| Es necesario partir de algunas observaciones sobre el histórico-social, en tanto contexto del trabajo clínico grupal en el área comunitaria. Vivimos en un tiempo histórico social definido como posmodernidad, crisis de la modernidad, capitalismo tardío, según el criterio que se utilice para la definición y el futuro que se imagine o imaginemos para nosotros.
En estos tiempos, se han acentuado las injusticias sociales y la distribución de la riqueza cada vez más desigual, ha dejado a vastos sectores de la población en estado de total indigencia y marginalidad. Esta concentración de poder, económico y político, se justifica diciendo que es necesario para poder generar empleos y mejorar las condiciones de vida de los que quedaron afectados, justamente, por esas medidas. A esto se le llama Globalización y Félix Guattari define como Capitalismo Mundial Integrado.
Con las privatizaciones y el desguace del Estado, aparece en nuestro país otra injusticia: La desprotección. El Estado al servicio de los que dirigen, dejando inermes a los más desposeídos. Injusta distribución de los bienes simbólicos como la cultura, del presupuesto para las instituciones publicas como las escuelas, hospitales y universidades. Aparece la opción de arancelar para uso de los que puedan pagar, dejando caer y devaluar el resto para los que no puedan acceder a nada mejor.
En esta realidad histórico-social se estimula el sistema de delegaciones, haciéndose muy difícil sostener mecanismos democráticos de participación que posibilitarían un reparto más justo del poder y un compromiso solidario más amplio. El individualismo a ultranza como camino de salvación, nos ha convertido a todos en sospechosos y desconfiados.
A la vez que la búsqueda de la satisfacción inmediata en el presente -ya no hay tiempo para esperar- ha llevado a la pérdida de la ética en el intercambio entre sujetos y de la estética en el ser social, apareciendo lo burdo y lo obsceno -que debería quedar reprimido- como simulacro de sinceridad impune.
Si queremos ver, las hilachas aparecen por todos lados. Es en esa realidad donde me pregunto sobre la validez de nuestra práctica con grupos en la comunidad. Entendiéndola como una puesta en disponibilidad de saberes, desde una posición que nos implica como sujetos, comprometiéndonos en la función analítica en el campo de la clínica ampliada.
El trabajo clínico comunitario posibilita descubrir, elaborar el imaginario social hecho texto grupal. Cuando digo imaginario social, me refiero a la definición que da Cornelius Castoriadis: conjunto de significaciones por las cuales un colectivo, una sociedad, un grupo, se instituye como tal inventando sus formas de relación, sus modos de contrato y sus figuraciones subjetivas.
El contexto se hace texto en el grupo, rompiendo la división adentro-afuera. El grupo es hablado por el argumento del drama inconciente social como la trama argumental. Cada participante actúa un personaje de esa trama. Habla su inconciente individual pero al servicio de un argumento donde se juega la fantasmática social.
Si el histórico-social produce subjetividad, en tanto orden de significaciones que se hacen texto grupal, me pregunto si es posible instituir nuevas formas de relación que posibiliten la solidaridad, el reconocimiento de las diferencias, el consenso para el bien común, que sostengan el disenso como expresión de lo diverso en las relaciones intersubjetivas? Si es posible, y yo creo que si, es necesario para la vida en este planeta.
Dice Félix Guattari: "Lo que esta en cuestión, es la manera de vivir, de aquí en adelante sobre el planeta. En el contexto de la aceleración de las mutaciones técnico-científicas y del considerable crecimiento demográfico". Y sigue diciendo F. Guattari: "La negativa a mirar de frente las degradaciones de los dominios de la psiquis en relación al socius y al medio ambiente -tal como es fomentada en los media- lleva a una infantilización de la opinión y a la naturalización destructiva de la democracia".
Retomando el trabajo con grupos comunitarios, entiendo lo grupal como nudo de problemáticas, en donde se juegan situaciones de poder, de micro políticas, del lugar que ocupa cada uno en el contexto social, de red de transferencias, de identificaciones, de fantasmáticas individuales y sociales, donde aparecen escenas-textos en los que se despliega lo social, institucional y lo singular histórico y prospectivo de cada uno.
Desde esta concepción de lo grupal rescato la validez de nuestras prácticas como una salida a la masificación, a la tendencia a la naturalización de la existencia que sostiene la perpetuación de ciertas relaciones de poder. Hoy, la comunidad hace síntomas por todos lados.
Dice otra vez Félix Guattari: "Con la falta de tolerancia y de inventiva permanente para imaginarizar los diversos avatares de la violencia, la sociedad corre el riesgo de hacerlos cristalizarse en lo real". Continuando con esta idea, podemos decir que si le restamos significado a los hechos de violencia, solo queda esperar que se repitan perpetuándose. La violencia en el fútbol es un ejemplo de esto.
Una pregunta abre una brecha, produce un espacio en donde puede aparecer alguien-alguienes que se cuestionen sobre la cotidianeidad subjetivando aquello, que objetivado como natural -del tipo "así es la vida"- paraliza, somete, condena al padecimiento. En mi práctica con diferentes sectores de la comunidad y en instituciones de salud y educación, he desarrollado mi trabajo con grupos desde una concepción psicodramática. En tanto grupalista y psicodramatista, para mi lo grupal hace a lo psicodramático y lo psicodramático a lo grupal.
Pienso el psicodrama y el sociodrama como una concepción dramática de los vínculos inter e intrapsíquicos, un abordaje al conflicto y un instrumento clínico que posibilita la tarea. En el trabajo dramático, el conflicto adquiere volumen, toma cuerpo, se hace tridimensional. Se anuda en las múltiples relaciones imaginarias entre los protagonistas de la escena y el grupo. Develando estos anudamientos, construyendo las escenas de la escena, se posibilita el acceso a la simbolización entre otras maneras de vincularse. El espacio dramático donde transcurre la escena, es el espacio lúdico-transicional en el sentido que le da D. Winnicott.
En este espacio, sin guardapolvo, que define el rol que la encarcela en un papel, una maestra juega en la escena a "ponerse en la piel del otro" como diría Jacobo Levy Moreno. Ese "otro" es una madre que no esta disponible. Se descubren los sentimientos, las proyecciones con ese otro personaje. Impacto del juego que antecede a la palabra. Aparece la relación, el vínculo como la alternativa a la oposición dilemática. Aunque se explique antes, cuando se realiza la escena aparece lo imprevisto, lo inesperado. No se puede encasillar al inconciente.
En el psicodrama la escena, aunque anterior, toma fuerza y vigor actual en la recuperación de sentidos y sentires. La escena, texto grupal, tiene un poder generador de sentidos que se despliegan en las multiplicaciones que a la manera de historias posibles se entretejen en el grupo, interrogan, cuestionan y abren a nuevas narraciones.
La apropiación de la palabra y el protagonismo, así como la construcción colectiva de un saber-saberes, genera como diría Enrique Pichon Rivière, la pertenencia y el compromiso, así como los recursos simbólicos, materiales y la producción de inteligencia necesaria para encontrar salidas creativas a las crisis en esa institución, en esa comunidad y en ese momento histórico,. Recuperando la temporalidad necesaria para la construcción de proyectos que den lugar a la vida y la trascendencia.
Hoy se hace imperativo el tema de la violencia, el consumo de drogas y el sistema adictivo que lo sostiene, el SIDA, la discriminación, el autoritarismo enquistado en las instituciones. Mucha información circula a través de los mass-media, pero esto no sustituye la producción grupal y colectiva. El acceso al saber como una salida posible al malestar en la cultura, para no quedar instalados en la cultura mortífera del malestar.
Recuperando la función anticipatoria del arte, quiero compartir con ustedes un poema de José Agustín Goytisolo, poeta y escritor español, contemporáneo:
"La voz y la palabra"
Tienes tu parte en la felicidad
Aun en medio de un mundo en bancarrota.
Te enfureces, te afliges y apartas el diario
Mas con esto no alivias el total desamparo
de millones de seres a los que se ha vedado
El derecho a existir. La única tierra
Que han de tener es una sucia fosa.
Tu tomaste partido por la vida
Que se les niega a los desheredados.
Comprendo que te hiera este dolor
Pero no llores: canta. Tu mejor testimonio
Es una voz al aire y no el gran ruido
Que no permite hablar y que al final impide
Pensar también en lo que esta ocurriendo.
Hasta la mas sencilla canción enamorada
Se ha vuelto rebeldía que el mas cuitado entiende
Y puede hacerla suya tal si fuera un tesoro
De moción y esperanza
Que puede repetirse como un himno
Y que salta los muros de las cárceles
Que esta en la selva y entre loas cascotes
De un pueblo bombardeado. La voz y la palabra
Pueden con el gran ruido que quiere anonadarte.
ota a modo de datos bibliográficos: Aunque no fueron citados, están presentes en este texto: Olga Albizuri de García, Ana Fernández, Ana Quiroga, Eduardo Pavlovsky, Cornelius Castoriadis, Rene Loureau, Robert Castel, Didier Anzieu y Renee Kaes y Michael Foucault.
|