Fundación Universitaria Luis Amigó
 
    NÚmero 6 • Junio 2003
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Raúl Salamanca Londoño                
 
Salvador Dalí
Piaceri Illuminati, 1929.
Salvador Dalí
La formación de un psicólogo con énfasis en psicología social en el escenario comunitario
 
Justificación
Abordar el problema de la formación de un psicólogo social, plantea algunas dificultades. La primera impresión que surge al enfrentar esta temática tiene que ver con la diversidad de conceptos sobre lo psicosocial y de los diferentes recursos metodológicos para abordarlo. Este es un fenómeno particularmente agudo en el terreno de las ciencias sociales y humanas en las cuales los conceptos y sus métodos o técnicas están en permanente cambio y se encuentran en íntima relación con el contexto en el cual se ubican y se desarrollan.

Hay otras ciencias, las que Foucault llamaba las ciencias de alta pertinencia que son aquellas que son inmodificables en el transcurso de la historia, por ejemplo en donde es posible decir que 2+2 es siempre = 4.

En este sentido por lo tanto, las hipótesis y teorías de nuestras disciplinas sociales, solo se pueden sostener si se quiere, en el contexto en el cual se aplican o son operativas. La psicología social también se encuentra sometida a este devenir de la historia y por tal motivo se orienta cada vez más hacia el estudio de la dinámica de los cambios sociales, las transformaciones de los vínculos humanos y la historia social. (Adamson, G., 2000).

Los drásticos y rápidos cambios en la estructura de la vida social humana ha implicado en consecuencia una verdadera ruptura epistemológica, que debe alentar a quienes tienen el papel de docentes y de transmisores de un saber, a recordar que las propuestas deben estar enmarcadas siempre dentro de lo contextual y en consecuencia, enfrentan al desafío de replantear permanentemente estas concepciones y los instrumentos para intervenir.

En el ámbito de la psicología social es fácil percibir lo mencionado. Una rápida mirada histórica a la evolución de la psicología social en Latinoamérica, permite apreciar que a partir de los años 70 aproximadamente, ésta se ha venido interesando en el desarrollo de las comunidades y en la solución de muchos de los problemas sociales que le son propios. (Marín, G. 1985). De allí que poco a poco ha destacado la necesidad de involucrar a los residentes de las comunidades como agentes de cambio social para el mejoramiento de sus condiciones económicas, sociales, ambientales, educativas y políticas. Aquí cabe mencionar justamente la propuesta de Enrique Pichón-Rivière, alimentada por el psicoanálisis y que se trata de una concepción que articula fundamentos teóricos (un sujeto social y una producción social de la subjetividad) una metodología (dialéctica) y una técnica (grupo operativo). Gladys Adamson lo expresa acertadamente así cuando menciona que Pichon-Rivière “descubre que hay una dimensión vincular y de tramas vinculares que no es abordada por la psicología ni por la sociología ni por la antropología y que permite diagnosticar situaciones de sufrimiento y a su vez permite una intervención fructífera en términos de salud”. 1

Por otro lado, dada la complejidad de los problemas que aborda la psicología social, se ha visto necesario también considerar la necesidad de un abordaje multidisciplinario, lo cual obliga al psicólogo social a la consideración de otras disciplinas y saberes y al aprendizaje y asimilación de un trabajo en equipo con otros especialistas.

Todo esfuerzo en la formación de un psicólogo social para nuestro contexto debe por lo tanto estar ubicado dentro de estos parámetros, es decir, un trabajo de carácter interdisciplinario con la comunidad. Hasta hace poco en el ámbito de la psicología se valoraba y se daba prelación al trabajo individual; es quizá esta la razón por la cual emerge y se desarrolla con tanta fuerza, la denominada psicología clínica, hija de un modelo médico en la concepción de la salud y de la enfermedad, modelo que tiene además sus raíces en un sistema capitalista, que explica los acontecimientos del mundo en función de la acción de individuos y donde lo social se comprende por las acciones de héroes individuales, sin nexo alguno con los colectivos sociales en los cuales vive.

Por otro lado además, en estos momentos se observan una serie de influencias que llevarán a la sociedad y a cada uno de sus miembros, a experimentar cambios radicales en las formas de vivir. Estas macrotendencias, como algunos autores las han denominado, hacen prever algunas de las condiciones siguientes (Velásquez, W., Gómez, R.D. 1999):

  • Calentamiento de la tierra y cambios climáticos intensos
  • Escasez y encarecimiento de alimentos
  • Pérdida del contacto del hombre con la naturaleza
  • Aumento de la esperanza de vida, por el control de muchas graves enfermedades
  • Creciente importancia de la informática
  • Redimensionamiento de las profesiones y ocupaciones en función de la informática
  • Concentración de la riqueza en unos pocos y aumento de la pobreza en la población
  • Consumismo destructivo
  • Tendencia al individualismo creciente y pérdida de la valoración de la solidaridad
  • Pérdida de confianza en las religiones tradicionales
  • Desintegración de la familia nuclear y desarrollo de otras concepciones de familia
  • Reducción progresiva de las diferencias sexuales
  • Creciente poder de las mujeres en la sociedad y su correlato, el desdibujamiento de los hombres y su dificultad para asumir los roles tradicionalmente asignados.


No todas estas macrotendencias, son necesariamente problemáticas, pero lo que si es cierto, es la posibilidad de que generen malestar en la cultura. No se trata por supuesto de generar un efecto de parálisis en los científicos sociales por la magnitud de estas macrotendencias, porque su accionar es de naturaleza microsocial. Como lo señala Adamson en la comunicación personal anotada, microsocial no quiere decir pequeña, ya que afecta lo más importante en la dimensión humana, cual es la vida cotidiana. De todas maneras este es el panorama que encontrará el futuro psicólogo social en la nueva sociedad y para el cual debe estar preparado.

Si a este cuadro se le suman las condiciones concretas de la realidad colombiana, las cuales probablemente tienden a agravarse y no a mejorar, como lo son el conflicto político militar, el conflicto urbano caracterizado por el ejercicio de la violencia en todas sus manifestaciones y el aumento significativo de la denominada violencia intrafamiliar y como secuela de estos fenómenos ya de por sí graves, el crecimiento del desplazamiento forzado en todo el país, observamos entonces un cuadro difícil y bastante complejo. Este es el panorama por lo demás, que ya enfrentan los psicólogos en sus actividades y el que les espera, mucho más crónico y agravado, a los futuros profesionales.

Cabe anotar además, que no se trata de esperar de la psicología social, la solución a estos problemas, algo ajeno a su competencia, sino precisar el alcance de su intervención, considerando que ésta será siempre insuficiente, dada la complejidad de los problemas, solución que será de índole más integral, sociológica, económica y en definitiva, de carácter político.
 
Fundamentos y herramientas
La pregunta inevitable y a la cual intentamos dar respuesta con estos ensayos es: ¿Con qué fundamentos y concepciones y con qué instrumentos deberá responder este psicólogo?

Al psicólogo se le demanda “una apertura a la comprensión y apoyo a los procesos comunitarios”...”así como la contribución al enriquecimiento de la dinámica de los procesos comunitarios, al análisis y comprensión de sus desarrollos y dificultades y la vinculación...a aspectos particulares de los procesos, al abordaje de temas específicos de interés para estos y al desarrollo de proyectos y programas compuestos conjuntamente con la comunidad” (Castro, M. C., 1995). Tal como esta autora lo señala, se hace necesario por lo tanto un profesional con una formación que incorpore principios básicos de desarrollo comunitario sociológico, de antropología cultural y de economía y ciencia política, para una cabal comprensión y explicación de tamaña complejidad.

Cuando se producen cambios sociales no solo estos se producen en el ámbito macrosocial sino que también deben producirse en lo microsocial. Parte de la acción del psicólogo social debe estar enmarcada en el ”desarrollo y la producción de esquemas referenciales subjetivos regidos por una lógica democrática en el interior de los tramas vinculares y los colectivos sociales”, por ejemplo con el desarrollo de los pequeños grupos familiares de producción, las cooperativas de ayuda mutua y el fortalecimiento de actividades grupales de variada índole, productivos, sociales, educativos, deportivos, culturales, etc., los cuales al aumentar significativamente su número y cualificación son la única acción que puede poner límites reales a la voracidad del capitalismo y al neoliberalismo que todo se lo come, todo lo corrompe y de todo se apropia.

Una cabal comprensión de los fundamentos y concepciones que tiene esta disciplina del desarrollo, la acción social y el conflicto, se hace necesario. Por ejemplo las contribuciones que en Latinoamérica han hecho Manfred Max-Neef (1995) en relación al Desarrollo a Escala Humana, así como la acción social que se puede generar después de una tragedia, en el caso de Nicaragua (Felipe Ulloa 1998), la comunidad y los efectos de la represión política en la salud mental Berenstein y Riera (1993), la violencia política y el trabajo psicosocial (Castaño, Jaramillo, Summerfield, 1998) y las intervenciones realizadas en Colombia por instituciones como el CES (2000) y por algunos de nosotros.(Salamanca, Restrepo, Correa , 2002).

Por supuesto que estos principios incontrastablemente interdisciplinarios, reposan sobre una formación psicológica básica, en la cual le sea suficientemente claro al nuevo profesional, el proceso de la constitución de la subjetividad en términos de sus nexos con el otro y de su vínculo con la característica radicalmente más humana, su relación con el lenguaje, contribuciones de la teoría psicoanalítica y que deben en consecuencia, formar parte de su acervo y formación teóricas.

Son muchos y complejos los temas a los cuales se enfrentará el futuro psicólogo social, pero creo necesario detenerme en uno solo de ellos, el cual a mi modo de ver está situado en la base o núcleo de algunos de estos cambios mencionados y es el referido a los cambios que se operan en la estructura de la familia.

Las contribuciones de los siguientes autores aclaran este panorama: Castells, Safa y Kaztman, quienes a través de sus investigaciones sobre la familia contemporánea coinciden en afirmar que ha sido la “combinación de fuerzas y necesidades económicas, políticas e ideológicas, lo que ha ido configurando un nuevo campo histórico que tiene impactos profundos en la sociedad y especialmente en la familia”. (Gonzáles de la Rocha, 1999-2000. Pág.57). El aumento de separaciones y divorcios y en consecuencia de hogares monoparentales, han sido cambios silenciosos que han operado transformando de manera radical, los roles familiares, la socialización de los niños y jóvenes y el ámbito de la sexualidad.

Safa (1995) por ejemplo señala que estos cambios en la familia han producido diferentes efectos según el género, en América Latina. Para Katzman, los contextos latinoamericanos se caracterizan por una formación de anomia social, que afecta particularmente a los hombres, más que a las mujeres, de los sectores populares urbanos: “los hombres han perdido su capacidad de jugar su rol de proveedores económicos y las mujeres son los actores más importantes en las economías domésticas de los países caribeños” (citado por González de la Rocha, 1999-2000, pág. 57).Esta anomia dice “surge del desajuste entre los objetivos culturalmente definidos para los roles masculinos adultos en la familia... y el acceso (restringido) a los medios legítimos para su desempeño” (citado por González de la Rocha, 1999-2000. pág. 58).

Una buena pregunta para ser trabajada por los futuros psicólogos sociales sería por ejemplo, ¿qué relación puede haber, entre el aumento de la violencia ejercida por los hombres dentro y fuera de sus casas, (según reporte verbal proporcionado por algunos de los estudiantes de la Facultad de Psicología de la Funlam, que realizan su práctica en la fiscalía de la ciudad de Medellín), con la pérdida de su rol tradicional, del debilitamiento de la autoridad masculina y de su función como padres?
 
Estrategias y técnicas de intervencion
Dejo aquí el breve análisis de este tema para referirme en consecuencia a las estrategias y técnicas de intervención del psicólogo social frente a este panorama.

En primer lugar y de acuerdo a los planteamientos de algunos psicólogos que han trabajo en el tema, (Marín, G, 1985), (Brea, L., y Correa, E., 1985), (San Juan Guillén, 1996), (Salamanca R. y otros, 1999), tres serían las funciones inherentes a la práctica de un psicólogo social en el escenario comunitario:

  1. Identificar cómo se entra en contacto con la comunidad escogida para su estudio o intervención.
  2. Identificar cómo se escoge el problema que va a ser tratado o intervenido
  3. y
  4. Realizar el diseño de la intervención a desarrollar


A continuación, el análisis de estos tres elementos, los cuales se constituyen en las fases consecutivas de una clásica intervención psicosocial.

Fase 1: El modo de acceder a la comunidad

El primer problema que se le plantea al psicólogo social, tiene que ver con encontrar la forma apropiada para ingresar a la comunidad con la cual va a trabajar. Dos posibilidades surgen:

  1. Cuando no ha habido ningún contacto previo con la comunidad
  2. Cuando de parte de una comunidad o grupo de personas, se le formula una demanda específica
La segunda es la condición ideal, difícil de concebir en las condiciones actuales de nuestro país, donde aún el rol del psicólogo social es desconocido y donde la complejidad del problema social, lo hace prácticamente imposible. De allí que para la primera posibilidad se pueden pensar algunas estrategias de acceso:

La psicología social norteamericana ha ideado y popularizado el uso de las encuestas familiares, los análisis comunitarios y la provisión de servicios. (Marín, G., 1985).

Las encuestas permiten entablar un primer contacto con los residentes de una comunidad, haciendo así posible la presencia de personas ajenas a la misma. Las encuestas, hoy en día tan familiares en el mundo, tienen algunas exigencias. Es necesario que los psicólogos o estudiantes que las apliquen, se identifiquen adecuadamente a la comunidad, expresen a cuál institución representan o pertenecen, cuál es el propósito de esos instrumentos que cubren condiciones de vida y problemas comunitarios que sean percibidos por los encuestados o involucrados. Los resultados de las encuestas permiten identificar además, los problemas prioritarios para la misma comunidad y hacen posible, bien usadas, identificar las fortalezas de la comunidad (liderazgo, habilidades, redes de información, etc.).

El análisis comunitario, forma parte de las herramientas comunes en las investigaciones etnográficas de la Antropología para conocer la historia, características, actitudes, costumbres, datos socio-demográficos, de una comunidad o localidad. Generalmente se logra acudiendo a fuentes bibliográficas, periódicos, archivos, instituciones gubernamentales, ONGS, etc,

Los “frentes de entrada” son el nombre dado a los servicios que se proveen a una comunidad como paso inicial para acceder a ella. Varían en su especificidad y características, dependiendo de los psicólogos mismos o de las necesidades concretas de la comunidad: consulta psicológica para adultos o niños, constitución de grupos de ex - adictos, alfabetización, identificación y desarrollo de líderes, organización de “mesas barriales”, grupos de no – violencia, grupos religiosos, deportivos, culturales, etc. La gama es muy amplia y su implementación y desarrollo depende en grado sumo, de la creatividad del psicólogo. Cabe anotar aquí, que en nuestro medio, instituciones como el CINDE, dedicada a la intervención, investigación y docencia en educación para adultos, señala que en su experiencia, el único elemento capaz de convocar a toda una comunidad, es la situación de los niños. Tiene tanta fuerza esta realidad, que no hay ninguna otra situación que interese y convoque por igual a los miembros de una comunidad, como sus niños. (Peñaranda, F., comunicación personal).

Fase 2: Cómo se identifica el problema.

Cuando ya el psicólogo ha ingresado a la comunidad, el paso siguiente es la identificación del problema para llegar a la conclusión de cuál es el prioritario en un momento dado. El procedimiento lo podemos denominar de “investigación diagnóstica”. Existen métodos ya probados tradicionalmente en la práctica y en los ámbitos académicos. El uso de múltiples fuentes de datos, entrevistas y encuestas con informantes clave, grupos focales, análisis de indicadores sociales oficiales (censos, records de nacimientos, matrimonios, divorcios, archivos históricos).

La reciente aparición entre nosotros de la metodología ZOPP (Planificación de proyectos orientada a objetivos) ha permitido el desarrollo de este excelente instrumento para la Gestión de Proyectos. Tiene dentro de sus componentes una técnica para la identificación de problemas por parte de una comunidad o grupo de personas y para la priorización y escogencia del problema principal, denominada Técnica de Visualización por Tarjetas. (Kloss-Quiroga, B. y otros. 2002).

Es un proceso de Planificación y Programación, en el cual los involucrados participan activamente en el análisis y organización de sus necesidades y demandas, conformándose inicialmente en pequeños grupos para finalmente organizarse en asamblea comunitaria y tomar las decisiones pertinentes a la solución del problema, a través de la Gestión de un Proyecto comunitario. El trabajo del psicólogo social allí, es la coordinación y direccionamiento del adecuado manejo de la metodología.

Fase 3: El diseño de la Intervención

Siendo multicausales los orígenes de los problemas sociales, comunitarios en nuestro caso, al psicólogo social compete disponer de una sólida concepción teórica o mejor aún, como lo señala Gladys Adamson (2000), es necesario disponer del conocimiento y discurrir en medio de varias opciones teóricas para la implementación de una Intervención Psicosocial, pues ninguna concepción teórica por si misma puede dar cuenta de la complejidad de un problema social o comunitario.

La concepción de la metodología de Gestión de Proyectos se constituye en una herramienta imprescindible para el psicólogo social. Se trata de uno de los campos de la administración que más desarrollo ha alcanzado, ya que es una metodología para el diseño, ejecución y control de proyectos.

Los proyectos siendo sistemas conceptuales y prácticos que se construyen alrededor de una intención, se han constituido por lo tanto en un punto de encuentro obligado para quienes, como los psicólogos sociales, se ven involucrados en la solución de problemas complejos. De allí que es necesario el conocimiento y manejo de los principios teóricos y prácticos vinculados a la gestión de un proyecto y a las normas y criterios que rigen su diseño, ejecución y evaluación. (Velásquez, W., Gómez. R. D., 1999).

En relación a las concepciones teóricas y procedimientos técnicos relacionados con la intervención propiamente dicha, la contribución de este ensayo se encuentra enmarcada dentro de la perspectiva psicoanalítica.

En situaciones de desastre natural (terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas) o por efecto de intervención humana (guerras, tomas armadas, actos terroristas), las cuales generalmente producen desarticulación y ruptura de los lazos sociales (tejido social) es conveniente el uso de procedimientos metodológicos como el Carrusel, adaptado y desarrollado por el autor de este ensayo en conjunto con otros profesionales. (Salamanca. R., Restrepo, M. A., y otros, 2000).

Consiste en un trabajo a gran escala, actividad inicial de un proceso de rehabilitación de la comunidad afectada. Es una actividad colectiva y de corta duración, consistente en la realización de una o varias jornadas de trabajo con una comunidad, albergue o localidad afectada, en la que durante un período de 4 – 8 horas se desarrollan simultáneamente una serie de actividades por estaciones, tendientes a generar espacios de catarsis, recreación, orientación y diagnóstico de efectos psicológicos producidos por la situación de desastre, en especial en los grupos más vulnerables: niños, jóvenes, ancianos.

Cada carrusel permite dar cobertura a grupos de 200 – 500 personas, niños, jóvenes, adultos e involucra paulatinamente a toda la comunidad. Se utilizan espacios abiertos, estadio, parques, lugares comunales al aire libre.

A partir de la constitución de un grupo de psicólogos y otros profesionales, médicos, enfermeras, voluntarios y en conjunto con líderes de la misma comunidad, se generan procesos de autoayuda y capacitación. Esta experiencia conduce necesariamente a que se restablezcan los lazos sociales y de solidaridad perdidos, puesto que conduce de nuevo a las gentes a la circulación de la palabra, la conversación de los sujetos entre si, el encuentro de la explicación y elaboración de la experiencia y el vencimiento del miedo, rescate de la subjetividad y de la significación que para cada uno considerado individualmente y como miembro de una comunidad, ha tenido la situación de desastre. La actividad deja instalada una capacidad local para llevar a cabo nuevas acciones lúdicas, terapéuticas y de asistencia psicosocial pues además del entrenamiento que reciben los miembros de la comunidad, se dejan elementos mínimos de dotación que permiten continuar el proceso de rehabilitación o emprender por sí mismos uno nue vo, frente a futuros desastres.

Las otras técnicas usadas en experiencias similares, se refieren a las denominadas Grupo Operativo, Apoyo al Apoyo y Técnica Psicodramática, cuyos referente teóricos y metodológicos se explican a continuación.

El Grupo Operativo, parte del supuesto de que los seres humanos en su proceso de constituirse como sujetos hablantes y por lo tanto en su inserción a la vida social, interiorizan un grupo interno o conjunto de relaciones internalizadas, en el sentido de que han pasado del exterior y son representadas internamente por el sujeto, en donde se encuentran interactuando permanentemente constituyéndose en “relaciones sociales internalizadas”. El grupo operativo, busca indagar y modificar este tipo de interacciones. Su creador lo define de la siguiente manera:

“El Grupo Operativo es un grupo centrado en la tarea y que tiene por finalidad aprender a pensar en términos de la resolución de las dificultades creadas y manifestadas en el campo grupal y no en cada uno de sus integrantes, lo cual sería psicoanálisis individual en grupo. Sin embargo, tampoco está centrado en el grupo como en las concepciones gestálticas, sino en cada uno aquí ahora conmigo; en la tarea se opera en dos dimensiones (lo individual y lo grupal) constituyendo en cierta medida una síntesis de todas las corrientes”. (Pichón-Rivière. 1978).

Dentro del grupo operativo el líder es la tarea, a diferencia de muchas otras técnicas donde el líder es el coordinador. La tarea es “el tema, ocupación o título que hace converger sobre él todo el funcionar de la reunión.” 2, lo que permite una relación horizontal de reciprocidad entre el facilitador o coordinador y los miembros del grupo, fomentando así una actitud responsable y creativa en los miembros.

El grupo operativo permite “aprender a pensar”, ya que a través de la cooperación y la complementariedad en la tarea, se hace posible vencer las dificultades que impiden el desarrollo de la tarea propuesta por el grupo, ayuda a superar el estancamiento enriqueciendo el conocimiento de si y del otro en la tarea, de allí que permite la superación de dificultades para el aprendizaje, en el pensar y en el contacto con la realidad.

En el grupo operativo se pretende construir un ECRO (Esquema conceptual referencial y operativo) en tanto existe unidad entre el enseñar y el aprender. La experiencia grupal operativa está orientada hacia el aprendizaje y la tarea permitiendo una comprensión horizontal (relaciones sociales, organización y sistema social) y vertical (el individuo inserto en este sistema).

En resumen, la metodología del grupo operativo implica “un conjunto restringido de personas ligadas por constantes de tiempo y espacio una tarea que constituye su finalidad, interactuando a través de complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles” (Pichón-Rivière, 1978).

El Apoyo al Apoyo es un modelo de trabajo grupal diseñado para el entendimiento de la dinámica de la interacción humana en lo interpersonal, pero toca también aspectos intrapersonales.

Aunque sus orígenes se remontan a los trabajos de Michel Balint en Inglaterra quien propuso una metodología para cualificar la relación médico - paciente, su desarrollo hizo que se extendiera al campo educativo. En Francia el psicoanalista colombiano Hernando Ramírez (1994) extendió sus aplicaciones hacia el “reconocimiento de aquellos elementos subjetivos inconscientes que el maestro aporta a la relación con sus estudiantes”.

El apoyo al apoyo nace de la necesidad de los maestros quienes enfrentaban dificultades con sus alumnos y no encontraban ni en su formación ni en la institución escolar respuestas adecuadas. Sus contactos con la práctica analítica le permitieron encontrar respuestas más adecuadas que las ofrecidas por la institución escolar

La Técnica Psicodramática psicoanalítica sigue los delineamientos teóricos de los esposos Lemoine, psicoanalistas lacanianos quienes trabajaron en Barcelona. (Lemoine, G. y Paul. 1980), la cual hace posible la representación de escenas reales o situaciones imaginarias, producidas por experiencias traumáticas reales, como es el caso de la situación de conflictos políticos militares y urbanos en nuestro país, las producidas por desastres naturales y las experiencias de violencia en la familia.

La puesta en escena propia de la técnica del psicodrama permite recordar estas situaciones cargadas de significación y darles un sentido y una interpretación que no tenían en el momento de producirse. Lo importante de la representación está no tanto en que la escena represente un hecho real (aunque lo haya sido en el pasado) sino que se la revive. Es una evocación imaginaria y no importa tanto que sea históricamente cierta, sino que para el sujeto sea fiel al recuerdo. Se rescata aquí el concepto psicoanalítico que lo que importa no son tanto los hechos reales por si mismos como la interpretación que se hace de ellos.

Sin embargo no es la representación por si misma lo que confiere el nuevo sentido a la experiencia, si no que también hay espacios de conversación, espacios de lenguaje, acerca de lo vivido y lo representado para darle la significación que la experiencia no tenía originalmente y por lo tanto abriendo la posibilidad de constituir esos espacios de elaboración requeridos por los que asisten a los grupos, para el análisis colectivo de estas experiencias, para la búsqueda de alternativas de enfrentamiento, de cambios de actitud en los participantes y para poner las bases de su eventual elaboración definitiva.

“El pasado se integra y cuando logra cierta coherencia se hace posible el paso al plano simbólico, de tal manera que el acontecimiento visto desde afuera, adquiere así un nuevo sentido para el sujeto y para el grupo. Se lo domina". (Lemoine, G y Paul, 1980).

El último momento de esta fase de Intervención hace referencia a la evaluación y seguimiento de los resultados de la intervención o del proyecto. La evaluación es parte constitutiva de toda la actividad, por lo cual se debe considerar como un proceso que tiene diferentes actividades: formulación de valores, recolección de información y análisis de la información, elementos que deben conducir a la toma de decisiones.

No sobra advertir que la evaluación siendo un proceso se realiza durante toda la intervención, no solo al final, puesto que analiza factores críticos como lo son la provisión y organización de recursos (evaluación de estructura), procedimientos que se han realizado (evaluación de procesos) y de los productos obtenidos (evaluación de resultados), debe realizarse con todo el rigor y conducir a la rectificación y mejoramiento de la intervención, es decir a la toma de decisiones que afectan todo el proceso.

El monitoreo o seguimiento. Como su nombre lo indica se refiere al proceso continuo de evaluación de los factores críticos de éxito, realizado a lo largo de ejecución de la intervención o del proyecto. El uso de “indicadores” (característica particular de un fenómeno, capaz de reflejar los atributos esenciales de un todo), es aquí un requisito imprescindible especialmente en el ámbito psicosocial, donde no es posible asegurar totalmente el éxito de una intervención o de un proyecto.

Existen por supuesto muchas más concepciones y técnicas a disposición de los psicólogos sociales, pero dejo a los demás participantes sus contribuciones desde otras ópticas teóricas y metodológicas.
 
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1 Comunicación personal: Apuntes de una Lectura
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