perfecto, ¿qué pasará entonces con estos sujetos, que desde el ideal de la ganancia de conocimientos, se constituyen como sujetos atravesados por el lenguaje?

[1] LACAN, J. “Breve discurso en la O.R.T.F”. En. Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Editorial Manantial, 1991. Pagina 38.

[2] PICHON RIVIERE, Enrique. Teoría del vinculo. Ediciones nueva visión. Buenos Aires: 1982. Pág.126

[3] “Determinada conducta que tiende a repetirse tanto en la relación interna como en la relación externa con el objeto” Pichón Riviére.

[4] IBID.Pag. 25.

[5] RACOVSKY, Arnoldo. El psiquismo fetal, investigaciones psicoanalíticas sobre el desenvolvimiento primitivo del individuo. Editorial Paidós. Buenos Aires. 2 edición, 1977. Pág.5

[6] Ibíd, p. 16

[7] SIGMUND, Freud. Obras completas. Tomo XIX . El Yo y El Ello. Pág. 30

[8] Ibíd, p. 18

[9] Ibíd, p. 24

[10] GALLO, Hector. Usos y Abusos del maltrato. Una perspectiva psicoanalítica. Edit. Udea. Medellín: 1999. Pág. 65

[11] NILSSON, Nils. J. Inteligencia Artificial, una nueva síntesis. Mc Graw Hill. Impreso en Madrid: 2001. Pág.1

[12] “la estimulación prenatal permite enseñarle a los bebes en el útero y este aprendizaje prenatal, no sólo optimizara el desarrollo mental del bebé sino que ayudara a crear una corriente continua de comunicación entre la madre y éste”. Fotocopia. Estimulación prenatal.

 
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