Los seres humanos viven en una constante búsqueda de cumplir metas trazadas en el tiempo, objetivos que se encuentran ligados a las creencias religiosas y a la cultura, ataduras de la humanidad que silenciosamente les manifiesta a las personas lo que deben decir, hacer, pensar y sentir. La religión adoctrina en sus verdades como el único camino a seguir, fundamentado en la esperanza, en la salvación, la felicidad, y la bienaventuranza de un mañana después de la muerte... la vida eterna. La religión tradicional da cuenta, de una vida de poco valor existencial en el presente, de una dinámica de poder compleja y efectiva, que con su asedio y opresión no permiten hacerle un homenaje a las utopías, una canción a la valentía, o una poesía a la fantasía; sólo levantar un monumento oscuro y sombrío a la miseria, al miedo, al dolor y al olvido.
Paralela a esta realidad se encuentra el capitalismo con su oferta y su demanda, mostrando el mundo inmortal de las cosas, para la satisfacción del deseo, en la adquisición de objetos cada vez más sofisticados. Un modo de producción voraz e incesante, que pugna por el tener, ese deseo de atiborrar los espacios y las mentes de simples cosas materiales. En la mitad de éstos dos yugos, el ser humano del común, en la búsqueda de la felicidad. “Nada más impreciso que la idea de felicidad, esa vieja palabra corrompida, adulterada, tan envenenada, quisiéramos borrarla del idioma”.
1No se descifra con exactitud lo que es la felicidad, no se sabe en donde se encuentra, pero se vive en función de ella: en el estudio, en el trabajo, en la familia, en el amor y el odio. Es la manera de la sociedad tapar su falta.
“No es cierto que todos busquemos, la felicidad, valor occidental e históricamente caduco. Hay otros valores, como la libertad, la justicia, el amor y la amistad que pueden primar sobre aquella”
2. Valores que reivindican al otro como semejante, diferente y con igualdad de derechos, situación que se adquiere con toma de conciencia y la sensibilización de las comunidades, en la opción de mirar la existencia humana como algo con sentido y valor. “A los veinte años, uno descubre que está en una falsa posición existencial. Condicionados por el ambiente elegimos una carrera, un grupo de amigos, un estado, y, de pronto tomamos conciencia de no estar en la verdad. El descubrimiento de “no hacer la verdad” se cumple en el momento de la vida en que uno descubre en sí mismo una carencia de armonía, una profunda sensación de descontento, de hacerlo todo mal y de estar perdido en la duda universal. ¿Quién soy?... Y lo descubrimos en el momento en el que todo nuestro ser, nuestra persona, está en desacuerdo con la vida que ha aceptado o que le han hecho aceptar”
3. ¿Será que la libertad se ha hecho utopía por la religión, que esclaviza en el sufrimiento y la resignación en la miseria, como un camino de liberación y felicidad eterna? Una felicidad y una libertad que se funden con el cielo y la tierra para no ser presente, pero si futuro, fuera de la vida terrenal, acompañada de la negación del cuerpo y la negación de la satisfacción de las necesidades básicas de todo individuo.
Decía Monseñor Romero que el cielo y el infierno están en la tierra, y que por tal razón es en esta vida en donde se deben reclamar para los pueblos justicia social y liberación del yugo opresor de los poderosos; un vivir aquí y ahora pero sin hambre y sin miseria.
“La observancia de un culto religioso o la praxis de la militancia política -sobre todo cuando se asumen en actitud totalizante- son dos formas cómodas de vivir sin libertad... de permitir que otros piensen por mí y tomen las decisiones que me conciernen. Sólo puede vivir y actuar libremente aquel individuo que se ha asumido como individuo, que piensa por sí mismo, que nunca compromete más que su voto, más que una actitud determinada; que jamás compromete su criterio, su dignidad, su opinión, su pensar o decir futuro”. 4
Esta actitud revolucionaria, ¿cómo podría ser asumida por los sujetos? La posición que ha tenido la religión tradicional es de amo, y un sin número de esclavos creyentes sostenidos por la culpa en una cultura milenaria, con conquistadores ibéricos que se sentían portadores de una misión religiosa para someter a las Américas en la fe cristiana y evangelizar los pueblos paganos, y convertir las culturas indígenas en una cultura occidental. Para poder llevar a cabo su empresa, los colonizadores de la fe católica y la verdad, utilizaron cualquier número de atropellos, como la hoguera, los azotes, los trabajos forzados, para lograr su cometido de poder y riqueza; un hecho que se repite a través de la historia de la humanidad y lo exacerba con el dolor, la angustia y la represión. Los indígenas inicialmente son vistos como animales salvajes, y pasan a ser animales domesticados, como la manera de mostrar la gran misericordia del mundo occidental.
La tendencia a olvidar el pasado, principalmente en Latinoamérica, ha llevado a la humanidad a repetir la tragedia y a los pueblos a gozar en ella; no recuerda Latinoamérica aquella dignidad que tenían nuestros antepasados, aquellos que prefirieron morir antes que permitir ser esclavizados y perder su dignidad, su historia, su tradición y su “felicidad”: aquella vida tribal en armonía con la naturaleza. Hoy la dignidad de los pueblos sólo es una palabra que rara vez se ata a un discurso o sólo para sonar más convincente y altruista.
Latinoamérica profesa en un 70% la religión católica, “una religión vertical, transmundana e idealista, aliada con los sectores sociales dominantes y simpatizante de los regímenes conservadores correspondientes a todas aquellas formas de religión que cumplen una función social alienante, calificada por Marx como Opio del Pueblo”
5. Creencia que doblega masas, como una manera de mantener al margen al vulgo, para bienestar de los poderosos; una estrategia para fortalecer el poder por el poder, soportada con el lema que el fin justifica los medios.
Además, algunos capitalistas se atreven a afirmar que la pobreza y la miseria es una elección que el común de las gentes hace como un estilo de vida. En contraposición a esta religión tradicionalista aparece una religión subversiva de orientación política, con lineamientos horizontales, intramundana y comunitaria; encaminada a la inclusión de los sectores sociales oprimidos y simpatizante de los regímenes progresistas, que “consiste en todas aquellas formas religiosas que llevan a las personas a cuestionar cualquier ordenamiento socio-político que involucre la violación de algunos derechos humanos y a buscar su cambio o transformación como exigencia práctica de la misma fe”
6. Esta nueva forma de vida dentro de la fe pretende buscar cambios sociales desde la comunidad, con la comunidad y para la comunidad, partiendo de la concientización en los derechos humanos, el respeto y la dignidad social. Es cambiar una cultura de dejar que los demás digan y hagan en nombre de los otros, en lo que concierne a la política, la economía y en los desajustes sociales en Latinoamérica. Pretende que cada ciudadano asuma su responsabilidad frente así mismo y frente a la sociedad. Es la forma de conseguir la salvación eterna desde la tierra guardando obras terrenales en la práctica, traspasadas por la justicia y la bondad del hombre por el hombre para poder heredar la gloria de Dios,
“quienes consideran que Dios sólo actúa a través de los seres humanos y, por tanto, que a los hombres les toca asumir la responsabilidad de transformar salvíficamente al mundo y a la sociedad desde el interior de la misma historia, aún cuando crean que la historia no se cierra intramundanamente... Un cristiano debe comprometerse en un trabajo continuo por eliminar de raíz todas las causas de la deshumanización personal y colectiva de la sociedad donde vive. Sólo así el anuncio de salvación alcanzará una visibilidad y una credibilidad históricas. Si los milagros de Jesús eran el signo de su anuncio salvífico, el milagro de transformar la sociedad, de liberar a los pueblos de la opresión secular, será el sacramento más creíble del reino de Dios anunciado en América Latina y en todo el tercer mundo”7.
Es poder confrontar toda una vida llena de ideas, legados, ordenes, deseos inducidos por el poder, determinaciones pasadas y futuras, para la construcción de una nueva sociedad fundamentada en la libertad, que nos lleva a mancomunar esfuerzos de unos y otros para la realidad del cambio en los seres más comprometidos con la sociedad, la fe y la vida.
“...Porque no todos están dispuestos a vivir el compromiso del testimonio, no todos sufren la persecución y fácilmente es decir, no hay persecución. Pero todo aquel sacerdote, religioso o fiel que quiera predicar este anuncio del evangelio de Cristo en la verdad, tiene que sufrir persecución. Es necesario el testimonio de vida. Y aquí hago un llamamiento para que la vida de todos ustedes y mía, hermanos, sea de verdad una predicación muda. Así se vive el evangelio”. 8
¿Será que el psicólogo social de hoy será capaz de enfrentar esos paradigmas dogmáticos de siempre y sostener un discurso que conlleve a la toma de conciencia y de responsabilización de los sujetos con la vida y sus destinos? “Ojalá pudierais ir al encuentro del sol y del viento con más de vuestra piel y menos de vuestro ropaje. Porque el aliento de la vida está en la luz del sol y la mano de la vida está en el viento”
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BIBLIOGRAFÍA
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Gibran, Khalil. El Profeta. Bogotá. Asociación Colombiana de la Industria Editorial ACIE COL. Mayo 1984. Pág. 11.
Martín Baró, Ignacio. Psicología de la liberación. Ed. Trotta S.A. 1998. Pág. 248, 250, 272.
Paoli, Arturo. Dialogo de la liberación. Buenos Aires Mexico. Ediciones Carlos Lohle. 1970. Pág. 9.
Uribe, Dario Botero. Vida, Etica y democracia. Instituto para el Desarrollo y la Democracia. Luis Carlos Galán. Febrero 1995. Pág. 46.