Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚMERO 7 • FEBRERO 2004
 
 
 
 
 
 
Yenny María Cardona                
Alumna 9° Semestre
FUNLAM
Marcela Gómez Arboleda                
Alumna 9° Semestre
FUNLAM
Sin título 1978
Grabado 70  x 80 cm.
Alejandro Obregón
LA VIOLENCIA: LO QUE NOS ES MAS FAMILIAR.
Relación entre el poder y el cuerpo en la violencia intrafamiliar.

 

El conflicto es un elemento inherente al hombre , se encuentra presente dentro de cualquier espacio en el cual éste se desenvuelve, por lo tanto, el conflicto en si mismo no es un obstáculo para el ser humano que lo inhabilita para su desarrollo, sino una parte constituyente de su complejidad individual y social, potenciadora de cambios, como lo expresa Pedro E. Valenzuela: “el conflicto podemos entenderlo como parte de nuestra cotidianidad, pues lo experimentamos en el hogar, el trabajo, la universidad, en nuestra relación de pareja; en forma latente o manifiesta, el conflicto está inmerso en el marco de nuestras relaciones sociales” ; sin embargo, la forma en que los sujetos que se encuentran involucrados en éste lo enfrentan marca la diferencia, puede ser obstaculizador o, por el contrario, favorecedor del crecimiento humano en la expresión subjetiva y vincular, un motor de la vida personal y colectiva.

 

De esta manera, el conflicto puede enriquecer el vínculo, pero también es posible que el vínculo se maltrate o llegue al rompimiento, empobreciendo la capacidad de las personas de negociar salidas pacíficas y democráticas, cuando se procede violentamente y cuando prima la imposición de un punto de vista sobre otro por medio de una posición agresiva. El que un sujeto reaccione de una u otra manera frente al conflicto y haga un manejo determinado de éste depende de un proceso de aprendizaje, de un tratamiento que denota una historia en la vida social, con gran influencia de la familia. Dentro del espacio familiar el sujeto se encuentra inmerso en una trama vincular que puede ser enriquecedora y que le facilite todos los medios para desarrollarse adecuadamente o, por el contrario, convertirse en un terreno amenazante, que reduzca todas las posibilidades de progreso.

Actualmente en nuestro medio se ha ido construyendo una forma de resolución del conflicto por la vía de la violencia , entendiéndola como una confrontación con quien se tiene alguna diferencia con el fin de conseguir su sumisión, mediante la anulación sistemática de sus capacidades afectivas, cognitivas y corporales, convirtiendo la solución del conflicto en una experiencia disociadora. La violencia supone siempre el desconocimiento de un «otro» en tanto sujeto deseante, de esta manera borra las diferencias y promueve la indiscriminación, consiguiendo con ello reducirlos a su calidad de simples objetos. De esta forma la violencia es una construcción social de enfrentamiento del conflicto, es un aprendizaje que tiene sus cimientos en el núcleo familiar, al ser éste el primer espacio de enseñanza. Esto se hace evidente a partir de los datos que dan cuenta de casi 30.000 casos denunciados por el delito de violencia intrafamiliar ante la Fiscalía General de la Nación, solo en la seccional de Medellín, en el año 2002 ; ante esta información hay que preocuparse, pues la familia, que ha sido uno de los dispositivos sociales mas utilizado en el proceso socializador, está propiciando una forma inadecuada de enfrentar el conflicto que hace vulnerable a los sujetos ante éste, al no proveerlos de herramientas democráticas, pacíficas y simbólicas para su resolución. Es así como las estadísticas por sí solas son alarmantes, pero insuficientes para advertir las consecuencias que el fenómeno de violencia intrafamiliar genera para la salud física y mental de los sujetos y el funcionamiento de la sociedad a favor de la población.

En una situación violenta los sujetos se sostienen sobre la paradoja de requerir la presencia del otro con el fin de hacerlo ausente, al menos lo suficiente para seguir gozando de él, éste constituye un modo vincular desgastante, ya que es una manera de relación en la que el lazo social está caracterizado por la precariedad del vínculo, llevando a un empobrecimiento de las formas democráticas y éticas de trato con el otro, trato que se encuentra mediado por mecanismos coercitivos de poder.

Foucault ha planteado que la familia también está sujeta al poder, que en ella hay demostraciones que señalan mecanismos de poder puestos en marcha y que son tanto impositivos como productivos. Desde esta perspectiva se entiende el poder como poderes que pueden ser contrarios, que están en el campo de la cotidianidad, que tienen una especificidad histórica y geográfica, que están en diferentes espacios, que evidentemente están bajo la forma de control-coacción, pero también operan como control-estimulación y tal situación es posible porque el poder es una estrategia que no obedece a la forma única de prohibición y castigo, sino que tiene formas múltiples.

El poder es una cuestión de estrategias, el dominio no es propiedad de un sujeto sino se ejerce en la red de relaciones y dirigido hacia determinados fines, por lo tanto contiene mecanismos, Foucault plantea que “las relaciones de poder son intrínsecas a otro tipos de relación (de producción, de alianza, de familia, de sexualidad), en las que juega un papel a la vez condicionante y condicionado” ; esto muestra como el poder hace parte de la dinámica familiar, pero no necesariamente como fuente de violencia, depende de los mecanismos que allí se implementan, pues el poder no origina el conflicto y su derivación en la violencia, pero tampoco se encuentra desvinculado de éste; es precisamente cuando el poder se resquebraja, se debilita o se pierde en la vida familiar que surge la violencia, aparece como medio para impedir la voluntad del otro, esto a través de la fuerza.

Entonces, el poder constituye una estrategia que en el caso de la violencia es utilizada en su forma coercitiva y que establece el tipo de estructura vincular: dominante – dominado. Quizá la manera en que el ejercicio del poder se logra materializar con mayor fuerza en el sujeto dominado son las marcas o huellas inscritas en el cuerpo como consecuencia del acto violento.

Es de esta forma como los casos denunciados por violencia intrafamiliar en la Fiscalía implican actos en los que se ha hecho un ejercicio del poder que ha dejado rastros en el cuerpo; señales de maltrato físico y/o verbal que afectan el cuerpo mediante el golpe, la tortura, el encierro, la privación de alimentos, de objetos o del querer del otro, la humillación, palabras ofensivas que van en detrimento de la dignidad del maltratado.

Así, la relación entre el poder y el cuerpo en el fenómeno de violencia intrafamiliar implica un ejercicio del poder por parte de un sujeto que olvida las prácticas civilizadas de enfrentamiento del conflicto, ya que hace uso del acto violento como forma de materializar la agresión, dejando rastros y efectos en el cuerpo del otro. Sin embargo, el sujeto golpeado no se encuentra completamente determinado por el agresor, no carece de libertad ni de espontaneidad por que él hace parte de una relación en donde participan dos, entonces, el dominado influye en el dominante, afirmándole a éste ultimo su capacidad de dominar y otorgándole esta posibilidad, frente a este punto Maria Cristina Maldonado expresa que el poder “implica interacciones de influencia mutua en dos direcciones: desde el dominio y desde la subordinación” ; a pesar de que el sujeto agredido le asegura al agresor su capacidad de dominar hay momentos en que intenta rebelarse y se coloca en un lugar de resistencia frente al otro, acrecentando con ello los hechos de violencia, es así como, según Foucault, en el poder “se presenta trasgresión respondida con represión” , donde el sujeto violentado asume un mal-estar en una posición pasiva que no ha elegido deliberadamente, pero que lo sumerge en la progresiva destrucción de sí.

Ahora bien, los efectos del acto violento nunca logran tanto éxito de destrucción como cuando atraviesa el cuerpo, pues al ser principalmente un real dificulta la elaboración de los efectos producidos, creando a su vez vacíos de saber en el sujeto sobre sí mismo a partir de un daño en la anatomía, ya que la imagen de sí se vuelve incompatible con la imagen corporal construida antes del daño causado. El poder ejercido de esta forma es una estrategia de dominio sobre el cuerpo del otro que logra su cometido, de la manera más efectiva, acabando al otro desde lo real para no dejarle oportunidad fácil de recuperación y respuesta, un cuerpo golpeado no tiene fuerzas para resistir y luchar.

Como se menciono anteriormente, el poder no es una propiedad, es un ejercicio, por esta razón ninguna persona tiene el poder sino que ejercer el poder, y en esta medida quien ejerce el poder es quien tiene la posibilidad de prohibir y controlar, es así como el poder constituye un mecanismo que puede ser empleado por un sujeto de diversas maneras, a partir de diferentes estrategias: Coercitivas, productivas, de exclusión, de inclusión.

•  Coercitiva: Son las estrategias del poder que se utilizan buscando limitar y restringir la libertad del otro, con el fin de tener el control absoluto de éste; por lo tanto, la relación que se establece bajo esta estrategia es de dominante – dominado, pues se intenta coartar a toda costa su autonomía por medio de estrategias arbitrarias de sujeción. Este tipo de estrategia del poder se realiza de manera completamente abierta y directa, a través de la prohibición; implica la presencia de un sujeto que ejerce el poder frente otro subordinado, quien le permite esta relación de dominación; además, “se justifica y aparece como dominación del orden sobre el desorden” . Al interior de la familia este tipo de ejercicio del poder puede observarse, por ejemplo, cuando uno de los miembros, generalmente uno de los padres, instituye unas reglas de forma autoritaria, donde se prohíbe salir de la casa en horas de la noche.

•  Productiva: El ejercicio del poder no solo obedece a la forma de prohibición y castigo, sino que posee formas múltiples, es así como también es posible ejercer el poder a través de una estrategia productiva. Contrario a la coercitiva, éste tipo de estrategia de poder se presenta mas velado, tiene un carácter positivo ya que produce saber, construye verdad, además no reprime ni cohíbe. Un ejemplo de este tipo de estrategia en la familia es la distribución de roles y funciones, distribución que puede o no ser consciente por parte de sus miembros, y que permiten una organización en su interior, generando así un ejercicio de poder productivo para los integrantes de la familia.

•  Exclusión: Esta estrategia de poder consiste en expulsar a la o las personas que se rebelan contra este ejercicio, en desalojar a quienes desobedecen los mandatos y disposiciones de la persona que ejerce el poder. Esta estrategia de poder era anteriormente muy utilizada, tanto por la iglesia como por el gobierno. Estas instancias desterraban a los sujetos que rompían las normas que se habían instaurado e instituido, los obligaban a partir a otras tierras, lejos de donde habían transgredido la regla o violado la ley. Este tipo de estrategia se observa en la familia cuando los padres echan a su hijo por no cumplir las reglas que se establecen en el interior del hogar; igualmente puede darse con otro miembro de la familia, incluso hay ocasiones en donde es el hijo quien echa a uno de sus padres de la casa, esto depende de la persona que en ese momento ejerza el poder.

•  Inclusión: Es la estrategia donde, contrario a la anterior, se incluye o contiene a quien se rebela y desobedece, con el fin de mantenerlo vigilado; el ejemplo que mejor da muestra de esta forma del ejercicio del poder es la cárcel; quien rompe una norma o ley que ha sido instituida por quien detenta el poder es recluido y encerrado en una prisión, con el objetivo de mantener el control y continuar ejerciendo el poder sobre él. Dentro de la familia, esta forma de estrategia se dibuja cuando los padres emplean como castigo la reclusión, encerrando a sus hijos en el momento en que ellos rompen las normas de la familia.

En conclusión, al pensar en el conflicto y su aparición, por un lado indispensable, por otro lado amenazante de las relaciones humanas, aparece el problema del poder para advertir su presencia concomitante en este fenómeno, tanto en su posible solución como en su encrudecimiento. Conflicto y poder son realidades que hacen parte del funcionamiento familiar y, por lo general, han tenido acepciones de uso común que atiende a consideraciones negativas ligadas a la agresión y a la violencia; es una posibilidad, pero no es la única, es decir, no es inherente a la situación del conflicto aunque éste sea potenciador de actuaciones violentas. Una de las formas como el poder es ejercido se relaciona con el cuerpo, no solo bajo la modalidad control-coacción sino en la modalidad control- estimulación, es decir, el poder no es ejercido solo para prohibir; con relación al cuerpo el poder encuentra una amplia gama de posibilidades en su ejercicio bajo las dos modalidades antes mencionadas.

 

El psicoanálisis es una de las corrientes que plantea el conflicto como parte sustancial de la vida cotidiana, al constituirse éste en parte de la dinámica del sujeto, planteamiento que se explica a partir de la teoría de Freud sobre la pulsión de vida y la pulsión de muerte.

VALENZUELA, Pedro E. La estructura del conflicto y su resolución. Documento preparado como material de lectura para los talleres sobre Resolución de Conflictos y Democracia (Bogotá, Cali, Cartagena), organizados por el instituto para el Desarrollo de la Democracia Luis Carlos Galán, abril – mayo de 1994.

RUIZ, Esmeralda. Conciliación y violencia intrafamiliar. Santa Fe de Bogota: Haz Paz, Política Nacional de Construcción de Paz y Convivencia Familiar, 2000. Paginas 149.

Datos ofrecidos por el programa “Sala de atención al usuario” de la Fiscalía General de la Nación seccional Medellín.

Foucault, Michel. Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones. Alianza Editorial S.A., tercera reimpresión, Madrid, 1988, Pág. 82.

Op. cit.

MALDONADO, Maria Cristina. Conflicto, poder y violencia en la familia. Facultad de Humanidades, Santiago de Cali, 1995, Pág. 61.

Foucault, Michel. Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones. Alianza Editorial S.A., tercera reimpresión, Madrid, 1988, Pág. 137.

FOUCAULT, Michel. Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones. Tercera reimpresión. Madrid: Alianza editorial S.A., 1988, Pág. 137.


 
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