Ciertamente, si hay algo estable en la vida del ser humano es el cambio, es decir, lo dinámico, aunque este mismo hecho puede ser contradictorio, ya que algunos sujetos prefieren la estereotipia y es aquí donde justamente surge la enfermedad mental, ya que se presenta una imposibilidad de adaptación a la realidad. Siendo consecuente con la primera afirmación, se observa que ella también afecta la producción del pensamiento, pues los conceptos se transforman y así cada vez las teorías se redefinen, amplían y complejizan; este es el caso concreto del proceso de construcción teórica sobre el vocablo «grupo».
Algunas de las preguntas que inauguran la búsqueda sobre dicho término son: ¿Antes del renacimiento cómo era nombrado un conjunto de personas? ¿Qué categoría o noción había para representar o nominar ese hecho de la vida cotidiana de los sujetos y de la sociedad? ¿Existía la necesidad de nombrar esa forma de disponerse entre los sujetos? Estos interrogantes resultan esenciales y permiten relacionarlos de forma análoga con la inexistencia del concepto de niñez y de maternizaje antes del siglo XVIII.
Didier Anzieu en su texto “La dinámica de los grupos pequeños”, muestra la actualidad del término
groupe –grupo- que se deriva del italiano
groppo o grupo, término asociado en ese origen a la designación de diversos individuos, pintados o esculpidos, que cobran visibilidad al ser separados de un edificio. Se evidencia aquí como dicho conjunto no hacía alusión a una forma de reunión humana, sino que designaba una expresión propia del arte.
Se hace necesario, entonces, precisar la evolución del término y sus significaciones; así,
groppo, antes de indicar una reunión de personas, designaba un nudo, cuya etimología era
grop, perteneciente a la lengua provenzal que evolucionaría a su vez de la forma lingüística del germano
kruppa, masa redondeada, haciendo alusión a su forma circular. Nudo y círculo son dos aspectos que continúan vigentes hoy en la reflexión sobre la vida grupal. Para Anzieu, nudo hace alusión al grado de cohesión requerido entre los integrantes del grupo, y masa redondeada remite a la idea de círculo, posición privilegiada para reunir un número de personas donde las jerarquías no son requeridas desde la ocupación de espacios físicos determinados, dando la idea de igualdad. Ya en el siglo XIII era notoria dicha forma de agruparse; la historia muestra diversos ejemplos al respecto: Los caballeros de la mesa redonda, la orden religiosa de los templarios, cuyo altar circular hacía posible que todos estuvieran a igual distancia de Dios.
Hoy es posible observar en los encuentros grupales similar forma de organización, que hace pensar en la ausencia de jerarquía; pero pareciera, a su vez, que estos intercambios organizados desde la forma circular, para nada remitieran a tal homogeneidad, pues la distribución espacial posibilita un juego de miradas que desdibujan esta idea, haciéndose presente la pulsión escópica, la identificación y con ella, el asunto de la especularidad presente en los vínculos humanos.
Retomando los orígenes del término grupo, encontramos que en el francés
grouppe, aparece por primera vez en el arte, en la tradición de arte gráfico de Fresnoy, reemplazando el vocablo taller –atelier-, y en la literatura en un poema de Moliere;
du val de Grace que dice así: “Una disposición noble de grupos contrastados que el campo del cuadro divida con justicia, pero en la que sin apretarse, al grupo se reúna formando un suave concierto, un conjunto bello”.
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El término grupo se extiende rápidamente al lenguaje cotidiano y nombra un conjunto de elementos, una categoría de seres o de objetos. Sólo a mediados del siglo XVIII designa, en francés, una reunión de personas. Paralelamente aparecen en otras lenguas como el alemán y el inglés términos similares. ¿Por qué aparece con esa significación precisamente en el siglo XVIII y a mediados de éste?
Es en el siglo XVIII cuando aparece propiamente designado un reducido número de personas con intereses similares como GRUPO, y surge precisamente aquí por toda la complejidad y giros dados en las formas de organización social, política, familiar y religiosa, innovadoras para la época. Es el momento del surgimiento de la noción de maternizaje o amor maternal, la escolaridad para los niños, el tránsito de la servidumbre y credibilidad absoluta en Dios hacia la autonomía, los esbozos de la noción de individuo, las reflexiones sobre el sujeto, la aparición de las ciencias humanas, y con ello, el hombre como objeto de reflexión en los campos del saber de las humanidades y la configuración de la familia nuclear.
El término grupo y la significación con la cual se conoce hoy, surge en un momento histórico que torna necesaria dicha palabra para nombrar nuevas representaciones del mundo social y hacer visible una forma de sociabilidad que se tornaba relevante con la modernidad. El cambio de la familia extensa a la familia nuclear va a configurar el grupo primario, espacio socializador del sujeto, donde le es transmitido el legado cultural esencial para su humanización. Esto muestra la articulación de lo social con lo individual como un proceso esencial, que será continuo a lo largo de la existencia humana, borrando la dicotomía individuo sociedad y siendo el grupo en todo momento esa categoría mediadora.
La teoría sobre grupos comprende un amplio abanico desprendido de las diferentes escuelas psicológicas, lo cual hace que no haya una teoría unívoca sobre dicho concepto. También contribuye a ella que los grupos no sólo constituyen un interés de la psicología sino también de la sociología. Además, dentro de estos dos campos hay diversas orientaciones que originan diferentes lecturas de los fenómenos de grupo, y a su vez, psicólogos y psicoterapeutas hacen lo mismo.
Las primeras nociones sobre los grupos pasan por considerar la categoría masa, siendo Le Bon el primer autor que a finales del siglo XIX lo hace en su texto
Psicología de las masas, que luego será retomado por Freud para analizar los efectos de la colectividad en la individualidad. Igualmente otros autores se interesaron en la masa, tales como: Sighele, Tarde, Durkheim y Milgran. Para Le Bon parece desconocido el término GRUPO tal como hoy se conoce, pues considera que seis personas ya constituían una masa; sin embargo, lo que muestra la historia es que empezaba a construirse una concepción susceptible de ser aplicada al grupo.
En los desarrollos continuos sobre la teoría de grupos, Cartwright y Zander reconocen ocho orientaciones, así:
- Teoría del campo de K. Lewin.
- Teoría interaccional de Bales.
- Enfoques que conciben el grupo como un sistema.
- Enfoques orientados desde teoría psicoanalítica.
- Enfoques basados en la orientación cognoscitiva.
- Enfoques empírico-estadísticos.
- Enfoque basado en el modelo matemático.
Además de esta clasificación de las teorías grupales, hay otros autores como José de J. González Núñez, que privilegian una lectura diferente basada en los objetivos y alcances que tiene cada teoría respecto al proceso grupal realizado con los integrantes del grupo; este autor designa tres grandes categorías terapéuticas bajo las cuales agrupa las diversas teorías existentes sobre grupos, siendo estas:
- Psicoterapia de apoyo
- Psicoterapias reeducativas.
- Psicoterapias reconstructivas.
Si bien la rigurosidad y el ordenamiento de dichas teorías son cuestionables, para generar una mayor orientación es prudente mencionar tres momentos que ayudan a visualizar y entender mejor la construcción de saberes y quehaceres grupales:
- El grupo como un todo, influenciado por la teoría de la gestalt.
- La búsqueda de organizaciones grupales; siendo inaugural el trabajo de Bion en el campo de la clínica psicoterapéutica con los excombatientes mutilados de la Segunda Guerra Mundial; igualmente los grupos operativos de Enrique Pichón Rivière, extendiéndose a otros campos más amplios: educación, salud, comunidad, etc. Aquí el psicoanálisis y sus aportes tienen un lugar protagónico, pero es necesario aclarar que el grupo no puede ser reducido a la situación analítica, ya que éste reactiva fenómenos psíquicos específicos.
- Las dificultades que presentan las disciplinas de objeto discreto para abordar las realidades disciplinares del grupo.
Hasta aquí debe reconocerse que las teorías elaboradas no logran dar respuesta a los fenómenos grupales por objeto o por técnica, pues estos no pueden ser interpretados a partir de los modelos clínicos individuales, sustentados desde las diferentes escuelas.
PUNTOS DE ENCUENTRO ENTRE ALGUNAS TEORÍAS
Es posible afirmar, sin caer en reduccionismos, y obviamente guardando las distancias respecto a cada una de las teorías -independientemente del tipo de grupo y su objetivo-, que en todos ellos se presentan fenómenos similares manifestados en: silencios, risas, ansiedades, actitud de demanda hacia el coordinador, llantos ocasionales, dificultades para abordar el trabajo, etc. Igualmente es verídico que todos ellos pueden ser leídos e interpretados desde diversas posturas teóricas, haciendo ésta la diferencia en el manejo y técnica de coordinación elegida para avanzar en el trabajo grupal.
Para continuar con este apartado, se pone en consideración el origen de los grupos T, la forma de ser implementados por K. Lewin y su equipo, así mismo la similitud con la técnica del grupo operativo, teniendo presente que Enrique Pichón Rivière reconoce en K. Lewin la técnica de la indagación-acción.
Los principios que orientan los grupos T, grupo de entrenamiento en habilidades básicas o laboratorio de adiestramiento educativo, guardan una estrecha relación con la idea de K. Lewin de que las creencias y actitudes son susceptibles de ser modificadas cuando el individuo es capaz de examinarlas y aceptar que no son satisfactorias, y especialmente si ello es llevado a cabo en equipo. Por tanto, subyacen aquí elementos esenciales: la reelaboración, el aprendizaje y el cambio, aspectos que figuran también en la teoría de la técnica de los grupos operativos.
En 1946 se organizó en Connecticut el primer trabajo en el cual los colaboradores de K. Lewin -Bradfors, Benne y Lippit-, condujeron cada uno un grupo de 10 integrantes, -que a su vez eran dirigentes en su comunidad-, con el objetivo de que se enfrentaran más eficazmente a las tensiones raciales existentes en sus comunidades; teniendo presente el conocimiento adquirido, cada grupo pequeño contaba con el coordinador y un observador investigador, cuya labor era registrar las interacciones. Luego de las reuniones diurnas con los grupos, los coordinadores de cada grupo y los respectivos observadores investigadores se reunían en la noche para intercambiar sus observaciones y comentarios sobre la actitud del coordinador, de los miembros y del grupo. Los demás miembros de los grupos se enteraron de la reunión del equipo coordinador y pidieron estar presentes en las reuniones de dicho equipo, petición que fue aceptada a pesar de los prejuicios. Los otros integrantes del grupo observaron las diferencias tan sustanciales respecto al análisis de lo acontecido en las reuniones diurnas sobre el comportamiento del grupo. Así, Lewin y sus colaboradores descubrieron accidentalmente un nuevo método educativo en el campo de las relaciones humanas y empezaron a usarlo, es decir, el «grupo T», donde el grupo como tal se propone aprender sobre su propio comportamiento y sus respectivos efectos.
Enrique Pichón Rivière, en su artículo “La Técnica de los Grupos Operativos”, cuyo objetivo central es el análisis de la experiencia Rosario, destaca los principios que orientan el quehacer del grupo operativo y describe la secuencia a seguir, la cual coincide en algunos puntos con la técnica del inicio de los grupos T, siendo una experiencia de laboratorio social, planeada y organizada en una comunidad específica bajo ciertas circunstancias que ameritan un reaprendizaje sobre sus circunstancias particulares y sus formas de relación. El laboratorio visto así, no es sólo una sesión de trabajo, sino la fase decisiva de su organización, donde la acción y la investigación son inseparables.
Igualmente, hay un volver sobre el acontecer grupal para analizar lo producido en los grupos, tanto desde lo teórico como desde la dinámica propia del grupo. El coordinador y el observador son dos personajes esenciales en el desarrollo de la experiencia. El laboratorio social posibilita un conocimiento producido en la praxis, resultado de una interacción social concreta. Estas son algunas coincidencias en los inicios del grupo T y los grupos operativos bajo una mirada desprevenida.
Otro aspecto en el cual es posible encontrar un acercamiento respecto al fenómeno ocurrido en la vida grupal, es la manifestación de los sentimientos como un obstáculo para la realización de la tarea del grupo. En la teoría de Bion estos se presentan bajo la óptica de los supuestos básicos de dependencia, emparejamiento y ataque huida, todos ellos promovidos por la valencia.
La presencia de estos supuestos básicos impide el desarrollo de una labor consciente, solidaria, racional, basada en los procesos cognitivos, ya que la identidad de un grupo o de una persona está dada en lo cotidiano y en lo manifiesto por la estructura e integración que alcanza tanto el yo grupal, como el individual; considerando como yo grupal al grado de organización, amplitud e integración del conjunto de aquellas manifestaciones, de lo que se denomina verbalización, motricidad, acción, juicio, raciocinio y pensamiento, y esto se logra bajo una inmovilidad de lo sincrético del grupo y de la personalidad.
En la teoría de la técnica de los grupos operativos, el obstáculo para la tarea está dado desde la resistencia al cambio, fundamentada en los miedos básicos a la pérdida y al ataque; igualmente, el obstáculo epistemológico y epistemofílico. También podrían nombrarse lo manifiesto del lado de la racionalidad y producción consciente del grupo, como el latente cercano al surgimiento de afectos que obstaculizan el desarrollo de la tarea. Esto muestra la forma diversa de nombrar la afectividad presente en el grupo.
José Bleger en su artículo “El Grupo como Institución y el Grupo en las Instituciones”, propone una forma de sociabilidad sincrética, donde no hay diferenciación posible de un yo y otro. Es una forma de relación donde no hay relación en tanto no hay verbalización, solo actos sincronizados, el unísono, pero en una soledad tal que no hay referencia al otro, fenómeno cercano a la serialidad planteada por J. P. Sartre. No alejado de estas situaciones se presenta en el grupo operativo el silencio, uno de los fenómenos más recurrentes en su aparición, así como también generador de grandes inquietudes, tanto en sus integrantes como en el equipo coordinador y que reactualiza los miedos básicos originados en la posición esquizoparanoide y depresiva. El silencio confunde, homogeniza y se pierde en cada uno, cayendo en la indiferenciación característica de lo sincrético.
Otro aspecto interesante y coincidencial en la teoría de los grupos, es el concepto de portavoz, tanto en la teoría de la técnica de los grupos operativos como en la perspectiva psicoanalítica aplicada a los grupos, propuesta por Angelo Bejarano. En ambas teorías el portavoz expresa inconscientemente una situación grupal vivida como propia, producto de su ecuación personal, en su sistema defensivo. Por tanto, se torna líder en cuanto denuncia algo del acontecer grupal latente. Lo enunciado por el portavoz debe ser analizado por el grupo, especialmente por el coordinador.
A modo de invitación, para quienes deseen continuar esta búsqueda, reconstrucción y posible sistematización, algunos otros puntos a pensar sobre los grupos podrían ser: La escucha, la presencia e interpretación de la resistencia, tanto en el grupo operativo como en la perspectiva psicoanalítica, teniendo presente que en ambas la teoría privilegiada para la lectura de tal fenómeno es el psicoanálisis; la presencia de los mecanismo de defensa, la noción de grupo interno de Enrique Pichón Rivière y las imagos y complejos fraternos de René Kaes; diversas fases de la vida grupal, planteadas por Benís y Schepard y las del grupo operativo planteadas por Gladys Adamson.
BIBLIOGRAFÍA
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