Lo propuesta fundamental de este escrito es plantear cómo la transferencia en el grupo operativo, puede ser pensada como una transferencia que recae sobre la conversación, como un lugar tercero. En el dispositivo analítico la transferencia es pensada con relación al inconsciente como lugar tercero, es decir, se espera que la acción del analista produzca un deslizamiento de un saber que se le supone a él, a un saber supuesto al inconsciente. En el grupo operativo, en tanto dispositivo de palabra pero en lo grupal, no es posible pensar la transferencia de la misma manera, pero sí pensar en que la acción del coordinador debe ser tal que el saber pueda serle supuesto a la conversación, y decir conversación implica decir que el saber se construye por la intervención de más de uno, que el saber está en la palabra dicha en relación con la palabra por decir, y no en la persona en sí misma, y menos aun en una sola persona. Si el saber está en la conversación es necesario hablar y dejar hablar al otro.
La resistencia desde esta perspectiva, que no agota las distintas formulaciones de este concepto, puede ser entendida como aquel momento en el cual la transferencia a la conversación se ve detenida, por situar el saber en otro lugar distinto a la conversación, en un lugar tomado como único, lo cual se manifiesta en el divagar, en el silencio, en el llamado a la verdad absoluta, en la queja, en la demanda al coordinador, entre otras.
Para esta propuesta se retoman algunos planteamientos presentados por J. A. Miller en “Introducción al post-analítico”, del texto “El peso de los ideales”, editado por Paidós en 1999. Estos planteamientos aunque son referidos a la noción de conversación en el contexto de una institución psicoanalítica, se considera que pueden servir de apoyo para lo que aquí se está proponiendo del trabajo de grupos operativos. Los planteamientos son los siguientes:
1. “La conversación supone una comunidad de experiencia”.
Los integrantes de un grupo operativo comparten una experiencia, el haber participado de una sesión de clase desarrollada por un docente, y la lectura de un texto; es decir comparten la experiencia de haber sido receptores de un conocimiento y a partir de allí también portadores de él, en la medida en que este se articula con su propia subjetividad. También comparten la experiencia de una formación como profesionales en la psicología.
2. “La comunidad de experiencia es una experiencia hecha vínculo social”.
El ser partícipes de una experiencia, el compartirla, hace que esta experiencia de lugar a un vínculo social. La significación que tiene para cada uno dicha experiencia, es puesta a circular, se sale del campo de lo íntimo del sujeto. Este vínculo social tiene una particularidad y es la de estar enmarcado en el contexto de la academia, lo cual tiene sus implicaciones y sus efectos sobre el vínculo mismo.
3. “En la conversación hay que huir de lo ya sabido”.
La conversación implica una posición frente al saber que se caracteriza por una orientación o dirección hacia lo no sabido. Apuntar en esta dirección permite situar lo no sabido por fuera de lo sabido, se requiere tener ya un saber, pero situado el sujeto allí, la conversación debe apuntar hacia donde está lo no sabido. Al decir que se requiere de tener ya un saber, se hace referencia a que el sujeto debe tener un trabajo previo de lectura, de estudio, de análisis, de elaboraciones propias, de recepción de saberes. Esto diferencia la conversación del divagar.
4. “La conversación es la puesta en acto de la desuposición de saber del Uno”.
La conversación es una puesta en acto, es decir, requiere de dar un paso hacia, requiere salir de la posición silenciosa, de la vacilación, de la duda, de la postergación, y precipitar la producción de una palabra dirigida a otro. Pero para ello se requiere detener la suposición del saber del Uno, es decir, del saber como totalidad, como ya dado, y por consiguiente soportado por uno solo. Esto implica que si el saber no está en uno solo, el otro tiene algo para decir, lo cual significa que siempre habrá algo más, que todo no está dicho, y se estará a la espera de un resto por decir, que puede estar en cualquiera. Entonces nadie tiene, como se dice, la última palabra, puesto que no la hay, significa que “nadie, en su presentación de saber, cierre la boca del otro”.
5. “No hay otro saber que el saber de la búsqueda de un «siempre por decir» que no se agota en lo dicho”.
La conversación implica un saber y es el saber de la búsqueda, buscar poder decir más, algo más de lo ya sabido, algo todavía no dicho, por cuanto en lo dicho no-todo está dicho. Esto implica que se requiere del desprendimiento de un garante del saber, de aquel que determina lo que es verdadero.
6. “Se entra en la conversación con una honesta ignorancia”.
Es moverse del lugar de la erudición y del aplastamiento del otro con lo ya sabido, es volver sobre lo ya visto, lo deducido, para mirarlo desde otro lugar, otra perspectiva, esperando encontrar lo no visto en un momento anterior.
Claudia Velásquez
(Texto presentado en capacitación de grupos operativos, Luis Amigó, Septiembre 8 de 2003)
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