| El concepto de personalidad guarda una estrecha relación histórica y teórica con el de persona, que tiene un carácter más filosófico y cuyos orígenes se remontan a las creencias religiosas más antiguas. Ya en el teatro griego se jugaba con la "apariencia", debajo de unas máscaras estandarizadas de tristeza, alegría, asombro, etc. que los diferentes personajes utilizaban para dar a conocer al público la personalidad de cada uno de ellos o su estado de ánimo.
En la Roma de Cicerón se distinguían cuatro acepciones del término, que luego la psicología utilizaría también en sus definiciones de personalidad. Apariencia, es decir, la máscara con que el sujeto se presenta ante nosotros. Cometido, o rol social. Dignidad o status de ese rol. El Conjunto de cualidades que hacen a un ser humano apto para su trabajo. La filosofía moderna acentuó después las dimensiones conscientes de la persona, reflexión, autoconciencia y libre albedrío.
El tema de la personalidad viene ocupando a la humanidad casi desde que tiene conciencia de serlo. Hacia los años treinta G. W. Allport hace un análisis de las definiciones acumuladas a lo largo de la historia en torno a este concepto. Todas las corrientes psicológicas del siglo XIX afirmaron, en general, la importancia de lo consciente, pero estas psicologías no alcanzaban a explicar fenómenos psicológicos como las equivocaciones, los sueños, los problemas sexuales, las fobias, las alucinaciones y la hipnosis.
En los últimos años del siglo XIX se desarrolló una nueva teoría que proclamaba la existencia de un sistema inconsciente, dinámico, gobernado por leyes propias y que determinaba toda la vida psíquica. El médico y neurólogo vienés Sigmund Freud, suscitó una profunda transformación en el conocimiento de la personalidad humana. Rechazado por los medios académicos de su época, hoy, su aportación al mundo de la psicología se considera esencial. Trabajó primero con la hipnosis, y no obteniendo los resultados deseados, buscó como alternativa "la cura de la palabra", a través de la cual los pacientes eran capaces de resolver sus síntomas hablando de sus experiencias y problemas. De esta forma, desarrolló la técnica que hoy conocemos como Psicoanálisis.
Freud propone unos criterios de clasificación de la personalidad según sus "diferenciaciones", sus rasgos, tanto psíquicos como físicos: "…pues bien, según cual sea la colocación predominante de la libido en las provincias del aparato anímico, han de distinguirse tres tipos libidinosos principales; su designación no es del todo fácil; apuntalándome en nuestra psicología de lo profundo, me gustaría llamarlos el tipo erótico, el tipo narcisista, el tipo compulsivo…"[1].
Basándonos en esta clasificación, adentrémonos en la comprensión de cada tipo. Freud entiende por “tipo libidinal erótico”, el que corresponde a los sujetos que priorizan lo afectivo a todo lo demás. Buscan el "amor del otro", "ser amados". Los gobierna la angustia frente a la pérdida del amor. Pueden llagar a ser agresivos. En estos sujetos la proporción mayor de la libido se encuentra situada en el Ello. Un erótico en un estado crítico por la pérdida de su objeto de amor, puede caer en una depresión o en el suicidio.
El “tipo libidinal narcisista” corresponde a aquellos sujetos muy afirmados; suelen ser líderes y con una elevada autoestima. No hay en ellos ninguna tensión entre el Ello y el Superyó. El Yo dispone de una elevada medida de agresión que se transforma en actividad. Muestra gran independencia. Las necesidades eróticas no tienen poder; prefiere amar a ser amado. Normalmente intentan imponerse a los demás. En estos sujetos la mayor proporción de libido disponible se encuentra situada a nivel del yo.
El “tipo libidinal compulsivo” corresponde a aquellos sujetos muy normativos; para ellos "las normas" son su referente. Son sujetos gobernados por la angustia de la conciencia moral. Son extremadamente organizativos. En lo social pasan a ser "los portadores" de la cultura conservadora. En los sujetos compulsivos predomina el superyó.
Freud nos dice que “tenemos que contemplar también Tipos Mixtos". El Erótico-Compulsivo es un sujeto dependiente de los otros y de los "relictos" (normas) de los progenitores y educadores. El poder de la vida pulsional parece limitada por el Superyó. El Erótico-Narcisista es el más frecuente; reúne opuestos que pueden moderarse en su interior. El Narcisista-Compulsivo es el de mayor valía cultural; la independencia externa y el respeto por la conciencia moral, refuerza el yo frente al Superyó. Es el más equilibrado. El Erótico-Compulsivo-Narcisista, sería el equilibrio perfecto, la armonía.
Esto es, en resumen, la teoría psicoanalítica del profesor Sigmund Freud, que sirve de base para el estudio que intentaré hacer sobre dos de los personajes centrales de la película española "Tacones lejanos". "Tacones lejanos" es una película dirigida por el prestigioso y controvertido Pedro Almodóvar. Este director, ganador de un Oscar con la película "Todo sobre mi madre", es autodidacta; empezó haciendo cine de muy bajo presupuesto y poco a poco se ha ido ganando un merecido prestigio en el mundo del celuloide. Suele trabajar con personajes complejos, marginales, ricos en matices y muchas veces incluso patológicos.
Los temas que suele tratar son de carácter social en contextos difíciles, llegando habitualmente hasta el límite. Explora siempre el interior del personaje buscando sus conflictos más íntimos. Hace uso de una estética muy personal, que refleja la España de los años 60, 70 y 80, evolucionando con ella. Estudia hasta el más mínimo detalle, todo tiene un sentido en si mismo, no deja nada al azar. Elegí esta película, "Tacones lejanos", por el estudio tan exhaustivo y acertado que hace de sus personajes. El guión parece haber sido escrito por un psicólogo o un psiquiatra.
Cuenta la historia desgarrada de una madre egocéntrica, Beky, que sólo ha vivido para ella misma; que es capaz de abandonar a su propia hija, Rebeca, antes que renunciar a "su carrera artística", sin sentir el más mínimo remordimiento, y llega al final de sus días dándose cuenta de lo vacía, patética y dañina que ha resultado su vida. Ante su inminente muerte, Rebeca reacciona y en un último intento de redención, es capaz de hacer algo por su hija.
La obsesión dependiente de la hija, incapaz de amar otra cosa que no sea su madre, la lleva a la infelicidad más absoluta y a la frialdad más terrible e irresponsable. Se convierte en una asesina sin escrúpulos ni conciencia de ello. Es una historia de amor-odio en la que podemos apreciar la validez y actualidad de los tipos de personalidad que Freud nos describe. Almodóvar lo lleva al mundo del cine, haciendo de esta problemática un espectáculo digno de ser visto.
En el momento en que empieza la película, Rebeca está casada con un hombre que fue el gran amor de su madre, antes de que ésta última abandonara a su hija en Madrid para irse a continuar su carrera artística en Méjico. Después de quince años, la madre vuelve a Madrid para actuar. En ese momento Rebeca trabaja como locutora en un canal de Televisión de su esposo, el cual no sabe que está casado con la hija de su antigua amante. A los pocos días de llegar Beky a Madrid, el marido de Rebeca aparece asesinado en su chalet.
La película inicia con una toma en el aeropuerto de Barajas. Una mujer espera la llegada de su madre que regresa después de quince años de ausencia. La mujer (Rebeca) reflejada en un gran ventanal, permanece absorta recordando imágenes de su niñez junto Becky, su madre, una bellísima mujer, y su padrastro, Alberto, segundo marido de Beky, pasando unas vacaciones en Isla Margarita. A estos recuerdos de las vacaciones, sigue un recuerdo de esa misma época: dentro de un apartamento la niña oye una discusión entre la pareja, Alberto le exige a su madre que se retire del mundo del espectáculo. La niña, Rebeca, se dirige al cuarto de baño y cambia unas píldoras de un frasco a otro. La escena siguiente es la noticia en un telediario de la muerte de un Alberto que se ha estampado con su automóvil contra un poste y se sospecha que había ingerido somníferos. Se interrumpe este recuerdo con el aviso en el aeropuerto de la llegada del vuelo.
El encuentro de la madre con la hija es frío y conflictivo; comienzan los reproches entre ambas. La gran noticia: Rebeca le comunica a su madre que se ha casado con un director de telediarios (antiguo amor de Becky). En el transcurso del recorrido en taxi hasta Madrid, madre e hija se hacen todo tipo de preguntas; ninguna escucha a la otra. Rebeca constantemente pretende llamar la atención de su madre, y en cambio a esta lo único que le preocupa es su regreso artístico, si la recordarán, cómo la encontrarán, necesita a su público más que a nada. Rebeca decide hospedarse en un hotel con Marga, su secretaria. A la noche siguiente visita a su hija en su casa, allí se reencuentra con Manuel (su antiguo amante); desconcertado le explica que desconocía el parentesco que les unía a ellas y le comunica el deseo de separarse de su hija y, a la vez, el temor que siente, ya que ella no se lo permitirá por su extraña personalidad. Se entrevé una complicidad entre ellos dos que aún perdura.
Esa misma noche van los tres a un espectáculo de travestidos; es un local que Rebeca suele frecuentar; uno de ellos, “Letal”, es amigo suyo; suele interpretar siempre canciones que hicieron famosa a su madre y era el único recuerdo que tenía de ella. Al terminar la actuación, “Letal” se acerca a saludarlos; la situación resulta compleja. Manuel, el marido de Rebeca, que es claramente homófobo, se siente violentado e incómodo; llega casi al enfrentamiento. Letal se retira al camerino con Rebeca; le increpa a ésta que no quiere seguir siendo "su madre", y en un apasionado encuentro la seduce.
Aproximadamente dos semanas después, aparece en la pequeña pantalla la noticia de la muerte del director de telediarios de una conocida cadena de televisión, asesinado la noche anterior en su casa de campo; lo trasmite la locutora de la cadena, Rebeca, tras una interrupción de la noticia, se declara culpable, enseñando las fotos que tomó de la habitación después del crimen. La detienen y pasa a una penitenciaría de mujeres; desde allí escucha una actuación de su madre a la que en ese momento odia por el romance con su marido y no quiere ni verla.
A partir de este momento comienza la investigación del asesinato por un juez de instrucción, “el juez Domínguez”, dispuesto a defender a Rebeca por falta de pruebas. En el patio de la cárcel Rebeca sufre un desmayo; los médicos le dan la noticia de que está embarazada. Becky sigue sus actuaciones en Madrid; en una de ellas sufre un infarto por lo que dan permiso a Rebeca para que pueda visitarla. Gracias a la intervención del juez consigue salir de la penitenciaría para cuidar a su madre, que había comprado la antigua portería (una especie de semisótano con ventanas a ras del suelo) que había sido su hogar de pequeña. Becky, postrada en el lecho de muerte, le explica a su hija el porqué de la compra de esa casa: porque siempre veía las piernas de las mujeres con sus tacones acercándose y retirándose de la ventana.
Rebeca, en un monólogo sordo, hablando frente a la ventana, recuerda cómo de pequeña no podía dormir sin oír el ruido los tacones de su madre acercándose a su casa. Becky, en un acto insólito, comprende lo que está ocurriendo con su hija y decide ayudarla de la única manera que ya le queda, si durante su vida jamás se preocupó de su hija, tal vez con su muerte pueda redimir en algo su abandono. Rebeca le ha llevado el arma homicida, limpiándola minuciosamente, la madre, voluntariamente, la toma en sus manos, dejando patentes sus huellas. En un último intento de ayudar a su hija le pide que aprenda a "resolver" los problemas con los hombres "de otra manera".
Llaman al Juez Domínguez y la madre se declara culpable del asesinato de Manuel. Hacia el final la película nos sorprende revelándonos El juez Domínguez y Letal (el travestido que hace el Show en el que canta las canciones de Beky y se disfraza como ella) son la misma persona. Por ello sabe del embarazo de Rebeca y que esta no tenía relaciones con su marido, con lo que deduce fácilmente que él es el padre del bebé que Rebeca está esperando.
Becky muere en paz consigo misma. Rebeca, sin remordimiento ninguno intentará rehacer su vida con el juez, Letal… o quien quiera que sea en el fondo. La conclusión a la que podemos llegar, conocido el argumento y sobre todo vista la película, es la clara definición de un sujeto claramente narcisista como es Becky y erótico como es Rebeca.
Becky sólo se quiere a sí misma, "abandona" y "anula" la personalidad de Rebeca, su hija. Fracasa en todas sus relaciones sentimentales. Consigue el éxito artístico, su único objetivo en la vida, aunque ante la muerte consigue una pequeña contaminación erótica y en un único acto de amor, intenta hacer algo por su hija. Rebeca, es capaz de matar antes de "no ser amada", se pasa la vida llamando la atención de una madre que nunca tuvo, buscando cautivar su mirada, con un sentimiento de fracaso constante. Carece de todo escrúpulo a la hora de "resolver" sus problemas y sin un ápice de remordimientos. Fracasa igualmente en sus relaciones sentimentales, sólo ama-odia a su madre y todo aquello que la represente, su relación con Letal es una pura transferencia, le utiliza y le engaña a su antojo.
Sólo me queda resaltar el papel fundamental que el psicoanálisis sigue teniendo en el campo de la psicología, unos podrán estar de acuerdo en esta escuela y ser unos fervientes entusiastas, otros podrán pensar que se puede ir más allá, que existen otras formas de llegar a esa misma conclusión, o a otras, pero lo que nadie negará es la valiosa aportación que supuso la investigación, el estudio y los años de experiencia científica del profesor Sigmund Freud. |