Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚMERO 7 • FEBRERO 2004
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Bibiana María Carmona P.                
Estudiante 9° Semestre
FUNLAM
Natali Arango Medina                
Estudiante 9° Semestre
FUNLAM
Viento 8
Alejandro Obregón
 

CONSTRUYENDO RELACIONES SIGNIFICATIVAS ENTRE EL NIÑO Y EL ADULTO

 

La interacción humana es un eje fundamental en las primeras etapas de desarrollo de la infancia, además de ser un compromiso que debe adquirirse al nivel de la familia es una necesidad que tenemos todos los seres humanos, ya que ésta nos servirá más adelante para responder en las relaciones e interacciones con los demás individuos.

El punto de inicio para el desarrollo psicológico humano es la formación que se da en la relación amorosa y duradera entre el bebé y la madre, el padre, el cuidador, o un pequeño grupo de personas quienes lo cuidan . Éste es un hecho universal, tanto al interior como a través de las culturas. Vemos como algunas personas presentan dificultad en establecer relaciones interpersonales adecuadas con otros individuos, lo cual se debe en parte a las experiencias nocivas obtenidas en la niñez, (ya que estas – junto con las agradables -, son base para el desarrollo del niño tanto cognitiva como afectivamente), a la vez que se traducen en desconfianza, inseguridad, insolidaridad, falta de expresión de sentimientos, etc., que ofrecen un aspecto negativo en la construcción del vínculo social. En la deprivación afectiva, los cuidadores dan a sus niños información que les lleva a constituirse como seres “duros”, dándoles a entender que la persona que exprese sus sentimientos es débil para enfrentar el mundo, limitando su expresión emotiva a una demostración básica. Un ejemplo es cuando el niño llora y se le dice que los hombres no lloran, luego se le soba la cabeza y se le dice que todo va a salir bien, o cuando se le cambia el pañal al bebé pero no se establece ningún tipo de contacto verbal o gestual en esta actividad.

Toda esa transmisión de experiencias se pueden dar por aprendizajes de los adultos en la niñez, sumándole otras cosas que ayudan a que se presenten estas situaciones, como son: presiones causadas por la pobreza, migración, desplazamiento, catástrofes, guerras, así como cambios culturales debidos a las presiones de la vida contemporánea que nos está invadiendo, además, del continuo agite en el que estamos inmersos y que no nos deja sostener una relación de afecto, permanente, con el otro.

Los niños que están en instituciones carentes de un contacto humano significativo, cuidados tan sólo en sus necesidades físicas como son alimentación, hospedaje y vestido, han sido motivo de algunos estudios; Tales niños muestran síntomas de apatía y alejamiento, inquietud, hiperactividad, incapacidad para concentrarse y mendicidad de afecto. Estos niños son retardados en las áreas de desarrollo motor, lenguaje, sociales y en sus habilidades emocionales e intelectuales.

La sensibilidad que se tiene hacia el niño o la “sincronización” con él, deberá tener la capacidad de responder a sus necesidades especiales, sentimientos y señales, no importa cuáles sean éstos . Los niños se apegan a un gran número de personas y la naturaleza de este apego - o amor -, depende de la relación generada entre él y quien lo cuida o está en constante interacción. Los niños buscan las personas para interactuar, lo que permite considerar que existe una naturaleza social en ellos, una predisposición a buscar y responder a la interacción humana. Con los infantes se pueden aplicar dos sistemas de comunicación que funcionan paralelamente, un sistema básico de diálogo emocional expresivo comunicado a través de gestos y lenguaje corporal y otro sistema de diálogo mediatizado dirigido a explorar, enriquecer y dominar por parte del niño el mundo que lo rodea.

Este sistema de interacción utilizado de manera adecuada permite que los niños pequeños en edades que oscilen entre dos y siete años desarrollen la iniciativa al entender que sus ideas contienen mucho valor, por el contrario, si la aplicación del sistema no es adecuado los esfuerzos del niño por explorar el mundo son restringidas. Aquí el comportamiento de los padres afecta el comportamiento e independencia con que los niños exploran; el entregar atención y dar ánimo por parte de los cuidadores durante la infancia permite resultados en la capacidad hacia el lenguaje, el juego y el conocimiento. Es importante hablar sobre las cosas que llaman la atención del niño, pues ello permite que la capacidad del lenguaje se desarrolle. Si un padre se enfoca en las iniciativas del niño y habla con él acerca de lo que le llama la atención, enriquece el repertorio del lenguaje del niño; así se prueba la importancia de unir la atención del adulto y el niño en el aprendizaje del lenguaje. Jean Piaget, concibió al niño como involucrado activamente del mundo que le rodea, él construye activamente su propio entendimiento en vez de recibirlo pasivamente de otros, constituyéndose de esta manera al mismo tiempo como aprendiz científico e independiente, es decir que el niño no solamente juega un papel activo en la búsqueda, sino que su entendimiento es investigado por si solo.

Lev Vigotsky, agrega a los conceptos de Piaget la importancia de los procesos sociales en el desarrollo, por ejemplo: la interacción y el diálogo, influyentes en los primeros años de educación del niño, mostrando un niño más aprendiz.

En el campo de la Psicología Social, analizar la anterior situación a la luz del afecto como hecho de atención primario en la constitución del individuo, hace que este sea un tema de vital importancia, el cual debemos difundir, a la vez que nos invita a trabajar más sobre el, debido a la situación social problemática que estamos viviendo.

Existe una nueva visión sobre el significado de la relación interactiva temprana entre la madre y el niño, de la calidad general de la interacción entre el cuidador y el niño; este punto de vista ha sido apoyado por investigaciones sobre “la ínter subjetividad temprana”, donde parece existir una disposición temprana en el niño hacia establecer alguna clase de intercambio expresivo en relación con el cuidador.

Esta disposición hacia la comunicación expresiva o cooperación, que algunas veces también se describen como una “acción” – “diálogo”, esta fundamentada biológicamente y aparece poco después del nacimiento, se expande y desarrolla hacia formas más avanzadas de compartir en una edad posterior . Esta nueva investigación sobre interacción temprana parece confirmar teoría de desarrollo más sociales, como la de Vigostky, quien insiste que nuestras operaciones mentales tienen su origen en las interacciones sociales tempranas y que la calidad de la interacción entre el niño y el cuidador es decisiva para el “desarrollo mental posterior del niño”.

Con el fin de establecer un ciclo comunicativo de significado, ya sea con un niño o un adulto, es necesario interpretar las acciones y expresiones del otro como intencionales, expresando los deseos , necesidades e ideas al interlocutor; desde el nacimiento el niño necesita “respuestas” expresivas ajustadas sensiblemente a sus acciones e iniciativas para poder así experimentar un ambiente social predecible.

“Hay alguien que me esta respondiendo allá afuera”, así que el niño se siente alentado a continuar y desarrollar más allá sus iniciativas con el fin de conseguir las respuestas que necesita o desea. De esta forma sus acciones toman significado para los demás y para sí mismo.

Estas respuestas ajustadas sensiblemente, son exactamente lo que les falta a los niños desadaptados, no importa lo que hagan, de todas maneras no habrá respuesta sistemática. Bajo tales circunstancias el niño puede rendirse por que no puede construir expectativas de un ambiente social predecible y significativo. No hay una clara respuesta o la respuesta llega, ya sea que él actúe o no.

 

MONTOYA, Carolina, MORALES, Santiago, Relaciones significativas: creciendo juntos. Departamento de Impresiones FUNLAM, Medellín, 2003.

MONTOYA M., Carolina, MORALES M., Santiago. Op. Ci t.

STERN, Daniel, “La primera relación madre hijo”, (editorial ediciones) Morata S.A España, 1983 tercera edición.

PIAGET, Jean, Psicología de la inteligencia. Psique, Argentina, 1972

MONTOYA, Carolina, MORALES, Santiago,. Op. Ci t.


 
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