La educación es un proceso exclusivamente humano, intencional, ínter comunicativo y espiritual, que permite la socialización de todo individuo y en ésto no sólo las instituciones, sino también los padres, son responsables.
Se podría pensar como en nuestra sociedad y especialmente en el contexto educativo - familiar, el abandono de los padres en el proceso educativo de las jóvenes, es un problema presente en muchas de las instituciones educativas; esto se da por la dinámica familiar presente en la época actual, ya que la vinculación de los padres en la vida laboral, se convierte en un prototipo mucho más fuerte que los ideales maternos y paternos, es por eso que los padres por cuestiones laborales están ausentes de su hogar por varias horas del día, lo que implica dejar solas a sus hijas, dificultándoles (a los padres) la realización de sus funciones y responsabilidades como progenitores, respecto a las orientaciones que deben brindarle a sus hijas y a las diferentes pautas de crianza en relación no sólo a su proceso educativo, sino también a su formación moral y personal, lo que influye en la conducta de las jóvenes.
La educación es más una responsabilidad de los padres, aunque la institución haga parte de ella, son éstos los principales garantes de formar a las jóvenes en otros aspectos como: la moral, los valores, la norma, etc.; sin embargo, en varios casos, parece ser que los padres se han desligado de esas funciones y las han trasferido a los docentes, olvidando que sus hijas están en un proceso no solo educativo, sino que también están experimentando una nueva etapa de sus vidas como es la adolescencia, que a su vez representa un mundo nuevo y diferente para ellas .
Existen dos tipos de abandono :
1. Abandono Material :
Éste afecta a la asistencia alimenticia, que incluye el vestido, la vivienda, etc. Sus principales causas son:
- La irresponsabilidad y egoísmo de los padres.
- Causa de índole económica. En muchas ocasiones se rechaza a los hijos porque son una carga para la familia.
- Por la orfandad absoluta (muerte de ambos padres) o parcial (muerte de uno de los cónyuges).
2. Abandono Moral :
Se refiere a la falta de acción educadora por parte de los padres, e incluye la formación intelectual y del carácter, así como la vigilancia y corrección de la conducta del infante. Se considera, así, en estado de abandono y peligro moral a los niños descuidados, explotados y maltratados.
Para comprender más específicamente el problema del abandono, se hace necesario analizarlo desde el interior de la dinámica familiar, ya que para hablar de jóvenes abandonados, es necesario referirse en primera instancia a padres abandonantes.
Ser padres, es considerado como la capacidad para reconocer las necesidades de un niño : de cuidados y protección física, de educación, de cariño y oportunidades para relacionarse con otros; de desarrollo corporal y ejercicio de las funciones físicas y mentales, y de ayuda para relacionarse con el medio, a través de la organización y el dominio de la experiencia. Además, de reconocer todas estas necesidades, los padres deben ser capaces de satisfacerlas, o de facilitar su satisfacción. Ahora bien, “los padres que abandonan manejan unas creencias con sus hijos, las cuales son casi siempre egoístas y están centradas en ellos mismos: los hijos deben de respetar siempre a los padres; hay dos maneras de hacer las cosas, la de los padres y la equivocada” . Este tipo de creencias abandonan el crecimiento de los niños y no les permite desarrollarse con el amor, el cariño y la ternura que deben infundir los progenitores.
Este tipo de padres, que se les podría llamar “padres incapacitados”, se resisten a cualquier realidad exterior que contradiga sus creencias. En vez de cambiar, se refugian en una visión deformada de la realidad que les permita defender sus ideas.
“El abandono y sus consecuencias resultan de sistemas donde los adultos, se aprovechan abusivamente de su poder, utilizan a los niños para satisfacer necesidades y/o resolver sus conflictos” .
Para describir exhaustivamente los comportamientos abusivos de nuestras sociedades, se debe considerar a la familia como un sistema abierto, en interrelación continua con el sistema social. En consecuencia lo que sucede en el interior de una familia es también el reflejo de lo que sucede en la sociedad. En algunas situaciones podemos hablar de una ilegalidad compartida entre los miembros de una familia y los sectores de nuestra sociedad. Además, hay que admitir, que “en la sociedad adulta a parte de las razones socio-económicas existen creencias religiosas, ideológicas e incluso teorías científicas para justificar y/o mistificar el abuso de poder de los adultos sobre los niños y adolescentes”
La violencia y el abandono ejercidos sobre los menores, se justifica mediante conceptos de sumisión a la autoridad de los padres y/o la obligación de aceptar las representaciones culturales del mundo inventada para los adultos.
Por eso, es preciso aceptar la idea que las sociedades industrializadas, a través de sus funcionamientos y sus valores materialistas y de consumo alimentan desigualdades y estimulan en su mismo seno, la conservación de creencias que justifican la violencia y el abandono de los niños. En este contexto, la natalidad y la presencia de los niños en la familia pueden ser vividos como obstáculos al éxito y al bienestar material exaltados como únicas fuentes de bienestar y felicidad posible en el sistema social.
“En nuestra sociedad se da mucho valor a la educación y se considera un objetivo primordial deseable que los niños obtengan buenos resultados académicos” . Sin embargo, en ocasiones, el proceso no se desarrolla como se quisiera, puesto que se generan problemas a los que hay que encontrar solución, pero los padres no se comprometen ya que directa o indirecta mente ellos son los principales responsables.
Es por eso que los problemas del joven escolarizado en situación de abandono, pueden ser de ámbito puramente académico o de conducta: como por ejemplo el hablar en clase, comportarse de forma agresiva con sus compañeros y profesores; también la joven que se olvida de hacer los deberes, presentando graves dificultades de aprendizaje; la joven que no quiere ir a la escuela debido a la frustración ante la enorme carga de trabajo y la incomprensión o desinterés de sus padres.
Este tipo de problemas necesitan un abordaje de la vida familiar y social de la joven para dilucidar los aspectos negativos que están incidiendo en el mantenimiento de estas conductas. Así mismo, habrá que averiguar sus preferencias en el colegio y motivarlas, al igual que fomentar las amistades escolares, y buscar que los padres se comprometan en la educación de sus hijos y con el fortalecimiento de su personalidad
“Se resalta además, que el niño necesita seguridad, entendida ésta como amor, aceptación y estabilidad, resultando que es únicamente la familia, la que está en condiciones de ofrecérsela a través de la continuidad y a excepción de que los padres lo rechacen, el menor está seguro de saber que hay alguien para quien representa un valor y que se esforzaría aunque inadecuadamente, en proporcionarle lo indispensable hasta que pudiera valerse por sí mismo, y sólo comprendiendo esto, se llegará a entender por qué es preferible que el niño permanezca en su hogar y en su comunidad” .
Es precisamente la relación con la madre en primera instancia, la que suscita emociones que reclaman satisfacción. Esta primera y temprana reacción amorosa frente a ella, enriquecen la vida del niño, estableciendo la base de todas las relaciones futuras; de lo contrario, se convertirán en seres no capacitados para ejercer su rol en la vida adulta, creando una cadena sucesiva de conflictos: niños insatisfechos, se convierten en adultos inmaduros y luego en padres que son incapaces de amar y proteger a sus hijos. Esto podría demostrar, que no hay algo peor que un mal hogar, resquebrajándose así, según lo enuncia Spence: “una de las valiosas razones de la familia es preservar el arte de las relaciones paterno-filiales” .
Lo que mejor define a la familia, es la coexistencia de dos grupos de seres humanos: padres e hijos, entre los cuales existen relaciones de creador a descendientes. Esta relación podría ser la característica primaria en que se apoyan todos los otros tipos de relaciones. De esto se deriva a su vez el intrincado haz de influencias que los padres proyectan en sus hijos, quienes poco a poco van perfilando una manera de comportarse, de decidir, de ser, que es donde se resuelve - en definitiva - su personalidad.
El pedagogo moderno H. Strohmayer observa con razón: “quien rompe los sagrados vínculos de la vida familiar, no solamente destruye la base de todo orden social, toda convivencia y armonía, sino que además ciega el manantial de donde brotan para el individuo las más puras, intensas y bienhechoras fuerzas para el desarrollo y formación interna” .
Finalmente, es importante que los padres conozcan y se interesen más por lo que piensan y sienten sus hijas. Pues, no sólo es satisfacer o cubrir las necesidades económicas; también se deben preocupar por la parte emocional, social, afectiva y educativa, ya que esto les va a permitir obtener una adecuada salud mental (a las jóvenes), generando en ellas una confianza en el logro de sus metas e ideales. Por eso es fundamental una buena comunicación entre padres e hijas, en tanto sean un apoyo y una guía en la estructuración de la personalidad.
La adolescencia es una línea divisoria entre la infancia y la adultez, con una gran influencia a nivel psicobiológico, cognitivo, sociocultural y afectivo-moral.
PEREIRA de Gómez, Maria Nieves. La apercepción familiar del niño abandonado. México. Editorial Tillas, Pág. 29, 1981.
POROT M. La familia y el niño. Barcelona. Editorial Miracle, 3 edición. 1962. P.14.
PEREIRA de Gómez, Maria Nieves. Op.Cit. p.29.
La realidad es aquello que tiene existencia verdadera y efectiva.
Revista Cubana de Medicina General-Integral 2000; 16(1): 93-7
Ibid.
Ibíd.
FORWARD, Susan. Padres que odian. Editorial Grijalbo. Barcelona. 1995. Pág. 201-215
INSTITUTO COLOMBIANO DE BIENESTAR FAMILIAR. Manual de seguimiento al menor institucionalizado y su familia. Trillas. México. 1981
PEREIRA de Gómez, Maria Nieves. Op. Cit. Pág. 13-19.