Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 7 • Febrero 2004
<< Regresar al índice
 
 
 
 
 
 
Ingrid Buriticá                
Docente
FUNLAM
Alejandro Obregón
Máscaras, 1952
Oleo sobre lienzo. 39 x 29 cm.
Alejandro Obregón
Una experiencia como coordinadora en grupo operativo
 
El texto que a continuación expondré, nace de la reflexión y vivencia de un grupo operativo en particular, como un intento de formalizar dicha experiencia, acentuando los interrogantes en el lugar del coordinador, que dicho sea de paso, nos permita pensar y redimensionar dicho lugar en la intervención y coordinación de grupos operativos.

El coordinador, lejos de ser un investigador aséptico -libre de influencias- que desde su esquema teórico se autoriza a intervenir fenómenos grupales, es un sujeto escindido con sus propios interrogantes y dudas, hecho que, no estaría de más señalar, lo ubicaría en la ruptura del paradigma dominante de las ciencias, donde existe una separación entre el sujeto y el objeto de conocimiento.

La pregunta acerca del rol del coordinador en los grupos operativos está atravesada en lo que, a manera de imperativo, estaría del lado del sujeto supuesto saber en relación a la tarea, además de su pertenencia institucional. El rol del coordinador, en el mejor de los casos, tendría regularmente una eficacia en el grupo; es él quien representa la tarea explícita y el empoderamiento grupal.

En esta misma lógica, la eficacia sobre el grupo estaría recayendo en que el coordinador permita un deslizamiento de su saber, a la producción de conocimiento que el grupo debe construir; operación que solo es posible en la medida en que el grupo de antemano consigne en el coordinador un saber. ¿Qué implicaciones tendría en la dinámica grupal y en la construcción de la tarea, cuando este efecto de credulidad hacia al coordinador no operara? ¿Qué es lo que sucede cuando la posición del coordinador es subvertida desde otro lugar? ¿Y qué lugar?

Una aproximación a estos cuestionamientos solo puede vislumbrarse a la luz de una experiencia en particular, que trataré de esbozar más adelante. Por lo pronto iniciaré con el planteamiento que hace René Kaes sobre la transferencia, noción que bien, podría hacer pensar los diferentes roles que se ponen en juego en un grupo operativo. René Kaes enuncia que en los inicios de cualquier grupo se articula una pretransferencia, es decir, una unidad imaginaria que produce sus efectos en el funcionamiento psíquico de los integrantes en las primeras sesiones del grupo.

La presencia múltiple de los otros, del coordinador, lo desconocido y la falta de referencias habituales, provoca un “difuminado de los limites del Yo”, cierta confusión entre el Yo y el otro y el desarrollo de fenómenos psicológicos compartidos; algunas emociones son comunes, ligadas al hecho de que, al lado del núcleo individual, una parte de la psique de cada uno es común a una parte de la psique de los otros. (El tejido biológico llamado “plasmodium” es una metáfora de esto: una masa celular única contiene una pluralidad de núcleos, no separados por ninguna membrana individualizante). Se establece una urgencia identificatoria -identificaciones inmediatas- como búsqueda de nuevos referentes en lo grupal. (Kaes, 1995:180).

El sujeto busca en el grupo una vinculación necesaria que le brinde su razón de ser y su representación social, y para ello establece alianzas identificatorias. Dichos intercambios grupales están influenciados por la particularidad de los primeros vínculos que el sujeto establece con sus objetos de apego. ¿Qué lleva entonces el individuo al grupo operativo? Podríamos decir que lleva «el grupo interno». La noción de grupo interno en Pichón Reviere (termino tomado de la psicología social y el psicoanálisis) hace referencia una estructura internalizada, a partir del nacimiento de las experiencias intersubjetivas entre el sujeto y sus objetos primarios. Ocupa dentro del marco teórico una posición homóloga a la del inconsciente pulsional, lo que permite pensar la especificidad de los vínculos intersubjetivos y las formaciones grupales. Dicho concepto permite dar cuenta del destino de los procesos de agrupamiento, de las representaciones del grupo primario interno y de las investiduras pulsionales que afectan al grupo en tanto objeto.

Más arriba mencionaba un lugar, un rol particular en el grupo que de momento no me atrevo a nombrar, y que se ubica en la posición de interpelar al coordinador. Por ejemplo, preguntando sobre la experiencia en la coordinación de grupos operativos. A partir de ese momento en el grupo, se instala una lógica muy particular en la cual el coordinador, por decirlo así, pierde su investidura, y él ya no representa la tarea, sumándole a ello el efecto de la división subjetiva que recae sobre el coordinador; como es de esperarse, la tarea explícita es prácticamente abandonada y hacen su aparición emergentes que dan cuenta de la alienación grupal que tiene lugar.

En apoyo a la teoría de Pichón Reviere, el principio de la complementariedad es el que permite que los roles sean funcionales y operativos en el grupo; cuando esto no tiene lugar se establece la suplementariedad o sustitución del rol del coordinador, que hace que éste quede desdibujado. Esta situación homogeniza al grupo, generándose una des-responsabilización en sus integrantes con la consiguiente resistencia al cambio. Se podría argumentar, que el grupo queda “fijado” en la primera fase de constitución grupal, en la cual el coordinador “no es como nosotros”. Es una fase en la que hay reclamos y hostilidad con el coordinador. (Adamson, 1977:24).

Hasta aquí se establece una lógica de rivalidad: participante-coordinador, en la cual el grupo es expectante y como en un juego de ajedrez, se busca poner en jaque al coordinador. El por qué el grupo se “engancha” en esta situación y permite que el rol del coordinador sea cuestionado, es un interrogante que solo puede responderse desde el lado del rol del coordinador. Los cuestionamientos obviamente solo pueden analizarse a posteriori, con la evaluación objetiva del caso, por ello todo intento de nombrar la situación obedecería a unas hipótesis muy puntuales. Dicha experiencia ameritaría un análisis a profundidad, por lo que aquí se expone es la vivencia en un grupo operativo de un semestre, y en nada es la explicación pormenorizada de un caso.

Por lo pronto, es también pertinente plantearse preguntas respecto al rol asumido por dicho integrante-saboteador, que aunque no serán abordadas, permite pensar la experiencia en ambas vías. ¿El participante lleva al grupo operativo su grupo interno, lo cual le permite una manera particular de vincularse desde el lugar de la racionalización, cuestionando las intervenciones del coordinador y ostentando un saber que cree poseer? ¿El sujeto se estaría enunciando como chivo emisario, en un acuerdo tácito en el que se compromete tanto él como los otros miembros? ¿Sería este sujeto, un portavoz de la alienación grupal?

Para los fines del texto, el acento está del lado del rol del coordinador y su “quehacer”, lo cual es un asunto ético en la medida en que amerita la reflexión constante de su posición, máxime cuando el coordinador está marcado por su verticalidad, como lo enuncie al inicio. De allí que la supervisión y revisión constante de la labor del coordinador, con su grupo de homólogos, representa un valioso aporte; además brinda el beneficio de la perspectiva de los diferentes fenómenos grupales.

Entonces, otra manera de reducir los impasses en la coordinación de grupos operativos, es empezando a formalizar las experiencias como coordinadores de grupos operativos. Espero que esta exposición sucinta sea una invitación a seguir pensando e investigando sobre el objeto que nos ocupa: El coordinador de grupos operativos.

Bibliografía:
Rivière, Pichón. El proceso grupal.
Anzie, Diddier. La dinámica de los grupos pequeños.
Kaes, René. El grupo y el sujeto del grupo.
Kaes René. El trabajo psicoanalítico en los grupos.
Adamson, Gladis. Fases y mitos en grupo operativo.
Rey, Flaud Henry. El elogio de la nada.
 
.
INICIO | PRESENTACIÓN | EVENTOS | SITIOS RECOMENDADOS | STAFF | CONTÁCTENOS | CORREO | FUNLAM

© 2004