En este ensayo invitaremos al lector a reflexionar sobre el fenómeno de la estigmatización, mediante un diálogo entre la psicología social y el séptimo arte. Para ello haremos primero un breve desarrollo del concepto y luego trataremos de articular esta reflexión teórica con tres films:
Vértigo de Alfred Hitchcock, y
La lengua de las mariposas y
Amanece que no es poco del director español José Luis Cuerda. En el primer film el estigma está enunciado en el título mismo, es el “vértigo”, un trastorno psicológico llamado agorafobia, o miedo a las alturas; en el segundo el estigma es la adhesión a una ideología política y en el tercero encontramos un verdadero collage de estigmas, tratados con una ironía exquisita. Los dos primeros films son dramas y la aparición del estigma marca el principio de la desgracia de sus protagonistas; el tercer film es una comedia con pinceladas de realismo mágico y surrealismo. En ella los sujetos estigmatizados no dejan de serlo, pero su estigma no es ocasión de desgracia y marginación. La puta, las adúlteras y los homosexuales, por ejemplo, son papeles considerados tan necesarios para la comedia social, que su lugar se puede someter a elecciones como el del alcalde, el maestro y el cabo de la policía.
Sobre la estigmatización.
Iniciemos nuestro diálogo con la referencia teórica. La palabra estigma es de origen griego; en su acepción original significa “picadura”. De esta se deriva la palabra latina “stigma”, de la cual -a su vez- proviene la palabra castellana “estigma”. En el
Diccionario de la Academia de la Lengua Española hay siete acepciones de esta palabra, de las cuales mencionaremos cuatro que nos interesan para esta reflexión: 1. Marca o señal en el cuerpo. 2. Desdoro, afrenta, mala fama. 3. Marca impuesta con hierro candente, bien como pena infamante, bien como signo de esclavitud. 4. Lesión orgánica o trastorno funcional que indica enfermedad constitucional y hereditaria.
La metáfora de la picadura es muy valiosa para pensar el fenómeno de la estigmatización, porque alude a una marca duradera que viene del Otro social, lo que George Mead llama el otro generalizado, es decir, “la comunidad o grupo social organizados que proporciona al individuo su unidad de persona”
1. Desde la metáfora misma vemos que la estigmatización es una operación simbólica que depende de la lógica y la dinámica propia de cada grupo social.
Sin duda uno de los estudios más conocidos sobre la estigmatización, en el campo de la psicología social, es el texto de Erving Goffman titulado “Estigma”
2 y que lleva como subtítulo “La identidad deteriorada”. En la primera parte de su texto el autor aporta algunos elementos adicionales para entender la acepción original del término en griego:
“Los griegos, que aparentemente sabían mucho de medios visuales, crearon el término estigma para referirse a signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el estatus moral de quien los presentaba. Los signos consistían en cortes o quemaduras en el cuerpo, y advertían que el portador era un esclavo, un criminal o un traidor –una persona corrupta ritualmente deshonrada, a quién debía evitarse, especialmente en lugares públicos-” 3
Nuevamente podemos notar que en su origen, la estigmatización es por excelencia un acto social que tiene como efecto una exclusión simbólica. El estigmatizado, aunque comparte el mismo mundo físico con los otros, ya no pertenece al mismo universo simbólico. La operación social de la estigmatización convierte al estigmatizado en un ser perteneciente a una clase inferior, degradada; ha dejado de ser un semejante para sus semejantes y, por lo tanto, no es menester tratarlo como tal.
El destierro es una exclusión física, la estigmatización es una exclusión simbólica. Desde el punto de vista práctico el primero es más severo que la segunda, pero la estigmatización es más radical porque menoscaba el estatus de humano del estigmatizado.
Para los griegos, marcar un cuerpo en un ritual de estigmatización, era introducir en él una diferencia respecto de los otros cuerpos, el signo indeleble de una diferencia abstracta que significaba una degradación en su condición de humano. La marca era la memoria física del ritual.
Podríamos estar tentados a seguir adelante con la operación transitiva y agregar que el ritual sería, asimismo, la huella del crimen, la traición, o el acto deshonroso realizado por el estigmatizado. Pero la experiencia práctica nos advierte que, hoy como ayer, hay inocentes condenados como criminales o traidores.
Este hecho introduce la posibilidad de la arbitrariedad en la relación entre la operación de la estigmatización y las causas de la misma, que tendrá importantes consecuencias sociales: Se puede degradar a otro y excluirlo de un universo simbólico por un error, o deliberadamente, valiéndose de una coartada, incluso sin ella. Es decir que la operación de la estigmatización se puede independizar de sus pretendidas justificaciones y funcionar al servicio de otras motivaciones individuales o sociales.
La estigmatización, funciona contemporáneamente como un mecanismo de control social y segregación que, en nombre de la normalidad, en cualquiera de sus versiones, legitima distintas formas de violencia hacia aquellos que difieren de la mayoría. Opera mediante formas variadas de agresión, desde las formas sutiles de violencia simbólica como la burla, hasta formas radicales violencia física.
Esta reflexión nos permite proponer una definición de la estigmatización, a la vez contemporánea y rigurosamente apegada a su origen en la antigua Grecia: “la estigmatización es una operación simbólica mediante la cual en un grupo social se legitima de una manera abierta o tácita el uso de diversas formas de violencia abierta o encubierta contra un individuo o un grupo de individuos. Dicha operación consiste en degradar su estatus en el Otro generalizado en el que están inscritos, a una categoría inferior, una suerte de condición infrahumana”.
Los efectos de esta operación sobre los estigmatizados y las formas de violencia a las que estarán expuestos, variarán de acuerdo con la naturaleza del estigma, con las características del grupo social en el que se produce la operación de estigmatización e, incluso, de acuerdo con la coyuntura histórica particular. Por ejemplo, en un medio académico, un estigma relacionado con la adhesión a cierta ideología puede ser menos severo que el padecimiento de un trastorno del lenguaje. Asimismo, entre los integrantes de los círculos sociales de elevada cultura predominarán las formas sutiles de la violencia simbólica, mientras que en los grupos de reclusos predominarán las formas abiertas de violencia verbal o física. Pero bajo circunstancias excepcionales, como las que introdujo el nazismo en la sociedad alemana, durante la segunda guerra mundial, estos matices pueden desaparecer de una manera radical, de modo que un estigma relacionado con la adhesión a cierta ideología, puede justificar el exterminio físico y los sujetos de elevada cultura pueden abandonarse al ejercicio de formas de violencia que se creían ajenas a su nivel cultural.
La estigmatización es una operación metonímica, gracias a la cual la significación del rasgo sancionado socialmente se extiende a la valoración total del sujeto o el grupo estigmatizado. Cuando esta operación funciona en todo su alcance, los sujetos o los grupos de estigmatizados son nombrados a partir del rasgo mediante el cual se los estigmatiza: el negro, el maricón, el sudaca, el ciego, el anarquista.
Un estigma llamado vértigo.
Pasemos ahora al abordaje de los films desde esta problemática particular. En la película
Vértigo de Alfred Hitchcock, el director nos presenta la historia de un detective al que le cambia la vida a partir del momento en que se descubre que padece agorafobia, un trastorno mental que ni siquiera él conocía. Esto se descubre a partir de un operativo en el que muere un compañero suyo al caerse de un tejado, y en el que el mismo protagonista estuvo a punto de morir por la misma causa. Por esta razón se desvincula de su trabajo y esta noticia es publicada por los diarios.
Este estigma se convierte en un punto vulnerable para el personaje, del que se valdrá un antiguo amigo suyo para utilizarlo, sin que él lo sepa, como coartada para encubrir un crimen. Desde el momento de su aparición el estigma se convertirá en una obsesión para el personaje y marcará de una manera fatal todo lo que ocurre, hasta el final de la película, con efectos funestos. Hay que señalar que en la última escena el personaje logra recuperarse de su traumatismo y supera la fobia, lo cual no le ahorra todos los efectos catastróficos que le produjo mientras la tuvo.
Vamos a tomar dos fragmentos de la película para observar algunos de los problemas relacionados con la estigmatización. El primer fragmento es una conversación que sostiene el protagonista con su amiga Mitch, cuando éste acaba de renunciar a su trabajo como detective.
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Mitch: ¿Qué fue de aquél joven y brillante abogado que iba a alcanzar el puesto de jefe de policía?
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Ferguson: He tenido que dejarlo.
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Mitch: ¿Por qué?
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Ferguson: Por el miedo que tengo a la altura, por la agorafobia, despierto de noche viendo caer a aquél hombre del tejado, trato de darle la mano y…
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Mitch: No fue culpa tuya.
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Ferguson: Es lo que me dicen todos…
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Mitch: Puesto que ya la tienes (la fobia) y no puedes liberarte de ella, ¿por qué dimitir?
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Ferguson: Y, que me manden a trabajar a una oficina! Horrible.
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Mitch: Es donde debes estar.
En este breve pasaje ya podemos constatar dos efectos del estigma relacionados con lo que Goffman llama el deterioro de la identidad del estigmatizado. La primera de ellas se puede apreciar en la ironía, con la cual Mitch, la gran amiga del protagonista, lo confronta por lo que ella considera una decisión apresurada. La segunda es la ratificación de la decisión del señor Ferguson de dejar su cargo, aunque hubiera podido conservarlo.
Veamos otras dos frases de ese mismo diálogo:
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Mitch: ¿Por qué no viajas un poco?
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Ferguson: ¿Cómo… para olvidar? Vamos Mitch, no te pongas tan maternal, no es para tanto.
Vemos como el estigma introduce un elemento que vuelve equívoca la comunicación: cuando ella quizá quiere hacer una sugerencia práctica, el interpreta que lo está tratando como a un crío y esto produce un momento de tensión en la comunicación.
Pero las expresiones fuertemente desacreditadoras se pueden ver con mayor claridad en una escena hacia el final de la película en la que el personaje está siendo juzgado por la muerte de una mujer a la que supuestamente debía cuidar. Al final del juicio todos quedan convencidos de que la mujer se suicida, tirándose de la torre de una iglesia y que el protagonista no lo puede impedir a causa de su vértigo. Vamos a reproducir algunas de las apreciaciones del juez ante el jurado, sobre el señor Ferguson:
Juez: El señor Ferguson, por ser detective parecía la persona apropiada para el papel de vigilante y protector… (el esposo de la señora Elster) no pudo prever que la debilidad del señor Ferguson, su miedo a las alturas, habría de inmovilizarlo cuando era más necesario… el hecho de que ya antes, en circunstancias similares, el señor Ferguson permitió que muriera uno de sus colegas, ha sido calificado por su jefe como un desgraciado accidente… Claro que el señor Ferguson debe ser felicitado por salvar la vida de la señora Elster, cuando en un primer acceso de su locura se tiró a la bahía. Es lamentable que conociendo sus tendencias suicidas, no pudiera hacer un mayor esfuerzo la segunda vez. Pero no estamos aquí para juzgar la falta de iniciativa del señor Ferguson. No hizo nada. Y la ley tiene poco que decir sobre las cosas no hechas.
Aunque el protagonista sale absuelto, el cuadro es de una violencia simbólica realmente brutal. En primer lugar, el hecho de pasar de agente de la ley a ser juzgado públicamente como sospechoso de un crimen que no cometió. Esto es ya tremendamente agresivo. El juez en primer lugar subraya la ineptitud del protagonista en la tarea de velar por la vida de Madelenie Ferguson, a causa de su trastorno; luego le atribuye a su trastorno la responsabilidad de la muerte de su compañero, en el incidente que lo llevó a dejar su trabajo en la policía. Finalmente insinúa que hubo negligencia o al menos falta de iniciativa. El personaje tiene que soportar que su historia y su padecimiento sean manoseados y que incluso se le desprestigie a favor de su defensa. Después del juicio el protagonista debe ser internado durante una temporada en una clínica de reposo.
La ironía con la que Mitch confronta al Señor Ferguson en la primera escena, se vuelve cada vez más significativa: “¿Qué fue de aquél joven y brillante abogado que iba a alcanzar el puesto de jefe de la policía?”. La respuesta que aporta el desarrollo de la película sería que su vida terminó volviéndose una catástrofe a causa de un estigma llamado “vértigo”.
El estigma de ser republicano en la España de 1936.
En
La lengua de las mariposas, José Luis Cuerda nos presenta la historia de un maestro de un pueblo español en los meses anteriores al comienzo de la guerra civil. Don Gregorio, un anciano librepensador y republicano, se había ganado la valoración y el aprecio de muchos de sus alumnos y sus familias, con una labor de muchos años. El protagonista es estigmatizado por sus ideas políticas y tras el levantamiento de los militares de 1936, es apresado y recibe expresiones colectivas de repudio; los que se habían llamado sus amigos y sus discípulos directos lo insultan y lo apedrean.
Esta película tiene la virtud de mostrar la evolución de un estigma relacionado con la adhesión a un credo político, en un contexto social e histórico determinado. En las primeras escenas de la película, el protagonista aparece como un personaje valorado socialmente, posee lo que Pierre Bourdieu llama un elevado “capital social”, es decir, reconocimiento y aprecio de la comunidad. Este capital social puede constatarse en los gestos de confianza que le manifiesta la madre de un chico asmático que va a ser su alumno, en el obsequio que le hace el terrateniente del pueblo (que él rechaza), en el regalo del traje que le hace el padre del chico como muestra de amistad y gratitud; en las palabras que le dirige el alcalde en el acto de reconocimiento que le hacen en el momento de su jubilación
En un segundo momento, casi simultáneamente, empiezan a aparecer elementos que permiten inferir al espectador que las ideas políticas del maestro pueden llegar a convertirse en un estigma. Uno de los elementos que prefigura la estigmatización del maestro es la expresión de miedo de la mujer del sastre cuando ve merodeando dos guardias civiles cerca del lugar en el que están celebrando los republicanos una fiesta campestre; en ella están el maestro y el sastre con su familia. Pero ya anteriormente, en una conversación informal, el cura del pueblo le había reprochado de manera decididamente intencionada al maestro, que sus enseñanzas no fueran confesionales. Otra escena significativa en este sentido es la del acto de reconocimiento por su jubilación, cuando él empieza a hablar y utiliza ciertas palabras asociadas con los ideales republicanos: el terrateniente sale del recinto visiblemente contrariado, en señal de protesta.
En un tercer momento, cuando los militares toman el poder, el estigma está totalmente configurado, están dadas las condiciones para que en el grupo social se legitime el ejercicio de distintas formas de violencia contra aquellos que posean dicho estigma. Vamos a citar algunos fragmentos de los diálogos del final de la película en los que esto se puede apreciar claramente.
Momentos después de que se conoce en el pueblo la noticia del levantamiento militar, los dos hijos del sastre, Andrés y Moncho, llegan a la casa corriendo. Observemos el diálogo:
Andrés le pregunta a su padre: ¿habrá guerra?
Padre: Si. Parece que se han levantado los militares.
Madre: el carné, el carné (le pide al padre el carné del partido)
Madre: vamos Andrés ayúdame (está quemando la propaganda política que hay en casa) Si alguien te pregunta, di que tu papá nunca ha hablado mal de los curas y que nunca ha sido republicano. (Luego se dirige al menor) “Moncho, hijo, fíjate bien en lo que te voy a decir, papá no le regaló un traje al maestro ¿comprendes?
Moncho: Si, si se lo regaló.
Madre: (Con angustia y enfado sacude al chico y le dice) ¡No se lo regaló! ¿entiendes?, ¡no se lo regaló!.
Moncho: (Baja la cabeza y repite obediente) No, no se lo regaló.
En ese momento el padre en un gesto de rabia y desesperanza tira al suelo periódicos republicanos.
Esta es una escena dramática en la que vemos como una familia que tiene la esperanza de librarse del estigma, trata de borrar todos aquellos elementos que puedan vincularlos con los republicanos, aunque para ello deban mentir y repudiar los ideales y las personas que en otro momento abrazaron. Este intento desesperado de quitarse el estigma los lleva en la escena final a agredir a los estigmatizados, incluido el maestro, para tratar de protegerse del estigma y sus consecuencias.
Recordemos que en la escena final está todo el pueblo en la plaza. A los republicanos que han detenido durante la noche anterior los tienen encerrados. Llega un camión en el que se los van a llevar. Delante de todo el pueblo van saliendo uno por uno y se dirigen hacia el vehículo, mientras tanto la gente los insulta. Allí está presente el terrateniente del pueblo muy atento a lo que hace la familia del sastre. Veamos lo que dicen los personajes.
Madre de Moncho: (le grita a uno de los detenidos republicanos, que va hacia el camión) ateo, ateo, ateo, ateo, ateo (se dirige a su esposo) ¡que te vean gritar!
Sastre: (grita a los detenidos) Traidores, criminales, rojos.
Andrés: (sigue el ejemplo de su padre y su madre) Chulos, granujas, sinvergüenzas (en ese momento ve que uno de sus compañeros del grupo de música es uno de los detenidos y se queda callado con expresión de congoja)
Luego ven venir al maestro.
Madre: (en el momento que el maestro pasa al lado de ellos, le dice al padre) ¡Grita ahora, ahora!
Padre: (le grita al maestro) Asesino, anarquista, hijo de puta.
Madre: (se dirige al hijo menor) Tú también Moncho, grítale tú también.
Moncho:(le grita al maestro) Ateo, rojo, rojo, rojo
Cuando el camión emprende la marcha, los chicos salen corriendo tras él y le tiran piedras. El niño toma dos piedras y las tira, mientras le grita al maestro: “Ilonorrinco”, “espiritrompa”.
Esta última palabra que el niño improvisa como un insulto, se la había escuchado al maestro; es el nombre técnico de la lengua de las mariposas.
Ya mencionamos una diferencia de los estigmas de los dos protagonistas, el del señor Ferguson no depende de su voluntad, ya que se trata de un trastorno psicológico, mientras que el de don Gregorio, el maestro, tiene que ver con sus ideas, que las defiende consciente a pesar de los riesgos que le pueden acarrear.
La posición de los dos personajes frente a su respectivo estigma es diferente: el señor Ferguson lo asume de manera vergonzante; podríamos decir que el deterioro de su autoimagen va más allá de lo sensato; mientras que la posición del maestro frente a sus ideas y el drama que le implican es de una dignidad muy claramente expresada en su actitud estoica ante los insultos de su alumno dilecto y su familia, en la plaza del pueblo. Lo que para el resto del grupo social es un estigma el maestro no lo asume como tal.
Ambos estigmas sitúan a ambos personajes en la categoría que Goffman llama los desacreditables, en la medida en que sus respectivos estigmas no son evidentes a la percepción. En el caso del detective es mucho más claro que el estigma no es notorio sino bajo ciertas condiciones, por ello pudo ejercer su oficio sin que él mismo supiera que padecía de agorafobia; hasta que se hizo público, incluso se difundió en medios masivos. El estigma del maestro, que consiste en su adhesión a las ideas republicanas, también podía pasar desapercibido, y justamente esto es lo que le permite a la familia del sastre abrigar la ilusión de que el resto del pueblo piense que no son republicanos y que rechazan a quienes lo son. Sin embargo la posición del maestro en ningún momento fue ocultar su estigma, ello lo hizo más vulnerable a la violencia del grupo social.
Amanece que no es poco.
En esta película el fenómeno de la estigmatización es tratado con una mezcla de humor e ironía que le quitan su dimensión dramática y lo convierten en un elemento más de la comedia humana. Hay diversas clases de estigmas en la película: étnicos, sexuales, morales, físicos, psíquicos, conductuales y religiosos, entre otros. Vamos a transcribir sólo dos fragmentos breves del film en los que se puede apreciar el original tratamiento de la estigmatización.
En una de las primeras escenas vienen caminando Nmg, el negro del pueblo, y su madre; detrás de ellos viene una mujer casada de la que el negro es amante.
Madre: (le dice a su hijo) “ahí viene tu pretendiente y lo que no puede ser hijo es que te pasees a la luz del día con la mujer de otro, y luego te quejas de que llevas treinta años de catecúmeno. Así no vas a entrar nunca en el seno de la iglesia.
Negro: No es por eso por lo que no entro, madre; no entro por que soy negro.
Querida: (corrige al negro) Eres minoría étnica
Negro: Bueno, minoría étnica y negro como un tizón.
El negro asume su condición étnica, incluyendo las segregaciones de las que es objeto a causa de ser negro, con toda naturalidad.
En la escena siguiente aparece la madre del negro dialogando con una vecina:
Vecina: Ándale, parece que a tu muchacho se le va aclarando el color del cuerpo.
Madre: (con toda naturalidad) No se que decirle, como no sean las palmas de las manos o las plantas de los pies. Porque el resto… Si le vieras las ingles.
Pareciera que la vecina trata de hacerle un comentario amable a la madre del negro pero resulta evidentemente desatinada, lo que da lugar a la respuesta casi irónica de la madre.
Es claro que el tema del estigma racial no tiene las connotaciones que tiene en una sociedad como la norteamericana, pero tampoco los personajes pretenden desconocer ese estigma o comportarse como si lo hubieran superado. Lo que resulta jocoso es que al mismo tiempo lo asumen, es decir, lo reconocen, incluso utilizan los eufemismos con los que usualmente se pretende combatir el estigma y a la vez actúan como si no le dieran más importancia que a cualquier otro rasgo.
Una de las escenas más cómicas y más significativas del film, en lo que se refiere a la estigmatización, es aquella en la que el alcalde le comunica a la comunidad el resultado de las elecciones. Veamos:
Alcalde: En resumen hemos ganado los mismos: o sea, yo alcalde, de cura don Andrés, de maestro no se ha presentado nadie, o sea que sigue don Roberto, de puta Mercedes, también han salido cinco adúlteras, pero bueno esto ya se lo diremos a ellas para que los maridos si quieren se enteren y si no, pues no. Monja no hay, que no ha salido. La Cristina va a probar de marimacho unos meses y don Cosme de homosexual. También ha salido que los de la invasión se tienen que ir y si hay algún americano también.
En ese momento levanta la mano un Ingeniero español, que trabaja como profesor universitario en Oklahoma y que está de visita en el pueblo
Alcalde: (se adelanta a responderle, sin haberle concedido la palabra) No, tu estás en Oklahoma cumpliendo con tu obligación. Así que si quieres te quedas y si quieres te vas.
El Ingeniero vuelve a levantar la mano para solicitar el uso de la palabra.
Alcalde: ¿que quieres?
Ingeniero: Yo es que quería defender un poco a los americanos, porque también tienen cosas positivas.
Alcalde: (con un tono sereno y burlón) Vete a la mierda.
Además de la ironía que implica la elección popular de la puta, las adúlteras, la marimacha y el homosexual, también es interesante señalar que no expulsan del pueblo a los inmigrantes que hay de varias nacionalidades, pero si lo hacen con un grupo de norteamericanos que están en el pueblo haciendo una pasantía.
Es evidente que un film de esta clase admite una multiplicidad de lecturas por su género particular, por ello más que un análisis de los fragmentos nos hemos limitado a mostrarlos y hacer alguna puntuación mínima.
Por supuesto, un propósito fundamental de este ensayo es sugerir al lector algunas líneas posibles de lectura –que no pretenden ser las únicas posibles-, que sean una incitación para ver los films mencionados.
jaimecarmona@hotmial.com